Una de las frases más conocidas de F. Scott Fitzgerald dice que no hay segundas oportunidades en la vida americana, descartando la idea de volver a intentarlo después del fracaso. Esa es la premisa que inspira el documental sobre su vida y obra, y también la que Elliott Murphy (Nueva York, 1949) lleva décadas desacreditando cada vez que emprende una gira. El músico neoyorquino dejó atrás Estados Unidos a principios de los noventa con la intención de desafiar ese destino, y vaya si lo consiguió.
El concierto comenzó pasada la hora, ante una audiencia que rondaba el medio aforo de la sala Zentral. La velada arrancó con "Last of the Rockstars", una de las canciones emblemáticas de su primera etapa, aquí despojada del brío roquero original y acompañada por la armónica. Sirvió de presentación para su inseparable escudero Olivier Durand a la guitarra, junto a Alan Fatrás en la percusión y Melissa Cox al violín. Un nuevo formato en el que todos los frentes están más que cubiertos.
"Granny Takes a Trip", tema que abre su nuevo trabajo, evidencia que la voz de Murphy sigue en plena forma pese al paso de los años. Con "Green River", dedicada a la ría del Nervión bilbaína, llegó el primer gran momento eléctrico de la noche, con Durand desatando sus ya clásicos y expresivos solos. Ese impulso guitarrero continuó con "Makin’ It Real", un viaje directo a las raíces del rock and roll de los cincuenta.
Que el rock and roll ya no sea territorio exclusivo de los jóvenes es algo asumido, pero Elliott, con su ironía habitual, no deja pasar la ocasión de recordarlo. En un arranque de humor, observó al público y trazó su propio mapa generacional: “youth”, “adult” y “good looking”. Se reservó la última categoría entre risas, compartiendo complicidad con una audiencia que celebró el gesto.
"Sunlight Keeps Fallin’", una preciosa canción de su etapa reciente, podría ser su particular "Knockin’ on Heaven’s Door". Más tarde, "The Lion in Winter", tema que el propio artista presentó como una canción sobre sí mismo y que contó con una magnífica guitarra española de Durand, mostró una faceta de rock más cercana a su vertiente mediterránea.

Tras una anécdota sobre Lou Reed —con quien comparte el honor de haber escrito las notas del primer álbum en directo de The Velvet Underground—, el concierto se adentró en la atmósfera neoyorquina con un elegante y juguetón ritmo ragtime en "Deco Dance". Ese ritmo decadente cercano al glam rock nos transportó a sus primeros años artísticos, mientras Melissa Cox brillaba con los vientos. En "Fix Me a Coffee", el tono se tornó íntimo y bluesero, mostrando la facilidad con la que Murphy construye melodías esenciales con apenas cuatro acordes.
"Baby Boomers" y "Something Consequential" mantuvieron el pulso con resultados desiguales, pero la recta final fue un despliegue de energía y carisma. "Destiny", dedicada a Pamplona —“la ciudad de The Sun Also Rises donde nunca pensé que el destino me traería”, en palabras del artista—, ofreció coros ochenteros que pusieron a bailar a buena parte del público antes de dar paso a un tramo más introspectivo. Esa cercanía con la audiencia, constante durante todo el concierto, se hizo especialmente evidente con "You Never Know What You’re In For" y "Just a Story from America". La forma en que Murphy encarna estas historias, cercanas al spoken word, resulta tan veraz que impuso un silencio absoluto en la sala, mientras narraba estampas de vida bohemia neoyorquina en tiempos de Nixon. "On Elvis Presley’s Birthday" cerró ese paseo por los bajos fondos de la Gran Manzana con un despliegue muy emotivo en cada fraseo.
En los bises, "Come On Lou Ann" y una interpretación oportuna de "The Day After Valentine’s Day" —justo el día después de San Valentín— sirvieron para rematar una noche coherente con el propio título de la crónica: hacer lo correcto en el momento adecuado también es una forma de reconocer las oportunidades.
Elliott Murphy nunca ha tenido un gran éxito comercial ni un hit que lo inscriba en los anales del rock. Pero ha logrado algo más valioso: que sus giras europeas por salas medianas se conviertan en celebraciones íntimas para sus fieles, que crecen con cada visita. Murphy sigue encontrando una oportunidad en cada estación, y nunca la desaprovecha. Te esperamos de vuelta.
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