“Whatever People Say I Am, That's What I'm Not” de Arctic Monkeys, un grandioso debut
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“Whatever People Say I Am, That's What I'm Not” de Arctic Monkeys, un grandioso debut

Sergio Ariza — 04-02-2026
Empresa — Domino

Tras revolucionar a la juventud británica sala a sala, Arctic Monkeys se convirtieron en una de las grandes bandas  con un álbum que era puro espíritu generacional, algo que les llevó directamente a nuestra portada de aquel momento. Y ahora, veinte años después, Whatever People Say I Am, That's What I'm Not sigue siendo un grandioso y sincero disco del mejor rock.

"I just wanted to be one of The Strokes", cantaría mucho tiempo después Alex Turner en "Star Treatment", en un arrebato de sinceridad que le emparentaría con las letras que escribía cuando era un adolescente obsesionado por el grupo de Julian Casablancas. Cuando el 27 de agosto de 2001 apareció "Is This It" en el Reino Unido, Turner tenía quince años, la edad perfecta para caer rendido ante una banda de rock. Esas navidades llegaron las primeras guitarras eléctricas y para el año siguiente se habrían formado Arctic Monkeys, con Turner, Jamie Cook, Andy Nicholson y Matt Helders.

A pesar de que cuando en 2006 apareció "Whatever People Say I Am, That's What I'm Not" todo el mundo pensó que aquellos chavales que venían con la dudosa etiqueta del NME de “the next big thing” acababan de llegar, el caso es que su camino hasta convertirse en esa especie de The Strokes británicos había sido de casi cuatro años, un tiempo más que suficiente para que la banda pudiera elegir entre un gran repertorio de canciones para entregar un disco maravilloso pero que, desde luego, no reinventaba la rueda.

Y es que podríamos decir que hay dos tipos claros de discos sobresalientes dentro de la música popular, una son los discos que se definen por el sonido y el concepto, son discos rompedores y revolucionarios como el "Pet Sounds", "What's Going On" o "Kid A", pero también hay otro tipo de disco que no tiene esa clase de impacto sino que sencillamente son fabulosos porque suenan a un recopilatorio de grandes éxitos, cada canción en uno de esos discos podría haber sido un éxito por cuenta propia. Suelen ser discos de debut, cuando las bandas tienen a su disposición todas las canciones que han creado desde que se han formado hasta que consiguen grabar un disco, a los que cuesta muchísimo igualar, y es casi imposible superar, por eso mismo, porque estas bandas no suelen ser revolucionarias sino grandes compositores de canciones, con ejemplos evidentes como los debuts de Sex Pistols, Oasis, Franz Ferdinand o, como no podía ser de otra forma, The Strokes, cuatro de las influencias más evidentes de esta primeriza obra, "Whatever People Say I Am, That's What I'm Not", que está ahí con ellos gracias a un repertorio que suena a "Greatest Hits": "I Bet You Look Good on the Dancefloor", "Mardi Bum", "A Certain Romance", "When The Sun Goes Down", "Dancing Shoes", "The View from the Afternoon"...

La influencia de The Strokes en el Reino Unido
El caso es que habíamos dejado a Arctic Monkeys en pañales en 2002. El rock se había vuelto a poner de moda, al amparo del debut de The Strokes, y en el Reino Unido surgió una nueva ola de bandas inspirados por ellos, las más interesantes fueron primero The Libertines y, un poco más tarde, Franz Ferdinand. Los de Alex Kapranos también influyeron a los Monos, sobre todo en su desenfadada mirada a las pistas de baile.

Turner rápidamente empezó a escribir canciones, para su primer bolo, en el pub The Grapes de Sheffield el 13 de junio del 2003, la banda tocó cuatro canciones originales de Turner, entre ellas la mítica "Curtains Closed", además de cinco versiones. Estas nos vienen muy bien para ver las influencias que les hicieron distintivos y no una mera copia de The Strokes.

Se hicieron "Rockafeller Skank" de Fatboy Slim –lo que nos deja ver su gusto por la música de baile–, "Hotel Yorba" de The White Stripes y "Harmonic Generator" de The Datsuns, nos permiten ver que también eran fans de la nueva ola de Garage Rock de comienzos de siglo, mientras que "Teenage Kicks" de Buzzcocks y "I'm Only Sleeping" de The Beatles, les ponen también en la tradición británica de las efervescentes melodías pop.

Lo más interesante que hicieron en estos primeros tiempos fue su forma de promocionarse, mientras se iban convirtiendo en la banda más famosa de Sheffield y luego del norte de Inglaterra, en vez de buscar un contrato discográfico por los medios habituales, decidieron apostar por compartir su música directamente con los fans, grabando CD’s con las demos de sus canciones y regalárselas a la gente que iba a sus conciertos. Luego estos las subían a Internet y el boca a boca iba haciendo el resto, sumado a su página de MySpace, también creada por fans de la banda.

Más allá del Boardwalk
Esas demos correrían como la pólvora y haría que cuando comenzaron a salir de Sheffield la gente ya conociera sus canciones. Para 2004 una recopilación de todas esas demos llamada "Beneath the Boardwalk" hizo que las compañías de discos y la prensa comenzaran a tomar nota de su nombre.

A finales de 2004 el prestigioso Zane Lowe de la BBC emitió una versión demo de "I Bet You Look Good on the Dancefloor". El 'hype' estaba comenzando a dispararse, para cuando en mayo sacaron su primer, y autoeditado, EP "Five Minutes with Arctic Monkeys", la banda ya había firmado por Domino Records, decantándose por ellos por la libertad creativa que les ofrecían.

Para cuando el 17 de octubre de 2005 salió su primer sencillo, "I Bet You Look Good on the Dancefloor", ya eran la banda de la que más se hablaba en la prensa británica. Una semana después subiría a lo más alto de las listas de sencillos en el Reino Unido, Alex Turner tenía diecinueve de años.

“No os creáis el ‘hype’”
El NME puso en marcha toda su maquinaria de marketing para vender al nuevo grupo de moda. Unas pocas veces aciertan y esta fue una de ellas, a pesar de que el propio Alex Turner advirtiera en el inicio del vídeo en el que la presentaban, "no os creáis el 'hype'". Claro que no todos los grupos pueden presumir de que el mismísimo Tom Jones y Joe Perry de Aerosmith hagan una versión de tu canción al año de publicarse tu primer disco en el estadio de Wembley, así que, contradiciendo a Turner (y a Chuck D), esta vez sí que había que creérselo.

Algo que confirmarían cuando se pusieron a grabar su debut, en el que aparecerían varias canciones que ya habían salido en demos para "Beneath the Boardwalk" y varias nuevas gemas de la mano de Turner. Si las formas de promocionar su música habían sido nuevas, su música y su mensaje en sí no lo era, la música era una suma de todo lo que les gustaba, sin olvidar la pista de baile y añadiendo el certero sentimiento melódico de Turner.

Estas primeras canciones eran pequeñas explosiones nerviosas que se quedaban grabadas con un Turner que a veces parecía recitar a toda velocidad más que cantar, hasta que explotaba un estribillo totalmente burbujeante. Pero aquí ya se podía anticipar también su futura evolución hacia ese crooner melódico en la vena de un Scott Walker o de su propio proyecto paralelo en The Last Shadow Puppets con canciones como "Riot Van" o la increíble "Mardy Bum", que tocada de manera mucho más calmada hubiera podido aparecer en "Tranquility Base Hotel & Casino" (18).

Un maestro de la observación
Otra de las cosas en las que destacaba enormemente el compositor principal era en sus letras, que le veían como un maestro observacional a la altura de otro de los referentes de Sheffield, Jarvis Cocker, a pesar de su tierna edad.

Y es que este "Whatever People Say I Am, That's What I'm Not" puede verse casi como un disco conceptual, una representación perfecta de tener dieciocho años, estar cabreado pero querer pasarlo bien, emborracharse y salir de fiesta con los amigos.

El título del disco estaba sacado de la novela "Saturday Night and Sunday Morning" de Alan Sillitoe, que también influyó a otra gran banda del norte de Inglaterra, en concreto a Morrissey y The Smiths. La novela hablaba de cómo pasaba las noches la juventud de la clase obrera inglesa de principios de los años sesenta y eso no había cambiado para nada a principios del siglo XXI, salir por las noches, beber, pelearse y acostarse con alguien.

Ya fuera en 1966 o en 2006, siempre había alguien en el grupo que terminaba formando una banda para poder seguir saliendo por las noches, bebiendo y teniendo más fácil lo de acostarse con alguien, por supuesto, unos pocos de esos además tenían un poco de aptitud, sabían narrarlo y, con un poco suerte y algo de talento, eran capaces de inventarse unas certeras melodías que fueran fácilmente recordables. Alex Turner estaba en ese reducido y privilegiado grupo.

El disco de debut más vendido de la historia del Reino Unido
Cuando "Whatever People Say I Am, That's What I'm Not" vio la luz un 23 de enero de 2006, se convirtió en el disco debut más vendido de la historia británica, con casi 120.000 copias vendidas. Al final de la semana, el álbum había vendido 363.735 copias, más que el resto de los veinte más vendidos juntos, y se terminó convirtiendo en el disco de debut más vendido de la historia del Reino Unido.

Pero es que, además, consiguieron algo que muy pocas bandas británicas del siglo XXI han logrado, abrirse camino en los Estados Unidos. Allí el disco salió el 21 de febrero de 2006 y se convirtió en el segundo disco independiente debut más vendido de la historia, alcanzando el número 24 en las listas de Billboard. El álbum también alcanzó el número uno en Australia e Irlanda.

Pero "Whatever People Say I Am, That's What I'm Not" fue más allá de su impacto inicial y se convirtió en uno de esos discos que siguen vendiendo más allá de sus primeras semanas, quedándose en las listas durante años. Mientras escribo este artículo se encuentra en la posición 64 de las listas británicas, acumulando 582 semanas de permanencia. ¿Podemos hablar ya de clásico?

“Son buenos, quizá demasiado buenos, joder"
A los críticos también pareció gustarles, a algunos demasiado –portada de Mondo Sonoro en febrero de 2006 y tercer Mejor disco de aquel mismo año–, lo que también les puso en la diana de varios puristas que les consideraban puro marketing. Pero, supongo, que la crítica que más ilusión le haría a Turner sería la de Julian Casablancas que al poco de aparecer el disco dijo: "Arctic Monkeys, ¿qué tal esos tipos? Son buenos, quizá demasiado buenos, joder".

Y no, no es uno de los veinte mejores discos de la historia como llegaría a afirmar NME, ni abrió nuevos caminos para la música rock, pero es un disco que nunca te cansas de escuchar, lleno de grandes ritmos, estribillos pegadizos y certeras letras. Muy pocos grupos pueden entregar un debut con tantas joyas y tan absolutamente divertido como "Whatever People Say I Am, That's What I'm Not".

Y lo bueno es que Turner no se conformó con ser un Stroke y terminó teniendo una carrera en la que supo madurar y no seguir aferrado a las cosas que hacía siendo un chico de clase obrera en el Norte de Inglaterra. Pero, después de todo, puede que este siga siendo el mejor de los discos de toda su carrera.

 

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