“Siempre hay sorpresas en cómo el público va a acoger tu trabajo”
Entrevistas / Valira

“Siempre hay sorpresas en cómo el público va a acoger tu trabajo”

Rubén G. Herrera — 19-02-2021
Fotógrafo — Archivo

Tras la separación de La Raíz, Juan Zanza se reafirmó como un extraordinario músico con su proyecto Valira, junto a sus compañeros Ferdy Borja (guitarrista), Gabi Pellicer (teclado, guitarra), Carlos Benavent, y justo anunciando ahora la sustitución de Pipe a la batería, por Rober. “Supernova” (Propaganda Pel Fet!, 21) posee unas líneas melódicas de una calidad y una frescura sencillamente brillantes. Hay cambios con respecto aEcos de aventura, pero una continuidad muy marcada entre ambos discos.

¿Qué tal la vida a través de video-llamadas?
Ya más acostumbrado, pero en los primeros meses de esta movida era muy raro hablar así con la gente y con los amigos.

Aunque tiene su punto esto de no tener excesivos desplazamientos. O de conocer nuestras casas. Nos acercamos de otro modo…
Exacto, y ya veo tus cosas de metal por ahí (observa el fondo de mi estudio a través de la cámara). Se pueden sacar muchas cosas positivas de todo esto, estoy de acuerdo.

Por mi aspecto podrías deducir que no soy el target de Valira. Si es que podemos seguir pensando en que nuestras pintas reflejen nuestros gustos musicales.
Pues yo tengo que decirte que llevo toda mi vida escuchando metal. Siempre me fliparon Tool, Slipknot, Korn, todo ese nu metal, e incluso escuchaba death metal cuando empecé a tocar la guitarra. Lo bueno de estos tiempos es que, en la música, ya todo se nutre de un montón de cosas al mismo tiempo. Y en Valira tenemos muchos fans heavys, entre ellos, uno de mis mejores amigos.

“El año 2020 iba a ser el año de crecimiento clave de Valira, así que imagínate. Esto es difícil. Sobre todo a nivel anímico; el no saber cuándo se va a recuperar la situación”.

¿Qué buscas, en primer lugar, a la hora de confeccionar tus canciones, a la hora de escribir, componer y estructurar estas melodías? Qué te viene a la mente, en qué te inspiras, cómo te concentras…
No sé por qué pero nunca escribo una letra antes que la música. Suelo empezar con guitarra acústica, y si acaso a coger algunas rimas. Y funciono siempre con una grabadora y metiendo ideas. Cuando me siento más a gusto con algunas líneas y las voy trabajando en producción. Me gusta mucho trabajar la producción desde el primer momento, necesito meter los instrumentos para darme cuenta de hacia dónde va la canción. Y luego en el momento en que entra alguien como Pau Paredes, todo crece a lo bestia y gana en detalles.

El disco está plagado de riffs y momentos puramente rockeros, ya desde el arranque de “Un faro en el vacío”. ¿Ha tenido también algo que ver ese cambio de estudio, de Roger García RPM a Pau Paredes Millenia?
Con Roger estábamos contentísimos. Pero yo tenía una espinita clavada en el primer disco con la inclusión de los sintetizadores y la electrónica. Pero si no fuimos más allá en el debut, fue también cosa mía. Roger hace sonar las cosas con muy poco. Consigue sonidos auténticos, como esas guitarras tan americanas. Pero me faltaba ese punto de producción de grupos como Bring Me The Horizon o Twenty One Pilots, y eso fue lo que encontramos en Pau, que conocía a Gabi desde hace años. Ese fue el principal motivo: llenar todas esas inquietudes musicales, e igual a alguien le sorprende encontrar este cóctel de sonidos, pero es algo que llevábamos dentro.

Ya en noviembre adelantasteis “Luz errante”, y en este primer single se veía claramente este nuevo camino sonoro.
Efectivamente, ya se veía que el peso de las guitarras distorsionadas no está muy presente en el estribillo, pero buscando el equilibrio entre todos los instrumentos. Al final, se trata de buscar un equilibrio y que cada instrumento encuentre su sitio. La batería también está muy procesada y tiene muchos matices.

“Yo he estado muchos años más activo políticamente. Pero esa parte, al menos en mí, llega a cierto punto de desilusión, de pensar que no puedes cambiar nada”.

Pipe a la batería te acompaña desde La Raíz, y siempre os habéis entendido muy bien. ¿A qué se debe su repentina marcha que acabáis de anunciar, justo antes de salir este segundo disco?
Él está tocando con Fukishima también y en un momento de muchos compromisos, tanto de música, de negocios, de familia, como de COVID. Y ha tenido sustos que te hacen replantearte la vida. Valira exigía mucho ahora, ya que tenemos que preparar la gira, tanto en acústico como eléctrico, por eso de los aforos reducidos y ha tenido que bajarse del tren, aunque lo que más quiere es Valira. Pero ha tomado esta decisión para no entorpecernos, por así decirlo. Así que tenemos a Rober de sustituto, un amigo de Ontinyent, el pueblo de nuestro bajista Carlos. Es un amor, toca muy guay y está ilusionadísimo.

Más preparación que nunca, pero con la incertidumbre de saber si luego se podrá realmente tocar. Francamente, ¿cómo conseguís mantener la motivación? Es meritorio sobrellevar una banda en esta situación…
El año 2020 iba a ser el año de crecimiento clave de Valira, así que imagínate. Esto es difícil. Sobre todo a nivel anímico; el no saber cuándo se va a recuperar la situación. Y también el tener que buscar curros alternativos. Lo único que yo diría que nos motiva es el hacer piña entre nosotros en el grupo, o entre amigos y alimentar ese apoyo mutuo que ahora es tan importante. Si no fuera por eso, no sé yo. Pero la pandemia… Y sobre el escenario, es muy raro darlo todo en el escenario y que la gente esté sentada. Pero si encima pasamos de aforos de mil personas, a aforos del treinta por ciento y de gente que se siente con cierto temor, se siente muy extraño. Los promotores también se mueven con máxima precaución, claro. Pero sobre todo es el no poder tocar dando toda la caña que quieres, que es como además suena el disco. Y el saber que no vas a poder hacer eso.

Yo creo que el público está volviendo a los conciertos con una ilusión renovada. Igual algo bueno hemos sacado, al tener de nuevo estas sensaciones. Higiene emocional…
Yo flipo con la gente disfrutando, con las mascarillas, sin poderse mover, sentados… Estamos acostumbrado a otra cosa. Y podemos habituarnos a ese formato de dos pases en salas con aforo reducido, hasta que todo esto pase. Por esa parte, ni tan mal. El problema es que la banda, como tiene que sonar es como en el disco: en eléctrico y sin tantas limitaciones técnicas. Pero chapeau por el público: están disfrutando y comportándose, lo cual revaloriza mucho todo esto.

Volviendo al disco, se hace especialmente relevante comentar la cantidad de detalles que se descubren, escucha tras escucha. Cantidad de recursos, cambios de estilo, efectos, que se han puesto en juego. Puentes que introducen a estribillos siempre de manera distinta. Infinidad de retoques en las mezclas oscilantes, timbres que no se repiten… Prácticamente en mi chuleta para esta entrevista puedo destacar cosas de cada canción.
Me alegro que lo veas así y lo disfrutes, porque nunca sé hasta qué punto todos esos detalles en los que dedicamos cientos de horas al final solo lo vemos el productor y el grupo. Pero es que me pasa a mí, de descubrir cosas a posteriori: un trémolo aquí, un paneo allá… Es donde sin duda destaca el papel de tener alguien a los mandos que te entiende…

Las canciones también se relacionan bien entre ellas. Hay un buen hilo conductor. “Nunca jamás”, por ejemplo, es una balada que supone un perfecto ecuador del disco, dejándolo respirar con un toque más tropical. ¿Algunas influencias clave en todo esto?
No sabría decirte influencias como tal… Pero sí es verdad que soy muy fan de lo que hace Justin Vernon y lo que hace en Bon Iver. “Pájaros ciegos” intenta por ejemplo acercarse a esa onda, mezclando folk cantautor, muy orgánico, con electrónica. Quizá también en “Nunca jamás” está inspirada en “Skinny Love” de Bon Iver.

“De vez en cuando hablamos, mantenemos el grupo de WhatsApp de La Raíz, aunque si te soy sincero yo sí que ando algo más desconectado”.

Hay un trasfondo de temática espacial en “Supernova”, en su estética y en sus letras. El diseño de Fran Rodríguez (lacabezaenlasnubes) tampoco parece casual.
Totalmente. Mira, “El replicante”, último tema del disco, yo ya lo tenía escrito, aunque muy distinto, desde los dieciocho años. Pero porque siempre me apasionó la ciencia ficción. Era cuestión de tiempo que se reflejara en un disco. “Blade Runner” es mi película favorita. Todo el rollo steampunk, me encanta. Me apetecía que el disco girase en torno a esto. Pasa un poco como con “El capitán”, a veces consigo abstraerme de más personales. Y se ve en varias referencias, las metáforas como la de “Gravedad”, “Un faro en el vacío”… Por todo ello, me pareció evidente volver a trabajar con el mismo ilustrador que el primer disco, porque precisamente su especialidad es trabajar con diseños de temática espacial. “Luz errante” habla de los momentos jodidos y de la ilusión que hay que inyectar tantas veces para seguir haciendo las cosas que te gustan. Es como un canto de esperanza.

Parece claro que las temáticas del disco buscan la ambigüedad, la sutilidad, y la libre interpretación. Algún guiño más marcadamente social, quizás, como en “Eterna tierra”: no sé si un canto genérico a una patria. Aunque tal vez tenga más que ver con esa búsqueda por encontrar tu sitio en el mundo…
Yo he estado muchos años más activo políticamente. Pero esa parte, al menos en mí, llega a cierto punto de desilusión, de pensar que no puedes cambiar nada. Por no decir que acabas sintiéndote que estás haciendo el tonto. Y lo que ocurre al trasladar esto a una canción, es que no vale cualquier cosa. A veces te apetece escupirlo todo, e insultar, incluso. Y aunque pueda hacerlo, porque inevitablemente, tienes que lidiar con esos problemas de índole más política o social que te chocan de lleno, hay que encontrar un punto medio. Por ejemplo, “Un faro en el vacío”, aunque se pueda reinterpretar, yo la hice pensando en un caso cercano de adicción, de una manera genérica. Pero en esa búsqueda de temáticas interesantes, sin tener ninguna fórmula que sepa que va a funcionar, hay que encontrar el punto en cómo decir las cosas. Por eso, “Gravedad” me lleva a hablar de la inspiración. “Rincón salvaje” o “Cimiento de trinchera” son cosas más personales sobre la relación con mi pareja. En suma, son ideas que vienen de distintos sitios, ya que nunca tengo la certeza de cuál funcionará mejor ni por qué. Siempre hay sorpresas en cómo el público va a acoger tu trabajo.

Las colaboraciones fueron algo habitual en La Raíz. Es algo que siempre funciona. ¿Cómo han surgido esas colaboraciones de Valira con Ízaro en “Algo invisible”, con Veintiuno en “Gravedad” o Manuela Vellés en “Refugio”?
Con Manuela no teníamos ninguna conexión previa. Fue bonito porque coincidió que nos descubrimos por Instagram, buscando una colaboración femenina, que ella además de actriz estaba metida en el mundo de la música. La agencia nos ayudó mucho en esto de las colaboraciones. Con Manuela echamos un tiempo muy guay en Barcelona. Es una tía de diez. Con Izaro, no la conocía personalmente. Mi novia si era muy fan de ella. David de Hontza fue nuestro vínculo y la idea gustó a todos desde el principio. La pena es que aún no nos hemos conocido en persona. Solo por teléfono, con esto de la pandemia. Pero deseando ir al norte y actuar juntos en directo. Con Diego de Veintiuno coincidimos en un festival en Castellón y nuestro guitarrista tenía mucha conexión con ellos. Las colaboraciones tienen ese rollo quizá más de marketing, de vender más, yo me quedo con la variedad de matices o colores que aportan a un trabajo musical.

¿Cómo es la relación entre excompañeros de La Raíz: Nativa, Valira o Ciudad Jara?
Estamos muy bien. De vez en cuando hablamos, mantenemos el grupo de WhatsApp de La Raíz, aunque si te soy sincero yo sí que ando algo más desconectado. Algunos siguen en Gandía, pero yo me vine a Valencia y las ganas de vernos son enormes. Más aún después de todo lo vivido. Hablar con ellos siempre supone remover muchas emociones.

Es genial que después de aquél “Nos volveremos a ver” (La Raíz, 18), sea más bien un: nos vamos a ver por triplicado. Parece que la escisión de La Raíz solo hace aportarnos más y más cosas a una escena musical que no para de crecer a lo ancho y a lo alto.
Estoy totalmente de acuerdo. Son grupos con una calidad musical única. Sé de primera mano que todos ellos viven la música, y el talento que hay ahí. Me alegro de que también lo veas así.

Empiezan a verse comentarios en Youtube y en otras redes, de nuestros vecinos en Latinoamérica, que ya están reclamando a Valira por sus tierras. Ya con La Raíz visitasteis México y Colombia hace cuatro años…
No sabes cuánto fantaseo con esa idea. Ojalá algún día sea posible. Y es cierto, nos llegan visitas de toda Latinoamérica. A ver si todo se arregla y en quién sabe si en un par de años pudiéramos hacer un viajecito.

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18.30h 16€ Entradas agotas
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