“El rebelde que hay en mí se ha tenido que relajar”
Entrevistas / Slowthai

“El rebelde que hay en mí se ha tenido que relajar”

Carlos Pérez de Ziriza — 25-01-2021
Fotógrafo — Archivo

Tyron Kaymone Frampton sigue siendo el mismo joven iracundo que asombró con un álbum (“Nothing Great About Britain”, 2019) que orlaba con ritmos contundentes y rimas agrias la lúgubre coyuntura de la Inglaterra depauperada del Brexit.

Slowthai sigue enfadado, pero ahora también desvela en su notable segundo álbum, “TYRON” (Universal, 2021) una veta mucho más confesional y, por qué no, emotiva: por algo lleva por título su nombre de pila. El disco se editará, tras un retraso de una semana, el próximo 12 de febrero y contará con colaboraciones de Skepta, A$AP Rocky, James Blake y Mount Kimbie: en él nos habla de la soledad, la identidad, el aceptarse a sí mismo tal y como es y la conciencia, por vez primera, de estar grabando canciones siendo ya un personaje de dominio público.

El artista más ilustre de Northampton – junto al guionista de cómics Alan Moore, el DJ Alan Walker y la actriz Sophie Turner – nos lo cuenta en una breve charla de quince minutos a través de zoom.

¿Cómo has llevado estos últimos meses, entre el primer confinamiento y este segundo, aún más estricto, que en tu país parece ya materializarse? ¿Ha sido un periodo creativo?
Lo ha sido en cierto modo, pero es frustrante tener que estar tanto tiempo en casa. El rebelde que hay en mí se ha tenido que relajar. Por el lado positivo, me ha venido bien para leer y para pasar más tiempo con mi familia.

¿Fue el disco concebido después del encierro de marzo, en cierto modo condicionado por la situación?
Sí, casi todo. Un tiempo en el que no podíamos hacer casi nada, grabando cosas en el estudio y otras en este sótano, un poco a medias.

“Cuando la gente no te conoce de verdad, ¿qué más da lo que piensen? Soy el único que sabe cómo soy desde que me levanto por la mañana hasta que me voy a dormir”.

¿Has sentido alguna presión, dado que es el primer disco que grabas siendo ya una celebridad?
No, si me preocupara por cómo la gente lo va a acoger… solo quiero hacer música, tío. No importa demasiado si a la gente le gusta o no. Hago música para gente que la necesita. Pero si ya no la necesitan, no es algo que me preocupe.

¿Es verdad que tenías unas sesenta canciones ya escritas antes de entrar a grabar, y tuviste que descartar material hasta seleccionar las doce que han entrado?
Sí, sí, para el primer álbum creo que llegué a tener 180 canciones. Y para este, 60. Sale así. Me encanta hacer música, y luego escucharla, y siempre necesito más. Una canción más. Una canción para cada vibración, para cada sentimiento. Escucho como diez tipos de grupos y estilos diferentes, no solo raperos… quizá sea algo egoísta, pero me gusta ir de género en género, tener una canción para cada momento o estado de ánimo.

¿Cuál dirías que es la principal diferencia de “Tyron” (2020) respecto a “Nothing Great About Britain” (2019)?
Con el primero, miraba alrededor mío. Con este, miro hacia dentro de mí. El anterior estaba pendiente de lo que ocurría a nivel político, en el país y en el mundo, y este trata sobre nuestra salud mental, cómo nos sentimos todos como personas. Es una mirada introspectiva.

De hecho, esa mirada también condiciona el sonido, porque hay canciones como “I Tried”, “Adha”, “NHS” o “Feel Away” – en la que hablas del hermano que perdiste por una enfermedad cuando tenía solo un año – que tienen un sonido mucho más dulce, menos agresivo, de lo que acostumbras.
Sí, quería reflejar esas dos caras: la agresiva, que es la que la gente tiene de mí, y la más dulce, la más honesta, que tiene que ver con quién soy y cómo me siento ahora, creciendo y desmarcándome de esa agresión y esa rabia. La persona que eres cuando nadie te está viendo, en resumen.

Luego entonces, sí que asumes que hay una imagen fija que la gente tiene de ti. De hecho, en “Terms”, hablas sobre cómo la gente te puede malinterpretar por tu proyección pública.
Tampoco me preocupa demasiado. Siempre hay gente que es capaz de leer entre líneas, que sabe que no es lo mismo el artista que la persona que se oculta tras él. No sé, tío. Nunca me preocupo de lo que la gente piense porque sus opiniones a veces cambian en dos segundos. Cuando la gente no te conoce de verdad, ¿qué más da lo que piensen? Soy el único que sabe cómo soy desde que me levanto por la mañana hasta que me voy a dormir.

“Tú solo puedes hablar desde tu propia perspectiva, y estimular una discusión siempre va a ser más interesante que no decir nada”.

De todos modos, y más allá de este disco: en los ochenta solía decirse que las canciones de Public Enemy eran como la CNN de los negros. ¿Crees que tu música, y la de otros de tu generación, bandas como Idles, es como la BBC de los descontentos en la Gran Bretaña actual?
Sí, al cien por cien. Es la voz de una generación, sin duda, y cada día está evolucionando con alguien nuevo que sale y se une a nosotros. Estamos en un momento en el que necesitamos hitos, algo que capture la esencia de este tiempo. Pasa especialmente con los Idles. La forma en que resumen la situación, tan bien. Viviendo en esta era, siempre va a haber alguna cosa que te cabree, alguna mierda. Hay muchas cosas sobre las que hablar, tío. Si no lo hicieran, la gente se sentiría defraudada. Es algo que captura la esencia de este tiempo. Puede que el día de mañana ocurra con cualquier otro artista más joven. Siempre que tengas una opinión sobre algo, va a haber alguien arriba que la desacredite. Tú solo puedes hablar desde tu propia perspectiva, y estimular una discusión siempre va a ser más interesante que no decir nada.

Me gustaría preguntarte por quiénes fueron tus referentes. Se te compara con Skepta o Stormzy, lo que es lógico. También con Dizzee Rascal. Pero, ¿fue Mike Skinner (The Streets) también una influencia para ti?
Mi madre siempre ponía a The Streets en casa, yo era muy joven cuando empezó a publicar discos, con lo que no fue una elección consciente por mi parte, pero luego según crecía él estaba siempre presente en los canales de la tele, sus cedés sonando en casa… y lo mismo con Dizzee Rascal: mi tío ponía el “Boy in da Coner” (2003) cuando se quedaba a cuidarme en casa, cuando era un crío. Luego, cuando crecí, ya tuve más conciencia. Es material que siempre estuvo a mi alrededor. Era el sonido de aquel tiempo. So Solid Crew también. Cosas que ponían mis padres, mis amigos… uno de los primeros conciertos a los que pude ir fue de Skepta. Luego fui a uno de Devlin, cuando vino a Northampton. Solía ir siempre con amigos mayores que yo. Era el pequeño de la panda, el que siempre seguía su camino. Me decían “nos mola esto”, y yo me metía en ello, en toda esa mierda.

¿Es verdad que te gusta mucho Rosalía?
Sí, es genial. He coincidido con ella algunas veces. Tiene un talento enorme. La forma en la que incorpora cosas del flamenco a su música, cómo crea con todo con eso… es un ser humano adorable, además. Me encantaría trabajar con ella. Supongo que cuando llegue el momento. Ojalá.

Hay grupos punk británicos recientes, como Idles o Shame, incluso otros que no son de rock de guitarras, como Sleaford Mods, a quienes se le compara con tu música por lo que representáis. ¿Los escuchas?
Sí, son amigos, gente a la que siento muy cerca de mi corazón. También a los Fontaines DC, con quienes coincidí en los Mercury Prize. Puedo conectar con lo que dicen con su música. No sé, supongo que cuando llegas a conocer bien a otros músicos se convierten en algo así como tu familia, escucho más música de mis amigos que nadie más. Es una bonita escena la que se ha creado en los últimos años.

Has colaborado con artistas tan diversos como James Blake, Gorillaz, Mount Kimbie o Mura Masa. Antes me decías que te encantaría hacerlo con Rosalía. ¿Qué te impulsa a trabajar con alguien? ¿Pesa más la afinidad personal o la sintonía creativa que crees que puede brotar?
Solía ser por amistad, pero ahora si alguien hace algo que es como si me hablara directamente a mí, siento que quiero meterme en ese fregado. Al mismo tiempo, si llego a conocerles y a pasar tiempo con ellos, como me ocurre con la mayoría de gente… muchas veces compartes gira con otros músicos y si al final no sale nada, pues al menos tengo un amigo. Y si sale una canción, pues sale. La verdad es que siempre que trabajo con alguien a quien he estado escuchando desde hace años, que han creado un universo que me resulta muy íntimo, acabo queriendo hacer música con ellos. Es como el cierre del círculo, tío. Algo que siempre te sorprende, porque nunca piensas que acabarás en esa clase de situaciones, en que el sueño deja de ser un sueño.

Un sueño que se convierte en realidad, ¿no?
Totalmente.

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