No lo tenían difícil los Flamin’ Groovies para superar la nefasta actuación que ofrecieron en Vitoria-Gasteiz hace quince años en el escenario principal del Azkena Rock. Decepción o bochorno fueron algunas de las palabras que describieron aquella noche. Tal fue el nivel del despropósito, que un amigo los rebautizó como Fraudin’ Groovies. En esta ocasión las expectativas reptaban por el suelo y los comentarios de desconfianza revoloteaban por el aire de la sala Jimmy Jazz, más si cabe después de la baja de última hora, por motivos de salud, del colíder Roy Loney. Los californianos, en formato cuarteto, abrieron con “Shake Some Action” y con un homenaje a los Byrds, de la mano de una tímida “I’ll Feel A Whole Lot Better”. El concierto transcurría frío y lineal, pero comenzó a calentarse y a coger cuerpo con una efervescente “Jumpin’ In The Night”, en la que se empezó a ver más a gusto al veterano Cyril Jordan, toda la velada brillante con su bonita guitarra transparente. Voluntarioso y algo limitado con su voz, y parapetado tras una banda muy solvente, alcanzó el cénit con la estupenda balada “Whiskey Woman” y sus preciosas armonías vocales, que recordaron a Crosby, Stills, Nash and Young. Tras una primera parte de absoluto protagonismo de Jordan, éste dio un paso a un lado (la edad no perdona, setenta años lo contemplan) y compartió definitivamente la luz de los focos con, sobre todo, Chris Von Sneidern, quien siguió deleitando con su habilidad a la guitarra y se repartió las tareas vocales con el batería Tony Sales, mientras el bajista Atom Ellis continuaba en un discreto y efectivo segundo plano. Algunos de los mejores momentos llegarían a partir de ahí. “High Flyin’ Baby” y “Have You Seen My Baby” irrumpieron poderosas y rescataron parte del halo juvenil que impregna muchas de las composiciones del mítico combo de San Francisco. Cumplieron una hora sobre el escenario con la esperada “Teenage Head”, con los músicos ya desatados y en comunión suprema con el público, y tocando con una energía imparable. Por los cinco minutos que duró el bis que vino a continuación, ya mereció la pena acudir a la llamada del rock and roll. “Slow Death” no nos hizo sufrir y nos disparó a bocajarro con ese riff característico, histórico e imperecedero.

Buen sabor de boca, en definitiva, el que nos dejó esta revisitación del clásico disco “Teenage Head”, aderezada con canciones de otras épocas, varias de ellas imprescindibles, que ocupan un lugar puntero en la historia de la música y la cultura popular.