Charlar con Kiko Veneno es lo más parecido a montar en una Montaña Rusa. Su locuacidad está repleta de subidas, bajadas, quiebros y requiebros, pero en el fondo atesora una sabiduría callejera que se refleja en su concepción del arte. Ahora presenta Sombrero Roto” (Altafonte, 19), su disco más electrónico, sí, pero el que atesora también unas cuantas canciones de lo más notable. Temas que le darán nuevos bríos en directo a su cancionero. De todo esto y más charlamos en una cafetería junto a la Plaza España de Barcelona.

Para preparar la entrevista le he dado un vistazo a los comentarios que había en la red sobre tu nuevo disco y veo que ha generado bastante sorpresa. ¿Te sorprende que la gente se sorprenda?
No, no me sorprende. Es normal. De hecho una de las primeras reacciones que vi fue la de alguien que decía que eso ya no era Kiko Veneno y que no era lo que él esperaba de mi. Pero lo comprendo.

¿Buscabas eso? ¿Querías sorprender?
No. Yo solo buscaba hacer lo que me sale, lo que tenía que hacer en ese momento. Pero en cierta forma toda esa sorpresa me recuerda a cuando yo estaba en Conil. Después de Veneno (Banda integrada por el músico junto a los hermanos Amador disuelta en 1978) (NdR), estuve dos años en Conil donde puse un chiringuito en la playa. Y recuerdo que me llamaba mucho la atención que, paseando por el pueblo, escuchaba las radios de la gente y casi todo el mundo escuchaba flamenco antiguo. Escuchaban a Manolo Caracol, Juanito Valderrama, La Niña de los Peines, y yo me decía ¡Hay que ver lo bruta que es esta gente que ninguno escucha a Camarón!. Pero al cabo del tiempo me di cuenta de que en realidad el bruto era yo. Esa gente era gente mayor que tenías sus 40 discos que son los que de verdad les gustan ¿Qué necesidad tenían de escuchar a Camarón? No lo necesitaban porque ya tenían una obra de la que estaban disfrutando. Ayer, sin ir mas lejos, me encontré con un taxista maravilloso que lo único que escucha es a JJ Cale. Tiene todos los discos en su coche y me parece muy bien. Habrá gente que le guste Veneno, Pata Negra, ese ambiente, esos años y ya está. Y no quieren otra cosa ¿Qué le voy a hacer yo a eso?. Yo sí quiero otra cosa, pero me parece muy bien que haya gente que no.

“Yo soy de de la escuela de los hippies y de la filosofía de Sartre, pero sobre todo de filosofía callejera, la de Bob Dylan, de los beatniks, de Allen Ginsberg”.

Y ¿por qué ahora?. He de confesar que otra de las cosas que me llamó la atención es que hubieran pasado nada menos que seis años desde tu último disco de estudio.
Bueno, el disco sale ahora sí, pero el disco estaba terminado en agosto del año pasado, lo que pasa es que la industria española es muy lenta.

¿Cómo ha sido eso?
Bueno por plazos, fechas…

¿Ya habías hecho anteriormente música con sintetizadores? ¿Te habían interesado o ha sido un proceso nuevo y de aprendizaje?
No hombre, a mi siempre me han interesado. Ya en el disco que hice con Refree (“Sensación Térmica”,13) los utilicé, aunque es verdad que con este mucho más. Yo me pongo a trabajar y no sé lo que voy a hacer. Hago lo que siento y lo que se me ocurre. Pero, como me gusta todo tipo de música, pues hago lo que en ese momento me apetece hacer sin darle muchas más vueltas.

¿Y quién ha sido más importante de cara a la producción del disco? ¿La figura de Martín Buscaglia o la de Santi Bronquio?
Más importante la de Martín, sin duda,

Bueno, pues explícame cómo ha sido el proceso de trabajo
Yo hice veintidós canciones y entonces Martin Buscaglia, que es mi amigo, mi compañero con el que tengo mucha afinidad en todos los terrenos y mucha confianza, me ayudó a elegir diez canciones Y no solo eso, también me ayudó a elegir la versión adecuada. Piensa que por ejemplo de “Chamariz” había hasta nueve versiones distintas con diferentes velocidades, y de otras canciones, había tres o cuatro tomas distintas. De “La Higuera” no, de esa solo había una. La hice un lunes que vine del campo y la grabé tal y como está. Pues bien, en ese proceso de selección estuvimos casi un mes en los estudios de La Mina de Sevilla junto a Raúl Pérez, que es el técnico de los estudios, y con Jacobo Fernández que es mi ingeniero muy importante también. Y luego más tarde es cuando ya entra Bronquio que le añade sus sonidos. Piensa que Bronquio tiene acceso a sonidos nuevos muy actuales y se dedicó a sustituir lo que yo había puesto por otros de mayor calidad.

Por lo que veo ha sido un trabajo que ha reunido a varias generaciones
Pero no es tan importante la edad como la afinidad. Es evidentemente que Bronquio por su juventud y porque se dedica a trabajar con la Ableton (secuenciador de audio y MIDI) (NdR) y el Pro tools tiene un gran conocimiento de todos esos sonidos, pero sobre todo lo que hubo fue afinidad musical. Lo que define a este trabajo es que ha habido mucho trabajo.

“Si te das cuenta que todo lo que se hace en el mundo, por parte de una gente sin escrúpulos, es sembrar miedo”.

¿Ha sido tu trabajo más colaborativo?
Seguramente sí. El proceso más largo y colaborativo.

A mi lo que más me ha gustado es que en el fondo, y pese al revestimiento electrónico, es un disco en el que se pueden silbar todas las canciones.
Y también las puedes tocar todas con una guitarra. Eso es algo que me dio mucha alegría cuando me lo dijo un amigo mío que además es inglés. Me dijo: Kiko me gusta mucho el disco y además se pueden tocar todas con la guitarra.

¿Cómo vas a llevar según que canciones al directo?
El disco tienen pocas guitarras y estará presentado sobre todo con los teclados… Piensa que en este disco ha habido sobre todo una carta libre desde la mente. He procurado dejarme llevar por las sonoridades desde dentro, desde la cabeza. Verás, conforme voy sabiendo más de música me doy cuenta que sé más por diablo que por viejo. Y en el fondo estoy intentando saber interpretar qué es lo que me generaba pasión de la música durante mi juventud. Cuando yo escuchaba a Bob Dylan o a Nat King Cole lo que me impresionaba no eran solo las melodías, tampoco las letras o por lo bien que cantaban, era una mezcla de todo, sin duda, pero lo primero que me llegaba era un sonido, era la sonoridad. Es algo que parece perogrullesco y de sentido común, pero que muchas veces está tan cerca de nosotros que no somos capaces de verlo. ¿Qué es la sonoridad? Porque el soniquete es más bien el latiguillo melódico, es una cosa que se te queda porque la melodía es pegadiza, pero la sonoridad de alguna forma es lo que se te mete en la cabeza…. Las canciones no están compuestas de letra y música, están compuestas de sonoridad. La esencia de las canciones es el sonido y es eso lo que se queda en tu cerebro… La sonoridad es el espíritu que tienes cuando vas a cantar, la rabia, el hambre, la necesidad expresiva que tienes cuando va s a tocar la guitarra y eso influye en cómo va a sonar al igual que influye lo que tú esperas, si quieres sonidos mas complacientes, sonidos mas abiertos, si esperas sonidos contundentes, matizables. La sonoridad es una lección de afinidad y de comunicación, y al fin y al cabo eso es lo que te gusta de la música… De todo esto voy a hacer una tesis para la universidad de chimpun (risas). Me estoy dando cuenta con la edad que estoy revisitando muchos conceptos.

¿Has leído el libro de David Byrne ‘Como funciona la música’?”
Algo sí he leído.

Es que hay cosas que estás diciendo que me recuerdan a lo que él afirma en su libro.
Somos amigos. Un año estuvo veraneando en Zahara de los Atunes cuando yo estaba allí y estuvimos tocando juntos disfrutando de su compañía

De hecho si lo piensas este disco tiene algo de David Byrne, sobre todo en el sentido de exploración.
No me importaría nada. Ni tampoco me importaría que algunas canciones te sonaran a Marvin Gaye o a cualquier otro de mis ídolos.

Es difícil para un músico no dejarse influenciar
Es que el músico que no se deja influenciar no es músico Es un político más bien. (risas)

Estamos hablando de la importancia de la música sobre las letras, pero en este disco también hay letras muy directas y explícitas. Se me ocurre por ejemplo la de “Yo quería ser español” en la que hablas de la relación que tiene el miedo con el conservadurismo y como el miedo atenaza a las personas.
Exactamente el miedo atenaza a las personas, pero no es conservadurismo lo que votan, votan miedo.

Pero el miedo te hace conservador.
Lo que más dinero da es el miedo y ¿qué es lo que más miedo da? el dinero.

¿El dinero es lo que más miedo da?
¡Claro! Vamos a ver, si tú ves que todo lo que se mueve en el mundo es por dinero, y que la gente que tienen dinero no tienen piedad, y que además son una ínfima minoría a los que les da igual todo, desde Hiroshima a Nagashaki, las ballenas o los residuos nucleares, les importa todo un carajo y son totalmente irresponsables de la marcha del mundo, eso da miedo ¿no?. Además ¿cuál es el mejor de los negocios? La guerra. La guerra es el mejor de los negocios tanto para la industria del armamento, para la farmacéutica , la de la construcción y la especulación. Es un negocio cuatro por uno y eso lo sabe el capitalismo en el seno de su ser, si es que el capitalismo tuviera seno en su ser porque, claro, como el capitalismo no tienen consciencia se lo perdonamos todo. Y ahí tienes a una compañía como Securitas Direct que es una compañía que se dedica al terror. Se dedica a alentar el miedo… porque lo que mas dinero da es el miedo… El miedo da mucho dinero, la guerra, la prevención, dividir y confrontar anula todas las posibilidades de colaboración, de llevarse bien, de fluir, de la felicidad. Pero claro, es que todo eso no da dinero, da felicidad. Y el dinero tiene que ir en contra de la felicidad. Si te das cuenta que todo lo que se hace en el mundo, por parte de una gente sin escrúpulos, es sembrar miedo ¿qué es lo que te da más miedo de la vida? El dinero.

Pues yo hubiera dicho la muerte en lugar del dinero
No, hombre no. La muerte a mi no me da ningún miedo, además es algo que nos iguala a todos y eso es lo más democrático que hay.

Y ¿cómo se lucha frente a eso? ¿cómo se lucha contra el miedo?
Es una decisión individual. Primero tienes que tomar consciencia de que eso es así y está ahí. Yo soy de de la escuela de los hippies y de la filosofía de Sartre, pero sobre todo de filosofía callejera, la de Bob Dylan, de los beatniks, de Allen Ginsberg. Hay que tomar conciencia individual. Piensa que el hippismo es un movimiento internacionalista y tribal muy de tribu, pero lo primero que te decían era que tomaras consciencia y eso en el fondo es muy revolucionario.

¿Echas a faltar ese espíritu?
Echar a faltar, no se puede echar nada a faltar. Es como si me preguntas en el año 55 si echo a faltar la República, pues si estuviera exiliado en México te diría pues claro, estoy en México ¿no me ves? pero si estuviera en España en el 55, ni tú me lo podrías preguntar ni yo te podría responder. Entonces tenemos los que tenemos, y las necesidades son unas a partir de ahora. No se trata de echar a faltar , lo que se trata es de seguir esa filosofía. Lo malo es que la gente quiere líderes y quiere mercado, para no tener que pensar en nada. Yo soy un activista por la conciencia y por la libertad.