Orgullo y prejuicio
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Orgullo y prejuicio

Pablo Tocino — 29-06-2020
Fotógrafo — Archivo

Ayer se celebró un día del orgullo algo atípico debido a las restricciones impuestas por el dichoso bichito. Sin embargo, desde Mondo Sonoro hemos querido sumarnos a las reivindicaciones de los diferentes colectivos a través de este excelente artículo de nuestro colaborador Pablo Tocino.

“Lo que me interesa es su música, no tengo por qué saber con quién se acuesta”. Oímos esa frase cada vez que un artista sale del armario, como si decir que no eres hetero (en una sociedad que presupone que lo eres) fuese hacer ostentación, como si por decir eso les estuvieses contando detalladamente lo que haces en la cama. La verdad es que me recuerda a ese momento de ‘Los Simpsons’ en que las strippers le restriegan el culo a Smithers mientras éste se tapa los ojos, y me haría hasta gracia si no fuese porque es tremendamente hipócrita: cuando el artista es hetero y habla de sus parejas (o de sus polvos), mágicamente nadie está haciendo ostentación de nada. Me haría hasta gracia si no se “recomendase” todavía a los artistas fingir que son heterosexuales. Porque esto ocurre.

El panorama es tal que no te salvas ni aunque apenas te signifiques políticamente: el propio Pablo Alborán ha sido el punching-ball de la ultraderecha la última semana. Ante esto, es comprensible que muchos artistas tengan miedo y prefieran mantener en privado su sexoafectividad (no solo sexualidad, que a los de “no nos metemos en la cama de nadie” les encanta usar esa trampa). Pero cada vez más artistas musicales deciden no ocultarse y usar su altavoz para luchar… y aquí entran distintos debates y distintas maneras de hacerlo: hay quien apuesta por una vía más explícitamente reivindicativa, y hay quien apuesta por normalizar.

“Yo estoy contentísima en el underground. Mientras no sea el underground de estar muerta de hambre, claro”. (Samantha Hudson)

He querido saber la visión de distintos artistas musicales de nuestro país, y las respuestas son de lo más variadas. “Aunque mis letras no hablen sobre mi identidad de género, el que se permita estar en ciertos sitios, relacionarme con cierta gente del mainstream, sonar en la radio, etc, ya es reivindicación”, me dice Jedet, que a sus canciones ha sumado hace poco la publicación de su libro ‘Efecto mariposa‘. Un planteamiento parecido tiene María Escarmiento: “al tener un espacio para expresarme como persona no-heterosexual, ya la historia que vaya a contar me reivindica, solo por tener ese espacio para representarme”.

Samantha Hudson, que a finales de marzo el estrenó el videoclip de ‘Hazme el favor (vente conmigo a bailar)’, nos cuenta que su forma de reivindicar en las canciones ha cambiado porque ella misma ha cambiado: “en ‘Soy maricón’ era una adolescente enfadada que estaba comprendiendo cómo funcionaba la sociedad, estaba en plan “cuántas cosas estoy aprendiendo”: “ah, ¡así funciona el racismo! Pues tengo que hacer un post”. Y es como cuando hacías un collar de macarrones y se lo enseñabas a tu madre muy contenta. Ahora, aunque sigo hablando de ciertos temas, es cierto que a nivel de música soy más hedonista, de bailar, de placer… si toda tu vida gira en torno al mismo tema, te acabas volviendo loca”. Con ella hablamos también de si el público mainstream infravalora a una artista a raíz del drag: “seguramente, pero también te digo, ¿para qué quiero yo que me escuchen hombres cis heteros que se van a verbenas a saltar con la cerveza en la mano? Qué necesidad. No, no. A mí me gusta mi público de señoritas elegantes y cortesanas, súper guapas y súper educadas (ríe) Ése es mi público y eso es a lo que yo aspiro. Además yo estoy contentísima en el underground. Mientras no sea el underground de estar muerta de hambre, claro”.

“Yo soy yo, entonces en mis canciones soy como soy en mi vida diaria. Tú eres un artista y luego hablarás de lo que quieras de tu vida, si quiero decir que me como una polla, pues lo digo, porque es como mi vida, ¿sabes lo que te digo? Como el que dice que le encantan los culos de las tías”, me contaba Pablo Cobo (Chico Blanco) cuando le entrevisté hace poco a raíz de la publicación del excelente ‘Gominola’. Pablo denunciaba además el reduccionismo y la forma en que se intenta sacar tajada de todo esto: “titulares tipo “el nuevo artista LGBT” me tocan un poco la polla, porque parece que reduces el arte a si esa persona es LGBT o no. Y también hay muchas ganas en los medios de ponerlo como “cool”, como si fuese una moda, y de coger a tíos que no son siquiera LGBT y poner “las nuevas masculinidades”… como si estuviese de moda serlo-pero-no-serlo”. Lo cierto es que, como dice Pablo, esto no es ninguna “moda”, y quien venga con esa idea igual sale un poco trasquilado: “no sé hasta qué punto vende; una vez que lo dices, te cierras otros mercados”, me contaba Álvaro Romero (RomeroMartín), “yo, al hacer este proyecto, sabía que me estaba cerrando muchas puertas, pero necesitaba hacerlo por mí, por sacar mi mierda”. “En mi caso, no se puede decir que produzca de una manera porque me gusten los tíos sino por la música que he escuchado, pero es que esa música es lo que se entendía como “música para maricones” de principios de década: Gaga, Kesha, Rihanna, Christina, etc”, me dice Alberto Asencio (Eurosanto), “y mi forma de reivindicarlo es apropiándome de ese sonido: fue creado por señores heteros pero quienes lo consumimos fuimos nosotros, y ahora lo estamos reproduciendo en nuestros proyectos musicales”.

Eurosanto, que sacó hace poco ‘Cyberpet’ junto a Rakky Ripper y Putochinomaricón, tiene para repartir también cuando hablamos de esos artistas que se ven obligados a un armario para no perder una fanbase femenina (“igual es hasta positivo que “pierdas” a esos fans, porque no lo son: son gente homófoba que te seguían porque fantaseaban sexualmente contigo”), y apuntando también a la responsabilidad del propio colectivo: “tiramos más hacia chicas heteros que hacen pop electrónico. Hay muchos artistas gays que hacen eso pero se comen una mierda porque sudamos de ellos, en vez de llevarlos a la cima, como hemos hecho con nuestras divas gays”. Warmi está de acuerdo: “es una lástima que haya artistas que tengan que perder libertad de mostrarse como realmente son por poder seguir viviendo del arte”. El cantante malagueño, que incluso en el confinamiento ha sacado dos singles (‘Flipando’ y ‘Lento’) y que anuncia ya el siguiente (‘Melawego’ junto a La Yeezi) para finales de julio, anima a sus compañeros a romper armarios y “pronombres neutros”, aunque también entiende que no se vean capaces de hacerlo: “son víctimas de este sistema que premia lo hetero y lo mainstream, la industria les está diciendo que si quieren mantener su estatus deben ajustarse a la norma y a lo que el público masivo se supone que quiere de ellos. Ahí influye también la masculinidad frágil que algunos puedan sentir por su homofobia interiorizada”.

“Queda trabajo por hacer, aunque también es cierto que cada vez hay más referentes públicos que, ya sean bi, lesbianas o gays, hablan sin tabúes de la necesidad de ser y vivir como sientas”. (María Pelaé) 

Precisamente de pronombres nos habla también María Escarmiento: “la gente no suele mezclarlos en las canciones, y me gusta mucho cuando me encuentro que ocurre”, nos dice la madrileña, que en sus últimos singles los ha ido alternando: del “las niñas que me gustan no me suelen dar bola” de ‘Castigo’ pasamos a ‘Chulo’. “En nuestras letras se confunden los géneros”, nos dice Juanlu de Trèpat, que sacaron su nuevo disco ‘Canción divina’ justo antes de la cuarentena: “quien nos conoce sabe que si hay una lucha en Trepàt está en las letras. Y aunque nuestra ambición no sea más allá la de contar historias vividas, esto se convierte en una lucha no premeditada que puede ayudar a la reivindicación. No queremos una sociedad machista, violenta u homófoba. Queremos una sociedad que piense. Que cuando escuche nuestras letras se divierta y baile, claro… pero que piense”.

La Dani tiene una de las reflexiones más interesantes al respecto: “es verdad que yo lo que hago es contar mi vida, pero soy consciente de que eso no es lo normativo y que sí estoy reivindicando. Y reivindico agustísimo, vaya. También lo que pasa es que yo empecé a sacar canciones sin mucha pretensión, y de repente me vi que “era cantante”. Entonces, cuando me he visto con este altavoz, y sabiendo lo importante que es dar visibilidad, tener referentes, sentirte representado… en el disco que estoy haciendo voy a ser mucho más explícito y reivindicativo. No es canción protesta, claro, es reggaeton puro y duro, pero reggaeton de un hombre con identidad queer dirigiéndose a otro hombre”. Este disco llegará tras el éxito de las canciones que La Dani ha ido sacando estos últimos tres años, canciones como ‘Gordo y apretao’. Le pregunto específicamente por esta canción porque, aunque se extiende a toda la sociedad, es verdad que en el colectivo de chicos gays/bi existe un especial poder de los cuerpos normativos, una autoimagen inestable, una necesidad de validación de tu propio cuerpo, etc. “Fíjate que con ‘Gordo y apretao’ pasa un poco lo mismo: yo la hice como algo súper normal para mí, porque me gusta especialmente ese tipo de hombre, pero soy consciente también de lo que representa. ¿Pero sabes lo que creo? Si yo hago una canción sobre un tío alto, rubio y de ojos azules nadie lo va a analizar, porque es lo normativo, pero hago esto y parece que es que tengo una filia. En absoluto; tendré la misma filia que a quien le gusta el tío normativo de ojos azules. El problema lo tienen los que no ven sexy a un tío gordo, no yo. Yo no tengo ningún problema. Yo tengo muy buen gusto, de hecho”, me dice riendo.

“Más allá de que si estuviste en este nicho, tocaste en esta discoteca o tu público era éste, confío en que con el tiempo se me valore en general como artista. Pero igualmente, cuando el público te dice “gracias por decirlo, gracias por esto”, ves que es necesario”, me comentaba Javiera Mena hace unos meses, a raíz de su regreso con ‘Flashback’. “Y es que la palabra “lesbiana” sigue sonando para mucha gente como algo negativo, ¡con lo hermosa que es! Yo quiero decir “lesbiana” una y otra vez. Somos tan pocas las que lo decimos que hay que animar al resto”. Ciertamente, la falta de visibilidad lésbica es algo generalizado, y el mundo de la música no es una excepción, con pocas artistas en las que se puedan ver reflejadas chicas adolescentes que están descubriendo que les gustan otras chicas. “El arte es la muestra de la propia sociedad, y romper con los papeles que se presuponen como mujer en una sociedad de base patriarcal es más complicado. Queda trabajo por hacer, aunque también es cierto que cada vez hay más referentes públicos que, ya sean bi, lesbianas o gays, hablan sin tabúes de la necesidad de ser y vivir como sientas”, nos dice María Pelaé, para quien ‘La Niña’ ha supuesto su explosión, siguiendo el éxito con ‘Y quién no‘. “Tenemos más miedo. Las pocas que somos visibles recibimos muchísimos insultos; el concepto cultural con respecto a ser lesbiana, y sobre todo lesbiana “masculina”, es muy negativo. Además, en una gran empresa, por ser mujer le “caes bien” -ya me entiendes- al jefe, pero se entera de que eres lesbiana y frunce el ceño”, nos cuenta Rocío Saiz. “yo respeto cualquier tipo de armario, pero animo a mis compañeras a que, en la medida que puedan, salgan también”. ¿Y qué podemos hacer desde los medios? “Huir de estereotipos sexistas y de lo binario, para que desde vuestro canal se ayude a pintar un imaginario de sociedad diversa, respetuosa y feliz” propone Miriam Cobo (Trèpat), “seguir reivindicando la figura de la mujer en la música y todo aquello que se aleje de lo heteronormativo”.

“Quiero que me contraten porque nuestras canciones les gusten a la gente. No quiero que en el consumismo se usen las luchas de nuestros colectivos” – Rocío Saiz (Monterrosa).

Y si hablamos de que hay poca visibilidad lésbica en la música, la de hombres y mujeres trans es aún menor. Hablo sobre esto con Jedet, y le comento que me he dado cuenta de que yo mismo apenas conozco cantantes trans españolas. “¡Yo tampoco! Es que se va ganando visibilidad, y oye, ahí tienes a Kim Petras, pero en general no tenemos para nada el espacio que merecemos, queda muchísimo para poder lograrlo. Y el hecho de que no se nos oiga no tiene tanto que ver con que los oyentes no nos busquen; a los oyentes les llega lo que una discográfica paga para que les llegue. Y no hay apenas contratos de discográficas para personas como nosotras, no se nos pone en la radio, en las revistas, en la tele… es con eso con lo que tiene que ver. Parece que solo existimos cuando se acerca el Orgullo, pero el resto del año también tenemos que comer, los medios deberían darnos visibilidad el resto de los meses”. “El argumento fácil es que somos pocas en la sociedad, pero no es cierto”, añade la cantautora Alicia Ramos, con dos discos a sus espaldas, “y a medida que la sociedad va siendo consciente de las identidades trans y éstas se legitiman, más vidas trans van saliendo de la marginalidad a la que estaban condenadas hasta anteayer. La visibilidad de la infancia trans ha jugado un papel determinante”.. Alicia va más allá, en consonancia con lo que comentaba antes sobre el yugo de la clase social: “Remedios Zafra, en su ensayo “El entusiasmo”, habla de un mandato histórico que impide que las personas pobres creemos, la creación es patrimonio de quien detenta el poder, la creación empodera y confiere calidad de sujeto, de persona, de voz. Y se supone que no debemos tener capacidad de juicio, ni voz, ni ser sujetos de derecho. Que haya personas trans creando supone una transgresión inesperada. También hay veces que la gente se autocensura y decide no hablar sobre una artista en un medio, no programarla en su sala o no llevarla a su festival porque teme que su público “no lo va a entender”, ejerciendo así una especie de transfobia pasiva que perpetúa una inercia sin querer”.

En el caso de artistas bisexuales pasa, claro, como con las personas bisexuales en general: o bien son viciosos o bien están confundidos. Si es mujer, es que en realidad es hetero; si se es hombre, es gay pero no se atreve a decirlo. “Al final es que te tienen que gustar los hombres a la fuerza”, ironiza María Escarmiento, “yo he tenido una relación súper larga con una chica y una súper larga con un chico; nunca he entendido el estigma contra la bisexualidad, ¡para mí lo inexplicable es que solo te guste un sexo!”. También hablamos con ella sobre la existencia de posibles “escenarios LGBT”, un concepto que están manejando algunos promotores: “no lo sabía pero mi instinto lo rechaza. Está genial darle un espacio, pero por qué apartar ese espacio de los demás”. Rocío Saiz (Monterrosa) concuerda con ese rechazo a la “cuota LGBT” en lo musical: “no queremos ser “los maricones”, “las mujeres”, ese 1% de “bandas diversas” en festivales. Quiero que me contraten porque nuestras canciones les gusten a la gente. No quiero que en el consumismo se usen las luchas de nuestros colectivos”.

“Se puede ser trans, lesbiana, gitana, negra, lo que sea, que los verdaderos problemas empiezan cuando eres pobre”. (Alicia Ramos) 

Cuando hablé con Álvaro Romero, me dijo que de Pedro Lemebel había aprendido que “a nivel político la homosexualidad no va ni con derechas ni con izquierdas, va con cada uno”. Teniendo en cuenta que se habla mucho ahora de “feminismo liberal”, quería plantear otra pregunta: ¿tiene sentido un activismo LGBT “de derechas”? ¿Una lucha LGBT neoliberal? Enrique Aparicio (Monterrosa) lo tiene claro: “ser homosexual no te hace inmune al resto de privilegios. Se es homosexual pero también se es muchas cosas más; si eres un hombre cis blanco rico, qué sé yo, propietario de una cadena de hoteles, y además eres gay, pues quizás te preocupe más mantener tus privilegios que luchar por quienes no los tienen. Es tu decisión decidir qué eres antes: ¿maricón o rico? ¿Blanca o lesbiana? ¿Y cuál es tu posición en el mundo, hacia dónde te acerca lo que tú eres?”. Alicia Ramos concuerda con él: “se puede ser trans, lesbiana, gitana, negra, lo que sea, que los verdaderos problemas empiezan cuando eres pobre. Ahí sí duele2”. Por eso, Enrique opina que nuestro activismo no puede estar desligado “de la crítica al capitalismo, al neoliberalismo y al patriarcado, porque es todo la misma lucha. El enemigo es el mismo, el enemigo es VOX, es Santiago Abascal. No nos olvidemos de eso. Hay pasos intermedios que pueden no convencernos, pero no nos podemos detener en ellos mucho si queremos realmente ser eficaces.” Alicia recuerda cómo esto ha ocurrido “incluso en el seno de la UE, que se supone que garantiza estas libertades, ahí tenemos a Hungría o Polonia. Eso puede ocurrir aquí pasado mañana”. Y, ¿qué podemos hacer ante ese peligro, ante el retroceso de derechos que creíamos conseguidos? “Cualquiera puede acceder a información, falsa o no. Evidentemente, es estupendo que no haya censura, pero hay que ser conscientes de que ese acceso sin filtro hace mas fácil que nos engañen”, me dice Rocío Saiz. “Creo que una buena idea es no dar por hecho ideas porque las oigamos, sino buscarlas, ver distintas fuentes… y comprobar por ti mismo lo absurdo de los planteamientos de la ultraderecha”.

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