Los discos de mi vida por J’aime
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Los discos de mi vida por J’aime

Zarata — 11-09-2020

Detrás de J’aime está el proyecto en solitario del músico navarro Jaime Cristobal, mitad de los añorados Souvenir.

Recientemente nos ha dejado su debut (“Love and Squalor” – Jabalina-), uno de los discos del año, y ahora repasa con nosotros algunos de los discos que han sido imprescindibles en su vida:

1. Iris de Ment ‘Infamous Angel’ (1992)
Mi conversión al country la propició este inolvidable disco. Recién acabados los 80, la idea que tenía era un cliché de lentejuelas y horterismo fruto de la ignorancia. Con ‘Infamous Angel’ descubrí la vertiente folk y bluegrass del género y de repente todo encajó. La voz de Iris es como una medicina, y sus composiciones magia celestial. También fue el camino para descubrir a John Prine (que editó este debut en su sello) y, en cadena, cientos de artistas más. Junto con ‘Harvest Moon’ de Neil Young (personalmente más importante para mí que el ‘Harvest’) y ‘Satisfied Mind’ de los Walkabouts forma una especie de trilogía personal que en 1992-93 me obsesionó, precisamente cuando acababa de comprar mi primera guitarra acústica.

 

2. Jacno – Jacno (1979)
Durante mi infancia, en los 80, el sonido de los sintetizadores excitaba partes de mi sistema nervioso como muy pocas cosas lo han conseguido desde entonces. Con la clásica naturalidad de tan tierna edad, sin prejuicios, disfrutaba por igual de los hits más chiclosos de italo-disco que de los más sofisticados clásicos de los Pet Shop Boys o New Order. Pero limitado a lo que sonaba en las radiofórmulas, tardaría décadas en poder escuchar a los pioneros del synthpop y descubrir placeres analógicos tan pop y a la vez tan vanguardistas como los que encierra esta obra maestra del gran mago parisino. Pasados los 90, gracias a descubrimientos como éste empecé a entender que podía incorporar sintetizadores en mi música y hacerla más personal.

 

3. VV.AA. – ‘It’s Hard To Believe It: The Amazing World Of Joe Meek’ (1995)
La posibilidad de poder tener un CD con lo mejor de la fascinante obra del más genial, complejo y traumatizado productor doméstico de la historia del pop era muy remota a primeros de los 90. Juan de Pablos había ejercido el proselitismo con Meek en su programa ‘Flor de Pasión’ pero los codiciados discos eran escasos, incompletos, o no eran importados a España en una era muy anterior a las compras online. Hasta que apareció una sucesión de recopilaciones en CD que algunos amigos comprábamos e intercambiábamos en visitas a Londres. Esta es la mejor: contiene el proto punkbilly ‘Just Like Eddie’ de Heinz, el milagro pop de Glenda Collins ‘Something I Got To Tell You’, la ‘death song’ exquisitamente tétrica de ‘Johnny Remember Me’ y cantidad de fascinantes piezas de caprichoso sonido que me hacían soñar con grabar en mi casa discos enteros, alguna vez.

 

4. Los Bichos – ‘Color Hits’ (1989)
El disco que liberó a una generación del supuesto complejo de cantar en otro idioma, aunque bien pocos llegaran a conocerlo. O también el disco que casi inició la explosión del sonido indie 90s, aunque su presunto instigador renegara de ello totalmente. El mundo de Josetxo Ezponda era así, contradictorio, pero también -como este disco- lleno de desparpajo, clase y muchísimo talento para el rock and roll reptante y a la vez para el pop cristalino. Su aparición me mostró con clarividencia que era posible hacer un disco clásico para la posteridad en mi propia ciudad. Y me abrió las puertas a cantidad de maravillas fundamentales de mi educación musical (The Stooges, el glam, los Cramps). Y la guinda: la combinación química, trémula, mágica, de las guitarras de Josetxo y Charly se me quedó grabada en el corazón.

 

5. VVAA – ‘Platoon – Original Motion Picture Soundtrack’ (1987)
El cine era otra excelente fuente de conocimiento y aprendizaje cuando otro tipo de fuentes escaseaban. Si la banda sonora de ‘Regreso al futuro’ abrió ante mí la senda del rock and roll de los 50 -de Chuck Berry a Little Richard y el Rhythm and Blues- ‘Platoon’ me descubrió el inagotable tesoro del soul de la Atlantic (Otis Redding, Percy Sledge, Aretha) o la Motown (Smokey Robinson) y de propina la psicodelia de Jefferson Airplane y el primer billete al mundo de los Doors (‘Hello I Love You’). La majestuosidad triste del ‘Adagio para cuerdas’ de Samuel Barber tampoco cayó en saco roto. Pocos discos me habrán impulsado a comprar más nuevos discos y conocer más nuevos artistas que esta fenomenal banda sonora.

 

6. Dire Straits · ‘Making Movies’ (1980)
El legado de este grupo es controvertido debido a ciertos excesos ochenteros que en otras bandas son curiosamente tolerados y hasta celebrados, pero hoy no toca hablar de eso, sino del lirismo exacerbado, bellísimo, de las melodías y la guitarra de Mark Knopfler. Sin Hank Marvin no habría habido Knopfler, pero sin él quizá tampoco el James Wilsey que vistió de reverb y evocador vibrato el cancionero de Chris Isaak. Además de ser un disco hipnótico, con canciones mágicas como ‘Tunnel of Love’ o ‘Hand in Hand’, a través de este grupo abrí más conexiones al exterior que con ningún otro: pronto llegarían Mink DeVille, Randy Newman, Aztec Camera, Bob Dylan, J.J. Cale, Hank Williams, Chet Atkins o Robert Johnson.

 

7. Serge Gainsbourg · ‘De Serge Gainsbourg À Gainsbarre’ (1996)
Realmente ejemplar cómo este CD doble recopilaba el viaje fascinante de tres décadas de Gainsbourg, desde sus últimos 50 de casi ‘chansonnier’ hasta el pop electrónico de sus piezas de final de los 80. Entre medio, ye-yé, rock, psicodelia, y hasta reggae. Toda una lección que intenté aprender muy bien: en una carrera musical se puede transitar por todo tipo de estilos musicales, que en realidad se deben acomodar al tuyo propio. En ese sentido Serge es el camaleón original, antes que Bowie. Las melodías de puro diamante, el estilo innato e infinito, el talento para sus colaboraciones y el melancólico romanticismo combinado con una sonrisa cínica… todo eso completa la ecuación para convertir este disco, a este artista, en uno de los que más me han influido y que más sigo escuchando.

 

8. The Go-Betweens – ‘1978-1990’ (1990)
Fue mi grupo esencial de los veintitantos y ha acabado siendo mi grupo favorito de todos los tiempos. Esta recopilación post-ruptura fue mi introducción a ellos y su tracklist acronológico sigue evocando en mí la misma sensación de aventura, un relato canción a canción, casi novelesco, de los distintos modos y costumbres del mejor pop de guitarras combinado con literatura y poesía. Desde sus inicios de romanticismo post-punk hasta la sofisticación sensible de la producción de ‘16 Lovers Lane’, los Lennon y McCartney de los 80 son mi brújula definitiva.

 

9. VVAA – Strummin’ Mental! Volume One (Real Gone Instrumental R&R And Surf: 1958-1966) (2003)
Valga esta recopilación como muestra de tantas otras de sonido Instro y Surf compradas en los 90 y 2000, editadas por sellos pequeños y a menudo masterizadas directamente de viejos singles de crepitante sonido: ‘Wax Em Down’, ‘Pulp Rock Instros’, ‘Phantom Guitars’, y otros muchos mostraban el fascinante lado oculto del género, ese en el que aspirantes a Link Wray, The Shadows o Dick Dale probaban suerte con uno o dos sencillos para desaparecer para siempre, dejando -en ocasiones- maravillas listas para ser descubiertas. Mi amor por el sonido de guitarra ‘twang’ nació con los clásicos, pero se ha alimentado durante décadas de estas bellas joyas menores.

 

10. Julia Holter · ‘Have You In My Wilderness’ (2015)
Una de las grandes estafas de la actualidad es la idea de que el pop y el rock están estancados. Sin duda en sus formas más clásicas se han cristalizado en una especie de género estanco al estilo del jazz o el blues. Pero existe una nueva generación de músicos y músicas que siguen en la vanguardia, como es el caso de la simpar Julia Holter: explorando electrónica, dream pop, pop orquestal y sonidos ‘weird’, sus fantásticas composiciones y paisajes sonoros cogen lo más interesante de las raíces del pop (Edificio Brill, instrumentaciones clásicas, proto-electrónica, polirritmos) y las combinan con la exploración de las emociones para reorganizar la hoja de ruta de la música popular para el resto del siglo XXI. Un disco bellísimo que me inspira con los ojos puestos en el futuro.

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