Se había aficionado a las carreras de resistencia. Pero su vida se pareció más a los campeonatos de alta cilindrada: plegarse en las curvas y aprovechar las rectas para poner a prueba el carenado. Pelos de colores y monstruos acallados por la música. De cómo Keith Flint bailó cuarenta y nueve años con sus miedos. En un especial paralelo que acabamos de publicar seleccionamos diez canciones que sirven para resumir quién fue y cuál fue su papel en la historia del breakbeat, la electrónica rock y el universo raver.

Desde buen principio, las cosas no andaron bien. Siendo un chico reservado pero llamativo, su dislexia juvenil no ayudó en su adaptación, y fue expulsado del instituto pronto. Impacientes, sus padres lo terminaron echando de casa. Fue entonces cuando Keith Flint (Redbridge, 1969) empezó a trabajar de techador y realizó una serie de viajes iniciáticos por Oriente Medio que, a la postre, terminarían en el gran trip de su vida: la escena rave, que conoció en Braintree en los ochenta. Su última fiesta prodigiosa tuvo lugar este lunes, cuando trascendió que había sido hallado sin vida a los 49 años en su casa de Great Dunmow, Essex.

En los últimos años, Flint se había aficionado a las carreras de resistencia. Pero su vida se pareció más a los campeonatos de motociclismo de alta cilindrada: plegarse en las curvas y aprovechar las rectas para poner a prueba el carenado. La suya nunca fue una ruta motera de merendero.

Cuando se aficionó a la electrónica fiera que aliñaba las fiestas en los clubes ingleses, se convirtió en el ravero número uno; cuando, años más tarde, le dio de nuevo por el motociclismo, del que era devoto desde pequeño (su primera dos ruedas fue una Yamaha FS1-E), acabó adquiriendo un equipo de competición. Team Traction Control nació en 2014 y llegó a participar en el British Supersport.

 

Bailar

La vida de Flint cambió para siempre, cómo no, una noche. Cómo no, de fiesta. Ni él mismo imaginaba que se podía vivir de volverse loco sobre un escenario; lo que hoy sería la incredulidad ante la vida de gamer. Tanto es así que, a finales de los ochenta, en un local llamado Barn, el joven conoció a Liam Howlett, un pinchadiscos local. Este le pidió a Flint que le grabase sus temas en una cinta que tituló “Prodigy”. Howlett flipó con el contenido e intentó convencer al joven para que se dedicara a la música. Él prefirió no ocupar la primera línea y se ofreció como bailarín. Años más tarde, acabaría cogiendo el micro y poniendo voz a míticas como “Smack My Bitch Up”, incluída en el capital “The Fat Of The Land” (97).

Hedonismo

“La vida consiste en hacer lo que uno quiere”, decía Flint antes de grabar ese disco en una entrevista. Él superó los demonios de su infancia gritando, bailando y haciendo de su imagen un cactus punzante. Utilizó tintes de todos los colores para su pelo, con el reconocible mohicano doble, y vistió su cara de piercings y su piel de tatuajes. Su rol de gogó-ravero en la banda se quedó corto rápido y, pese a una voz más fina de lo esperable para unas bases tan bastas como las que gastaba The Prodigy, su presencia en el escenario –agresiva, hipervitaminada, con los ojos fuera de las órbitas y las venas del cuello a punto de estallar– lo acabaría haciendo el rostro más reconocible de la Inglaterra ravera de su tiempo.

The Rave Years

The Prodigy tuvieron un legado inmediato, fueron un fenómeno de alcance global y dio pie a otros gigantes de la electrónica desaforada como The Chemical Brothers o Fatboy Slim, aunque la continuidad de la banda siempre fue puesta en entredicho. El propio Flint habló sobradamente sobre su gusto por el hedonismo y las drogas (primero las ilegales y después, para combatir las primeras, las que se despachan en farmacia). La banda tardó siete años en sacar su cuarto álbum, “Always Outnumbered, Never Outgunned” (04). Allí Flint no interpretó ninguna voz, aunque sí apareció en “Hot Ride-El Batori Mix”, en el single “Hot Ride”. Aprovechó ese tiempo para grabar “Device #1” (03), su disco en solitario y una obra que jamás se publicaría de forma oficial.

Motociclismo

Pese a sus incursiones en el motociclismo, haciendo las veces de piloto y de jefe de equipo; la adquisición de un pub en Essex, que acabaría cerrando hace un par de años; o la compra de una casa en el campo en la que criaba caballos y vivía junto a seis perros, Flint siguió sus andaduras con The Prodigy. De hecho la banda acabaría sacando otro álbum espídico: “The Day Is My Enemy” (15), en el que por primera vez todos los miembros, Howlett, Maxim Reality y el propio Flint, participaron por igual en la composición. Así lo describían en una entrevista para esta revista.

De hecho, la banda tuvo tiempo de publicar un último disco el año pasado mismo, “No Tourist”, con el que andaban de gira mundial. En España se les esperaba de nuevo este 2019 en el regreso del Doctor Music Festival o en el Mallorca Live Festival.

Por lo pronto, no se sabe qué pasará con el grupo. Sólo Howlett se ha pronunciado sobre la muerte de Flint. Escribió este mismo lunes, en la página de IG del grupo, que su compañero de aventuras se había suicidado. “La noticia es cierta, no puedo creer que esté diciendo esto pero nuestro hermano Keith se quitó la vida el fin de semana. Estoy en shock.

“Creo que la controversia sólo puede lograrse de manera natural, no puede ser planeada. Puedes ser valiente y atrevido, y mantenerte fiel a la idea, pero creo que si estás buscando causar controversia es tan transparente que lo ves inmediatamente, no puedes forzarlo”, citaba Flint para Noisey. Dicho y hecho. El cantante se fue de forma brusca. Hincó rodilla en la curva y se deslizó, perdiendo el control. Flint nunca iba de paseo, corría para ahuyentar fantasmas y a la vez vivir a tope. Quería quemar todos los parciales y, de paso, enseñar al resto cómo hacerlo. Lo cantaba en uno de sus mayores legados, “Firestarter”: “Yo soy el problemático, grandioso problemático/ Tú eres el problemático, retorcido problemático”.

 

Puedes acceder a través de este link a nuestra selección diez canciones que sirven para resumir quién fue y cuál fue el papel de Keith Flint en la historia del breakbeat, la electrónica rock y el universo raver.