El décimo aniversario de un festival independiente, acaso a contracorriente, como el Actitud Fest bien merecía una celebración por todo lo alto. No ha sido fácil llegar hasta este punto. Pensadlo bien. Detrás de los cuatro días de conciertos hay mucho trabajo, prácticamente nueve o diez meses de preparativos en la sombra, y siempre desde la autogestión, sin patrocinadores, con un presupuesto muy ajustado y, sobre todo, una ética a prueba de bombas.

Estas ganas de celebrar los diez años explica que los organizadores se liaran más si cabe la manta a la cabeza y ampliaran de tres a cuatro días las fechas de este imperdible encuentro musical conocido originalmente como H-titud. Esto tenía que ser una fiesta, debieron pensar los organizadores, y más cuando los míticos Lisabö confirmaron su asistencia. Y es que la formación liderada por Karlos Osinaga, escurridiza como pocas, era una de las bandas más ansiadas por el festival desde sus inicios. El sexteto, como no podía ser de otra manera, cumplió sobradamente con las expectativas el sábado por la noche. Ritmos machacones e intensidad desbordante. Arrasaron con todo y no se lo pusieron fácil a los que venían por detrás, los franceses Wank For Peace y los resucitados Uziel, disueltos hace casi quince años. Por algo son la banda vasca en activo más grande del universo (hasta hace poco compartían título con Berri Txarrak, de los cuales lucían alguna camiseta).

Pero empezaré por el principio, sin ánimo de hacer un repaso exhaustivo de las treinta bandas. En la primera jornada la zapatilla fue la gran protagonista, con los punk rockers Bad Mongos y los locales Illinoise con flamantes nuevos discos bajo el brazo como grandes reclamos. El segundo asalto, cuando algunos todavía estaban recuperándose, comenzaba a las seis de la tarde bajo un sol de justicia con el cuarteto Les Cruet y su grunge pop en català. Su batería haría doblete horas más tarde tras los parches de los enormes The Unfinished Sympathy, que no era la primera vez que la montaban en el Actitud Fest. En esta ocasión, Eric Fuentes y compañía descargaron una colección de ‘hits’ como “Homedrunk”, “Gip Up, Dig Down” y “This Living Kills” rematada con dos auténticos himnos como “Rock For Food” (con la colaboración inesperada de Gemma de Two Dead Cats) y “An Investment In logistics”. Por poner una pega, y esto ya es una cosa muy personal, echo de menos que sigan tocando algunos temas de su disco homónimo como “Euphoria Under Water” o “Convinced Lamarckist”. Sea como sea, son los mejores en lo suyo. Afónicos y con las camisetas empapadas muchos nos plantamos frente a los suecos No Omega, los hermanos pequeños de Touché Amoré, una banda de screamo oscuro y rabioso muy bien ejecutado, y Sport, otro de los grandes reclamos de esta edición, sobre todo entre los más jóvenes de la parroquia emocoreta. Los franceses se despiden de los escenarios este verano y todos, los que estaban encima del escenario y los del foso, echaron en resto durante los tres cuartos de hora que duró su concierto, con un repertorio que fue de menos a más.

Mención especial también merecen los belgas Cocaine Piss, que pusieron la carpa patas arriba con su imprevisible frontwoman, que no paró de moverse y revolcarse por el escenario. No es fácil definir su propuesta. O sí. Piensa en la presencia y la voz estridente de Kathleen Hanna, los movimientos de Juliette Lewis cuando sale a liarla con sus The Licks y una banda de proto-punk a tope de fuzz. Algo así, pero mucho más divertido. Si te los perdiste, apunta: Amfest, Barcelona, el 12 de octubre.

El sábado venía cargado con varios platos principales y el recinto ya tenía el aspecto de las grandes ocasiones, sin llegar al aforo completo pero poco faltaría. Mucha calidad, desde las cinco de la tarde, con los madrileños Kugo, un dúo crudo muy noventas. Les siguieron Kids Of Rage, que presentaron con una energía contagiosa su último trabajo, “Hurry Up”, un ejercicio de hardcore con melodía muy recomendable. También rescataron piezas muy celebradas como “Talking Vultures” y “Lone In Crowd”. La gente todavía estaba bastante estática, conscientes de que la jornada sería larga, pero ellos salieron a matar y se dejaron la piel en cada riff y en cada salto. Se habían ganado su participación en el festival fichando cada año, y quizá por eso disfrutaron al máximo esta oportunidad.

Entre las bandas de aquí no podemos pasar por alto el paso de los gallegos Cuchillo de Fuego, con esa poesía generacional, cargada de crítica y sarcasmo, fluyendo sobre una base instrumental potentísima; y los madrileños Adrift, con un sonidazo entre majestuoso y apocalíptico que no tiene nada que envidiar a ninguna banda del catálogo Relapse. Los primeros y los segundos no se parecen en nada, pero cada uno a su manera consiguió ponerse al público en el bolsillo. Su buen hacer y su personalidad son innegables.

Los hermanos Alegre, parte importante de la organización, han conseguido colocar a Vidreres en el mapa del underground nacional, pero también en las hojas de ruta de muchas bandas internacionales. Hace años pasaba con el Sant Feliu Fest, y ahora son ellos los que han cogido con fuerza el relevo. En esta edición, además de las citadas, encontramos a los franceses Lysistrata, de los que os hablaré más abajo, y a los suecos Starmarket, una verdadera banda de culto, recuperada recientemente y en un estado de forma envidiable. Estos últimos, como Lisabö, tuvieron más minutos e incluso volvieron al escenario para tocar “Into Your Arms” del mágico “Four Hourse Light”. Starmarket atraviesan ahora mismo una segunda, si no tercera, juventud. No se esperaban, sin embargo, el recibimiento en Vidreres. En las primeras filas se desató la locura con hits atemporales como “Count With Fractions”, “Baby’s Coming Back”, “Come In From The Cold”, “Amber” y “Repetition”, por citar solo algunos de los mejores momentos. No se dejaron ni un solo hit en el tintero.

El domingo fue el turno de Böira, que rompieron su silencio para tocar en su querido Actitud y mostrar uno de los temas nuevos en los que están trabajando, ciertamente potente, y el emo punk de los catalanes Turnstile, que llevaban cinco años sin tocar juntos pero nadie lo diría. También del power dúo Yawners, una de las sensaciones del año. Elena y Martín no han dejado de presentar por salas y festivales su “Just Calm Down”, un trabajo editado por La Castanya que acabará entre los mejores disco de pop de guitarras del 2019, pero les faltaba pasar por Can Actitud. Salieron entre aplausos tras un bolo más que redondo.

Los jovencísimos Lysistrata eran una de las apuestas del festival, pues los vieron unas semanas antes en el festival Usopop, y sabían que encajaba de maravilla en el cartel. Estos tres mozos con cara de no haber roto nunca un plato descargaron todo lo que llevaban dentro para despedir su último largo hasta la fecha, “The Thread”, y rodar algunos temas de su nuevo disco, “Breathe In/Out”, cuyo lanzamiento está previsto para mediados de octubre. Los de Saintes, todo desparpajo y atrevimiento, se transforman en cuanto se cuelgan los instrumentos y suben el volumen de sus amplificadores, perfectamente encarados. Tocan muy juntos, pero lejos de meterse en su mundo, su burbuja, el trío sabe conectar con la gente. Y vaya si conectaron. Su virtuosismo y su original manera de mezclar referentes, de Refused a Sonic Youth pasando por los primeros Biffy Clyro, son para quitarse el sombrero. Les seguiremos la pista. Están llamados a ser grandes. Solo una banda como Tano! podía salir después y no desentonar. Ellos son solo dos, pero llenaron el escenario sin problemas y, lo que es más importante, reventaron la carpa con misiles del calibre de “Stanoley Kubrick”, “Gigi d’Agostano” y la pirata “L’Ampolla del vi blau”, incluidos en su segundo largo, “Cants als malsons”. El comité organizador no había podido escoger una mejor banda para poner el broche a un festival llamado actitud. Ellos son la actitud personalizada y acabaron volando abrazados sobre el público en una imagen que difícilmente borraremos de nuestra memoria.

Mucho se ha rumoreado estos días sobre la continuidad del festival. Quizá, no lo saben ni los propios organizadores, es el último Actitud Fest tal y como lo hemos conocido hasta la fecha. En cualquier caso, desde estas líneas solo podemos felicitarles por el buen trabajo realizado y darles las gracias por ofrecer tanto a cambio de tan poco. ¡Larga vida al DIY!

Actitud Kids Of Rage Guillem Beltran