We Are Who We Are
Cine - Series / Luca Guadagnino

We Are Who We Are

8 / 10
Álvaro Tejada — 06-11-2020
Empresa — HBO
Fotógrafo — Archivo

Muchos de nosotros hubiésemos preferido sobrevivir al 2020 con la mentalidad y la actitud de un niño o, al menos, de una persona que está en pleno desarrollo personal. Ser adulto tiene muchas cosas buenas, pero si hay algo que podemos criticar –y en lo que estamos todos de acuerdo– sobre esa etapa que comienza una vez cumples dieciocho años, es la sensación de preocupación constante. Las obligaciones comienzan a florecer en cada rincón de tu vida y de pronto tienes una excesiva conciencia sobre absolutamente todo, muy en parte influida por el constante murmullo que sale de los medios de comunicación, de las redes sociales y de Internet en general. Bienvenido a la era digital en plena crisis existencial dentro de un mundo globalizado.

Por eso, viendo “We Are Who We Are” vuelves a conectar con tu yo más naif, inocente e ingenuo (y, a su vez, caprichoso, asqueroso y egoísta) que una vez existió dentro de ti. Aunque solo sea durante ocho capítulos de cincuenta minutos cada uno. Una preciosa reconciliación con aquellos tiempos en los que cruzas la delgada pero infranqueable línea entre la adolescencia y la adultez. Una línea que no eliges cruzar pero que alguien dibuja con rotulador permanente en el calendario cuando alcanzas la mayoría de edad. Y eso es lo que les ocurre a Harper y Fraser, los dos protagonistas de la serie, en mitad de una etapa que es vital para ellos: la del despertar y la búsqueda de identidad sexual.

Pero eso no es todo. Además de la evidente revolución de hormonas, sentimientos encontrados y emociones confusas que genera ese capítulo en la vida de una persona, Harper y Fraser son hijos de familias militares estadounidenses, las cuales se dedican a viajar de destino en destino cada cierto tiempo. En este caso, la trama ocurre en una base militar estadounidense en Italia, un lugar artificial y gris a tan solo unos pocos kilómetros de la brisa del mar y de ciudades tan románticas como Venecia. Por lo tanto, el escenario que Luca Guadagnino ha elegido para ambientar “We Are Who We Are” no puede ser más acertado e incluso metafórico para sus protagonistas: la dualidad entre lo propio y lo ajeno, lo verdadero y lo falso, lo natural y lo artificial.

Sin embargo, Fraser y Harper de pronto coinciden en este espacio-tiempo y crean su propia burbuja bajo la cual se sienten protegidos y comprendidos. Una relación de amor que no importa si es amistosa o sentimental, porque el lenguaje no verbal es más poderoso que todas las palabras del mundo juntas. Se trata de la conexión entre ellos y de miradas cómplices y genuinas, más que de diálogos largos y superfluos que no van a ningún lado. Y esta complicidad entre ambos se construye, muy en parte, gracias a su afán compartido por la música, un elemento muy importante en la serie.

Devonté Hynes (más conocido artísticamente como la voz detrás de Blood Orange) es el responsable de la banda sonora original de “We Are Who We Are”. Y con eso ya no necesitarías más motivos para convencerte de ver la serie. De hecho, como si de un homenaje al artista se tratase, Luca Guadagnino cierra la historia en torno a un concierto de Blood Orange en Bolonia muy especial. Y hasta ahí podemos leer. En líneas generales, la exquisita música que suena (Prince, Radiohead, David Bowie, Kanye West, Frank Ocean, Chance The Rapper, Neil Young, The Rolling Stones) ocupa más minutado en la serie que el propio guion, haciéndonos ver que los seres humanos hablamos demasiado y que hay sentimientos o emociones que se describen mejor a través de canciones, sonidos o melodías.

En un momento del año en el que cada vez cuesta más encontrar el optimismo o las ganas de encender la televisión por no ver lo que está ocurriendo a nuestro alrededor (elecciones en Estados Unidos incluidas), “We Are Who We Are” es un oasis entre todo este caos que refresca y da paz mental. A raíz del último capítulo, Tyler, The Creator se ha declarado públicamente fan de la serie y ha afirmado que ojalá hubiesen existido propuestas audiovisuales como esta en su infancia o adolescencia. Al menos, podemos dormir tranquilos sabiendo que las generaciones futuras están creciendo con los referentes adecuados en pantalla.

 

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