“El punk es una actitud y unos valores”
Entrevistas / The Offspring

“El punk es una actitud y unos valores”

Oriol Rodríguez — 16-04-2021
Fotógrafo — Archivo

Tras casi una década de exilio creativo, The Offspring, uno de los grandes referentes del hardcore punk californiano de los noventa, vuelven con “Let The Bad Times Roll” (Universal, 21).

Se trata del primer trabajo que graban con Todd Morse (miembro de H20 y de la primerísima formación de The Offspring en los ochenta) como bajista. Ni bueno ni malo, sino justamente todo lo contrario, un disco incuestionablemente hijo de sus creadores: doce cortes de adictivas melodías aceleradas.

Las cosas de la pandemia. Ahora todas las entrevistas son por Zoom, aunque el artista sea el vecino de la puerta de al lado. Ni tan mal. Con los guiris mola hacerlas por videollamada. Antes, cuando era por teléfono, siempre me quedaba con la duda de si la voz que respondía a mis preguntas era realmente la cantante, el guitarrista, la bajista o el batería en cuestión. Estoy convencido de que en más de una ocasión mi interlocutor era la manager, el asistente, la colega, el becario o al primer aburrido que no tenía nada más que hacer. No os digo ya cuando la entrevista era (o sigue siendo) por mail. Ahora no hay lugar para el titubeo y la desconfianza. La cámara no engaña. Pinta de científico chiflado. Despeinado, con el pelo a mechas negras y blancas. Gafas de pasta. El que está al otro lado de la pantalla es Kevin Wasserman, “Noodles” para los amigos y para la gente del mundillo del hardcore y el punk rock. Guitarrista. Está en lo que parece un estudio de grabación. Se da cuenta de que ha empezado la conexión. Levanta la mano y me saluda.

-“Ei, tío, ¿cómo estás?”, Me suelta.
-“Bastante, bien. ¿Y tú?”.

Los primeros instantes de una entrevista pueden ser bastantes incómodos. No conoces de nada a la otra persona (aunque lo sabes casi todo de ella), pero tienes que entrometerte en su intimidad para sacarle declaraciones sobre lo que sea que ha hecho. Confesiones lo suficientemente atractivas para el lector, que debes arrancarle al entrevistado en escasos veinte minutos. Tiempo que alguien de la discográfica o de su agencia de representación te recordará que estás a punto de superar cuando sobrepases el cuarto de ahora: “La siguiente pregunta tiene que ser la última”, te suelen advertir amablemente. Sí, romper el hielo cuesta, más cuando tienes que hacer tiempo, como es el caso, para que llegue el otro entrevistado. El compinche del bueno de Noodles en la entrevista de hoy es el vocalista Bryan Holland, “Dexter” para los amigos y para la gente del mundillo del punk rock, a quien se oye de fondo, pero no se le ve.

-“¿Cómo te llamas?”, me pregunta Noodles, como me podría preguntar por el tiempo.
-“Oriol”.
-“¿Eso es un pájaro, no?”
-“No tengo ni idea. Es un nombre catalán. Pero llámame Uri. Todos mis amigos me llaman Uri. Como Uri Geller”.
-“¿Uri Geller?”.
-“El de las cucharas.
-“¿El de las cucharas? Ummmm…. No sé quién es. ¿De dónde eres?”
-“De Barcelona”.
-“¿Barcelona? Es una de mis ciudades favoritas de todo el mundo”.
-“Eso se lo debes decir a todos”.
-“Sí, a todos menos a los de Madrid, que también es una ciudad muy bonita pero no tanto como Barcelona (ríe). ¿Qué tiempo hace hoy por ahí?”, finiquita, hablando ahora sí del tiempo, en lo que ya empieza a parecer una anodina charla de ascensor con un desconocido. Pero ya que estamos, me apunto.
-“Soleado. Hoy ha hecho un tiempo de puta madre. La primavera ya está aquí, de nuevo”.
-“Aquí en California ha llovido, lo cual está de puta madre porque hacía una eternidad que no llovía”.

Dexter Holland entra en plano. Es como el Dexter Holland de siempre. Tal vez con algún kilo de más, y aunque curiosamente el sí que es el científico loco (Dexter Holland es doctor en Biología Molecular) pero sigue siendo el prototípico californiano rubio de ojos azules de toda la vida. Lleva un vaso de agua en la mano. Pero como todo lo que consumen los yanquis, no es un vaso cualquiera, sino uno de tamaño XXL. Mira a cámara y me saluda levantando la mano.

-“¡Hola!”, grita con entusiasmo el cantante de The Offspring.
-“Se llama Uri, de la revista Mondo Sonoro (una de las cosas más graciosas del mundo es escuchar a un guiri decir Mondo Sonoro), en Barcelona”, le pone sobre antecedentes su best friend forever Noodles.
-“¿Barcelona?”, pregunta retóricamente.
-“Sí”, reafirmo.
-“Barcelona es una de mis ciudades favoritas del mundo”.

Y así, metidos dentro de este agujero negro de espacio-tiempo-Barcelona, podríamos estar toda la entrevista.

-“No sé si es vuestra ciudad favorita, pero habéis actuado un montón de veces aquí”.
-“Si no hemos pasado por Barcelona con todas nuestras giras internacionales, lo habremos hecho con casi todas”, tira de memoria Noodles.

Y entonces recuerdo que en casa tengo enmarcado el póster del concierto que The Offsping dieron en Barcelona como teloneros de NOFX, una velada en la que también actuaron los locales 24 Ideas, la banda de Jordi B-Core. Dice la leyenda que durante aquella noche le ofrecieron publicar en España al grupo de mis interlocutores. Rechazó la oferta. “No me gustaban”, ha respondido siempre el señor B-Core, cuando se le ha preguntado sobre el porqué de aquella negativa a una propuesta que, teniendo en cuenta el pelotazo que los estadounidenses estaban a punto de protagonizar, le hubiera reportado unos cuantos réditos.

“Waw”, sueltan asombrados cuando a través de la cámara del ordenador les muestro el cartel.

-“¡Joder, tío, mola mucho!”, exclama Dexter Holland. “¿Estuviste ahí?”.
-“Sí”, afirmo, aunque es mentira. No estuve en esa ocasión, sino en la siguiente. Pero joder, mola decirle que sí.
-“Mola encontrarse y poder hablar con periodistas que han estado ahí desde el principio”.
-“Yo debería tener unos quince o dieciséis años, pero ya estaba ahí. Os sigo desde muuuuy al principio”.
-“Esa debió ser la gira que hicimos en 1993, después de sacar nuestro segundo álbum, ‘Ignition’ (Epitaph, 1992). No nos conocía nadie”.

Tocasteis en una sala que se llamaba Garatge. Un local muy mítico de Barcelona. Por ahí pasasteis todas las bandas americanas de punk y hardcore melódico antes de que la mayoría de vosotros dierais el pelotazo. Treinta años después seguís estando casi todos en activo.
(Dexter Holland) Lo cual me parece asombroso. Pero sí, todos nosotros seguimos haciendo nuestras cosas: Green Day, Rancid, Pennywise, los mismos NOFX… Todos seguimos al pie del cañón de una forma más que digna.

¿Echáis de menos algo de aquellos años?
(Holland) Hay un montón de cosas que echo de menos, como el hecho de poder tocar en salas pequeñas. Salir de gira y sorprenderte por primera vez por muchas de las cosas que descubres. Por el contrario, ni de coña me metería en una furgoneta cargada hasta los topes con tres tipos más a recorrer miles de kilómetros, y mucho menos dormiría en muchos de los suelos en los que dormí treinta años atrás (risas).

“Nunca he dejado de escuchar mis viejos vinilos de Dead Kennedys”.

Han pasado tres décadas, pero, en esencia, seguís siendo los mismos de siempre. Y eso también incluye vuestra música.
(Holland) Me lo tomo como un elogio. Es verdad, no dejamos de ser esos tipos que aman tener una banda de punk rock. Y sí, el nuevo disco, “Let The Bad Times Roll”, es un disco cien por cien The Offspring.

Eso sí, han pasado casi diez años entre vuestro anterior “Days Go By” (12) y este nuevísimo “Let The Bad Times Roll”. ¿Hubo algún momento a lo largo de este tiempo en el que el grupo no existiera o en el que pensarais en dejarlo?
(Noodles) ¡Nunca! Puedo entender que diez años es mucho tiempo entre un disco y otro, pero jamás hemos dejado de currar. Del mismo modo que tampoco, y eso es lo que nos ha mantenido en activo, hemos parado de girar internacionalmente hasta que la pandemia nos ha obligado.

También corríais el riesgo de que, recogiendo canciones que habéis ido escribiendo a lo largo de diez años, quedara un disco demasiado disperso.
(Noodles) Cierto, pero también es verdad que las canciones del disco pertenecen, principalmente, a los últimos tres años. Por otro lado, “Let The Bad Times Roll” estaba listo para ser publicado el pasado 2020, pero con todo el tema de la pandemia, preferimos esperar a que las cosas mejoraran un poco.

¿Cómo habéis vivido vosotros toda esta situación tan extraña?
(Noodles) Pues como todo el mundo, llevándolo como hemos podido y extremando las precauciones: higiene, distancia social… Eso y admitiendo que dentro del desastre que ha supuesto esta pandemia, y que al no poder salir a tocar hemos perdido dinero, ha sido algo mucho más grave para la gente de nuestro equipo. Nosotros somos unos privilegiados, pues gozamos de una buena vida, con casas bien chulas en lugares más chulos todavía.

¿Ya tenéis la gira de presentación planeada?
(Holland) Aún no. Nos morimos de ganas de salir a tocar, pero queremos hacerlo en condiciones y estamos esperando a que el panorama se aclare un poco más.

“Como músico, siempre hay momentos en los que sientes la necesidad de ir un paso más allá, de experimentar y probar cosas nuevas”.

Seguramente más punk rock y menos hardcore, pero, como decíamos, musicalmente es un disco indiscutiblemente Offspring. ¿Alguna vez habéis rechazado algún tema por ser demasiado vosotros, por acercaros peligrosamente al autoplagio?
(Holland) Es un tema interesante, porque somos un grupo con una personalidad muy clara, llevamos casi cuarenta años en activo y este es el décimo álbum que publicamos. Sonamos como sonamos. Y aun así, nunca he sentido que nos estuviéramos autoplagiando ni tan siquiera que estuviéramos siendo reiterativos. Como músico, siempre hay momentos en los que sientes la necesidad de ir un paso más allá, de experimentar y probar cosas nuevas. Pero ir demasiado lejos en la experimentación puede ser igual de nocivo, o peor, que estancarte. Imagino que el secreto es encontrar cierto equilibro entre ambas pulsiones y ser honesto.

En lo referente a las letras, este puede que sea uno de vuestros discos más comprometidos socialmente.
(Noodles) Cierto. Pero es que han sido tiempos complicados estos últimos años tanto a novel global como a un nivel más particular de Estados Unidos y no podíamos aislarnos de todo esto.
(Holland) Es curioso porque el otro día lo hablaba con un amigo y me decía que el punk y el hardcore en Estados Unidos siempre había sido la respuesta a los momentos más difíciles de conservadurismo político. En los peores años del gobierno de Reagan ahí estaban grupos como Dead Kennedys, Black Flag o Germs. Con Bush pasó lo mismo con todo en movimiento liderado por NOFX. Pero ha llegado Trump y… ¿dónde está el punk?

Tal vez el punk ya no es el sonido de la rebelión para los más jóvenes. Seguramente lo sea el hip hop o el trap.
(Noodles) Cierto. Pero para mí el punk ya ha trascendido lo meramente musical. El punk nunca lo he entendido simplemente como el sonido de una guitarra ultra acelerada y distorsionada. Para mí el punk es una actitud y unos valores. Si los jóvenes encuentran esa rebeldía en movidas como el hip hop, genial. Pero lo importante es que sobreviva esa actitud inconformista.

¿Seguís buscando la respuesta en los clásicos del hardcore?
(Noodles) Yo nunca he dejado de escuchar mis viejos vinilos de Dead Kennedys. Jamás. Lo que no significa que no me interesen las bandas de punk más jóvenes que van saliendo. Mis favoritos actuales son The Bronx, aunque no serían el ejemplo más acertado porque ya hace tiempo que vienen sonando.

El título del disco hace referencia a todas estas cosas chungas que han pasado
(Holland) Sí, tiene este lado como más cabreado, pero también lo puedes entender a la inversa. Darle una interpretación más positiva, que es la que nos gusta a nosotros: deja que pasen las cosas malas para que lleguen las buenas.

¿Habéis incluido una versión a voz y piano de todo un clásico de vuestro repertorio “Gone Away”?
(Holland) Es algo que deriva de nuestros directos, donde para darle un nuevo cariz, empezamos a tocarla así, a piano y voz. Era una versión que funcionaba tan bien en los conciertos que decidimos que teníamos que grabarla e incluirla en el disco. Y así lo hemos hecho.

Tenéis una lista de hits que es casi infinita. Seguro que hay alguno que habéis acabado odiando de tanto tener que tocarlo por narices
(Noodles) No, tío. Es un tópico, pero las canciones son como tus hijos, no puedes odiarlos.

Eso es mentira. Yo tengo dos hijas, las amo con locura, pero hay momentos en los que acabo hasta las narices de ellas.
(Holland) Tienes toda la razón (risas). Odiar tal vez sea un verbo demasiado fuerte, pero yo sí que admito que he acabado cansado de “Americana”.
(Noodles) ¿De todo el disco?
(Holland) ¡Nooooo! Solo de la canción.
(Noodles) Pues si él lo dice, yo también.

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