Anatomía de una caída
Cine - Series / Justine Triet

Anatomía de una caída

9 / 10
Daniel Grandes — 20-12-2023
Empresa — Les Films Pelléas, Les Films de Pierre
Fotografía — Cartel de la película

Ser hipocondríaco ha conseguido que mi relación con obras de ficción centradas en la muerte (o en una muerte) sean por lo general complicadas, pues me atraen al mismo tiempo que me angustian. Quizás por eso me interesó tanto un librito llamado “Sobre el desprecio de la muerte” de un tal Cicerón, un diálogo socrático en el que el filósofo convence a un discípulo de que es absurdo temer a la muerte. ¿Por qué tener miedo a morir cuando morir significa justamente dejar de sentir, ya sea miedo o cualquier otra cosa? Al igual que Cicerón, “Anatomía de una caída” entiende el final de la vida como un espacio que no corresponde a la muerte, sino al diálogo alrededor de la misma. Justine Triet coreografía un magistral thriller judicial bajo el umbral de una pregunta que ya formuló el pensador griego en el primer siglo antes de Cristo y que, por lo tanto, puede entenderse atemporal: “¿la muerte es un mal para quienes han muerto o para quienes han de morir?”.

Reimaginando la fórmula propuesta por Sidney Lumet en su icónica “12 hombres sin piedad”, Triet teje un extenso diálogo alrededor del fuera de campo ―para Lumet el crimen, para Triet la muerte― en el que la verdad no tiene cabida. “Anatomía de una caída” no sólo presenta una escritura brillantemente precisa, sino que además lleva a cabo una exhaustiva radiografía de nuestra contemporaneidad, tiempo donde la subjetividad del relato es más valiosa que la objetividad de los hechos. Es envidiable la seguridad con la que la cineasta recoge el testigo de tres películas obsesionadas con la reconstrucción de la verdad a través de la imagen (“Blow up” de Antonioni, “La conversación” de Coppola e “Impacto” de De Palma) justamente para señalarlas como caducas. A la última ganadora de la Palma de Oro no le interesa averiguar si la imagen es capaz de reconstruir la verdad, sino defender que la verdad sólo es útil para construir una imagen beneficiosa para uno mismo.

“Anatomía de una caída” es, por encima de todo, un trepidante duelo de relatos que acaba por convencernos de que la única verdad ―¡la verdadera película!― está en la cabeza de cada espectador (¿no está al fin y al cabo todo el juicio articulado desde el punto de vista de un niño ciego?). La muerte sólo existe como motor de un espectáculo desbordado, sugerente y, aunque pueda no parecerlo, divertidísimo. La cámara de Triet demuestra una personalidad visceral en su afán por parecer tan incongruente como su relato, situándose en un perfecto punto intermedio entre la espontaneidad de la sitcom y la potencia humanista del cine de John Cassavetes (característica potenciada por unas actuaciones atípicamente orgánicas). La cineasta consigue presentar una obra que se construye conforme esta avanza, a través de una puesta en escena que no rechaza ningún punto de vista. Gracias a una banda sonora minimalista pero milimétricamente calculada, “Anatomía de una caída” deambula entre lo frenético y lo reposado, invocando a un suspense hitchcockiano tan efectivo como en ocasiones incluso anacrónico.

Porque, además de sus innumerables valores cinematográficos (imposibles de recopilar en este humilde texto), la película de Justine Triet reúne las suficientes cualidades como para convertirse en fenómeno cultural más allá de la propia pantalla. Y no, esto va más allá de las exquisitas referencias a 50 Cent, Stephen King, “El resplandor” ―¡un niño llamado Danny con el pelo-casco que vive en una casa reconvertida en AirBnB en medio de las montañas nevadas y que es capaz de visualizar cosas que él nunca vio!― o a “Puñales por la espalda” ―¡ese suéter!―. Su potencial social reside en la facilidad con la que la cineasta recupera la fascinación por la narrativa en un contexto en el que creemos haberlo visto y leído (o consumido) todo. El debate post-proyección no invita a comentar la película de Triet, sino su historia. No invita a comentar qué nos ha parecido, sino a debatir qué ha visto cada uno. Porque “Anatomía de una caída” recupera el éxtasis extradiegético a través de la muerte, algo que nuestro querido Gaspar Noé ya auguró en su “Clímax”. Porque, efectivamente, la muerte (del otro) puede ser una experiencia extraordinaria.

 

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