¿Por qué un grupo que toca blues llena una sala de aforo medio con un público que en un porcentaje muy bajo no tiene ni un solo disco de ese estilo en su casa? ¿Por qué el puesto de merchandising se colapsa de chicos y chicas jóvenes que se llevan una copia en vinilo a su casa de su último disco? ¿Por qué ese sonido te captura, aunque en ocasiones de la sensación de que están interpretando una y otra vez la misma canción?¿Por qué Guadalupe Plata llegan a mucha gente y otros no, por mucho que tengan los huevos pelados de ir a salas y bares a hacer jams que solamente interesan a un pequeño colectivo? Pues muy sencillo, estos tipos han sido y son muy listos, capaces de crear un universo propio, editando su material de la forma que más les ha apetecido y, además, se han sabido dosificar, evitando quemar su propuesta a las primeras de cambio.
Aunque sea inevitable que les comparen con la Blues Explosion de Jon Spencer, y a ratos suenen a los Cramps, su inventiva a la hora de escribir letras con bastante gracia, su base rítmica sólida como pocas -el bajista, cuando suenan los temas nuevos sustituye su instrumento de una cuerda por uno más convencional- y, como ellos dicen, ese sonido suyo tan chatarrero de guitarra, les convierten en un fenómeno de difícil clasificación.
Una de sus canciones se titula “El blues es mi amigo”. Por lo visto el otro día, pinta a que el blues de Guadalupe Plata va a ser un buen compañero de viaje de otra mucha gente.
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