Este fin de semana se ha celebrado en Getxo la primera edición de Getxo Sound Fest con un claro guiño en la nomenclatura al movimiento musical que surgió en los 90 en la localidad de la margen derecha del Nervión y que, con opiniones adversas y desmarques de muchos y muchas, reunió a bandas que tenían algunos denominadores comunes como el lugar de residencia y la tendencia a utilizar el inglés en sus letras. Según el documental “160 metros, una historia del rock en Bizkaia” este movimiento decayó con el cierre de la sala Gwendolyne que fue un pilar fundamental para el cultivo y difusión de esta marca tan personal de la localidad bizkaina. Este fin de semana hemos asistido a un revival de aquella corriente pero esta vez, fortalecida por suculentas cabezas de cartel.

Uno de los grupos que encabezaron este movimiento fue El Inquilino Comunista (foto inferior) y también fueron los encargados de abrir el festival a las 17:30 de la tarde, muy puntuales. Los músicos desplegaron su repertorio con un sonido etéreo, distorsionado y en inglés. La complicidad del público fue constante, jugaban en casa. Eso ayudó a romper el hielo y calentar a la audiencia. Con claros recuerdos a la Velvet o Australian Blonde, los getxotarras se marcaron un bolo dinámico (sobre todo por parte de Ricardo Andrade al bajo) y curiosos sonidos underground distorsionados en temas como “Pasties 91”: «Vamos con una de pastis que a todos nos sientan tan bien (…)».

Cronológicamente (no podía ser de otra manera) salió al escenario un grupo que dio gusto ver disfrutar tanto de su música, del público y del momento: Los Brazos (foto inferior). Este virtuoso power trio ejecutan un sonido entre el blues rock con tendencias al country e incluso el rock duro de Motörhead. El público comenzó estático mientras Txemi al bajo se marcaba un bass line espectacular y el drum beat completó el círculo sonoro fusionándose con la voz desgarrada de William y coreografías constantes. Gracias a esto la audiencia se animó pidiendo más temas al grupo.

Llegó el turno de Dead Bronco (foto inferior), autóctonos en cuanto a residencia pero con claras influencias de los United States sureños de donde es su vocalista. El sonido de raíz que se desliza entre el punk y el country más americano (sin llegar al psychobilly) y su aspecto punkarra desgastado dieron un toque diferente a Getxo Sound lo cual nos pareció muy interesante. Repasaron numerosos temas de su nuevo “Driven by frustation” (2018). Vimos a Adán Gómez, anterior guitarra y mandolina de La M.O.D.A. y nos encantó oírle eructar al micrófono. También se escupieron unos a otros. Escatológicamente buenos. El banjo se escuchaba en unos temas más que en otros pero en general, los recursos técnicos se portaron bien.

Neones y cañones de serpentina en el frontal de la escena anunciaban a la siguiente banda. Eran ellos, eran Viva Suecia (foto inferior). Por la cantidad de personas apiñadas en primera fila supusimos que iba a ser un conciertazo y así fue. Tocaron “Amar el conflicto (todo lo que importa)” de primeras y esto metío al público en el papel rápidamente. Indie pop envolvente y armósferas de riffs con delays eternos nos llevaron a otro planeta. En “Bien por ti” lo petaron con cañonazos de serpentinas bancas y acto seguido, Rafa (vocalista) se bajó al público y se desató la euforia hasta el final.

La temprana juventud había abarrotado la primera fila. Los siete miembro de La Maravillosa Orquesta del Alcohol (foto inferior) estaban arropados por un arsenal de instrumentos muy relevante y la energía que desprenden en las tablas podían haberla absorbido del público, o viceversa. Bella simbiosis. Sonaron “Miles Davis” y “Quién nos va a salvar” y se dejaron la piel en el movimiento, la entrega y la forma de interactuar con el público. Estos multi intrumentistas sudaron sus camisetas blancas pero en especial David Ruiz (guitarra/vocal) desprendía un aura mística, sobre todo cuando cantó a capella la intro de “Hay un fuego”. Terminaron con “Héroes de sábado” y por las caras del público, se había formado un nirvana placentero gracias al directo de estos burgaleses. A las 23:30 llegó el fin.

El sábado empezó McEnroe (foto inferior) con Ricardo Lezón haciendo del vibrato de su voz una tranquilizadora sintonía de apertura. Pese a la calmada instrumentalidad de sus temas y ser la primera hora de la tarde, el público no dejó un tema sin corear. Letras en castellano con preciosa armonicidad. Los riffs de Eizaga eran de seda y los ojos cerrados de Eduardo Guzmán en la batería terminaron de aportar el sentimiento adecuado. «Este año hemos tocado solo dos veces porque teníamos cosas que hacer pero es un placer estar en casa. ¡Aúpa Athletic!» apostilló Lezón. Tuvieron una gran ovación en todos los cortes y el público no quería que marcharan aunque parecía darles apuro pedir un «beste bat». Lezón después de un aparente final, salió en solitario y después la banda al completo. Fue un concierto genial.

La única representación femenina de Getxo Sound Fest llegó de la mano de Tulsa (foto inferior) que también jugaban en casa. Miren Iza tiene una voz parecida a Najwa Nimri pero eclosiona con la actitud y los sutiles temblores corporales propios de esos inicios Riot Grrrl que tuvo con Electrobikinis. Sube a tocar la armónica Alfredo Niharra después de “Venda vendita venda” y más tarde también lo hará con la guitarra. En un principio los coros y el sintetizador están demasiado altos pero solo fue un susto. En torno al quinto corte, en “La miel que pudo ser”, Iza coge la guitarra acústica y piden algún ajuste en la mesa de sonido. Tulsa, McEnroe, Smile y El Inquilino son grupos hermanos y han dado forma al revival por el que apostó este festival. La melodía suena y viste experimental cuando con golpe de muñeca de la front woman, empiezan a tocar la bella “Oda al amor efímero” y más tarde “Matxitxako” hasta que llegaron al fin del concierto.

Sorpresa cuando suena la sintonía de Verano Azul en diferido. Con backline y decorado de lo más veraniego (guitarras, maracas, ukelele y dos sombrillas a los lados de la batería) llegó el turno de Smile (foto inferior). Fue el concierto más divertido de las dos jornadas de festival. Esta banda transmite muy buen rollo en directo y un sonido californiano de los 60. John Frank, indiscutible agitador, se bajó hasta tres veces al público y se formó una fiesta brutal. Smile son una oda a la alegría. No contento con su unión al público, Frank también pidió a las chicas que se subieran al escenario y así lo hicieron desmontando todo el set. Las sombrillas dieron mucho juego. «¿Habéis vuelto a nacer?» lanzaba constantemente como reflexión al público. Cerraron con el público como loco y una magnífica cover de “Sister golden hair” de America.

Con el público caliente, llegó el turno de Iván Ferreiro (foto inferior y encabezado) y su banda que subieron al escenario con unos recursos técnicos brutales. Había muchísima gente en el público y en la primera fila había una trinchera de fans muy entusiasmadas y entusiasmados. La carpa se viene abajo coreando todos los temas, “El viaje de Chihiro”, “NYC” y por su puesto “Años 80”. Adelantado el concierto se va la banda y se queda solo el gallego al frente de teclado y confesó que haría un cambio en repertorio porque una chica se lo había pedido en backstage. Gracias a eso tocaron “M”. La espera no fue en vano y para rematar el recital se marcaron un precioso “Turnedo” donde salió al escenario Charlie Bautista, guitarrista y teclista de Tulsa. Final apoteósico con muy buen sabor de boca gracias a la primera edición del festival Getxo Sound.