Gran Angular
Conciertos / Bime

Gran Angular

7 / 10
Asier Goiko / Sergio Amor Herrero — hace 2 semanas
Empresa — Last Tour
Fecha — 01 noviembre, 2019
Sala — BEC, Bilbao
Fotógrafo — Tom Hagen

El pasado fin de semana BIME Live congregó a más de 20.000 personas en el BEC! de Barakaldo, batiendo su récord de asistencia y consagrándose como el principal festival de otoño. Su séptima edición estuvo encabezada por nombres de la talla de Jamiroquai, Kraftwerk (en formato 3D) o Foals, entre otros, pero destacaron de igual manera o más otras propuestas como las de Brittany Howard, Glen Hansard, Amaia o Roisin Murphy, entre otras. Comenzamos con el repaso de buena parte de las actuaciones que pudimos ver durante las dos jornadas (sentimos no haber podido llegar a todas):

El comienzo del festival resultó inmejorable. El dúo First Girl On The Moon, con Juan Carlos Parlange, antiguo miembro de los Bonzos, al frente, ofreció media hora de pop electrónico y post punk espacial que recordó a los míticos Suicide. “Scars” o “Tiger Blood” sonaron añejas y actuales, y alternaron instantes de oscuridad densa (“Now I Miss What I Never Had”) con otros más movidos (“This Is Not A Test”). Kraut rock de nuevo cuño para bailar sin necesidad de mover un solo músculo.

Do Nothing mantuvieron el nivel de los vizcaínos, e incluso lo superaron. Los de Nottingham sacaron el máximo brillo posible a su mezcla de post punk y new wave. Liderados por el inquieto Chris Bailey, una suerte de híbrido de Bryan Ferry, David Byrne y Brett Anderson, ejecutaron sus canciones con sobriedad y precisión. “Waitress” y “Handshakes” nos acunaron con su cadencia pausada y contenida, y el broche final corrió a cargo de su gran éxito “Gangs” y sus bajadas y subidas de tensión eléctrica. Música artie sin poso pedante.

Enric Montefusco comandaba una banda con atuendo de enterradores multi instrumentistas y haciendo hincapié en los tonos pasodoblescos muy irónicos que despliega en su último y reciente “Diagonal”. Hicieron el concierto que vienen haciendo desde que despegó su carrera en solitario, mezclar tubas, violínes y guitarras españolas en un repertorio teñido por tonadas ibéricas y vaciles para con la cultura rancia patria. Recuperaron a Standstill con una épica “¿Por qué me llamas a estas horas?” y rematarón entre el público desenchufados repitiendo “Todo Para Todos”. Como siempre la calidad como bandera.

Puede que sea verdad que los prejuicios negativos hacia la figura de la navarra Amaia Romero sean inevitables, su reciente pasado como triunfita no le ayuda demasiado. Pero toda persona que se acercase a su concierto del escenario Antzerkia, pudo comprobar de primera mano que esa etapa está cerrada completamente. La luminosidad de “Un Día Perdido” dio paso a un torrente de pop tan influido por el sonido Donosti como por damas de la canción francesa como Francoise Hardy. Interpretó con maestría la bonita “Un Nuevo Lugar”, con ese fino tono de voz tan característico, y fusionó “Me Gusta Bailar” con el gamberrismo naif de “Medio Drogados”, esta última de Los Fresones Rebeldes. Amaia no desaprovechó la ocasión de lucirse en todo momento, en solitario con el piano o la guitarra, y también arropada por su banda. La tristeza solemne de “Cuando Estés Triste”, en la que la vocalista alardeó de garganta privilegiada, convivió con la épica desatada de “Quiero Que Vengas” y con la dulce melancolía de “El Relámpago”. Todo el futuro por delante.

Nos pusimos las gafas 3D con el logo de Kraftwerk 3D que nos dieron en la entrada para presenciar el completo show de un mito del Krautrock, de los inventores de la electrónica tal y como se ha recreado con mayor o menor éxito en las 5 décadas posteriores. Con unos visuales en 3D kitsch pero elegantes, muy atrapantes y en esa estampa tan legendaria con sus atuendos y movimientos cuasirobóticos, repasaron todos sus grandes éxitos destacando, “The Model”, “Autobahn”, la enorme “Radioactivity”, “Tour de France” o “Trans Europe Express”. Nos quedamos súper contentos de haber visto y escuchado una propuesta mítica pero con un sonido que no se quedo anclado en el tiempo, ni mucho menos.

Foals comenzaron su show en un escenario decorado con palmeras y con un Yannis Filipakis ataviado de camisa hawaiana pegada y actitud chulesca. La primera parte del set sufrió un sonido algo deslavazado pero tomó cuerpo en temas como “My Number” que comenzó a despertar a la gente del letargo. Con esos arpegios en agudo tan característicos heredados de un pasado math rockero atacaron una “Spanish Sahara” muy postrock y expansiva. Consiguieron con sus propuestas más ochenteras una pista de baile en el escenario Heineken, como una especie de Talking heads más cerebrales pero no menos divertidos. Dieron las gracias al bajista que había estado supliendo durante esta última gira a su titular, y triunfaron con los momentos más rock como “Inhaler”, con ese riff matemático tan característico, poniendo a toda la plaza de rodillas.

En un Antzerki lleno, pese a un sonido poco agradecido para los asistentes que estaban en el foso, Morgan estuvieron muy arropados por el público. Vulnerables y pefectos para caminar hacia la madrugada, gustaron y emocionaron. La voz de Carolina de Juan, tiene algo especial y un poco roto, que junto con su timidez y sus pocos aires de grandeza, hacen que se empatice con la propuesta. El viejo dicho de menos es más se cumplió por que fueron minimales en momentos para sonar enormes en otros. “Home” y ese final con “Marry You” funcionaron muy bien.

Tuvimos unos minutos para disfrutar de Sam Shepherd, es decir, el hombre detrás de Floating Points, que ofreció un directo de electrónica vanguardista, una auténtica selva de sonidos donde se pasaba de ritmos rotos a otros más pisteros, de atmósferas evocadoras y envolventes a otras más contundentes. Precisamente este último adjetivo se lo podemos poner a Pional, cuyo inicio de set mostró un techno marca de la casa con buen gusto y clase.

En un escenario Goxo, maltratado por una tarima excesivamente baja, el ex Pxxr Gang Kaidy Cain se mostró mucho más profesional que algunos de sus coetáneos pero en proporción menos talentoso que alguno de los exponentes destacados del trap patrio. Tiró casi todo el repertorio de temas de reggaeton que se hicieron un poco planos, quizá algunos momentos más trap hubiesen funcionado. Por otra parte, King DouDou, con su dancehall y reggaeton divertido y necesariamente atronador, aportó la diversión que su predecesor no pudo en una pinchada con autotune y obsesión por los bombos para un escenario que esperemos mejore en cuanto a visibilidad en futuras ediciones.

El segundo día empezó con los vizcaínos Omagoquienes defendieron su folk rock de raíces norteamericanas, pero no terminaron de convencer del todo. En ocasiones, la voz de Aitziber recordó a PJ Harvey, y la cosa se animó un poco con la versión de Dut que realizaron (“Hor Nonbait”), pero acabaron quedándose en tierra de nadie. Potencial y margen de mejora.

Los Estanques no dejaron indiferente a nadie. Grandes músicos, dieron forma a una actuación sinuosa y llena de recovecos. Entre los comentarios de los asistentes aparecieron los nombres de Frank Zappa, Cream, Led Zeppelin, Vetusta Morla, los primeros Pink Floyd … ¿Con cuál quedarse? Con todos y con ninguno. La psicodelia cañí de “Sentado Al Son” se hizo uña y carne con el rock setentero y sureño de “Todo Lo Que Tú Dejaste Atrás”, y ambas quedaron para tomar unas cañas y algo más con Syd Barrett en “Amor-Odio”. Fueron más concretos en “¡Joder!”, pelotazo macarra y barriobajero aderezado con una voz y unos coros peculiares y desquiciantes. Un puzzle de un millón de piezas.


Carolina Durante han nacido con cuarenta años de retraso, y el viaje al pasado que plantean nos gusta mucho. “Las Canciones De Juanita”, muy Nikis, ya avisaba de por dónde iban a ir los tiros, y “Buenos Consejos, Peores Personas” y “Necromántico” trajeron a la memoria el post punk poderoso y la lírica punzante de los más actuales Ídolos del Extrarradio. El hedonismo y el cachondeo de la movida madrileña se dejaron ver en “Cementerio (El Último Parque)”, pieza de power pop desenfadado y bailable. Algún pasaje más intrascendente y descafeinado ( “Cuando Niño”) no deslució un set de canciones muy coherente, en el que destacaron el noisepop guitarrero de “La Noche De Los Muertos Vivientes”, la enérgica “Niña De Hielo”, y su himno exaltador de la amistad, real o interesada, la inevitable “Cayetano”. Actitud punk.

Neil Hannon y sus The Divine Comedy dejaron bastante de lado su faceta pop barroca y recargada. Con una puesta en escena sobria y elegante, comenzaron poniendo las pilas al personal con el pop bailable de “Europop” y “Generation Sex”. La siguiente tanda de temas transitó entre la languidez introvertida de “Commuter Love”, el aire bucólico y romántico de “Norman And Norma” y el preciosismo de “To The Rescue”, capaz de emocionar al más pintado. Conocida es la capacidad camaleónica del compositor norirlandés, puesta de manifiesto en la marcialidad techno de “Infernal Machines” y en el recitado impersonal y robótico de “The Synthesiser Service Centre Super Summer”. En general muy acertada la selección de canciones, que deparó una traca final en la que destacó la belleza de “A Lady Of A Certain Age” y el ritmo trotón y optimista de “Tonight We Fly”. Ironía distópica disfrazada de cercanía.

¿Qué más se puede decir de Mark Lanegan? Acompañado esta vez por una banda vestida de luto riguroso, volvió a dejarnos patidifusos. La sombra de Screaming Trees fue muy alargada, su garganta lució más cavernosa que nunca y su letanía predicadora nos sacudió como a peleles. “Disbelief Suspension” abrió una caja de pandora de la que salió un recital oscuro y memorable. La sobrecogedora “Letter Never Sent”, la rockera “Stitch It Up”, y la gran atmósfera creada por “Night Flight To Kabul”, siendo todas ellas espléndidas, palidecieron ante la majestuosidad de “Hit The City”, que planeó orgullosa sobre las cabezas del enorme gentío que se acercó a disfrutar y sufrir con el vampiro trovador. Aunque la verdadera apoteosis llegó con las aguas cenagosas por las que navegamos mientras escuchábamos, abrumados y encogidos, la desesperación que emanaba de “Bleeding Muddy Water”. Nocturnidad, alevosía, saber estar y poesía.

Poco después, otra de las grandes del festival tomaba el escenario: Brittany Howard. La cantante y guitarrista de Alabama Shakes es una fiera del escenario, tiene una voz que te deja tumbado y una banda de gospel rock espacial muy divertido, engrasadísimo y con muchísima clase. Ataviados todos de rojo y como en una misa gospel funk en la que sus participantes son todos muy freaks en el buen sentido y unos músicos excelentes. Repaso su único disco en solitario, “Jaime” (Sony, 19), con momentos excelentes como “Stay High”, una versión de Prince muy funk y un bis en el que decostruyeron “Revolution” de los Beatles para rematar y convencer en un verdadero lujazo de concierto.

BIME 2019 Tom Hagen Brittany Howard

Jay Kay y todo su tinglado llamado Jamiroquai (foto encabezado) se sobrepusieron a la laringitis que sufría el cantante londinense, e indudablemente lo dieron todo sobre el escenario. “Shake It On” y “Little L”, zambombazos dance ideales para un sábado por la noche, dieron inicio al sarao discotequero planeado por JK. “Use The Force” se erigió, con su ritmo denso, sus guitarras funky y sus percusiones sincopadas, en una de las triunfadoras de la velada. “Main Vein” homenajeó a las bandas sonoras de las películas y series policíacas setenteras, y disparos certeros como “Cosmic Girl” o “Canned Heat” demostraron con creces su condición de megahits. Sin embargo, JK utilizó las bondades de sus músicos y sus coristas para alargar en exceso casi cada canción, lo que hizo que el conjunto se resintiese y la sensación de dispersión resultase más que evidente. De todos modos, consiguió su objetivo de entretener a casi todo el mundo y de deleitar a sus incondicionales fans. Fiesta en la azotea de cualquier rascacielos.

Nos desdoblamos para ver la apuesta segura que sabíamos que iba a ser Glen Hansard. Y no nos equivocamos porque presenciamos una de las mejores actuaciones del festival. Glen venía acompañado por una banda enorme de musicazos super profesionales y con más mojo que la salsa canaria. Manejó las dinámicas como un orfebre de lo delicado dando paso a momentos en los que la intensidad explotaba hasta el infinito. “When Your mind is made up” sonó enorme y expansiva. Cantó totalmente a capella demostrando voz, saber hacer y presencia escénica con un antzerki en el que se podia escuchar el vuelo de una mosca. Discutió el porqué de estar poco iluminado con un miembro del público, que pedía más luz, pero la cosa no iba de eso. La banda mostró todo su potencial en los distintos solos de saxo, violín y en el manejo como nadie de texturas folk rock como en “Lowly Deserter” En “Fools game” jugó a ser Bon Iver, pero siendo mejor con unas explosiones propias de un concierto de post rock. Triunfal y memorable.

El concierto de Róisín Murphy fue creciendo de menos a más, desde la inicial “House of Glass”, que gana mucho enteros con respecto a su versión de estudio, hasta el final con “Flash Of Light”, ya con una Róisín desatada y con el público desde hacía tiempo en el bolsillo. El setlist estuvo protagonizado por los temas destacados de sus dos primeros discos en solitario además de “Incapable”, su último single. A mí personalmente me hizo especial ilusión bailar y cantar temas como “Forever more” y “Overpowered”, dos de sus clásicos. Todo un icono de la música electrónica que dejó sobre el escenario todo un repertorio de bailes istriónicos y divertidos, acompañado de un vestuario futurista y una inconfundible voz a la que no parece hacer mella el paso de los años.

Nos fuimos a rematar el fin de fiesta primero con la dj valenciana Topanga Kidd en el Goxo, reaggeton atronador y sonidos urbanos bien engarzados, y finalmente con la DJ y productora alemana Helena Hauff en Gaua, techno y electro arrasadores con elementos industriales, EBM o acid que hicieron las delicias de los seguidores de los sonidos duros.

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