Superando registros
Conciertos / Maz Basauri

Superando registros

8 / 10
Miguel Aizpuru / Amaia Santana — hace 2 años
Empresa — Ayuntamiento de Basauri
Fecha — 04 mayo, 2018
Sala — Social Antzokia / Basauri
Fotógrafo — David Mars

Viernes 4 de mayo: La Casa Azul + Chico y Chica

Nos acercamos al MAZ el viernes con todo vendido y con gran pelea por la reventa entre los que no estuvieron espabilados. Parece que el festival de Basauri ha superado este año todos los registros y se ha convertido en la referencia indie primaveral en Bizkaia. En esta ocasión el plato fuerte eran los barceloneses La Casa Azul, que llevaban tiempo sin tocar por estos lares, y la ocasión no desmereció.

Primero abrieron los locales Chico y Chica (foto inferior), dúo electrónico que ya suma más de 20 años de carrera y una extensa discografía. No era la primera vez que los veíamos en el MAZ (ya estuvieron en una de las primeras ediciones junto a Joe Crepúsculo y Catpeople) y en esta ocasión se movieron entre temas techno un tanto maquineros y machacones, y entre su versión más intimista con medios tiempos cantados a dúo y cierto aire cabaretero. Los bilbaínos intentaron animar al personal con monólogos entre canción y canción, sin embargo a la gente se le notó un poco fría y sin entrar en calor hasta el final del concierto.

Después llegó el turno de los cabezas de la noche, que se trajeron un montaje considerable con pantallas de vídeo y prometían un show muy extenso. “Van a tocar más de dos horas”, nos dijeron por ahí, lo que tomamos con cierto recelo, ya que no somos muy partidarios de los conciertos de más de hora y media. Sin embargo, no se nos hizo nada pesado y apenas sobraron temas en el larguísimo setlist de los barceloneses.

Liderados por el prolífico y multiinstrumentista Guille Milkyway, y reforzados con una excelente sección de vientos que se colocaba sobre las pantallas de vídeo, La Casa Azul (foto inferior y encabezado) comenzaron ya muy arriba desgranando hits uno tras otro y poniendo a bailar a todo el público desde el primer momento con trallazos como ‘Podría ser peor’, ‘Chicle cosmos’ o ‘Hasta perder el control’. El sonido era excelente y la puesta en escena también, todos de negro y con gafas 3D.

Y no solo se ciñeron a los sonidos setenteros y al tontipop característico de la banda, sino que Milkyway se reivindicó como gran baladista al quedarse solo al piano en temas como ‘Yo también’ o ‘C’est fini’. Por lo demás, la banda dio una gran lección de música de baile, acercándose al italopop en ‘No más myolastan’, recordando a las series yankis de los 70 en ‘Colisión inminente (Red lights, red lights)’, o emulando a Gloria Gaynor en la excelente ‘Los chicos hoy saltarán a la pista’.

Finalmente, fueron un total de 27 canciones las que sonaron sobre las tablas del Social Antzokia, terminando en plan discotequero y feliz con ‘Esta noche solo cantan para mí’, ‘La gran esfera’ y, cómo no, la inevitable y eurovisiva ‘La revolución sexual’, que puso patas arriba el recinto. Guille Milkyway se despidió entonando él solo al piano una preciosa ‘Como un fan’, para deleite de los más acérrimos. En definitiva, un lujo de banda, de sonido y de música de baile.

Miguel Aizpuru

Sábado 5 de mayo: Novedades Carminha + Vulk + Cecilia Payne

Sin ningún preámbulo ni aviso, el cuarteto de Mungia Cecilia Payne comienza a rasgar sus cuerdas –que no sus vestiduras-. Desconocemos si el hieratismo de su puesta en escena obedece a pudor o es algo buscado. Presentan su primer EP y suenan bien: melodías de surf siniestro, voces aterciopeladas que se alternan entre Lucía, Barezi (guitarras) y Jone (bajo), en contraste con una firme batería (Ander). Parece que falta algo de volumen a la voz, si bien cantan de forma susurrante. En ocasiones recuerdan vagamente a Elastica, pero mucho más sosegadas y sutiles que la banda británica. La conexión Belako parece evidente -a quienes ya telonearon en la puesta de largo de su reciente Render Me Numb – Trivial Violence, en el Palacio Euskalduna (crónica aquí)-. La apuesta por los coros otorga armonía a unos temas de oscuridad progresiva y melancolía grunge, con algunos claroscuros pop. Su tema-carta de presentación “Fuck You” posee una melodía atractiva y coreable, pero el grupo parece más preocupado en tocar bien que en movilizar al personal. Tampoco tienen prisa en desarrollar sus tormentas internas, que desde luego no traslucen en su lenguaje corporal, casi estático y con una tímida interacción con el público. Predomina la languidez shoegaze.

Tampoco esperamos que los de Vulk nos den las buenas noches, Basauri ni nada por el estilo. Ni falta que hace. Con una apabullante “Brazil”, de su debut en LP “Beat Kamerlanden” (2017), nos damos por más que saludados y bendecidos: arte(facto) agitador e impulsivo. No hay más que ver al bajista, Alberto, con los ojos en blanco y retorciéndose en convulsiones imposibles desde el minuto uno. Rompe todos los estereotipos del bajista calmado y con los pies en el suelo. Por contraste, el guitarra Julen aporta algo de discreción a una puesta en escena que no da cuartel. El carisma de la voz -y púgil- de Vulk, Andoni, deja al público clavado. Contorsiones bruscas, gritos, golpes en el pecho, bailes siniestros, mutis por el foro estudiados… Voz, garra y representación teatral incontestables y convincentes; al igual que Jangitz, su batería de sustitución (a Chavi), cuya percusión endiablada y descomunal impulsa a Andoni a darle un beso al final del concierto. Su nivel de intensidad y energía sobre el escenario exprimen el límite que permiten las vísceras.

“¡Vaya metralla!”, exclama un señor de mediana edad, atónito tras el trallazo “Something Internal”, un duelo surrealista de plátanos en la azotea (dentro vídeo). Andoni canta parte de “A Contemporary Statement” de espaldas al público. A finales de este mes publicarán su nuevo LP, “Ground for dogs”, del que nos adelantan las soberbias “Behiaren Begirada” y “A Poison Tree”. La primera tiene la novedad de la voz exclusivamente en euskera, unas cuerdas inquietantes y desgarradoras, junto a un final instrumental épico. La segunda es todo un homenaje post-punk-helador al poema de William Blake. Sobrecogedora “Zaldia Burning”, donde cantante y batería se transforman en caballos desbocados en llamas, al grito de “In a moment of clarity!….”, clamor que también se escucha entre las enloquecidas primeras filas.

Los bilbaínos nos sorprenden con tantos volantazos imprevisibles en una misma canción que nos dejan sin tiempo para abrocharnos el cinturón de seguridad y poner el asiento en posición vertical. Lo que empieza como un sinuoso e insinuantes rockabilly Cramps se retuerce en post-punk magnético. Ahora oscuro, luego más oscuro, siempre salvajes. En su mosaico de imágenes indescifrables reside, precisamente, gran parte de la magia y/o exabrupto.

La simpatía promiscua del trío gallego Novedades Carminha nos alegra el cuerpo y el alma. Abren con una comedida “Fiesta Tropical”, pero no tardan en calentarse y calentarnos con su pop garajero y socarrón. “Quiero Verte Bailar” deja claro cuál es el objetivo de su segunda visita al MAZ. “¿Estáis ahí o qué? ¡No se os oye un carallo!”, nos azuza el cantante y guitarra Carlos Pereiro AKA Carlangas. Solo hay que ver lo guapos que están, con ánimo de ofender y movilizar nuestras carnes adormecidas. ¿Quién dijo que estos chicos eran frívolos y superficiales? Digna de elogio es la solidaridad que muestran en “Juventud Infinita”: “O follamos todos, o me tiro al río”, exhorta Carlangas, con voz canalla. Su “Antigua pero moderna” describe el perfil del público que se congrega en el Social Antzokia esta noche. Desde jóvenes infinitos en su modernidad -pelín arty-farty, quizá-, a “antiguos” cuya cara de despiste parece indicar que se pensaban habían comprado una entrada para el cine y se encuentran de pronto con este desfase universitario. Barbitas hipster e incluso un binóculo improvisado modelo Valle-Inclán. Todo cabe y todos somos bienvenidos.

“De vuelta de todo”, “Ritmo en la sangre” o “La mejor de Europa”, incluidos en su trabajo más reciente, “Campeones del Mundo” (2016), disparan melodías de surf más psicodélico que garajero, con el mimo de Allah-Las y la mala leche sin filtros de la troupe de La Naranja Mecánica. Efecto frío-calor con “Lento”, pirotecnia Marina D’Or a los teclados en “Chispas, relax”, que enlazan con la tropical “Cariñito” (¡a tope con la cumbia peruana!). Un tema rompepistas tras otro, es fácil visualizarles como una máquina de palomitas. Hacen pop, pop, pop (perdón por el chiste fácil). Impera el cachondeo y el bajo de Adrián D. Bóveda Jarri. Flashback a sus inicios más sucios en el garaje, con la alocada “Pesetas” y su leitmotiv “Jódete y baila” –muy Black Lips-. Exultante “Dame Veneno” (Los Chunguitos revisited, reverb algo exagerado incluido), con la que ponen todo patas arriba y necesitan recurrir a “Te Quiero Igual” para apaciguar un poco los ánimos… Qué va. Explosión garage final en “Que Dios Reparta Fuerte”, a la que sigue su ya habitual versión cáustica del clásico “Demolición” (Los Saicos).

La falta de pretensión de estos “Caprichitos de Santiago” provoca una complicidad inmediata. Tus pies sin rumbo te delatan, tu sonrisa anula cualquier análisis pedante. Bailas, sin más. Y ya está, de eso se trata. De autopropagarte veneno y morir bailando. La muerte más dulce, qué duda cabe.

Amaia Santana

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