"La música se ha desvinculado de su poder trascendental"
Entrevistas / Xarim Aresté

"La música se ha desvinculado de su poder trascendental"

Andreu Cunill Clares — 17-03-2022
Fotógrafo — David Ruano

“Ses Entranyes” (RGB, 22) es una nueva encarnación de ese Xarim Aresté que, a cada paso, es más viejo y más joven a la vez. Se siente más consciente de su caudal energético, una fuerza tirada por los cuernos de un poderoso animal mitológico.

Xarim tiene la furia de la juventud y la templanza de la madurez. Se alimenta del crujir de la tierra, del blues telúrico y el folk oxidado, de la tradición de la música cósmica que navega entre océanos y mares, entre mediterráneos y atlánticos. Simiente que, en desafío circular, se nutre de lo que fue, de lo que es y de lo que será. Invoca un arte que prefiere amedrentarse en el ser más que divagar en el estar. Cual lobo aullando a la eternidad, Xarim supone a esa alma vieja que se enrosca más en la música que en la canción y que del todo, si es que de algo sirven las palabras, nos refleja trocitos de un enigma que permanece en destellos.

En esta nueva orilla, y antes de que la ola venga con otro enviste, ha necesitado un cambio radical, (dice que en equidistancia a estos tiempos aciagos). Ha atravesado una noche oscura del alma y ha dejado su banda que le ha acompañado todos estos años, excepto a Ricard Sohn. Movimiento: convencer al Pep Garau Sextet para unirse a su misión. Respuesta: Venimos a ti, con toda nuestra entrega. Lo que tenia que ser una sesión para grabar una sola canción, acabó siendo una jornada en la que se grabó todo un disco: “Ses Entranyes”, es una obra que reposa a la vera de esas primeras tomas que no dan tiempo a la mente para que se enrosque en las pasiones más bajas: miedos endémicos, inseguridades pútridas y esa coraza que, por proteger solo sabe reaccionar, ajena a la creación pura y salvaje.

Está claro que este disco rema en una dirección opuesta a las coordenadas de la mente, un estado que divaga expuesto a la soberbia y en licuada decadencia. Este disco, está hecho desde el latido. O como explica Xarim, desde la planta, símbolo del espíritu ancestral, sabia arrancada del tiempo y el espacio que sabe sin palabras y habla en silencios. Xarim, en mi opinión, personifica esa especie de santidad beatnick, mucho más allá del mero hecho de crear. El que aprende siendo. En el camino de lo relativo al absoluto, el artista espolvorea las semillas de un arte que reposa en algún lugar ya pisado antes. Sus frecuencias recogen la profundidad de lo humano y lo lanzan más allá, donde las huellas no existen. Parece decir, mi arte es tu arte, porque de donde yo vengo y hacia donde voy, la diferencia entre tu y yo ha sido borrada. O mejor dicho, nunca existió.

"La sabiduría que esconde la música es tal que, cuando la entendamos de verdad, conoceremos todos los secretos del universo"

Cuando en este disco hablas de las entrañas a mí me viene a la mente esa víscera que grita desde muy lejos y le pide a la mente que se calle. Cuan necesario es esto, ¿no? porque la mente es tan insaciable que, si no nos damos cuenta, nos pasamos toda una vida encerrados en sus territorios.
La mente solo sabe calcular y reproducir. Y dar vueltas. No puede crear algo nuevo. En cambio, desde la entraña, la víscera o como a mí me gusta llamarlo, desde el sistema vegetativo o la planta, sí que podemos. Yo creo que es a través de la entraña donde se expresa la inteligencia de la naturaleza, que es la que está en todos los sitios. Y la música es la demostración fehaciente de que hay un orden que no depende de nosotros, que se está encarnando todo el rato a nuestro alrededor y del que formamos parte. No solo como observadores, sino que también tenemos esta inteligencia en nuestro interior. Y creo que, al dejarla salir, las decisiones que toman nuestros millones de células, generan una experiencia de saber. Porque el saber no es un razonamiento, no es algo que tu piensas, es algo que tu sientes. Y cuando dejas a la entraña que haga y deshaga, de pronto te descubres transformando alguna cosa. Y por pequeña que sea hay una transformación. En cambio, el cerebro solo te propone cálculo y opinión y suelen ser opiniones que son relativas e ilusorias.

Este saber del que hablas, tiene más que ver con el ser que con el estar y es verdaderamente esencial, como despojado del tiempo y el espacio.
Es una sabiduría que no llega a ninguna conclusión porque el universo es infinito. La mente lo querrá controlar e incluso le pondrá una palabra que lo defina como universo, como si el universo fuera una cosa. No es una cosa, es una infinidad de relaciones. Si tu te abres a entender tu realidad, no como cosas sino como vibraciones, es entonces cuando puedes entender la harmonía de una canción e interactuar con ella. Pero si no sabes la harmonía, ni el tono ni el ritmo, no puedes hacer nada. Sólo serás una peonza, y no tendrás libertad para actuar. Y claro, si actuamos desde el cerebro estamos constantemente en reacción, en cambio el corazón acciona. Y sólo desde esa acción es cuando empezamos a comprender el verdadero sentido de la libertad. Lo increíble que tienen las leyes de la música es que las puedes aplicar a cualquier cosa que esté viva, porque la música está referenciada a las leyes de la transformación. Así de simple. Tienes un do y para llegar al siguiente do tienes que pasar unos ciertos grados de transformación y cuando llegas al séptimo pasas al octavo, que es un nuevo do y una nueva octava. Igual que la luna, que tiene siete fases. Lo que intento explicar es que la música está intrínseca en las leyes de la transformación de todas las ondas que hay en el universo, es decir de toda la materia. Yo creo que, si entendiéramos de verdad lo que es la música, los humanos sabrían viajar en el tiempo. La sabiduría que esconde la música es tal que, cuando la entendamos de verdad, conoceremos todos los secretos del universo. La música, como tantas otras cosas, se ha desvinculado de su poder trascendental para convertirse en una distracción, pero en su forma más genuina es una manera de conducirte al abismo de la totalidad. Este es su gran poder sagrado.

Comparto plenamente lo que dices. También entiendo que esto que estás intentando explicar no se puede hacer con palabras, porque estas son el símbolo de una realidad limitada.
Ni más ni menos. Es como si te intentara explicar lo que siento cuando escucho “Imagine”. Por muchas palabras que utilice nunca conseguiré que sientas mi sensación.

Defines tu música como algo genuinamente bastardo y yo pensaba ¿Es que puede ser de otra manera?
No, es imposible. Si fuera de otra manera entonces sería artesanía, que es loable igualmente, pero no se puede considerar arte. Cuando hay un método de creación o una dirección concreta desde la mente, entonces es artesanía, sino es genuinamente bastardo no es arte. Cuando un artesano hace sillas, un artista hace árboles.

Recientemente has vuelto a Flix, el pueblo de donde naciste y creciste. ¿Cómo ha sido esta vuelta a casa? ¿Ha repercutido en tu manera de crear?
Lo primero que me sale responderte es que ahora tengo más intimidad. La manera de crear no varia, siempre ha sido la misma. Yo para crear solo necesito intimidad, y más o menos siempre la he conseguido, aunque sea dentro de un coche. Mientras quepa yo y la guitarra ya me vale. Marché hacia aquí para poder hacer ruido sin molestar y poco a poco me he ido quedando y, casi sin darme cuenta, ya lo tengo todo aquí. Me ha costado hacer la transición, porque siento que aún llevo la ciudad dentro. Mi ritmo interno aún no es el del pueblo. Voy todavía demasiado acelerado. Una vez le preguntaron a Einstein cual era la pregunta más importante que se puede hacer la humanidad, y él respondió que lo más importante que podíamos saber es si el universo es un sitio amigable o no. Y aquí en el pueblo el universo es un sitio amigable. Aquí puedo entender mejor la música. El equilibrio cósmico del que hablamos antes, que está en un do mayor, está en el sistema solar, en las fases de la luna y en nuestras células. En la ciudad pareces olvidarlo, porque el stress, que no es más que miedo ancestral, te aleja del equilibrio. Aquí la naturaleza te enseña que hay un orden benigno del que formas parte, por esa razón aquí es más fácil no tener miedo. Observas y te dices, mira si los pájaros son felices. Carai, si las lagartijas sobreviven, y de repente te ves diciendo: pues igual yo también puedo hacerlo.

"El error es lo que nos hace transformarnos y el arte sin transformación no es arte"

¿Y no te daba miedo alejarte de esto que podríamos denominar la bohemia cosmopolita? Me refiero a este espacio en el que parece que si no estás no existes como artista.
Yo realmente nunca he formado parte de nada. He sido muy solitario en este sentido. Siempre he estado en mi rincón y mis reuniones han sido muy privadas. No tengo sentido de pertenencia a ninguna bohemia. A parte que siempre he sido pobre como una rata hasta niveles…de hecho ahora lo estoy. Siempre me he sentido fuera de todo. Mis colegas también son gente que está fuera de todo. Hay como una especie de radio humana que puedo sintonizar y a través de ella tengo a muchos colegas sintonizados y siento que estoy en comunidad, aunque estemos todos desperdigados. La creación te pide mucha solitud y es complicado encontrar una tribu que acepte esto. Entonces la tribu que me he hecho es de gente que no es de ninguna tribu.

Después de hacer un par de discos con los Blind Joes, en los que yo tuve la sensación de que había una intención detrás y eran discos más controlados, más mentales, ahora parece que has escuchado la llamada de lo salvaje, ese arte que como antes comentabas está hecho desde la planta. ¿Lo ves así?
No me había dado cuenta, pero es así completamente. Hace unos años yo no era tan gobernador de mi energía. Tenía demasiada, la sentía desbocada y Santos y Fluren me ayudaron a ordenarla. Cuando estás en una búsqueda, no encuentras. Durante este tiempo he hecho un par de libros, y he pintado mucho. De hecho, en este tiempo de confinamiento en el que no ha habido conciertos he estado viviendo más de la literatura y la pintura que de la música. Gracias a esto he podido llegar a la música desde otro lugar, porque ya me sentía realizado artísticamente; y esto me ha cambiado muchísimo. Antes lo apostaba todo a la música y ahora, al sentirme descargado artísticamente desde otras disciplinas, ha hecho que haga las cosas con mucha más tranquilidad. Ahora para hacer música tengo que poner mucha menos energía para que funcione. Esto ha sido un gran cambio. Y por esto he podido soltar el control, porque la manguera ya no estaba desbocada, ya era una piscina, y todo el mundo se ha podido bañar tranquilamente, sin incidentes.

¿Es difícil renunciar a este control?
Es muy difícil, porque primero he tenido que matar la persona que pensaba que era, y esto ha sido muy doloroso. He estado cuatro años atravesando un desierto interno, pero creo que es primordial hacer esta matanza para poder conectarme con aquello que soy, más allá de opiniones sobre nosotros mismos. Porque a menudo nos identificamos más con estas opiniones, en lugar de acercarnos a lo que esencialmente somos. Librarte de esta armadura es sacarte a tu madre, tu padre y la familia y esto no es nada fácil.

Parce que hablas de una noche oscura del alma, donde solo puedes morir para renacer.
Esto es la lección de la música y de la naturaleza. Es algo así como que las canciones se acaban, pero la música no. Te puedes identificar con una canción, pero esta se acaba, en cambio la música no tiene ni principio ni final. Dejar de identificarte con tu psique para identificarte con la planta es lo que te convierte en…esto es lo que algunas culturas llaman el despertar.

Claro. Si es que todo el rato me estas hablando de un despertar espiritual.
Sí, a lo largo de la vida he tenido unos cuantos. Porque todo lo que está vivo hace olas. Este despertar del que te he hablado ni tan solo puedo calificarlo del más intenso. De jovencito tuve experiencias muy heavies que…zuuuuup…sí, despertar es una palabra que me funciona porque cuando pasas este momento, es curioso porque sientes como…no es que despiertes, es que de repente te quedas dormido más profundamente en otra esfera que sientes como más real, más profundamente tu mismo. Dejas de identificarte con cosas circunstanciales que pueden ser estas o otras. En cambio, hay algo que es siempre, como cuando hablábamos de una canción o la música. Des de este lugar no me sé diferenciar de mi abuela o de mi hermano. Soy ellos y no hay ninguna diferencia y desde aquí puedes no tener miedo y puedes amar infinitamente. Desde la mente solo encuentras barreras al amor.

Con este disco hablas de poder sentir el error, y yo me he sentido muy identificado con lo que dices, porque de alguna manera siento que el error nos humaniza en uno momento en que las tendencias globales nos llevan a la deshumanización. Hay veces que oigo canciones muy buenas, pero también siento que las podría estar haciendo un algoritmo codificado por algún ingeniero sin alma ni conexión alguna con la creación artística. El error me recuerda que somos humanos y que muchas veces la creación es deliciosamente imperfecta.
Totalmente de acuerdo con lo que dices. La única diferencia entre un robot y un humano es que el robot no tiene vicios ni contradicciones.

"Me impresiona pensar que luz y sonido son la misma sustancia, solo que cambia un grado diferente de vibración"

Sí, pero es curioso como el humano aspira con tanta insistencia en ser un robot, a dejar de oír su alma.
Sí, creo que tenemos una tecno idolatría. Al final lo más importante del error es que te genera experiencia, un nuevo conocimiento. El error es como la autopista. Si tu pagas el peaje de entender que no pasa nada por equivocarte, ser humilde y aprender del error, por esta autopista llegas muy lejos. En cambio, si tienes que estar todo el rato observando y pretendiendo no equivocarte, no vas a llegar demasiado lejos. El error es lo que nos hace transformarnos y el arte sin transformación no es arte. Es artesanía otra vez, y tiene una función, que es la de gustar a los demás. Y sí, es una función, pero es una puta mierda. Si tienes en la cabeza que tu canción le guste a alguien es una puta mierda de canción. Igual gusta a todo el mundo, pero a ti no te transformará y yo creo que es precisamente esta transformación a la que debemos aspirar con el arte. Porque sin esto perderemos una tradición que viene del paleolítico, que va de buscar guías fuera de uno mismo. Y está en la naturaleza, esto es lo que hacían los chamanes. Y nosotros lo hemos hecho con los Beatles, Dylan o Nirvana. Hemos visto en ellos señales de Dios. Y esto no es algo que te está diciendo alguien, es algo que tu sientes. Hay gente que lo oye en una hoja y gente que lo oye en Deep Purple. Pero el mensaje está. Y a la que dejemos de entender que la música es un canal para ir hacia aquí, desparecerá nuestra concepción de artista. Durante la historia han desaparecido muchas cosas y no me extrañaría que desapareciera la noción de artista. Imagínate un mundo en el que nadie sabe tocar un violín porque te equivocas. ¿Te imaginas una sociedad donde no haya músicos porque esta función ya la hace otra cosa? ¿Si ya no tenemos zapateros, porque no podemos dejar de tener músicos?

Y hablando del error, que mejor que grabar “Ses Entranyes” en directo, sin ensayar, y a la primera toma. ¿Cómo ha sido para ti este proceso?
Una bendición. Realmente yo quería ensayar, pero como la banda es de Mallorca no pudimos. Pero son unos músicos estratosféricos, con una gran oreja y lo que realmente pretendía yo es sentirme que estaba solo tocando la canción y que ellos me acompañasen. Como son unos ninjas, lo hicieron. Y para mí fue increíble, porque tenía muchas ganas de saber como interpretarían las canciones y les salieron unos arreglos a la primera que parecían hechos a medida. Tampoco había mucho tiempo para pensar. Cuando acabábamos siempre había alguien que decía: - vamos a intentarlo otra vez. Pero yo respondía: - ¡No! Hagamos otra canción, esta ya está bien. Mi intención en aquella sesión era hacer una canción y al final hicimos el disco entero. No había un concepto detrás, ni tan solo sabía las canciones que quería hacer, iba improvisando al momento. Yo solo quería tocar con ellos porque sabía que sería muy guay. Además, en el estudio de Pau Romero me siento como en casa y fueron saliendo las canciones muy rápido. Lo único que no grabamos en directo fueron los vientos. Ellos escribían los arreglos mientras yo estaba con el resto de la banda enseñándoles la siguiente canción.

Esto me hace pensar en Miles Davis cuando entregó sus cuatro últimos discos para Prestige grabados en tan solo dos sesiones. Y vaya cuatro discos. En cambio, cuando oigo gente que se tira un año para grabar un disco…no sé…esto me devuelve otra vez a la deshumanización, se le quita a la música esa dimensión de celebración, de conexión, de guía más allá de uno mismo que decías tu. Y esto pasa por admitir que va a haber una parte perfecta y otra que no.
No tan solo esto, sino que… mira Marc Ribot, del que se dice que ha hecho los mejores conciertos de la historia y los peores, afirma que cuando nos emociona más un instrumento es cuando está roto. El arte tiene que estar sufriendo para que suene guay. A mí me gusta esta reflexión de que te tienes que hacer daño para que el arte llegue. No sé si es verdad siempre, pero hay algo de esto que me resuena verdadero y real.

Con este disco solo has repetido con Ricard Sohn, tu amigo y teclista y te has despedido de Miquel Sospedra y Ermengol Mayol con los que llevabas mucho tiempo tocando, ¿cómo ha sido para ti esta despedida?
Pues ha sido durísimo. Es tan duro como dicen. Es realmente como acabar con una relación en la que no desaparece el amor, pero los caminos de cada uno toman direcciones diferentes. Seguramente los amo más ahora que cuando tocábamos juntos. El mundo estaba cambiando tan bestialmente que yo también necesitaba un cambio. Yo tengo un contrabajo en mi estudio y me he habituado mucho al instrumento. Me flipa como suena. Cuando escuché la banda del Pep Garau quedé absolutamente prendado. Ellos son una banda muy increíble. Les pedí si querían tocar conmigo, convencido que me dirían que no. Pensé, total si el mundo se acaba no pierdo nada. Y va y me dicen que sí, y encima me acompañaran en la gira. Estoy súper enamorado de ellos y sé que será un súper fiestón, porque ahora mismo es la mejor banda que me pueda imaginar. Porque están locos, pero al mismo tiempo tienen un respeto religioso por la música y es un juego estar con ellos.

Últimamente has estado experimentando mucho con la pintura. ¿Qué te dan los pinceles que no encuentres en una púa?
Nada. Es exactamente lo mismo. Es el mismo lenguaje con los mismos parámetros. Solo que con la pintura te ensucias. Es la única diferencia. Bueno y que una canción no la puedes romper, pero un cuadro si. Y esto me gusta. Una canción que odio y que he hecho yo, no me la puedo sacar de encima. Un cuadro lo puedo reventar y ya está. Se acabó. Esta dimensión física de la pintura me gusta mucho. La música es tan abstracta, ¿no crees? Pero a parte de esto, es todo lo mismo. Y con la literatura pasa lo mismo. Me impresiona pensar que luz y sonido son la misma sustancia, solo que cambia un grado diferente de vibración. Es como agua y hielo, son la misma cosa con una vibración distinta.

Por último, y ya que lo citas, quería preguntarte por tu experiencia literaria. Sacaste el poemario “Catacumba Umbilical” (66rpm, 2015), recientemente tu libro de aforismos metafísicos “Les Fugues de la Font del Temple” (Rosa dels Vents, 2021) y ahora vas a editar una novela con Columna. ¿Cómo ha sido la experiencia de escribir una novela?
Increíble. Yo estoy acostumbrado a hacer las cosas y acabarlas en una misma jornada. Con la música siempre lo he hecho así. Cuando empiezo una canción, la acabo. Raras veces no la hago a la primera sentada, aunque esta dure 8 horas. Pero si me pongo lo quiero acabar. En cambio, con la novela no puedo hacer esto. Me ha dado una condena y a la vez me ha ayudado a hacer canciones. Me he dado cuenta que escribir es borrar y con la música no he borrado demasiado y la literatura me ha enseñado a hacerlo y poder decir más con menos.

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