Los Lendakaris Muertos se han convertido en auténticos héroes de masas y así lo demostraron el sábado en el Kafe Antzokia marcándose un sold out bastante inesperado. Los navarros llevaban años sin tocar en la zona céntrica de Bilbao y venían presentando su último trabajo publicado el año pasado, “Cicatriz en la matrix“, una colección de canciones de cuatro acordes con letras surrealistas muy por encima de las de sus anteriores LPs. Las interpretaron junto a sus clásicos hasta sumar más de 30 canciones, ante un público de lo más variopinto con presencia de punkis, borrokas e incluso pijos.

Tras sonar el himno de la antigua URRS a modo de presentación, los Lendakaris empezaron muy arriba con ‘Gora España’ y ‘Violencia en acción’. A la tercera canción el frontman Aitor Goñi ya estaba metido entre el público pasando el micro a diestro y siniestro. El cuarteto, con la reciente incorporación del ex de Ska-P Joxemi a las guitarras, continuó desgranando varios de sus éxitos para deleite del personal, que bailó pogos no muy duros que nos permitieron atender el concierto relativamente cómodos. Disfrutamos especialmente ‘Cómeme la franja de Gaza’ y ‘Drogopropulsado’, la de “vas más puesto que un ciclista”.

Tras las espídicas ‘Modo dios’ y ‘Modo diosa’, nos hicieron morir de risa con ‘Simpatía por el de Bildu’ (“mis ojos ven el mundo en full HB”) y retrataron a la sociedad a la perfección en ‘Héroes de la clase obrera’ (“llegaré a liberado, liberado de currar”). Siguieron con el casi himno ‘Pasau de rosca’ para después ofrecer un triplete de lo mejor del último disco: ‘Arnaldo Schwarzenegger’ y las dos partes de ‘Urrusolo Sistiaga’ una especie de mini ópera punki coreada con fanatismo por el público. Los Lendakaris Muertos no tienen miedo de repartir a todo el mundo: cargan contra el ecologismo, la izquierda abertzale, la cerveza sin alcohol o los sindicatos. Y además consiguen realizar una crítica social muy certera que ya les gustaría a bandas supuestamente políticas y comprometidas.

La parte final del concierto, es decir, las diez últimas canciones, fueron un no parar. Hubo momentos en los que sobre el escenario solo estaba el batería Potxeta, ya que los otros tres miembros estaban desperdigados entre el público. Fueron cayendo una tras una trallazos como ‘Nunca más volverás a aplaudir en un avión’, ‘Fuimos ikastoleros’ o ‘Besos gaztetxeros’ (“saliste de una nube de porros y me comiste los morros”). Se despidieron con la ya anacrónica ‘ETA, deja alguna discoteca’ y su mayor hit ‘Oso panda’, la de las “ojeras farloperas”.

Fue hora y media de punk que recordaremos durante tiempo; uno de los conciertos más divertidos que hemos presenciado en años. Lendakaris Muertos es el antídoto perfecto para desconectar un rato del indie y el moderneo que nos hemos acostumbrado a ver en los escenarios en los últimos tiempos. Seguimos preguntándonos cómo es capaz el frontman Aitor de sobrevivir a unos conciertos en los que tiene que aguantar toda clase de empujones, abrazos, insultos, robos de micro, etc.