Excelente resultado artístico el que brindaron las distintas actividades y actuaciones que formaron parte de la primera edición del Curiosus, subtitulado “Festival de la Cultura Musical”. Se trató de un evento diurno muy distinto en filosofía a lo que estamos habituados en Barcelona. Ni es un festival musical, ni es un market, ni es un ciclo de conferencias. Digamos que es el equilibrio entre todo ello. Las propuestas se sucedieron en tres espacios de la Antiga Fàbrica Estrella Damm: sala de conciertos, sala de conferencias y Àgora Musical, en el que se desarrollaron las sesiones de Dj’s. Pero vayamos por partes. Empecemos por los conciertos, lo que sin duda interesa más a nuestros lectores.

Hidrogenesse y Papá Topo se batieron en un duelo teatral narrado (y moderado) por Emma y Judit, mejor conocidas como Cia Dejabugo. Imitando las fórmulas y el vestuario del teatro griego planteaban temáticas relacionadas con mitos, y los competidores tuvieron que escoger una canción para defenderse en cada categoría: una canción con coreografía, una versión, una canción que podría cantar La Pantoja… Imposible elegir a uno si ambos son perfectos representantes pop de generaciones distintas, y como realmente no son buenos competidores –Hidrogenesse confesaron que era la primera vez que competían en la música–, ganaron los dos. A continuación, Evripidis -sin sus Tragedies- se montó un repertorio de canciones que hablaban sobre música e invitó a buenas amigas suyas a encargarse de cantarlas. Así, cayeron canciones de clásicos como The Beach Boys o The Carpenters, con mucho humor y desparpajo de por medio.

Baiuca, más tarde, incorporaba varios instrumentos de viento a sus temas electrónicos se hacía acompañar en directo por unos visuales que formaron una actuación perfecta para continuar la tarde. Su mezcla de música tradicional gallega y bases bailables funcionó tan bien como esperábamos, pese a ser a media tarde. Le siguió Pina, que planteó un live con intervenciones en el que dejaba espacio a la improvisación. La primera empezó precisamente por un sonido de gaita electrónica para el que le sirvió de inspiración la música de Baiuca. Un artista de indiscutible solidez que se mantiene siempre en forma.

Putochinomaricón Curiosus Fest 2018 FERRAN SIURO

Por lo que respecta a Putochinomaricón (foto superior), fue el responsable de la cola más larga del festival, y había razones. Entre ellas, pues que no es tan fácil verle por Barcelona: la última (¿y primera?) vez fue en el Sónar y la entrada costaba unos cuarenta euros más que la del Curiosus. Se notaba que había fans y que la gente se sabía sus canciones, algo que ayuda bastante cuando tienes un repertorio corto. Repasó “Corazón de cerdo con ginseng al vapor” al completo, recuperó “MarikaPikaPika” -la había desechado hace un tiempo por dudas acerca del apropiacionismo- y acabó repitiendo su gran hit, “Gente de mierda”, metido entre el público. Ser, fue una maravilla: Chenta Tsai tiene un carisma entre tímido y exuberante, y transformó su concierto en una especie de karaoke colectivo de petardeo retrofuturista que encajaba perfectamente en un festival en el que compartía espacio con Hidrogenesse y Papá Topo. Adopta un imaginario en el que caben tanto el pop de principios de los dosmiles como Charli XCX, tanto las Spice Girls como Bad Gyal y La Zowi (invocó a las dos en el concierto), tanto lo kitsch como la reivindicación queer. Porque, por supuesto, hay mucha política envuelta en estas canciones de electropop pegadizo. Poner a Putochinomaricón en un cartel es una reivindicación en sí misma, pero tampoco se corta en hacer explícita esa carga política: reivindicó la necesidad de poner a más artistas irreverentes, a maricas, a bolleras, a personas racializadas, sobre los escenarios; y no dudó en denunciar a un empresario valenciano -pena que no dijera el nombre- que le pidió quitar el “maricón” de su nombre para actuar en su sala. Lo de Putochinomaricón no es ninguna broma (aunque te puedes reír mucho con él). Tras su demostración de carisma, hasta Look Mum No Computer (foto de cabecera) tuvo que esforzarse por intentar alcanzar sus dotas de éxito. Un perro verde que convierte en instrumentos los aparatos más inverosímiles. Podríamos hablar más, pero la verdad es que hay que verle sobre el escenario para entender de qué va su historia.

Tampoco las charlas se quedaron muy atrás por lo que a interés se refiere. Se evitaron los tópicos habituales gracias a buscar temas a los que no estamos tan acostumbrados. A lo largo de la tarde descubrimos una larga lista de asociaciones relacionadas con las mujeres de la industria musical, nos sumergimos en la magia de uno de los videojuegos más originales que recordemos de la mano de Marco Alba (cuyo trabajo con Berlinist amplía todavía más la belleza de las imágenes), escuchamos anécdotas de Dj’s como Raúl Orellana o Toni Bass, y sobre todo aprendimos lo que menos nos gusta del flamenco de la mano de Niño de Elche, o mil y una curiosidades de la mano de Miqui Puig. En cuanto a las sesiones, no hubo apenas altibajos y los cinco duetos nos lo hicieron pasar realmente bien, aunque la ubicación del escenario no ayudó a que el público disfrutase tal y como las pinchadas merecían. Así pues, solamente buenas palabras para con Ivana Ray Singh vs Gatasanta, Luis Costa vs David Lost, Raúl Orellana vs Telexketch, Eneida Fever vs Levanna McLean (ambas pincharon y bailaron northern soul con infinita energía, aunque se llevó el trofeo la catalana) y Ángel Molina vs Fra.