El traje nuevo del emperador
Conciertos / Yung Beef

El traje nuevo del emperador

4 / 10
Tomás Crespo — 11-10-2016
Fecha — 23 septiembre, 2016
Sala — Sala BUT, Madrid

Madrid. Noche de viernes. Yung Beef actuaba en la sala But (Ochoymedio) dentro del nuevo ciclo Trvmp. Tras su paso a principios de semana por la Mercedes Benz Fashion Week (a.k.a. Cibeles), donde volvía a ejercer como modelo de pasarela, la expectación por verle interpretar en directo los temas de su nueva mixtape era máxima. Ríos de tinta se han escrito sobre él desde que se diera a conocer como integrante de Pxxr Gvng, entidad creativa cada vez más diversificada en innumerables proyectos paralelos. Se ha teorizado sobre todos y cada uno de los aspectos que le rodean. Sesudas disertaciones acerca de nuevos paradigmas, revelaciones socio-culturales y pulsos antropológicos contemporáneos. Una actitud generalizada en medios de comunicación de toda índole, ya sean publicaciones musicales, de moda o incluso grandes periódicos de tirada nacional. La mirada del cronista trata de descifrar algo que le resulta inverosímil al tiempo que fascinante. Se le observa casi como si fuera un animal en un zoológico. Una curiosidad morbosa que ha convertido a este granadino de 26 años en un icono de la modernidad, capaz de acaparar portadas de revistas hipsters y posar para grandes de la industria textil dentro y fuera de nuestras fronteras. Una sobrexposición que ha llevado a muchos con un desconocimiento supino por el reggaetón o el dembow caribeño (géneros tan dignos como cualquier otro) a celebrar las supuestas virtudes de una propuesta a todas luces perfectible. Eso sin adentrarnos en en el árido terreno de la misoginia o de los códigos identitarios totalmente antitéticos que manejan. Parafernalia mediática que acaba haciendo realmente difícil juzgar su trabajo sin algún tipo de predisposición. Analizar su actuación con ojos realmente objetivos requiere de tiempo y sosiego para poner en orden impresiones.

En primer lugar se comentaba que habría teloneros (bueno, en realidad “invitados especiales”) pero allí sólo aparecieron los que se esperaban: Jakim y AC3. Durante unos cuantos minutos que se hicieron eternos se dedicaron a jalear al público repitiendo hasta la extenuación eso de “¿Quién se folló a tu bitch?” (sic) con la consecuente respuesta de sus púberes seguidores. Tras el extraño ritual, por fin Yung Beef hacía acto de presencia. Como mínimo, hay que reconocerle ser portador de un innegable magnetismo escénico. De eso va sobrado. Ahora bien, de rapear poquito, tirando a absolutamente nada. Como ya viene siendo habitual en cualquiera de sus múltiples proyectos todas las pistas de voz venían pregrabadas. Un playback terrible, por cierto, aunque hasta cierto punto entendible: ese exceso de auto-tune es imposible de traducir al directo. De todos modos, la voz aquí es tan secundaria como prescindible. Poco importa que se trate de “Front Row” (o cualquier otro de los temas de su “Fashion Mixtape”) o de “Cigala” (probablemente lo más inspirado que Pxxr Gvng hayan grabado nunca). Lo único que importa son esos ritmos de electrónica sincopada con un puntito oscuro totalmente adictivos, obra en su mayor parte de Steve Lean, uno de los beatmakers con más talento de nuestro país (ausente en esta ocasión).

En cualquier caso, el momento álgido de la noche llegó cuando empalmaron seguidos sus tres temas más conocidos: “Beef Boy” (sobre un beat cedido por Southside, miembro también del colectivo 808 Mafia), “Ready pa’ morir” (o “27”, dependiendo de la plataforma en que se escuche) y, sobretodo, la apoteósica “Intro” de “A.D.R.O.M.I.C.F.M.S”. Y ya. Eso fue todo. Apenas 30 minutos. Porque lo que vino a continuación fue alargar aquello ya sin justificación alguna. Su compadre Kaydy Cain (que ya había aparecido para “Ella baila por dinero”), se quedo a solas con su nuevo, ejem, tema: “Merca Donna”. Por no tener sentido, ni siquiera el orden del setlist lo tuvo. Ms Nina también tuvo su minuto de gloria en algo que bien podría recordar a los “minutos musicales” que durante años inundaban las televisiones autonómicas. “Nosotros no hacemos shows”, decían, “hacemos fiestas en las que cantamos”. Desde luego. La barrera entre “artista” y publico se difuminó por completo. Especialmente en el tramo final cuando invitaron a perrear sobre al escenario a cuantas chicas pudieron (las famosas ratches). Una estampa tan tópica como lamentable que, a fin de cuentas, no se diferencia un ápice de lo que podemos ver en cualquier verbena de barrio o discoteca de pueblo al uso.

Ahora bien, el problema aquí no es de Yung Beef, sino de los que han decidido hacer de él un icono que ciertamente no es. Él, por cierto, parece tener las cosas bastante más claras que sus aduladores y ya se ha lanzado a ejercer de padrino de otros jóvenes (más jóvenes aún) con su propio sello, La Vendición. Es un superviviente nato, no un juguete roto, y sabrá reinventarse cuando la situación lo requiera. Mientras tanto seguirá haciendo flush (dinero, en su argot) con espectáculos como este. Otros 45 minutos de despropósito que no hacen sino confirmar una burbuja mediática a punto de e-x-p-l-o-t-a-r.

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