Lejos de ser un ejercicio de complacencia, el disco funciona como un espejo honesto del paso del tiempo, el cansancio y, sobre todo, la redención a través de la amistad. Hablamos con ellos sobre la grabación en La Nave Hermosa, el peso del ego en la escena DIY y lo que significa seguir apostando por el ruido en un mundo que no deja de cambiar.
El 9 de mayo lo presentarán en directo en casa, en la sala Jimmy Jazz de Vitoria-Gasteiz, acompañados por las bandas Crossed y Ezta Ilen. Pero antes, lo harán en Sarean (Bilbao) el 18 de marzo, en Arrebato (Zaragoza) el 19 de marzo, en Laut (Barcelona) el 20 de marzo, en CA Revolta (Valencia) el 21 de marzo, en Rockbeer The New (Santander) el 1 de abril, en CS Fuscalho (A Guarda) el 2 de abril, en A Casablanca (Santiago de Compostela) el 3 de abril, en Plano B (Porto) el 4 de abril y en Galeria Zé dos Bois (Lisboa) el 5 de abril.
El título del álbum es ‘Egin ez dugun Guztia’ (“Todo lo que no hemos hecho”). ¿Es este un disco sobre el arrepentimiento o más bien una reivindicación de lo que sí habéis logrado a pesar de los sacrificios?
Diría que es más lo segundo, aunque sin ser una celebración ni una reivindicación explícita de nada. El disco cuenta lo que ha pasado estos dos años mientras no buscábamos mejores trabajos ni ahorrábamos, sino que apostábamos por tocar mucho y pasar tiempo juntos. Habla de los procesos emocionales de esta etapa que, de una u otra manera, están relacionados con la banda.
La verdad es que le dimos bastantes vueltas al título. Cuando Goio vino con el concepto y el nombre nos gustó a todos; encaja bien. El anterior sí estaba más centrado en torno a una idea conceptual única, pero en este, al estar en otro momento vital, la libertad a la hora de escribir sobre diversos temas ha sido mayor.
En la nota de prensa habláis del “desencanto de hacerse mayor y que nada cambie”. ¿Cómo se gestiona esa frustración cuando sigues apostando por la autogestión y el DIY en 2026?
En Euskal Herria, en los últimos años, el tema de los conciertos y los modos de consumir música han ido a peor. Pero, al mismo tiempo, tenemos muy claro dónde estamos y a qué pertenecemos. Estamos muy orgullosos de las decisiones que tomamos. El desencanto es más nostálgico que otra cosa. Nos enfadan muchas cosas, pero no por el lugar que ocupamos ni por no "encajar" en otros sitios. Es una decisión muy consciente: no pertenecemos a ese mundo que criticamos.
“En Euskal Herria, en los últimos años, el tema de los conciertos y los modos de consumir música han ido a peor”
Venís de girar por Europa y Estados Unidos con Zaldi Beltza. ¿Cómo han influido esos kilómetros y esas experiencias en el sonido de este nuevo trabajo?
Fue una experiencia muy buena, lo pasamos genial. No solo por tocar, sino por la vivencia en sí; fue muy divertida. Poder hacer todo eso con colegas es la hostia. Conocimos a un montón de gente que ya se ha unido a nuestro círculo de amistades y, a nivel de banda, creo que nos ha aportado muchísimo.
En la canción "Fotos" lanzáis una pregunta muy cruda: “¿Si solo es otra forma de validarse, si es solo otra forma de escapar?”. ¿Habéis llegado a sentir que la banda es una "trampa" de la que necesitáis huir o sigue siendo vuestro refugio?
Como en la mayoría de las cosas, creo que hay parte de ambas. La primera parte del tema habla de estar de gira, de encontrar un sitio donde estás bien y te sientes tú mismo mientras conoces espacios increíbles. Pero, al final, te preguntas qué parte juega el ego en esto; si no será una forma más de llenar vacíos y evadirte de un mundo que no funciona. También reflexionamos sobre qué lógicas y dinámicas importamos desde el capitalismo —como la competitividad y los privilegios— a nuestro mundo DIY.
La frase “dormir juntos en el suelo” en "Fotos" es una imagen canónica del hardcore. ¿Es esa precariedad compartida lo que mantiene unidos a los grupos de la escena o es algo que empieza a pesar con los años?
Es algo que forma parte de nuestra realidad y no lo vemos como algo negativo. Sabemos lo que supone montar un bolo y agradecemos cualquier gesto que recibimos. ¿Supone esto romantizar la precariedad? Puede ser, pero son cosas que haces con tus amigos y las disfrutas.
Hablemos del "fenómeno Turnstile" y de cómo el hardcore ha entrado de lleno en el mainstream. ¿Cómo lo veis desde vuestra posición?
Últimamente he pensado mucho sobre esto. Yo entré al punk por una banda como Blink-182 y creo que para los chavales de hoy en día es mucho mejor entrar a través de Turnstile. Aunque no sé hasta qué punto es positivo, porque vacía un poco lo que es el hardcore. Es normal que Turnstile se alejen de esa realidad de "dormir en el suelo".
Cuando empiezas en esto, la peña mayor de tu barrio te transmite unos códigos y una manera de hacer las cosas. El público que va hoy a ver a Turnstile es el mismo que el de Carolina Durante. Por otro lado, tenemos el caso de Idles, una banda que se mueve en terrenos lejanos al hardcore pero con un discurso político muy marcado.
A Turnstile les tengo mucho respeto, los sigo desde que soy un crío y me alegra que les vaya bien, el tema del Grammy y demás. Me da confianza que las bandas cercanas a ellos se alegren por su éxito. Pero sí es cierto que cuando han tocado cerca, casi nadie que yo conozca del mundo hardcore —bandas, promotores, etc.— fue a verlos. Se han despegado de lo que es una banda de hardcore estándar, aunque mantengan ciertas formas. Luego está el tema del merchandising y los precios, que me parece una locura. Estuve viendo a Deftones la semana pasada y, siendo una banda gigante, no tiene nada que ver con lo de Turnstile.
“El público que va hoy a ver a Turnstile es el mismo que el de Carolina Durante”
En "Ezin Duzu Zure Lagunak Hiltzen Utzi", habláis de construir un "templo a la amistad". ¿Es este disco vuestro monumento a las personas que os han acompañado en estos ocho años?
Sí, y a nosotros mismos también. Los años pasan y a veces los discos y las giras empiezan a envolverse de esa sensación de que podría ser una de las últimas veces, aunque no sea real. Al empezar con las letras me ayudó la idea de: “si esto fuese lo último que se va a escuchar de Víbora, ¿qué diría?”.
Creo que, en cierta manera, este disco nos ha reconciliado con nosotros mismos y con el proceso de composición, porque el de "Zaldi Beltza" fue duro. Concretamente, ese tema es la respuesta a una pregunta que me hizo una amiga en un momento muy difícil: “¿Cuál es la razón de que yo siga viva?”. La canción habla de tener la actitud correcta; hemos aprendido que, si no la tienes, el mundo puede comerte.
Habéis pasado por Gakobeltz con Joseba Baleztena y Miren Narbaiza, y grabado en La Nave Hermosa con Borja Pérez. ¿Qué buscabais en este equipo?
Estamos muy contentos. En La Nave Hermosa estuvimos una semana y llevamos el material mucho más trabajado que otras veces gracias a la preproducción en Gakobeltz. Eso te permite cambiar muchas cosas antes de entrar a grabar. Llevamos 6 o 7 temas con estructuras parecidas a las que grabamos en Gasteiz, pero buscábamos puntos de vista ajenos. Borja y Joseba han trabajado con estilos muy opuestos al nuestro y eso es lo que queríamos: detalles que enriquecieran los temas. Como experiencia fue muy divertido. Aquello era el salvaje oeste: cuarenta grados en la calle y nosotros en el estudio con aire acondicionado, piscina... estuvimos súper a gusto grabando y escuchando temas hasta las mil de la mañana.
La colaboración con Miren Narbaiza (MICE) aporta una textura muy distinta. ¿Se compuso el tema pensando en ella?
Su registro es muy diferente al nuestro, pero ha encajado genial. Queríamos una colaboración que se escapara de lo típico del hardcore; buscábamos algo más "bizarro". Queríamos a alguien de nuestro entorno que conociera la banda. Con Miren hay muy buen rollo y surgió de forma natural. En la primera toma ya era como meter a MICE en Víbora. Luego probamos cosas diferentes y de repente parecía otra cantante, mucho más melódica. Pilló súper bien lo que buscábamos.
Salir bajo sellos como BCore y Zegema Beach os sitúa en un escaparate internacional. ¿Sentís que el post-hardcore estatal está en un gran momento fuera?
Lo de BCore fue increíble; nos escribió Jordi porque le gustaba la banda y tenía ganas de vernos en directo. Ha sido un proceso muy natural y él es un tío majo que nos ha ayudado un montón. Nos dará algo más de visibilidad, aunque nunca sabes. Para nosotros es la hostia que un sello histórico como BCore se fije en nosotros, sobre todo porque lo que sacan últimamente no tiene mucho que ver con lo nuestro, y eso nos mola.
“Para nosotros es la hostia que un sello histórico como BCore se fije en nosotros, sobre todo porque lo que sacan últimamente no tiene mucho que ver con lo nuestro, y eso nos mola”
Gasteiz siempre ha sido un hervidero. ¿Cómo ha evolucionado vuestra relación con la ciudad desde 2019?
Cuando sacamos el primer disco creo que había más bandas. Ahora hay gente joven haciendo cosas muy guays y el Gaztetxe sigue funcionando bien, aunque quizá con menos actividad que hace unos años. Fuera del hardcore se hacen muchísimas cosas; posiblemente Gasteiz sea la capital de Euskal Herria donde más movimiento hay. En Bilbao o Iruña hay más bandas, pero menos sitios para tocar. Aquí hay un montón de espacios pequeños fuera de las instituciones: la oferta de cine independiente es una pasada, hay bares montando bolos de bandas nuevas, pinchadas... hay vida.
¿Qué podemos esperar de la puesta en escena de ‘Egin ez dugun Guztia’?
Tenemos preparada una gira pequeña por la península y nos vamos a Portugal, que nos hace mucha ilusión. Tampoco queremos tocar hasta la extenuación para no quemarnos. Como novedad, haremos un concierto en la Jimmy Jazz montado por nosotros mismos y también estaremos en la despedida de Worth It.
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