Laboratorio audiovisual
Conciertos / Max Cooper

Laboratorio audiovisual

9 / 10
Curro Gallego-Preciados — hace 1 año
Empresa — Centro Botín
Fecha — 25 septiembre, 2018
Sala — Centro Botín, Santander
Fotógrafo — Buby Rey

De nuevo otra cita en la que la música electrónica y lo audiovisual se daban la mano en el Centro Botín, en esta ocasión, el encargado de la velada era el músico y productor Max Cooper, presentando su recién salido del horno “One Hundred Billion Sparks”. La cita, como vienen acostumbrándonos últimamente en este enclave, no dejó indiferente a nadie, el de Belfast inundó el auditorio con graves profundos y diferentes texturas, siendo éstas la base sobre la que se sustentaría la parte visual. Parte visual que cuenta con la colaboración de diferentes artistas de este medio como Kevin McGloughlin, Rawen Kwok o Maxime Causeret (algunos de dichos trabajos pueden verse en el perfil de Youtube del artista).

Digamos que el set de Cooper podría dividirse en varias secciones, todas ellas con un denominador común, la ciencia. Una imaginería con la que Cooper cuestionaría en todo momento temas como la identidad, la creación y destrucción de vida o el individualismo del sujeto frente al estado, para lo cual utilizaría un tratamiento musical diferente adecuándose a cada discurso visual.

Desde una primera parte donde se evocaba a la naturaleza, con formas cercanas a la vegetación, el artista desplegó todo tipo de texturas cercanas al ambient, con especial énfasis en pasajes densos que verían algo de luz con acertados toques de piano y que, en ocasiones, recordaban al Philip Glass más cinematográfico. Todo lo biomórfico del inicio fue degenerando hacia figuras más abstractas y con ello la música iba alcanzando niveles más rítmicos, cercanos al club, con la canción Rule 110, presentada como single previo a “One Hundred Billion Sparks” y que hizo que más de uno anhelara desprenderse de su asiento y arrancarse a bailar. Tras esta subida, encontramos al Max Cooper más íntimo, reflexionando sobre la identidad y la situación del ser humano en el mundo, puesto de manifiesto en un videomontaje con diferentes fotografías que, en ocasiones, parecían pertenecer al entorno más cercano del artista, volviendo a pasajes más delicados, recordando a trabajos de artistas coetáneos como Rival Consoles o Jon Hopkins, fue el momento de Lovesong y de canciones de trabajos anteriores como Resynthesis.

Tocó el turno para la parte más mental y científica, dónde tanto la música, como los visuales alcanzaron un nivel más intelectual, con temas como Order from Chaos (tema favorito de quién subscribe estas líneas, si se me permite la licencia), tema que encontraremos dentro de la segunda referencia del de Belfast. Con breaks que glitcheaban la propuesta y un nivel de bajos creciente que hizo temblar la sala, asistíamos a la creación y destrucción de tejidos biomórficos, células y neuronas que en ocasiones acababan abstrayéndose en geometría, muy en la línea de lo que nos tiene acostumbrado el norirlandés (recordemos que es doctor en biología computacional). La intensidad fue creciendo y mostró la cara más techno de Cooper, con rítmicas más crudas el lenguaje de los visuales fue adquiriendo un carácter más social, el del ser humano como generador y parte del engranaje de una máquina-estado, siendo la canción Trust , canción que cuenta con la colaboración de dos nombres mayúsculos como Tom Hodge y Kathrin deBoer para el albúm Emergence, la que cerró la noche y nos obligó a todos a desincrustar la silla del suelo y abandonar el recinto aún con la vibración en la cabeza y, de algún modo, con la sensación de sentirnos observados por alguna especie de microscopio gigante, qué ironía.

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