Thurston Moore (foto inferior y encabezado) no es de los que escoge el camino más corto. A sus 60 años, el ex Sonic Youth pasó como un fantasma por su último disco, el excelente “Rock and Roll Consciousness”, y dedicó los 65 minutos de su concierto a experimentar, retorcer y jugar con el ruido y la distorsión. Acompañado de una especie de dream team del noise rock (el guitarrista James Sedwards; el batería Steve Shelley, también ex Sonic Youth; y el bajo afilado de Debbie Googe, de My Bloody Valentine), no fue tanto una actuación al uso como una ruidosa jam session instrumental de intensidad descabellada que a algunos volvió locos y a otros muchos casi mata de aburrimiento. Quizás sobró el efectista performance de los altavoces, pero Moore se reivindicó como un músico valiente e insobornable que no negocia su estilo. Al igual que ocurre con el fútbol y Pep Guardiola, Moore es radicalmente fiel a una filosofía que no todo el mundo comparte. “Thank you for keeping the power”, dijo al despedirse del público, tal vez consciente de que no había ganado por KO.

El concierto del gigantón y desgarbado icono del rock underground fue el plato fuerte de un Andoaingo Rock Jaialdia que ha recuperado su brío. El garaje ya no es patrimonio de Andoain, que se ha reciclado tirando básicamente de la vasta cosecha de rock australiano, y que durante la tarde-noche del sábado vivió un momento único, el sumun para los fans del rock de las antípodas: en la recta final del concierto de Dimi Dero Inc (foto inferior), subió al escenario Gareth Liddiard (The Drones, Tropical Fuck Storm) y juntos embistieron salvajemente “The Low Road”, de Beasts of Bourbon.

Para entonces, el sol se había escondido en las montañas de Andoain y habíamos disfrutado de un arranque estupendo. Primero con MICE (foto inferior), la incursión de Miren Narbaiza (Ex Napoka Hiria) en el rock. Acompañada de una banda muy sólida en la que también está Joseba B. Lenoir, su mano derecha en este proyecto, tuvo chispazos de calidad, como el medio tiempo de “Zertarako iraun” y varios hits emocionales, entre los que se encuentra la conocida “Ausardiariak ez”.

Después salió The Llamps (foto inferior), que se convirtió en una de las sorpresas más agradables del festival. Partiendo de parámetros muy pop, los franceses no se casan con nadie y lo mismo hacen una dignísima versión de “As Tears Goes By” de los Rolling Stones, como se escoran al yeyé, al inconfundible aroma de los 60 y la psicodelia. Cantaron en francés, inglés y catalán, pero lo más llamativo fue ver lo bien que se defendía su cantante con la trompeta.

Por su parte, nadie puede poner en duda la solvencia de los veteranos The Rockingbirds (foto inferior), una banda curtida en el country-rock que en los últimos tiempos ha fichado a un miembro de The Hanging Stars. Un total de siete músicos se desplegaron por el escenario, pero a su concierto le sobró metraje (tocaron durante una hora) y le faltó variedad. En el disco suenan exquisitos, pero en directo les falta cambiar de marcha para que el público no aproveche el momento de escapar a por el bocadillo.

Como fin de fiesta la organización acertó con programar a Tropical Fuck Storm (foto inferior). Fue un show electrizante, una nueva maraña sonora comandada por el capo de The Drones Gareth Liddiard, que tiró de actitud punk y manual ruidista.