Si quitamos aquellos directos que jamás olvidaremos, esos que marcaron nuestras vidas por extraordinarios o terribles, casi siempre respondemos a la pregunta “¿Qué tal el concierto” con un “Bien, pero…”. Esa es la diferencia entre pasar un gran rato o vivir algo muy especial. El de Foals fue un buen concierto, pintaron la sonrisa en nuestras caras, son una banda más que notable, pero el instante mágico que dispara la adrenalina a lo más alto no terminó de explotar.

Sus mejores momentos los lanzaron un inicio que parecía decir “¡bailad malditos!” con “Snake Oil”, “Olympic Airways” y “My Number”; la emoción que provoca la marejada de “Spanish Sahara” como epicentro de su show; y dos acertados bises: el primero el hit inmenso que es “What Went Down”, fruto de su trabajo con James Ford de Simian Mobile Disco, que les ha dado un nuevo álbum por el que, visto lo visto, Coldplay habrían vendido su alma. Y el segundo bis fue “Two Steps, Twice”, una vuelta a los orígenes del math rock con el que nos volaron la cabeza con su debut “Antidotes”. Un final de fiesta agridulce porque, aunque explosivo y hermoso, nos devolvió una visión de los potros desbocados que fueron.

Foals están cogiendo ese espacio de pop sencillo, efectivo y necesario para todos los públicos que soltaron bandas como The Killers, por eso agotan entradas donde van. Su mejor arma es invitar al desenfreno en la pista con riffs juguetones inspirados por The Cure, a los que añaden esa salsa marca de la casa que te mete el picante dentro y te hace saltar y bailar. Pero su directo por momentos suena demasiado civilizado, se añora su anterior pose más espontánea, arriesgada y cercana a Battles. Sí, fue un buen concierto, uno grande incluso, pero…