Como es habitual, desde la prematura despedida que supuso el cierre temporal de la franquicia Ilegal, todo el papel estaba agotado hace semanas para ver a los de Jorge Martínez en el Kafe Antzokia bilbaíno. Con público mixto de veteranos, jóvenes punks y otros especímenes a medio camino. Y es que es un hecho que de un tiempo a esta parte el tiempo ha corrido a favor de una serie de grupos que en su día no entraron en la rueda de las radio fórmulas comerciales, por tener un discurso propio a veces demasiado en los límites para poder ser empaquetado y vendido con un lazo. Bandas como Burning, Enemigos o los propios Ilegales disfrutan actualmente de mayor reconocimiento y éxito de público en directo que en buena parte de sus carreras.

Ilegales venían a presentar su último artefacto sonoro que lleva por título el conciso “Rebelión”, no necesitan apellidos, antes de cruzar el charco hacia América Latina donde siempre han sido bien recibidos en países donde pocas bandas de su generación se han atrevido a poner las botas. Salió a escena el líder sin su clásico polo “Fred Perry” abotonado, luciendo camisa a rayas de presidiario como apuntaría más tarde. Apoyado en la granítica base rítmica que aportan el histórico Willy Vijande al bajo y Jaime Belaústegui a la batería. Y con el apoyo fundamental a teclados y guitarra de Mike Vergara, que permite al líder centrarse en su labor en solos y riffs , descargado de la necesidad de cubrir todos los huecos, permitiéndole tomar descansos a la guitarra y centrarse en la voz, además de aportar el teclista el colchón de melodías y arreglos sobre todo en los tempos mas reposados. Del sonido tratándose de Ilegales casi no es necesario ni hablar ; potencia, claridad, contundencia, rabia y fragilidad a partes iguales, siempre perfecto y sin lugar a la improvisación en este aspecto clave para ofrecer un show solido y rocoso. Y con un “Bienvenidos al día del fin del mundo” se abrió una velada que en hora y cuarenta minutos se convirtió en un repaso por el ideario Ilegal piedra a piedra. Arrancaron con su reciente “No Tanta, Tonto” aviso a navegantes sobre la resaca toxica de una vida de excesos químicos.  Enlazada directamente con la sincopada “Hola Mamoncete” coreada por el público más veterano en el primer momento de comunión con la parroquia, entregada de antemano al aquelarre del asturiano.

Hay lugar para los temas clásicos con versos cincelados en la memoria sonora de muchos de los presentes. “Ella Saltó por la Ventana”, “Todo lo que Digáis que Somos” – que cabalgó sobre los veloces y mordientes arrastres de guitarra entre estrofas  – , “El Norte Está LLeno de Frio” certificó su figura de artesano del riff de verbo fácil y lacerante o “Chicos Pálidos para la Maquina” que reivindica su figura de agitador punk que nunca se dejo encasillar en otra corriente que no fuera la propia. Pero no olvida su obra más reciente con repasos a “Suicida” – tema con aroma añejo , ritmo apisonadora sin ceder un ápice de mordiente, ni caer en la autocomplacencia veterana – , “Voy al Bar”, “Mi Amigo Omar” – oda a la normalización homosexual pero explicado por Martínez, a su manera -, la hilarante “Mundo Carapijo” – que no digan que el universo no avanza para que Jorge se pueda cagar en la anormalidad mas coetánea con elegancia y estilo – o “Si No Luchas Te Matas” – himno a la rebelión a la que da título al disco y que ….glups… peca de cierto discurso panfletario, antes solíamos ser más sutiles, Jorge.

Como cuando repasa esas tres cumbres que aunque escritas hace varias décadas parecen ser mucho más actúales que entonces.  “Agotados de Esperar el Fin” suena contundente y rabiosa al igual que “Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes” escupidas por Jorge como himnos a la rebelión, frente al conformismo actual que tanto enerva al cantante asturiano junto a “Yo Soy Quien Espía los Juegos de los Niños” siguiente momento de comunión con el público en este tema de guitarras a la contra, versos incisivos tan actuales que cierra en coda instrumental surf y es que en la loca imaginación de Jorge siempre hubo espacio para traspasar fronteras a nivel musical. Sin pausas entre temas y con escasos parlamentos no dejan sin revisar la parte menos reconocida de su repertorio, esos discos de los años noventa e inicios del nuevo siglo que pasaron más desapercibidos, relegados ellos a cierto ostracismo injustificado. “Si la Muerte me Mira de Frente” con ecos de garaje sesentero, “El Demonio” , “Regreso al sexo químicamente puro” o “Dextroanfetamina” acelerado trallazo anfetamínico , con los que pretende reivindicar un periodo en el que hasta los más fieles que hoy han vuelto al redil desaparecieron.

Y entre tanta velocidad, mensajes directos y violencia verbal el concierto tuvo dos momentos de premeditada calma para atacar la parte más preciosista de su repertorio recreando el gusto por  los sonidos flanger y delay , muy del gusto de los ochenta. El primer set incluyó la imprescindible “Enamorados de Varsovia” y “El Bosque Fragrante y Sombrío” la canción de “Rebelión” más cercana a aquellos lejanos temas suaves de la banda.
El segundo momento de bajada de revoluciones para recrear esas baladas que esconden letras duras sin concesiones, se produjo en la tercera parte del bolo. Y se inició con aviso para navegantes “ningún patán hasta ahora nos ha jodido este tema frágil que hemos recuperado para esta gira “dando paso a “Me Gusta como Hueles“ unida a “La Casa del Misterio” otra perla tranquila del repertorio Ilegal que con los teclados de Mike Vergara son ejecutadas con nuevas atmosferas y texturas que el formato de trío apisonadora no siempre permitía en el pasado. Entre medio y a lo largo del bolo no podía faltar ese repaso a los himnos más clásicos y cazurros de la banda asturiana “Hacer Mucho Ruido”, “Eres una Puta” que hoy en día sería pasto de la censura incluso de la discográfica más independiente en esa fiebre por la corrección política que tanto enerva a Martínez, “Soy un Macarra” que supuso un nuevo momento álgido de comunión con la grada y “Bestia Bestia” con el que se produjo el primer cierre del concierto a ritmo de pogo tribal, macarra y violento en el patio.

Y tras la canción numero treinta, tras hora y media de concierto Jorge Martínez y sus secuaces se retiraron antes de salir de nuevo para un bis de cuatro números que iniciaron con “Los Chicos Desconfían” , continuaron con “Hombre Solitario” , vaquerismo a la asturiana con riffs veloces y piano honky tonk , “Problema Sexual” levantando una vez más el ánimo del respetable antes de las bendición Ilegal preludio de una re arreglada “Destruye” que se inició con tempo lento de balada para ir ganando en intensidad y volver con los teclados a la calma. Cierre perfecto para un concierto de una banda-institución que nunca reivindicamos suficiente y a la que el tiempo ha dado la razón. Pocos ejercicios más contundentes en lo musical y lirico se pueden observar estos días de austeridad rockera y ausencia de mensaje. El artefacto de agitación de Jorge Martínez sigue más vivo que nunca. Que así sea.