MondoSonoro Comics

Parece que la metaficción no ha perdido vigencia. Tanto en lo audiovisual como en la hipermedia en general sigue teniendo una presencia destacable, y si bien es cierto que en la literatura vivió sus mejores momentos hará casi una década, el recurso -o golpe de efecto- sigue ahí. El cómic, claro, no ha querido eludir toda referencia hacia su propia naturaleza, y narrativamente es un truco que suele salir muy bien (¿recuerdan al Trondheim de “Mis circunstancias” o al último Moebius?).

Aquí tenemos a Pierre Wazem -autor y protagonista- y su propia historia, en la primera parte del cómic, narrada por y para sí mismo, donde repasa sus desgracias personales y su afán de autosuperación mientras nos muestra a sus compañeros de profesión en situaciones reales de su autobiografía. Bien. ¿Qué pasa luego? Que aparece la chispa detonante en forma de planeta. El planeta Marte, amigos. Debajo de su casa -convirtiéndose en el monolito de “2001” de Kubrick o la Torre del Diablo de “Encuentros en la tercera fase” de Spielberg- surge esa forma galáctica, un elemento casi sobrenatural en la vida extraterrenal de Pierre, y la cambia. Llega entonces la inspiración y escribe un cómic con el mismo título que el que estamos leyendo y el juego de espejos se multiplica y ya la hemos liado. Del slice of life clásico a un relato maravilloso (en sentido literal) con uno de los encuentros consigo mismo (páginas112 a 120) más bellos que recuerdo en tiempo.

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