El otoño comenzó con una nueva cita cultural que prometía. Se trata de Barruan, evento de tres días de duración que propone una novedosa combinación de música y gastronomía y, sobre todo, el uso y la búsqueda de nuevos espacios para su uso cultural. El viernes se dio el pistoletazo de salida al festival y el plato fuerte llegó a la noche con el DJ y productor francés Rone, un habitual de los mejores clubes de electrónica en Europa que pisaba por primera vez la Villa.

La organización de Barruan nos pareció notable desde el primer momento, mostrando un gusto por los pequeños detalles que se evidenció en la decoración y la iluminación del espacio de la Alhóndiga elegido para la ocasión. El recinto escogido fue un auténtico acierto para la propuesta electrónica que presenciamos.

Ante todavía poco público, abrieron la velada Reykjavik606 (foto inferior), desde Donostia, que nos sorprendieron para bien con una sesión de algo menos de una hora en la que combinaron minimalismo con pasajes más techno, siempre moviéndose en los medios tiempos y acompañados en todo momento de una excelente propuesta de luces que funcionaba a la perfección en la diáfana sala superior de Azkuna Zentroa.

En resumidas cuentas, su propuesta nos pareció original, elegante y meritoria, empleando en todo momento sintes y cacharrería analógica y dejándonos con la duda de si llevaban todo atado o si dejaban pasajes a la improvisación. La intensidad de su sesión la comprobamos cuando desde los baños vimos que todas las paredes y cristales retumbaban. Lo que tenemos claro es que Borja Piñeiro y Kino Internacional nos dejaron con ganas de más.

Para Rone (foto encabezado) ya había más gente en el recinto, algo más de media sala, y con más predisposición al baile. Y es que, claro, la propuesta del francés incitaba al desenfreno en toda regla. Comenzó muy maquinero, sin dar apenas respiro al personal, y con cortes y melodías más reconocibles. Al principio nos dio la sensación de tener un set demasiado artificial, demasiado rápido y con poca profundidad.

Afortunadamente, más adelante se despejaron nuestros temores y Rone se reveló como un excelente productor en los medios tiempos, pasando a tempos más oscuros con voces retumbantes y diálogos en francés, en una onda que nos trajo reminiscencias a su compatriota Flavien Berger. Y, como cabía esperar, hubo traca final, ya con la gente totalmente entregada a romper la pista. Salimos del estreno de Barruan con muy buena sensaciones y con la impresión de haber asistido a una propuesta diferente a lo que estamos habituados en Bilbao.

Unas pocas horas antes, a última hora de la tarde del mismo viernes, se daba el pistoletazo de salida al festival en el Museo de Arqueología de Bilbao con un showcooking, junto a la música la otra piedra angular del festival, de la mano de Alberto Lomas. La actuación musical corrió a cargo de los Hermanos Cubero (foto inferior) que deleitaron a un público que abarrotaba el patio interior con su peculiar propuesta. El dúo de La Alcarria se ganó al respetable con su simpatía y su folk de corte irónico.

Barruan nace como un evento para acercar propuestas musicales diferentes a locales Bilbaínos atípicos. Y que más atípico para un concierto de Electrónica que el Hotel Ercilla, establecimiento más relacionado con toreros y folclóricas. El concierto se celebró en la discoteca del hotel con espacio para unas 200 personas, con un acceso a los baños laberíntico y gracioso, reservados para sentarse al estilo Vip decadente y los más importante, bien sazonado todo con una propuesta musical arriesgada y variada.

Abrió la veda Unai Miravalles, DJ bilbaíno que abrió la sesión con trazas de Trap, reaggeton mezclado con electrónica ruidista y  ritmos dislocados, muy chulos, para una propuesta rica y aperturista. La que iba a ser primer plato fuerte de la noche, Coucou Chloe, se confundió al comprar los tickets de avión a la hora de venir a Bilbao por lo que no llegó al evento. Se encargo de sustituirla II (Kris G Moncada) que se nos antojó un poco más plano, con una propuesta en la que ritmos a piñón se mezclaban con voces enterradas en reverb monocordes e inteligibles. Más interesante nos pareció su pinchada posterior con un poco de “911” de Tyler y un poco de  “Passion fruit” de Drake para elevar espíritus, mientras SHYGIRL (foto inferior) se preparaba para su set. La cantante y DJ Londinense, con un abanico en una mano y el micro en la otra, comenzó su set con poco volumen y con trazas de electrónica industrial y algo de dancehall que prometía y que puso a la gente a bailar de verdad en cuanto le dieron un empujón a los decibelios. Sus constantes contoneos y su agitar del abanico se convirtieron en una suerte de coreografía atrapante y atractiva.

Putochinomaricón (foto inferior) era el plato fuerte del da, y dio en el puto centro de la diana. Maquillado, pinchando el mismo sus temas mientras tiraba comentarios sarcásticos o subido a la mesa arengando a los maricas de la sala encandiló e hizo bailar a todo el mundo. Tiró “Gente de Mierda” al principio y al final y repitió “Tu no eres activista” por falta de repertorio, pero dio igual, arrasó con el garito sin dudar.

El dj sueco-chileno Dinamarca termino de hacer condensar el ambiente a base de Gabber y bajos profundos, hizo bailar de lo lindo. Cerraron la sesión Katza y Miravalles que demostraron calidad y el buen fondo de armario que tenemos en el botxo.

La jornada del viernes arrancaba al mediodía en el nuevo espacio Taproom La Salve  con un showcooking y la actuación de Joaquín Pascual en solitario acompañado tan solo por su guitarra y su voz. A media tarde nos pasamos por La Brasa Canalla para descubrir a una de las propuestas de música urbana del botxo, Mitto Koronkon. El MC bilbaíno lleva ya desde 2012, que vio la luz su primer LP, dando guerra con sus temas influenciados por el trap, el r&b y el reggaeton. Sin artificios vocales y con mucha más crudeza que en disco, el cantante dejó sus temas principales acompañado de algunas colaboraciones. No podía faltar su hit veraniego, “Latiguera y abertzale”, con el que cerró su actuación.

El cierre a tres jornadas intensas llegó el domingo al mediodía con un tiempo nada propicio para disfrutar de la música en directo al aire libre. A pesar del frío y la lluvia, un buen numero de personas se reunieron en los exteriores del Museo Marítimo para despedirse del debut de Barruan bailando. Nos perdimos a Urgatz pero llegamos a la actuación del trío gijonés Huias (foto inferior). Estos finalistas de la edición 2014 del Villa de Bilbao, dúo formado por la cantante María Lastra y el multi-instrumentista y productor Alejandro Santana (con el bajista Rubén Ondina completando la formación para los directos) dejó un gran sabor de boca y al público con ganas de seguir bailando con sus oscuros e hipnóticos ritmos electrónicos. Para cerrar la presente edición, se subió al escenario Alejandro Guillán con su proyecto Baiuca. Disfrutamos con su peculiar fusión de folclore gallego y electrónica, guinda perfecta para remarcar el espíritu Barruan, que esperamos continúe por muchos años.