El pasado año, Tillie Walden (Austin, 1996) aterrizó en nuestro país con “Piruetas” (La Cúpula, 17), una monumental obra de cuatrocientas páginas en las que habla en primera persona de patinar, crecer y salir del armario. Si ya resulta impresionante un trabajo de este calibre y envergadura bajo casi cualquier circunstancia, la admiración se dispara si tenemos en cuenta que “Piruetas” es la cuarta novela gráfica que publica en el plazo de dos años y que, en estos momentos, la artista ya está trabajando en la que será su quinta obra.

A Tillie Walden no le hace demasiada gracia que se destaque su juventud ni el hecho de que haya consolidado una bibliografía en dos años que otros autores no han logrado en dos lustros. Admite abiertamente que le molesta que la gente, ya sean periodistas o fans, le cuenten su opinión o sensaciones sobre su trabajo. Considera que es algo que no necesita ni le interesa. Sin embargo, obviar lo arrollador que resulta su combinación de talento y juventud, pasar de puntillas por su inusual capacidad de trabajo, no darle importancia a su explosiva irrupción en un sector tradicionalmente masculino y viejuno no sólo resultaría un trabajo deficiente de contextualización, sino una imperdonable falta de perspectiva. Constatar lo especial que supone que un o una dibujante de veintipocos años logre publicar cerca de dos mil páginas de cómics a un nivel altísimo no tiene por qué restar importancia ni mérito a las obras en sí mismas, separadas de sus circunstancias.
En persona, la autora se revela como una excelente conversadora, como una persona energética, simpática y contagiosa con las ideas clarísimas, he aquí el resultado de un buen rato de charla durante su reciente visita a España.

¿Estabas pensando en una audiencia muy concreta cuando escribiste “Piruetas”?
Era más bien cosa de los editores, quienes eligieron encuadrarlo dentro del segmento de ficción de jóvenes adultos. Cuando me metí en este libro, no pensé en que fuese a ser una obra para adolescentes, aunque sabía que iba a hablar de ese período de mi vida, y sé también que, para el mundo editorial, tu público objetivo va a ser el que tenga la edad de tu personaje protagonista. Así que tenía claro que iba a ser una historia destinada a adolescentes pero, también, que si la dibujaba con ese objetivo claro, no iba a funcionar, porque estaría limitándome demasiado y pensando demasiado en el público al que iba destinado. Mi esperanza es que fuese una obra accesible a gente de todas las edades.

Algo que encuentro muy especial es que es tu primera obra no ficticia… ¿Cómo ha sido esta inmersión en la realidad?
Ha sido muy difícil. Es mucho más difícil trabajar sobre hechos reales que sobre ficción. Es un nivel distinto, porque estás trabajando con historias reales y personas reales, y estás intentando organizar algo que no está organizado. Mi vida no es algo tan ordenado, y tener que desenmarañar mis recuerdos y sentimientos fue algo muy complicado. Fue un poco como saltar a un lago en el que, una vez dentro, no ves nada y estás intentado cazar un pez con tus manos. Cuando estaba escribiendo esta obra, hubo un par de momentos en los que estuve a punto de rendirme, porque veía imposible convertir mi vida en una narrativa coherente. Y creo que esa es una de las razones por las que la obra era mucho más larga en un principio. Todos los días me sentaba y dibujaba una escena sin ningún orden. Y, al final, acabé con un montón de páginas que luego fui conectando. Y me alegra haberlo hecho así, porque fue la manera en la que encontré patrones, y entendí muchas cosas. Pero al principio, solo podía pensar: “¿Por qué estoy haciendo esto?”. Pero la consecuencia de un reto tan grande es una gran recompensa, y estoy muy contenta de haberlo hecho.

Estamos acostumbrados a leer obras biográficas de infancia por parte de autores que han dejado pasar muchos años entre medio. En tu caso, hablas de una adolescencia relativamente reciente, ¿te ha resultado fácil?
Sí, son cosas que se sienten muy cercanas. El tiempo suele hacer que los sentimientos se diluyan. Sé que dentro de treinta años no voy a seguir estando enfadada por cosas que cuento en Piruetas, pero ahora mismo era algo muy placentero poder dibujar de una manera tan cercana, de una manera que se percibiese realmente como la perspectiva de una persona joven. No quería que fuese una obra de alguien con cuarenta años que ha asimilado esos recuerdos, quería que fuese una obra sobre alguien de veinte años que no tiene ni puta idea de lo que pasa, simplemente está intentando entender las cosas.

Algo que resulta impresionante es que en tres años has conseguido publicar cuatro obras y un webcomic…
…¡Y estoy trabajando en mi quinto libro!

¿Cómo lo haces? Quiero decir, hay muchos autores a los que les resulta imposible acabar una obra de cien páginas en un año…
Los cómics son un medio muy duro. Cualquiera que haya publicado una obra te lo puede decir. Creo que, en mi caso, hay una gran influencia de mis años patinando y de la disciplina que adquirí durante ellos. Sencillamente, me siento y trabajo aunque realmente no tenga ningunas ganas. Y eso me ha ayudado muchísimo. Porque la emoción de trabajar en una obra de treinta páginas no puedes extenderla a una obra de cuatrocientas. No funciona así, por lo que va a llegar un momento en el que pienses que estás cansada y que no quieres seguir. Yo he aprendido gracias al patinaje que si tienes que hacer un salto y no te sale, te levantas y lo vuelves a intentar. Y eso lo aplico a mi trabajo. Es importante creer en ti mismo y seguir en marcha porque en algún momento llegarás a tu destino. Yo no tenía pensado dibujar todas estas obras en tan poco tiempo, simplemente salió así, seguí dibujando.

Viendo cómo acabó tu relación con el patinaje, ¿temes acabar igual con los cómics?
La verdad es que no, porque hay una diferencia fundamental. No estoy segura que me gustase el patinaje nunca, aunque sí creo que me gusta ganar. Con los cómics es diferente, porque adoro hacer cómics. Siempre patinaba para otras personas: para mis padres, para mis entrenadoras… los cómics siempre han sido para mí, y creo que seguiría dibujando incluso aunque no publicase mis obras o no ganase premios. Pero también tengo claro que, si un día deja de apetecerme dibujar, pues no pasa nada.

¿Estás en un punto en el que creas y aprendes al mismo tiempo?
Sí y no. A estas alturas, muchas cosas como diseño de página y cosas así, he dibujando tanto que ya no estoy aprendiendo necesariamente. Sé cómo organizar una página, sé como establecer ritmo narrativo… es algo instintivo. Pero sí que hay un aprendizaje derivado de las historias que elijo contar, de los sutiles matices que diferencian a las historias nuevas de las anteriores. Hace unos años sí que aprendía a todas horas cuando dibujaba. Ahora estoy en un momento en el que sé cómo dibujar una novela gráfica, en el que manejo con soltura los elementos fundamentales, y el aprendizaje pasa a ser algo mucho más profundo. Me doy cuenta con la novela gráfica en la que estoy trabajando ahora. Noto que es diferente, que hay cambios, y eso es algo que me da esperanza, porque creo que tienes que crecer y cambiar a lo largo de tu carrera.

¿Tuviste miedo en algún momento de estar poniendo demasiado de ti misma en “Piruetas”?
¡Vaya que sí! ¡Cada segundo! Sentirse vulnerable es terrible. A la gente le encanta leer sobre las vulnerabilidades de cada uno, sobre visitar los parajes oscuros de cada persona, pero a nadie le gusta contarlo ellos mismos. Te expones mucho, pero también hay un cierto poder derivado de ello, porque sientes como que eres dueña de tu historia y de las cosas que te han sucedido. Antes, cuando intentaba ocultar las cosas, no tenía el control, mientras que ahora es más bien algo como “esta es la historia, así sucedió”. Además, a estas alturas, el libro lleva tanto tiempo en la calle que lo tengo todo asumido, nada me asusta.

¿Ayuda pensar que algunas cosas del libro pueden ayudar a otras personas?
Sí, además la gente me cuenta cómo les ayuda leer “Piruetas”. La gente me escribe para contarme cómo les ha ayudado, y es entonces cuando pienso que ha valido la pena afrontar mi miedo a contar esta historia.

Una cosa que llama la atención es que no hay cómics ni escritura en “Piruetas”…
Es porque no leía muchos cómics en esa época. Empecé a leer cómics bastante tarde. Me costaba leer, no me gustaba. No fue hasta que dejé de patinar que empecé a integrar el cómic en mi vida. Creo que tiene todo que ver con que soy una persona muy impaciente. No quiero ponerme a diseñar personajes, quiero ponerme a dibujar directamente. en mis obras de ficción, nunca sé cómo van a ser mis personajes hasta que empiezo a dibujarlos. Muy a menudo no dibujo a lápiz, sino que voy directamente a las tintas, y creo que así se descubren muchas más historias saltando directamente en ellas, me parece mucho más emocionante. De hecho, a veces, mis editores me obligan a planificar de qué va a ir una historia y yo luego la cambio cuando empiezo a dibujarla. Lo que me encanta de los cómics es que no hay límites.

También eres muy cuidadosa con los materiales que utilizas…
Sí, tengo lápices que sólo puedo utilizar en determinados días. Como trabajo en casa y no tengo que ir a una oficina ni tengo un jefe, los materiales con los que trabajo, los lápices o el papel, son mis compañeros, son mi mundo. Creo que toda mi ansiedad se vuelca en mis materiales, es la manera en la que siento que controlo el proceso. Y, además, me gusta comprar materiales de dibujo. También cosas como descubrir un nuevo tipo de papel me sirven como arranque para comenzar un nuevo proyecto.

La publicación de “Piruetas” casi coincidió en España con la llegada de la película “Yo, Tonya”, sobre la patinadora Tonya Harding a las salas de cine. ¿Has visto la película?¿Qué te ha parecido?
Me encantó la película, me metí mucho en ella porque sé cómo estresa estar en la pista mirándote, esperando a que hagas bien los movimientos. Me gustó mucho porque parecía patinaje de verdad, que es algo que nunca ocurre con las películas sobre patinaje. Estoy muy contenta con esa película porque creo que lanza algo más de atención sobre el patinaje y sobre cómo es de verdad. Me encantaría que “Piruetas” se convirtiese en película. Ahora que tenemos “Yo, Tonya”, me gustaría que hubiese alguna película sobre patinadores homosexuales. No solamente sobre hombres, también sobre mujeres. ¡Nosotras también patinamos!

Tillie Walden comic

¿Qué cosas crees que deberían cambiar en el mundo del patinaje?
Es un deporte femenino, un deporte practicado por un noventa y ocho por ciento de mujeres, y sin embargo son los hombres los que llaman la atención. Eso debería de cambiar. También las reglas que hay sobre el peinado y el vestido creo que roban algo del propio deporte. Cuando piensas en deportes como el snowboard o el tenis, son deportes en los que da igual la pinta que tengas. Las jugadoras de tenis pueden gritar y sudar, igual que en el resto de deportes. El patinaje es un deporte que pretende que te comportes como si no fuese un deporte. Te hacen salir a la pista y ser una atleta, pero que no se note que te estás esforzando. Es especialmente difícil crecer siendo una chica en ese entorno, porque estás viviendo todo tipo de cosas y tu cuerpo está cambiando y estás creciendo y te das cuenta de que la gente te empieza a mirar. Y crecer con algo de confianza y personalidad en un entorno en el que te dicen que no eres una buena patinadora si tu pelo no está perfecto es muy malo para ti. Es terrible para niñas y adolescentes, y ya no te digo si eres lesbiana. Nunca se ha oído hablar de patinadoras lesbianas. La gente cree que no existen, y eso es ridículo, con tanta chica compitiendo. Es un deporte que se ha quedado anclado en los años cincuenta, con esos vestidos y esos peinados. No entiendo por qué la gente no está enfadada, por qué no hacen nada. No sé si la gente se da cuenta, pero cuando todas esas niñas pequeñas salen a la pista a patinar, están siendo sexualizadas. Y la mayoría de jueces son hombres. Estás en un escaparate y te miran con lupa. Si todo el mundo va a estar mirándote y juzgándote, deberías ser capaz de decidir qué van a ver y qué van a juzgar. Me encantaría que hubiese una pequeña revolución en el patinaje.

En tu trabajo se ve un interés especial por los espacios físicos, ¿podrías hablar de lo que suponen para ti?
Siempre me he preguntado de dónde salía todo eso. Supongo que si eres un niño solitario, te pasas gran parte de tu tiempo pensando en la gente y los espacios que te rodean, y yo lo era. Cuando aprendí a dibujar, me dí cuenta de que podías mostrar muchas emociones en un escenario más allá de en una expresión facial. Todo sabemos cómo es una expresión de tristeza en una cara, pero no sabemos cómo es esa tristeza en una pista de patinaje, y es algo que quería mostrar. Sigo intentando entender cómo una carretera o un árbol pueden expresar algo. Quiero que la gente sepa a través de mis cómics dónde están, dónde viven, porque eso nos conecta con el mundo y entre nosotros.

Otro aspecto muy importante en tu estilo es la importancia de la línea. ¿De dónde sale?
Leía mucho manga y pasaba mucho tiempo observando las líneas. Supongo que si hubiese leído muchos más cómics norteamericanos, como tebeos de superhéroes o cómics con mucho color, seguramente no me habría fijado tanto en las líneas, pero el manga me enseñó que toda la historia está en las líneas. No necesitas nada más. Las líneas son lo más importante. yo dibujo a un formato muy pequeño. Los originales de “Piruetas” son prácticamente del mismo tamaño al que se ha publicado y cuando trabajo a un formato tan pequeño, la línea cobra más sentido, no sé por qué. Es una manera estupenda de construir espacios. Las líneas me sirven para poder deconstruir el mundo, hacen que todo tenga sentido.

Los cómics han cambiado mucho, pero siguen siendo un terreno profesional predominantemente masculino. ¿Cómo te sientes viviendo y trabajando en este entorno?
Me siento muy a gusto cuando estoy con dibujantes de nueva ola, autoras jóvenes y escepcionales como Jillian Tamaki o Eleanor Davis, toda esta gente que está cambiando el sector. Me siento menos cómoda cuando estoy con autores más veteranos y que pertenecen al entorno masculino tradicional, porque creo que lo yo hago es diferente, y sé que hay autores mayores que yo que me ven como una amenaza, y así me lo hacen ver, que todo este talento joven es una amenaza para ellos. Pero, la verdad, he tenido un recibimiento maravilloso que me dice que el mundo del cómic está preparado para el cambio. Está claro que la gente, y no solo las mujeres y los homosexuales, están ansiosos por que lleguen cambios al sector. Y esto hace que sienta que he llegado en el momento adecuado, y que puedo ayudar que otra gente se anime a hacer cosas distintas en el mundo del cómic.

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