Operación triunfo
Entrevistas / Slipknot

Operación triunfo

David Broc — 18-01-2002
Fotógrafo — Archivo

REDNECKS CON CARETA Y RIFFS VIOLENTOS, MINI-CIRCO AMBULANTE... SLIPKNOT VENDEN DISCOS COMO CHURROS, ABANDERAN LA SALVACIÓN DEL METAL Y, SIN TAN SIQUIERA ATENDER A LOS ROSTROS DE ESTUPEFACCIÓN DE MUCHOS, YA SE HAN ENCARAMADO EN LAS ALTAS INSTANCIAS DEL ACTUAL PANORAMA METALERO MUNDIAL CON “IOWA” (ROADRUNNER/ARCADE, 01).

Inexplicables son aquellos fenómenos que escapan a nuestra lógica porque la historia no nos ha preparado para ellos. Luego, una vez acomodados en esa tesitura, resulta gratificante comprobar hasta dónde puede viajar nuestra capacidad de sorpresa, nuestra capacidad de aturdimiento interior. Uno atiende al ´fenómeno´ Slipknot y sólo puede suspirar y sentirse golpeado por otro de estos casos en los que el factor ´shock´ lleva la voz cantante. Con tan sólo dos discos (el verdadero debut no cuenta), este grupo ha vendido más copias que Slayer en toda su carrera, ha sido protagonista en MTV muchas más veces que, por ejemplo, Anthrax o ha acaparado más portadas que, no sé, Pantera. Por increíble que parezca, Slipknot son el grupo metal más poderoso del planeta a día de hoy. Y hay más: su música es tan sólida y convincente como su poder de convocatoria. La representante de la compañía en Estados Unidos me avisa a través del teléfono: ´tienes veinte minutos de tiempo. Cuando llegues a esos veinte minutos te cortaré, porque tenemos tres horas más de entrevistas, ¿ok?´. Cuando entrevisté a Kirk Hammett hace algunos años, ninguna interlocutora salió al paso para ´amenazarme´.

“La mayoría de bandas de nu metal no sólo no aportan nada sino que son jodidamente malas”

Cosas del éxito y los apretones promocionales propios de una superestrella. Clown (Shawn Crahan cuando se quita el mono de butanero y la careta de payaso), uno de los numerosos miembros que configuran la alineación titular del grupo, me espera al otro lado del aparato para demostrar a los escépticos y a los recién llegados que “Iowa”, nuevo disco de la banda, es el trabajo musical más poderoso, irritado y férreo del momento. No le culpo: su discurso es un vendaval sonoro que, nutriéndose de porciones básicas y simples del thrash-metal, el punk y el hardcore-metal, no deja títere con cabeza. Creo que el principal mérito de Slipknot estriba en el hecho de que, a diferencia de Neurosis, Unsane, Today Is The Day, Minus, The Dillinger Escape Plan, Converge o Godflesh, cuyos lenguajes musicales indagan con ahínco en otros afluentes, la formación de Des Moines epata y perturba desde un mensaje clasicista, más deudor de las leyendas thrash de los ochenta que de los nombres más inquietos de finales de los noventa. “Nunca hemos sido seguidores de bandas en concreto, y mucho menos de grupos actuales, porque la mayoría son una mierda”.

Y ahí es donde la propuesta de Slipknot arranca aplausos: la reinvención fresca y dinámica de su herencia musical resulta indiscutible. No es que no inventen nada, sino que se han inventado a sí mismos, y eso es, además de ejemplar, envidiable. Y cuando algunos esperaban, debido al éxito de su disco homónimo (fechado en 1999), cierta relajación en las formas, Clown y compañía han sacado las castañas del fuego con un álbum igualmente ´destroyer´: pura dinamita. “Ya sabes, vendemos discos y todo eso, pero no se nos ha subido a la cabeza. Nosotros seguimos siendo Slipknot, tío, y eso no lo podrá cambiar nada. Si algunas personas creían que íbamos a ponerles las cosas fáciles en este álbum es que no conocen a la banda, tío. Mira, cuando empezamos a pensar en ´Iowa´ veníamos de una situación en la que todo había ido demasiado deprisa, ya sabes: ventas, giras, popularidad. En ese momento ya tuvimos claro que para el nuevo disco no podíamos relajarnos, sino todo lo contrario: echarle huevos a las canciones y hacerlas todavía más duras e intensas. Y lo hemos conseguido, sin duda alguna, tío, porque el disco pateará muchos culos, te lo puedo asegurar”.

Clown es una mina. Hacía tiempo que uno no se lo pasaba tan bien hablando con un músico. Está claro que su discurso a la hora de encarar los careos con la prensa también forman parte del espectáculo... sólo hace falta recordar la primera vez que Mondo Sonoro habló con el Payaso. Joan S. Luna todavía recuerda la frase del mes: “No tenemos nada que ver con los jodidos Korn”. Sin pelos en la lengua, como debe ser. Pero si algo destaca dentro de todo el engranaje que rodea a este grupo es una inteligencia y una visión propagandística tan meritoria como provechosa.

Si Slipknot no fuesen nueve personas en el escenario (Dj incluido; una presencia más anecdótica y efectista que funcional... cosas del marketing), no se enfundasen monos de color naranja primero y negros, rojos o blancos después y no se cubriesen el rostro con caretas, quizás nunca se hubiese hablado de ellos. Y que nadie malinterprete: hoy por hoy, el circo estético que les caracteriza ha pasado a un segundo plano, puesto que su oferta musical se sostiene desde sin la ayuda del maquillaje. Pero si Slipknot optaron en su momento por rodearse de todo el espectáculo visual que les acompaña en conciertos, fotos promocionales, vídeos o apariciones mediáticas fue porque ésa constituía la mejor vía para captar la atención del público, la prensa y la televisión.

Una vez asentados en esa coyuntura, la música hablaría por sí misma. Y así ha sido. Algo que, por ejemplo, no ha sucedido con Insane Clown Posse, formación pionera en la confección de una puesta en escena carnavalesca que nunca ha logrado anteponer sus ritmos y rimas a las botellas de Faygo o los piques con Eminem, por ejemplo. “La gente siempre nos pregunta por lo mismo. Lo que te puedo decir es que estamos demostrando a la gente que nuestra música es lo suficientemente cojonuda como para no tener en cuenta en ningún momento lo de las caretas y todo el rollo estético. Joder, en ningún momento renegamos de nuestra manera de vestirnos en público, pero eso es una parte vital de la banda, pero no de los fans, que compran el disco por algo más que por ver a ocho tíos vestidos como nosotros. Si no fuese así, “Iowa” no estaría vendiendo lo que está vendiendo, así de claro”.

Curiosamente, ya han surgido referencias (hablamos de American Head Charge o Mushroomhead) que, incomprensiblemente, han estigmatizado su carrera desde el inicio: disfraces, máscaras o plagio estético para sellar de por vida la comparación con nuestros protagonistas. Guste o no, Slipknot ya son referencia para muchos. “Te diré algo al respecto. No me gusta hablar de esta forma, pero así están las cosas. No nos importa que salgan bandas imitando nuestro estilo o nuestra estética, realmente nos importa una mierda. Y ¿sabes por qué? Por tres motivos claros: primero, porque nuestra estética es la mejor del mundo; segundo, porque nuestra música también es la mejor; y tercero, porque tenemos más cojones que el resto”. Y el resto incluye, como no podía ser de otra manera, al pelotón de nombres que compone el elenco nu metal que acapara la atención de público y medios, sobre todo de cadenas musicales de televisión. Cabe recordar que cuando Slipknot salieron a la luz pública muchos no dudaron un segundo a la hora de encuadrarles en esa coyuntura estilística-temporal. Nada más lejos de la realidad, faltaría más. “Déjame decirte algo, tío. A nosotros nos encanta la música que puede decir y aportar cosas nuevas. Eso es lo que nos puede motivar personal y musicalmente: ver que nuevas bandas que dicen cosas diferentes, ya sabes. Lo que no soportamos son las nuevas bandas que no aportan absolutamente nada a la música y encima se creen que están haciendo algo de provecho. Y eso es lo que sucede con la mayoría de bandas de nu metal: no sólo no aportan nada, sino que además son jodidamente malas”.

Sencillamente enorme. Además de presencia visual y música testosterónica, Slipknot tienen actitud. Hablando claro, sin tapujos, los de Des Moines hacen gala de una visión cáustica y críptica de la realidad musical, social y existencial que les eleva por encima de las medianías con las que muchos quieren emparentarles. Lo mejor es verles en las listas de ventas junto a petardadas del calibre de Creed, Staind, Nickelback y demás productos de peligroso calado. La situación es, cuando menos, curiosa. “Nuestras letras siempre pretenden ser sinceras, honestas y reales, tío. Esos grupos de los que me hablas viven en un universo que no tiene nada que ver con lo que pasa en la realidad. Por eso nuestros textos pueden parecen oscuros y pesimistas, pero sólo constituyen un fiel reflejo de lo que nos envuelve. El problema es de los que intentan falsear y cambiar la realidad para vender más discos”. Incomprensible o no, inexplicable o no, nuestra realidad nos indica que hoy poy hoy, Slipknot tienen la sartén por el mango. Y algunos ya empiezan a temblar.

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