Entrevista con Michael Azerrad, autor de 'Come As You Are. La historia de Nirvana' (Contra,21)
Especiales / Michael Azerrad

Entrevista con Michael Azerrad, autor de 'Come As You Are. La historia de Nirvana' (Contra,21)

Carlos Pére de Ziriza — 04-10-2021
Empresa — Contra
Fotógrafo — Archivo

Resulta chocante que con la amplísima bibliografía en castellano ya publicada sobre Nirvana y Kurt Cobain, a veces basada en detalles de lo más nimios, su santo Grial haya tardado casi tres décadas en ver la luz en nuestro idioma.

El periodista norteamericano Michael Azerrad (Nueva York, 1961) contaba con una ventaja insuperable para el resto: el acceso a todos y cada uno de los miembros de la banda (y a todo su entorno familiar y empresarial) hasta septiembre de 1993, que es cuando se publicó por primera vez en inglés el libro que ahora la editorial Contra introduce en nuestro mercado, con otro impecable trabajo de traducción de Elvira Asensi.

Se llama Come As You Are. La historia de Nirvana (Contra, 21), y es la excusa perfecta para charlar durante casi una hora por Zoom con el hombre que mejor supo plasmar la idiosincrasia de un grupo que fue para muchos la última gran revolución del rock. De hecho, luego firmaría el también esencial Nuestro grupo podría ser tu vida (Our Band Could Be Your Life) Escenas del indie underground norteamericano 1981-1991, original de 2001 y también editado aquí por Contra, ya en 2013. Tan solo la sirena de una ambulancia que pasa bajo su casa en Nueva York interfiere mínimamente en la conversación.

¿Cómo lograste ese grado de intimidad con la banda y su entorno, y muy especialmente con Kurt Cobain? ¿Fue fácil?
Sí y no. Llevaba tiempo escribiendo en Rolling Stone sobre grupos indies y alternativos, ese era mi rollo, y conseguí que tuvieran presencia en el medio. Ocurrió con Fugazi, por ejemplo, de quienes escribí una crítica de un concierto que no se hubiera publicado si no es por mí. Kurt se dio cuenta, leía artículos míos. Me asignaron una historia de portada sobre Nirvana, que salió en el número de abril de 1992, creo que hablé con Kurt allá por febrero, y te aseguro que estaba muy nervioso cuando le conocí con motivo de aquella charla: apenas se conocía mucho sobre él, al margen de que destrozara guitarras y gritase [risas]. Ya era un adicto a la heroína, y yo nunca había conocido a ninguno. Y era importante que fueran tema de portada en Rolling Stone. Fui hasta Los Ángeles, al apartamento de Courtney Love. Llamé a la puerta. Me recibió ella. Me ofreció un plato de uvas. Fue muy amable. Cuando llegué al dormitorio, ahí estaba Kurt, tumbado en la cama, con los pies fuera de las sábanas. No sabía lo que me esperaba, pero desde el momento en que me dijo “¡hola!”, me sentí cómodo. Como si ya le conociera. Tiempo después, le conté a Kurt lo nervioso que me había sentido aquel día, y me confesó que él también lo estaba [risas]. En el momento en que empezamos a hablar, me comentó que siempre había sido bajito para su edad, y eso era algo de lo que muchos compañeros del colegio se habían cachondeado. Yo le dije que medía 1,67, que tampoco es que sea mucho, más o menos como él, así que le dije “¡no sé de qué me estás hablando!”, y empezamos a reírnos. También me dijo, y era algo que nunca había contado a la prensa, que sus padres se habían divorciado cuando él tenía diez años, y eso le había hecho sentirse muy desgraciado. Y resulta que a mí también me había pasado lo mismo, así que conectamos muy bien desde el principio. Luego me habló de Led Zeppelin, Kiss, Black Sabbath y otros grupos que siempre le habían gustado. Por alguna razón, yo le comenté que era muy fan de “Alice’s Restaurant” (67), el disco de Arlo Guthrie, especialmente de “The Motorcycle Song”, y que era una canción que cantaba cuando era un crío, corriendo por los pasillos de mi casa, haciendo como si fuera una motocicleta, y resultó que él también lo había hecho cuando era pequeño [risas]. Fue curioso, conectamos. Aunque fuéramos dos personas muy distintas: a él le habían expulsado del colegio, su padre había trabajado en un aserradero… Yo había crecido en Nueva York, estudié en una buena universidad, en un entorno muy distinto. Esto es muy importante: Kurt lograba que esa conexión con mucha gente se plasmara en su música. De todos modos, Kurt estaba al corriente de mi trabajo previo, y me dio libertad total y acceso a cualquier persona de su entorno cuando le comenté lo del libro.

De todos modos, hay un pasaje del libro en el que asumes que vuestra relación, la de un periodista y un músico célebre, está destinada a chocar en algún momento. Y Cobain empezó a desconfiar mucho de la prensa por aquella época, en 1992, cuando él y Courtney empiezan a ser víctimas del sensacionalismo mediático.
Sí, en gran medida porque los servicios sociales les quitaron la custodia de su hija durante un tiempo, utilizando como argumento un artículo de Vanity Fair. Eso tuvo mucho que ver con su antipatía por la prensa. Había medios que exageraban las cosas, y eso le molestaba. Y creo que a él le avergonzaba ser famoso. Venía de una comunidad local en la que se suponía que nadie iba a hacerse rico ni famoso. Una escena unida por ese sentimiento de oscuridad mediática. Y cuando le llega el éxito, no sabe qué hacer con él.

¿Crees que tu libro contribuyó a cargarse algunos estereotipos en torno a Kurt Cobain, como el del artista eternamente torturado –cuando en realidad era un tipo con buen carácter y mucho sentido del humor– o el de portavoz generacional, que era algo de lo que también renegó siempre?
Debería enfatizar que el libro es la historia de Nirvana, no solo la de Kurt, sino también la de Krist (Novoselic) y Dave (Grohl), también la de Chad (Channing), por no mencionar al resto de baterías, y la idea era desmitificar toda esta fantasía del estrellato rock. Eran gente normal. Gente ordinaria haciendo música extraordinaria. Eso era más interesante que construir un mito alrededor suyo. Para otra gente era muy inspirador que ellos pudieran lograr lo que lograron. La idea de que cualquiera podía hacerlo.

Siempre me ha parecido que gran parte del éxito de Nirvana se debió a eso, a que eran tipos normales con quienes cualquiera podía identificarse, algo similar a lo que ocurrió con Oasis un par de años después en el Reino Unido, quienes también eran de extracción humilde.
Ha habido muchos héroes de clase obrera en la historia de la música. Desde Elvis Presley, cuyo padre era camionero. Creo que lo era, no estoy seguro: a ver si alguien me corrige ahora y me deja en mal lugar [risas]. O The Beatles, que también eran de clase trabajadora. Oasis y Nirvana no fueron los primeros, en absoluto. Y está muy bien que así sea, que no sean solo las élites las que puedan.

"Un par de grupos sí que se beneficiaron del boom de Nirvana, seguro. Butthole Surfers, favoritos de Nirvana, firmaron con una multinacional, algo que un poco antes era lo más improbable del mundo" [risas].

Leyendo el libro, tengo la impresión de que Nirvana no hicieron exactamente el disco que querían hasta “In Utero” (Geffen, 93). “Bleach” (Sub Pop, 89) era demasiado árido y grunge, sin rastro de esa intuición pop que ya desarrollaban, mientras que “Nevermind” (Geffen, 91) les parecía que sonaba demasiado pulido, sobre todo tras las mezclas de Andy Wallace. Es como si tuvieran claro que había que hacer ciertas concesiones hasta poder salirse con la suya, que fue ya cuando Steve Albini les produjo un disco tan espartano como el tercero.
Ocurre mucho con bandas que firman con una gran compañía. Se sienten abrumadas cuando tienen una maquinaria tan grande detrás. Con un management que te presiona para que suenes bien en la radio. Kurt (Cobain) y Krist (Novoselic) solo eran dos tipos normales de Aberdeen, y Dave de Virginia, que en su vida habían estado en un gran sello. Y creo que la presión les abrumó. Eran un poco ingenuos, pero también te digo que si eres músico, y yo lo sé porque toco la batería en varias bandas de las que no habrás oído hablar, es muy fácil dejarte seducir por la facilidades de un gran estudio, sobre todo si vienes de la precariedad del indie rock. Suena todo muy cool, aunque no sea la forma en la que pretendías sonar. Te sientes atrapado por la magia del estudio. Y ya no te digo nada cuando reproduces las cintas en un buen equipo estéreo ante tus amigos. Creo que eso les pasó a Nirvana. Sonaban muy cool en el estudio, pero se dieron cuenta muy tarde de que ese no era exactamente el sonido que querían para ellos. Y para empeorarlo, resulta que fue increíblemente exitoso. Y tuvieron que convivir con ello. Cuando llegó “In Utero”, ya habían vendido millones de discos y tenían por fin el poder de hacerlo a su manera y tener a Steve Albini, que era alguien que había grabado algunos de sus discos favoritos. Geffen se quejó un poco, pero Nirvana se salieron con la suya. No era algo apetecible contradecirles en aquel momento, hubiera supuesto un perjuicio para la imagen de la discográfica.

¿Supuso el éxito de Nirvana alguna clase de beneficio para las bandas alternativas del momento, el tipo de grupos sobre los que escribiste en “Nuestro grupo podría ser tu vida”?
Hacia finales de 1991 se habían separado ya la mayoría de bandas de aquel libro, como Black Flag, The Replacements o Mission Of Burma. Pero un par de grupos sí que se beneficiaron del boom de Nirvana, seguro. Butthole Surfers, favoritos de Nirvana, firmaron con una multinacional, algo que un poco antes era lo más improbable del mundo [risas]. Incluso tuvieron un single de éxito, “Pepper”. No sé si lo fue en España, pero aquí sonaba todos los días en la MTV. Pero creo que los máximos beneficiados fueron Meat Puppets. También firmaron por una multinacional por un par de discos, aparecieron en el “Unplugged” (Geffen, 1994) de Nirvana, de cuyas ventas Curt Kirkwood hizo mucha publicidad, y también tuvieron un par de canciones de éxito y giraron por todo el mundo antes de implosionar. Y ocurrió lo mismo con otros músicos que aparecían en las camisetas de Kurt. Melvins firmaron por Atlantic, otro fenómeno improbable porque, aunque eran una gran banda, difícilmente encajaban en una gran discográfica. Daniel Johnston también cobró atención por parte de los medios. Tampoco ocurrió con todos, la verdad: Frightwig se separaron más o menos en esa época, tras aparecer en una de las camisetas de Kurt. La mayoría de ellos fracasaron comercialmente, pero algunos tuvieron cierto éxito.

¿Crees que lo de Nirvana, aparte de su cualidad intrínseca, fue aquello de estar en el lugar adecuado y en el momento correcto? A mí siempre me pareció que, a diferencia de Pixies, de quienes tanto aprendieron, lo suyo fue una cuestión de excelente timing.
Todos sabemos que las bandas que hacen buena música no necesariamente se convierten en populares. Hay un montón. Nirvana estaban en el sitio y el lugar correctos, sí. Kurt escribía grandes canciones, de las que podías tararear. Era una música con la que el gran público rock empezaba a sintonizar, pero tampoco podía conectar del todo, porque era abrupta y grabada en condiciones precarias… Tenías a Hüsker Dü, a Black Flag o a Meat Puppets antes que Nirvana, haciendo una música similar, pero Nirvana sintetizaban todo lo anterior. Y lo grababan de una forma más pulida. Por mucho que a ellos no les gustara la forma en la que “Nevermind” estaba grabado, eso era exactamente lo que les hacía populares. Sonaba bien en la radio, en los equipos estéreo y en los reproductores de los coches, a diferencia de todas esas otras bandas. Y aunque parezca superficial, es muy real: su líder era muy guapo, y eso cuenta mucho. Y el videoclip de “Smells Like Teen Spirit” era muy bueno, era la fantasía de todo adolescente: destrozar tu escuela [risas].

"Es perfectamente posible que se hubiera quitado la vida incluso sin la fama que obtuvo. Todos los días se suicida gente anónima".

En el libro cuentas que el periodista Keith Cameron se sintió decepcionado tras el concierto que ofrecieron en la Plaza de Toros de Valencia a principios de julio de 1992, ya que pensaba que se estaban convirtiendo en el tipo de banda que siempre habían odiado. Yo mismo estuve en aquel concierto y fue bastante decepcionante. Muy diferente a la imagen que daban en sus videoclips y en grabaciones de otros conciertos. Creo que no pasaban por un buen momento, y no sé si aquel verano fue el principio del fin de Nirvana.
Girar es agotador. No duermes mucho, comes cosas poco habituales, atraviesas diferentes zonas horarias y países con diferentes idiomas, con muchas entrevistas… dar entrevistas también te deja exhausto, has de estar concentrado durante tres cuartos de hora o más. Puede que fuera una mala noche, no todas pueden garantizar grandes conciertos dentro de una gira. Así que no estoy seguro de que aquel verano fuera un punto de inflexión para Nirvana. Yo soy un tipo muy pragmático, y me inclinaría por pensar que simplemente estaban cansados. [ndr: de hecho, quien esto firma recuerda luego que a finales de agosto de ese mismo verano Nirvana ofrecen uno de sus mejores conciertos en el festival de Reading].

Algunas de las predicciones de Kurt Cobain sobre el futuro del rock parecen clarividentes: dijo que estaba a punto de convertirse en un género irrelevante para los adolescentes y jóvenes, y teniendo en cuenta el papel tan secundario que ocupa hoy en día, en que tiene que competir con tantos otros estímulos audiovisuales (videojuegos, redes sociales, Youtube, Twitch, plataformas de TV y músicas urbanas), habría que darle la razón.
Sí, era muy intuitivo, casi visionario, estaba siempre del lado de los derechos de las mujeres y en contra de la homofobia, estados de opinión que ahora damos por supuestos, pero que a principios de los noventa no estaban tan extendidos entre las estrellas del rock de su estatus. Iba por delante de muchas cosas. Pero sí, si miras el Top 100 del Billboard ahora mismo, apenas puedes encontrar ninguna banda de rock nueva. Ningún disco de rock. Creo que está “Rumours” (77) de Fleetwood Mac y un par más. Y porque los baby boomers están comprando vinilos. Pero no hay rock en las listas ahora mismo. El pop y el hip hop lo han reemplazado. El rock ahora es un género de nicho. Y las únicas bandas grandes de rock son U2, Metallica y, curiosamente, Foo Fighters. Y todas llevan más de veinticinco años de carrera. Es muy difícil encontrar una banda de rock de estadio surgida en los últimos veinticinco años. El rock languidece, pero no desaparecerá, simplemente le ocurrirá como al blues o al jazz, géneros de nicho que llevan más de un siglo y nunca desaparecerán. Siempre habrá fans del rock, pero no es un estilo que defina ya la cultura popular.

¿Crees que la de Nirvana fue su última revolución?
Nirvana fue la punta del iceberg de un movimiento que ya se gestaba, con Jane’s Addiction, Alice In Chains, Soundgarden, R.E.M. y muchos más, eran parte de un movimiento de aquella época. Hubo algunas erupciones más pequeñas a posteriori, como la escena de Brooklyn en los primeros 2000, pero sin el impacto cultural del rock alternativo anterior. Ahí están los números. No fue algo tan importante para el radar cultural.

Nirvana y Kurt Cobain, especialmente, siempre tuvo una relación ambivalente con los dos movimientos musicales que tenían más cerca, aparte del grunge: el pop naïf de Calvin Johnson y K Records y el riot grrrl. Les admiraba, pero al mismo tiempo desdeñaba su dogmatismo, su estrechez de miras.
Sí, creo que tenía esa relación ambivalente con la escena de Olympia en general. Por un lado, era una escena muy importante para el desarrollo creativo de Kurt, porque le introdujo en el feminismo y en la lucha contra la homofobia, y en la escucha de bandas como Young Marble Giants o The Vaselines. Amplió sus horizontes de una manera profunda. Intelectual, musical y culturalmente. Revolucionó su visión artística. Por otro lado, él había crecido con Kiss, Queen, Cheap Trick o Black Sabbath, bandas que vivían alegremente su condición de estrellas del rock. Tenían éxito, estaban en multinacionales y no se arrepentían por ello. Kurt también tenía parte de esa cultura. Y tenía una visión artística muy clara, de hacer lo que le diera la gana sin que nadie le sermoneara. Eso fue un gran conflicto en su cabeza. Eran dos visiones algo difíciles de conciliar.

¿Has pensado alguna vez en cómo podría haber evolucionado su carrera? El libro menciona que era muy fan de Leadbelly, y puede que se hubiera aventurado como trovador folk, siguiendo los pasos que apuntaba su “Unplugged” de 1994, ¿no?
Soy muy reacio a especular con el curso que una carrera como la de Kurt podría haber tomado. Si pudiera acertar, yo mismo sería un artista de éxito [risas]. Creo que la experiencia del “Unplugged” fue un impacto importante para él, y si hubiera tenido que predecir algo, hubiera sido que posiblemente hubiera seguido ese camino, sí.

Deduzco de lo que escribes en el libro que crees que se hubiera suicidado igual, aunque no hubiera tenido éxito en la música. ¿Es así?
Hay que tener en cuenta que comenzó con la heroína mucho antes de ser famoso. No soy psiquiatra, pero creo que mostró suficientes signos de depresión clínica. Una de sus familiares, que era psiquiatra, llegó a decir que era maniaco depresivo y puede que hiperactivo. Todos son factores de riesgo. La heroína te quema los receptores de felicidad. Te predispone a la depresión, y creo que él ya estaba deprimido. Hablaba a menudo de lo alienado que se sentía respecto a la gente, ya desde una edad temprana. Y tenía un historial de suicidios en su familia, lo que siempre es otro factor de riesgo. Es perfectamente posible que se hubiera quitado la vida incluso sin la fama que obtuvo. Todos los días se suicida gente anónima.

Ni siquiera el hecho de ser padre, que es una de las cosas que más pueden hacer para que te aferres a la vida, le disuadió.
No, alguien que se mata a sí mismo está profundamente desesperado. Es algo extremo. Y si llegas a ese punto, hay fuerzas que te arrastran, y que son más fuertes que la paternidad. Y eso es lo que ocurrió, obviamente.

Tu libro ha tardado décadas en traducirse al castellano y publicarse, pese a que la bibliografía sobre Nirvana, también traducida al castellano, no ha parado de crecer. Quería preguntarte si tienes alguna explicación.
No, eso habría que preguntárselo al mercado editorial español, yo me alegro de que por fin haya sido traducido y editado en vuestro país. Por cierto, debería añadir que estoy trabajando en una versión actualizada del libro, con comentarios adicionales y muchas cosas en las que no caí en el momento que lo escribí. Explicaciones sobre referencias que luego se tornaron increíblemente significativas con el paso del tiempo. Correcciones y comentarios sobre cómo escribí el libro y lo que estaba ocurriendo mientras hacía las entrevistas… Un montón de cosas. No tengo editorial aún, pero está hecho. Creo que es un material muy interesante. Y un extracto aparecerá en septiembre de 2022 en la web del New Yorker.

Justo te iba a preguntar si no habías tenido la tentación de escribir alguna clase de epílogo desde la perspectiva actual, porque el que figura en el libro es de los noventa, poco después de la muerte de Kurt.
Sí, el libro en inglés constaba de 129.000 palabras y le he añadido con esto último otras 110.000. Ya ves que hay mucho que contar. Se sale del mapa. Cosas de Leif Garrett, de William Burroughs… Espero que pronto tenga editor.

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