Reseñamos 'No hay otra opción', la nueva película de Park Chan-wook
Cine - SeriesPark Chan-wook

Reseñamos 'No hay otra opción', la nueva película de Park Chan-wook

8 / 10
José Martínez Ros — 13-02-2026
Empresa — Moho Films, CJ Entertainment
Fotografía — Fotograma de la película

No podemos afirmar que “No hay otra opción” nos devuelva al mejor Park Chan-wook porque este nunca se había ido. Sus inmediatas antecesoras, el maravilloso homenaje a “Vértigo” de Hitchcock que fue “Decision to Leave” (22) y el no menos genial thriller de época “La doncella” (16), merecerían estar en cualquier top que recorriera el cine global de la última década. Esta nueva cinta sólo demuestra que al maestro surcoreano aún le quedan unos cuantos trucos nuevos bajo la manga. Llega a nuestras pantallas después de haber sido ignorada en las nominaciones a los Oscars, a pesar de haber recibido varias nominaciones a los Globos de Oro, de obtener el Premio del Público al Mejor Film Internacional en el Festival de Toronto y el de Mejor Director en el de Sitges. Algo, sin duda, injusto, pero un signo de un año, 2025, que nos dejó muy poco cine norteamericano digno de recuerdo, pero sí muchas películas procedentes del resto del mundo de gran calidad.

“No hay otra opción” es la segunda adaptación de la novela "The Ax" de Donald E. Westlake. La primera se estrenó hace dos décadas, y también resultó ser excelente. Nos referimos a “Arcadia”, la última gran obra del director franco-griego Costa-Gavras, autor de clásicos del cine europeo como “Z” (69) y “Estado de sitio” (73). Park ha declarado que, después de leer la novela de Westlake, quiso llevarla a la pantalla inmediatamente; y sólo más tarde supo que ya existía la versión de Costa-Gavras, al que, no obstante, ha homenajeado dedicándole su película. En cualquier caso, a pesar de contar la misma historia en un tono de comedia negrísima, las dos son bastante diferentes.

Como el Bruno Davert interpretado por José García en “Arcadia”, el Man-su al que pone rostro un inconmensurable Lee Byung-hun (“El juego del calamar”, “Encontré al diablo”, “A Bittersweet Life”) no es una mala persona. A menos que consideremos como un defecto amar apasionadamente a su familia. Es un empleado fiel y concienzudo de una empresa papelera, disfruta cuidando sus plantas en un invernadero que ha construido con sus propias manos junto a su casa y se desvive para apoyar a sus dos hijos, sobre todo a la pequeña Ri-one (Choi So Yul), que tiene algún tipo de trastorno del espectro autista y que sólo parece comunicarse con el mundo a través de su violoncello. Sin embargo, todo se tuerce cuando los nuevos dueños norteamericanos de la fábrica aplican una estricta reducción de personal. Man-su es despedido. A pesar de que su querida esposa, Miri (Son Yejin) se esfuerza en reducir los gastos al mínimo, las deudas comienzan a acumularse. Unos meses más tarde, Man-su sólo ha encontrado un trabajo mal pagado como reponedor de un supermercado. Los amados perros de sus hijos han sido confiados a unos parientes, su casa está en venta y, por si esto fuera poco, su hija va a tener que renunciar a las clases de música, que tal vez representan la única esperanza de que cuente con un futuro profesional estable.

Su única esperanza es volver a hallar un puesto de responsabilidad en otra papelera, y de este modo, recuperar su anterior estatus. Pero tras varias entrevistas fallidas, se da cuenta de que es un sector demasiado pequeño y especializado: siempre habrá un candidato mejor, más joven, con más experiencia o con mejor imagen. Así que descubrirá que sólo le queda “una opción”: eliminar, literalmente, a la competencia. Lo que puede parecer absurdo y desesperado, pero sintoniza muy bien con una era en la que el capitalismo corporativo ya no tiene ningún problema en mostrar su rostro más cruel e individualista, en el que la IA y la robotización borran montones de empleos que, hasta hace muy poco, eran casi seguros. Lo que vuelve tan oscuramente divertida la película de Park Chan-wook es que Man-su no es “killer”, sino un tipo normal, incluso bienintencionado, y se muestra tan torpe a la hora de liquidar a sus rivales como lo seríamos cualquiera de nosotros si tuviéramos que orquestar una serie de asesinatos. Y para colmo, no puede dejar de verse reflejado en sus posibles víctimas: el perfecto guion consigue que aparezcan como unas personas reales, a menudo tan angustiadas y patéticas, tan acosadas por el sistema, como él.

Por supuesto, tratándose de una película dirigida por el realizador de “Old Boy” lo que también encontramos es un apabullante despliegue visual. Park se las arregla para convertir cada uno de los disparatados crímenes del Man-su en una set piece brillante e imaginativa. “No hay otra opción” es otro gran hito en la trayectoria de uno de los escasos creadores que han abierto nuevos caminos al séptimo arte en lo que llevamos de siglo XXI.

 

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.