Si algo nos queda claro tras ver el concierto de presentación de The Balance en Madrid es que todas esas críticas negativas hacia la banda por su espíritu continuista juegan a favor en el directo. El grupo le da a la gente lo que quiere, un bucle continuo de buen rollo, y con esto lo que consiguen es que cada tema se convierta en una enorme fiesta llena de cerveza que no para de crecer en toda la noche. ¿Qué más se le puede pedir a una banda de carácter tan festivalero como ellos?

La Riviera se lleno de españoles con muchas ganas de celebrar San Isidro, de británicos con el modo verano puesto en encendido y sin limitaciones a la hora de dejarse la piel un lunes por la noche. Y, para que todos nos sintiéramos como en casa, hasta de algún que otro fan con el espíritu de hooligan demasiado crecido que el equipo de seguridad tuvo que invitar a abandonar la sala. Pese a una puesta en escena acelerada y llena de rock premeditado, los Catfish and the Bottlemen fueron tremendamente eficaces en su paso por la capital, se dejaron las guitarras en el escenario, la batería de Bob brilló por fin como se merecía, ajena a las limitaciones de las versiones de estudio, y sudaron como nunca entregándose al directo en cada uno de los temas.

Comenzaron la jugada con el gran hit del último álbum, ese Longshot que les sirvió de punto de partida y detonó de forma inmediata las ganas del público de vivir al cien por cien la cita. Se podría decir que ni una sola canción de todo el repertorio se escapó de ser coreada, aplaudida, gritada y bailada. Llenaron el espacio de una masa de fieles devotos de cada movimiento de McCann. Y aunque éste decidiera no hablar demasiado con ellos, lo que sí hizo de manera ininterrumpida es tirar del público e interactuar en cada tema llegando incluso a dejarles estribillos casi completos a esas voces corales que salían de la masa y no paraban de retumbar en las paredes de la sala.

El cúmulo de grandes éxitos que tiene Catfish a estas alturas es más que una realidad. Y esa apuesta de la banda por soltarlos desde el primer minuto jugó claramente a su favor. Aún siendo la presentación de su tercer álbum, los galeses fueron bastante equilibrados a la hora de construir un repertorio que abrazara todos los largos que tienen en el mercado hasta la fecha. Kathleen sonó en el comienzo del encuentro, junto a una Soundcheck que encendió aún más al público. Y no podemos olvidarnos de hacer una mención especial a los nuevos temas, ya que funcionaron de maravilla. Con menos de un mes en el mercado, The Balance ha logrado encontrar su hueco en el imaginario de la banda y temas como Fluctuate o 2all lo demostraron ayer en directo siendo dos de los más queridos por los asistentes. Pero, eso sí, si tuviéramos que hablar de una canción que devorara la noche por completo habría que citar a esa Cocoon que apareció para la despedida, que nunca falla y cuyo instrumental se creció en directo dejando a todos con ganas de más. Menos mal que aún guardaban Tyrants bajo la manga para decir adiós a su entregado público como se merecía ya que los bises fueron inexistentes.