En el libro de reciente edición “The History of NME” su autor Pat Long relata cómo el veterano semanario británico perdió pie a principios de los ochenta, cuando en pleno fenómeno de la música de baile decidió apostar por grupos de corte clásico como The Jam. La consecuencia fue que el NME se dejó adelantar por la recién nacida prensa de tendencias, con The Face a la cabeza, y vivió unos años bastante deprimentes hasta que se sacó la espina una década después vendiéndonos la burra del britpop. Me viene este pensamiento a la cabeza acodado en un rincón de una sala Kapital a reventar, el único que he podido encontrar con un mínimo de visibilidad. Entre el público, modernos, gente del sector, músicos y muchos, muchos fans de ambos sexos de esos que chillan nerviosos al más leve arqueo de ceja del ídolo. Pienso en el NME, y en los Palma Violets, Peace y demás bandas que han ocupado la portada del magazine en los últimos tiempos en perjuicio de artistas tan de hoy y tan tangibles como Blake, y en que la historia se repite.

Una anécdota al respecto de la categoría de estrella global del británico. Me cuentan que en Kapital el día del concierto había sido horrible a causa de una serie de problemas técnicos y que no estaba el ambiente en las horas previas para mucha broma. Hasta que apareció sobre el escenario para hacer la prueba de sonido un chaval imberbe y desgarbado. Pió el ruiseñor y se quedaron boquiabiertos los curritos encargados de la producción del bolo. A partir de ese momento todo empezó a ir sobre ruedas…

Un efecto mesmerizante similar tuvo sobre el público la aparición de Blake y sus dos acompañantes a eso de las 21:30, para dar el pistoletazo con “Air & Lack Thereof”, guiño a un pasado no muy lejano que a estas alturas parece ya prehistórico. A partir de ese momento tuvo lugar un impecable repaso a su trayectoria que no puso especial énfasis en el recién estrenado y excelente “Overground”. Chapéu. Y un acierto difuminar entre su faceta más experimental esas exhibiciones vocales que tantos suspiros generan entre sus fans y convierten determinados momentos álgidos del concierto en versión alternativa de un bolo del empalagoso Jamie Cullum.

Con su pinta de estudiante de Eton y un mechón rebelde que contrasta con su imagen siempre aseada, Blake bien podría ser la versión contemporánea de lo que Nick Drake representó hace cuarenta años, con la diferencia de que Blake no parece pensar a cada instante en lanzarse por la ventana para poner fin a su vida. En su emotiva puesta en escena hay más de homenaje a los clásicos (al cantar hasta balancea la cabeza como Stevie Wonder) que desnudo exhibicionista. El cierre solo al piano con su versión de “A Case Of You” de Joni Mitchell y la celebrada “Limit To Your Love”, que arrancó la primera gran ovación de la noche y se ha convertido en su particular “Soy minero”, fueron los mejores ejemplos de todo esto.

Ahora bien, sería injusto centrar el comentario de lo vivido anoche exclusivamente en las virtudes vocales del londinense, que ha ejercido de renovador de la escena dubstep tendiendo puentes entre vanguardia, baile y tradición para terminar transitando en solitario un territorio fascinante las más de las veces. Blake bien pudo incendiar ayer Kapital, y de hecho hizo amagos de prender la mecha: “CMYK” o la dupla previa a los bises con “Voyeur” y “Retrograde” exhibieron bajos gordos, los que surgieron de un Moog Taurus capaz por sí solo de llenar toda la sala. Si a la hora de la verdad decide enroscarse en la pierna de sus fans como un gatito que busca el arrumaco no es precisamente porque ande escaso de recursos. Lo definió muy bien un amigo, también músico, con un SMS a la salida: “James Blake se ha convertido en su mayor enemigo. Pero aún así, lucha bien consigo mismo”.