Irrebatibles baladas
Conciertos / Diego Vasallo

Irrebatibles baladas

9 / 10
Javier Escorzo — 21-11-2016
Empresa — Donostia Kultura
Fecha — 20 noviembre, 2016
Sala — Teatro Victoria Eugenia
Fotógrafo — Javier Escorzo

Tras la reciente publicación de su nuevo álbum, “Baladas para un autorretrato” (Subterfuge, 2016), Diego Vasallo se embarca en una mini gira que el pasado domingo recaló en San Sebastián. Fue en el Victoria Eugenia Club, una recogida y hermosa sala situada en los bajos del Teatro Victoria Eugenia. Entradas agotadas y amplia representación del panorama artístico de la zona entre el público: su compañero de armas Mikel Erentxun, Juanra Viles (exbatería y miembro fundador de Duncan Dhu), Rafa Berrio, Giorgio Bassmatti, Joseba Irazoki o el poeta y pintor Jesús Mari Cormán fueron algunas de las caras conocidas que allí se congregaron para escuchar la nueva propuesta del artista donostiarra.

La música de Édith Piaf sonó por megafonía mientras la banda ocupaba el escenario. Tras ellos, Vasallo, con traje negro y gesto serio, que arrancó la actuación con ‘Se me olvida’, la canción que curiosamente cierra su disco, seguida de ‘Fe para no creer’ y ‘Que todo se pare’. Llegaron después las primeras miradas al retrovisor, que en el caso de Vasallo solo alcanza sus cuatro último discos, los grabados a partir del año 2000. De ahí extrajo ‘La madrugada’, el bolero ‘Collar de lunas’, al que imprimieron aires mucho más cercanos al rock, y ‘La vida te lleva por caminos raros’, la canción que en su momento conquistó a Quique González (incluyó una versión en su álbum ‘Avería y redención # 7’ y a día de hoy la sigue tocando en algunos de sus conciertos).

Vasallo estuvo acompañado por los mismos músicos que han grabado el álbum: Fernando Macaya en la guitarra, Toño López en la batería, Goyo Chiquito en el contrabajo y Pablo Fernández en el piano y ukelele. Una banda de rock’n’roll que supo adaptarse a las diferentes texturas de las canciones; sonaron con una suavidad exquisita en algunos momentos (‘Todo lo bueno’ o ‘Prometedores naufragios’, que en su comienzo casi parecía una nana). Pero la mayoría de las veces se mostraron sucios y oscuros, inmersos en una maraña de ruido controlado (‘La vida mata’, ‘Así’ o ‘Ver para no creer’).

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Interpretaron el último disco casi en su totalidad (solo faltó ‘El desconocido’). Como en el álbum, Diego cantó con voz profunda y ajada, una voz con arrugas, desgastada por la vida, pero que precisamente por eso, por haber vivido mucho, tiene tanto que contar en esas letras que disparan verdad a quemarropa. Apenas se dirigió al público, estuvo concentrado en cantar y, en ocasiones, tocar la guitarra y la armónica.

Con ‘Donde cruza la frontera’, la adaptación del viejo hit de Cabaret Pop (‘Juegos de amor’, que Diego volvió a grabar cambiando la letra en su álbum “Las huellas borradas”), los músicos intentaron despedirse. Pero todavía habían reservado tres canciones para los bises. ‘Perlas falsas’, que sonó cristalina con el único acompañamiento de dos guitarras, y ya de nuevo con toda la banda, la rockabilly ‘Llora guitarra’ y ‘Vuelve un poco de lo que perdí’, la versión del ‘Please please please let me get what I want’ de The Smiths que cerró sobria y elegantemente la velada.

Diego Vasallo estuvo siete años sin subirse a un escenario, pero curiosamente ahora lo pisa con más aplomo que nunca. No le faltan motivos. Tiene un repertorio incontestable y una banda excelente que lleva sus canciones por los caminos del rock’n’roll primigenio, el blues, el folk… El resultado es tan contundente como un puñetazo en plena cara. Esperemos que a las ya anunciadas se les vayan uniendo nuevas fechas, porque la propuesta bien lo merece.

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