En un principio esta gira de reunión no tenía mucho sentido. Servía como presentación del próximo Azkena Festival, pero en lo que se refería al grupo, se intuían más sombras que luces, a pesar de que Ian Astbury presentó un aspecto inmejorable en el tour con Riders of the Storm que también pasó por la cuidad Condal. Su imagen era opuesta a la que llevaba con esos The Doors de corta y pega. Quizá le faltaba algo de glamour, y esos bailes pugilísticos a lo Handsome Dick Manitota no ayudaban en exceso, pero amén de ese anecdótico detalle, lo que allí se vivió fue reconfortante. Hacía una docena de años que no pisaban territorio ibérico, y cinco desde que suspendieran el concierto que servía de presentación de “Beyond Good And Evil”, su última referencia discográfica. En este baile actual de revisiones al pasado, esta es la más natural, fresca y potente que se ha visto por estas tierras. Con un repertorio en el que ni faltó ni sobró nada (en un inicio demoledor descargaron “Lil´ Devil” y “Sweet Soul Sister”). Sólo hubo un ligero bajón a medio concierto, culminado con un “Eddie (Ciao Baby)” en clave acústica. De ahí al final, el delirio, con un público en el que el más joven rozaba la treintena, y que sabía lo que iba a ver. Recibió justo lo que esperaba, con un plus adicional de ganas y de energía inesperado. Aunque no pareció que hubiese un gran feeling entre la pareja titular, cada uno estuvo en su sitio (Billy Duffy dio una lección de cómo tocar la guitarra), y el prestado batería Joey Tempesta, ex White Zombie, empujó de lo lindo desde atrás. Uno tras otro cayeron todos los clásicos, con un “Fire Woman” muy celebrado, los temas de “Love” que aguantan muy bien el paso del tiempo, y esos incombustibles “Wild Flower”, “Peace Dog” y “Love Removal Machine” del más rockero “Electric”. Acabaron con “She Shells Sanctuary”, desenmascarando incluso a los que pudiesen renegar de ellos, y a los que creen que el rock en estado puro está muerto. Bendita resurrección.