Nueva visita primaveral a Andoain para asistir a un festival musical que, año tras año, nunca defrauda. A la solitaria Birkit (foto inferior), vitoriana afincada en Bilbao, le tocó el difícil papel de abrir el festival a media tarde cuando aún no había mucho público, pero su guitarra eléctrica y su voz sonaron tan potentes y desgarradoras que me hicieron desear verla pronto con banda.

En una jornada con gran presencia femenina, la guipuzcoana Miren Iza destacó con su pop brillante construido a base de sintetizadores y fogonazos de rock, en una propuesta verdadermaente apetecible y que dista mucho de los inicios más lánguidos de su grupo, Tulsa (foto inferior).

The Coal Porters (foto inferior), liderados por el Sid Grffin, miembro fundador de los californianos The Long Ryders, ofrecieron un set acústico, fresquito y disfrutable, de bluegrass saltarín. Aunque la propuesta resultase un tanto lineal, la estupenda labor de la violinista Kerenza Peacock y las versiones de David Bowie y Chuck Berry nos dejaron con buen sabor de boca.

No las tenía todas conmigo minutos antes de la actuación de Boss Hog (foto inferior). Al igual que me ocurre con Heavy Trash o Spencer Dickinson, siempre tuve el prejuicio de que no eran más que una banda paralela usada por Jon Spencer para su desahogo y divertimento personal. Sin embargo, me cerraron la boca desde el minuto dos. Cristina Martínez se comió el escenario con sus andares felinos y su actitud megapunk, se dejó la garganta como la PJ Harvey más cañera, y entonó algún pasaje de art rock como lo habría hecho Lydia Lunch en cualquier garito de Nueva York. Las canciones, llenas de aristas y recovecos, transitaron entre el garage y el blues sinuoso, y a pesar de algunos momentos de dispersión y falta de concreción, la actividad guitarrera de Jon Spencer y la destacada presencia de su voz despejaron cualquier atisbo de duda.

The Kill Devil Hills (foto inferior) son un grupazo. Los australianos, con quince años de carrera a sus espaldas, se volvieron a lucir en tierras vascas. Con un aura más luminosa y menos perdedora y borrachuza que cuando los vimos en Vitoria, aguantaron los problemas técnicos del inicio para acabar sonando finos e impecables. Tras un comienzo precioso, cayeron en cierta monotonía estilística que solventaron gracias al acierto posterior de ir alternando baladas punzantes con sabor a mala semilla con fogonazos de electricidad contenida, como la majestuosa “Stained”. La voz de Brandon Humphries recordó a un Nick Cave menos grandilocuente, el violín nos trajo a la mente las atmósferas de Dirty Three, y las subidas y bajadas de tensión remitieron a la factoría Drones. Sonido australiano de toda la vida, elegante y con pegada.

The Legendary Tigerman (foto encabezado) ejerció de cabeza de cartel de la noche. El guitarrista y cantante portugués Paulo Furtado, acompañado por una formación compuesta por batería, bajo y saxo barítono, se disfrazó de ciclón bluesrockero y arrasó cuanto se encontró en su camino. Apoyado por una pantalla que proyectaba imágenes de sus sugerentes videoclips, repasó todas las etapas de su biografía musical, desde el ya lejano “Naked Blues” hasta su más reciente grabación, “Misfit”, pasando por el aclamado, sobre todo en Portugal, “Femina”. Con su colección de guitarras desafío al flamígero saxofonista y la batalla terminó en tablas. Lisa Kekaula, cantante de Bellrays, se sumó a la fiesta, interpretando desde la pantalla su colaboración en “Femina”, acompañada con precisión milimétrica por Paulo y sus compinches.

El sueño de una noche de ‘verano’ guipuzcoano.