“Alguien me dijo: ‘¿Sabes que a Massiel le encantas?’. Y yo, que soy superfán suyo, le respondí: ‘Pues dile que me llame’”. Contactaron, claro. Quedaron en el estudio y, tal como enfatiza Rodrigo Cuevas, la magia ocurrió. De aquel encuentro surgió “Un mundo feliz”, tema que puede remitir al título de la icónica novela de Aldous Huxley, pero que, tal como aclara el mismo Cuevas, no encuentra su inspiración en ella. Sí que coinciden ambos trabajos en que aportan visiones distópicas de la sociedad. La novela del escritor británico se anticipa varias décadas en el desarrollo de tecnología reproductiva, cultivos humanos, hipnopedia y manejo de las emociones por medio de drogas (soma) que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. La canción del asturiano nos describe una comunidad alegre, libre de fascistas, machirulos, cuñaos y demás cascarrias que pululan por nuestros pueblos, ciudades y redes sociales. Además, esa colaboración con una de las grandes divas de nuestra cultura popular contemporánea que sirvió de adelanto de su nuevo disco, “Manual de belleza”. Un tercer largo en su cuenta fonográfica con el que, ahora explorando su faceta más pop, sigue jugueteando entre la vanguardia y la tradición.
“Incluso aunque el mundo se hiciera a nuestro capricho, acabaría convirtiéndose en una distopía”
Algo que no había hecho nunca
Acto 1: Diciembre de 2025. Rodrigo Cuevas acaba de publicar “Un mundo feliz”, primer adelanto de su próximo disco, “Manual de Belleza”. Faltan cuatro meses para que el álbum vea a la luz, pero el artista visita Barcelona para promocionar su colaboración con Massiel. Las oficinas de Sony en la capital catalana son uno de esos espacios de trabajo que tienen más de sitio de recreo que de ratonera en la que echar ocho horas diarias: una diana para jugar a los dardos, una cafetera de última generación, boles con galletas de avena y chocolate sin azúcar y grandes pufs en los que dejarse caer. Rodrigo, casualmente guapo tras horas de promoción contestando las mismas preguntas, se aposenta en uno de ellos.
Fue aquí, no en la sede de su discográfica, sino en la capital catalana, donde empezó (casi) todo. De eso hace veinte años, cuando estudiaba en la ESMUC y daba forma a una sensibilidad artística que hoy lo ha convertido en una de las figuras más singulares y aclamadas de nuestra escena musical. “Fue una etapa fundamental”, recuerda. “Con diecinueve años, tres años en un sitio te parecen toda una vida”.
Rodrigo Cuevas vivía en el Poble-sec cuando aún era “un barrio muy barrio” y no figuraba en listas hype de los distritos más in del mundo en los que vivir. En la Escola Superior de Música de Catalunya compartió aulas con nombres como Silvia Pérez Cruz, Clara Peya o integrantes de Las Migas (Rosalía, la exalumna más celebre internacionalmente del centro es de una quinta por detrás). “Era una escuela muy abierta, con todo el mundo mezclado, tocando, compartiendo”, describe dibujando una estampa que remite a una escena de “Fama”. “Luego”, remacha alejando el cromo de semblanzas hollywoodienses, “se fue normativizando, como todo”.
Hoy, cuando vuelve a Barcelona, ya no siente aquellos nervios iniciales de quien se pregunta si se equivocó al marcharse. “Me lo pasé muy bien aquí, pero ahora lo veo con perspectiva”. El plano y la vista que le ofrece el vivir en una casa en una aldea asturiana de menos de quince habitantes. “No sé si lo necesito, porque el ser humano se adapta a todo, pero a mí me hace muy bien”, explica. Luego confiesa en voz baja que el año pasado hizo por primera vez algo que no había hecho nunca hasta entonces. “Compré la leña en vez de cortarla yo”. Aligerado por haber revelado el secreto, se pone a reír.
¿Qué es lo más bonito que has visto en tu vida?
De ese contraste que conforma la vida de Rodrigo Cuevas entre lo urbano y lo rural, lo moderno y lo tradicional, lo idealista y lo crítico, nace, como ya nacieron sus anteriores referencias, “Manual de belleza”, su nuevo disco. Un trabajo, sin embargo, que se distingue de los previos por su poso pop. Paradigma de esta… ¿reorientación?, “Un mundo feliz” fue su particular aviso para navegantes. “Sí, marca un poco el tono”, admite. Y no solo en el sonido, sino en la temática. “Es una cosa romántica e idealista, pero también hay una segunda lectura: incluso aunque el mundo se hiciera a nuestro capricho, acabaría convirtiéndose en una distopía”. En esa ambigüedad —felicidad con grietas, sonrisa con crítica—llena de humor y dobles sentidos, se mueve el disco. “Me gusta reírme de los defectos del mundo. Y dentro de una sola canción, ese contraste es un reto”. “Manual de belleza” está producido por Eduardo Cabra (Visitante de Calle 13), con quien ya trabajó en su anterior “Manual de romería”. “Repetir hace que todo vaya mucho más rápido. Nos entendemos muy bien, él ya sabe lo que me gusta a mí y yo lo que le gusta a él. Ha sido todo muy fácil, muy natural”.
Uno de los principales reclamos de “Manual de belleza” es su carácter colaborativo, contando con diversos duetos con figuras emergentes del subsuelo de la música española y voces icónicas. Nos los chiva, pero faltan cuatro meses para la publicación del disco y aún no los podemos descubrir. Nos tenemos que quedar con el primero de ellos, y tal vez el más sorpresivo. En “Un mundo feliz”, Cuevas evoca cómo sería su paraíso particular con la ayuda de, la-la-la, Massiel. Explica que desde el principio tuvo claro que no quería que la ganadora de Eurovisión 1968 cantara, sino que hablara. Que pusiera voz a un texto sobre la belleza. El resultado es algo así como un spoken word que nació de una improvisación entre los dos en la cabina del estudio de grabación. “Yo le iba preguntando: ‘¿Qué es lo más bonito que has visto en tu vida?, ¿cómo te sentiste?’. Y de ahí salió todo”. Un momento de enorme fuerza simbólica y emocional, pero también una reivindicación política y generacional. “A las mujeres de su edad, cuando tienen voz propia, se las etiqueta de locas o de juguetes rotos. Y para nada. Es una tía súper lúcida, con una memoria impresionante”.
“Este será mi tercer manual, el manual de la belleza. Lo describiría como un pequeño refugio utópico en el que poder ponerse a cubierto de todo lo feo”
Un refugio de utopías
Acto 2: Febrero de 2026. “Este será mi tercer manual, el manual de la belleza. Lo describiría como un pequeño refugio utópico en el que poder ponerse a cubierto de todo lo feo, de todos los pensamientos intrusivos tan malos que tenemos ahora todo el tiempo. Las nuevas canciones son pequeñas utopías y refugios de placer y serenidad”.
Faltan cuatro semanas para que se publique “Manual de belleza”, el tercer largo de Rodrigo Cuevas, del que, en estos meses, el cantante asturiano, además de la colaboración con Massiel, ha dado más pistas con la aparición del EP “Llagares”, tres temas en que se ha hecho acompañar de Ana Belén en el pasodoble “Sácame a bailar”, de Zahara y Martí Perarnau IV en el corte con aroma trip-hop “Asturcón” y de Grande Amore en la golosina electropop “Una muerte ideal”. El lanzamiento lo acompañó de un cortometraje de casi veinte minutos inspirado en el histórico programa “Cantares” de Lauren Postigo y cameo estelar de Rossy de Palma.
¿Le llamo? Le llamo. A Rodrigo. No a Rossy de Palma. Un Zoom tonto para completar la información que no me pudo dar on the record cuando visitó Barcelona en diciembre. Descuelga. Está en casa. La casa de la aldea asturiana de quince habitantes en la que vive. Está sentado en la cocina, pero al instante se levanta, sale al exterior y, durante la media hora que charlamos, más que nervioso, inquieto, no para de dar vueltas alrededor de un caserío que, a través de la pantalla, semi escondido en la niebla, luce idílico.
“Aunque no haya inventado la rueda, de mí se espera que sorprenda todo el rato. No soy un artista del cual la gente quiera más de lo mismo”
Sorprendiéndose a sí mismo
Rodrigo Cuevas dice que hace ya tanto tiempo que viene trabajando en este disco que ha perdido perspectiva, que ya no sabe lo que siente por él, que ha pasado por todas las etapas del arco de transformación. “Ya pasé por una época en la que quería que saliera y tenías ganas de que la gente lo escuchara. Me dije: ‘La gente va a flipar, tengo que sacarlo ya’. Luego vives momentos en los que, como ya ha pasado tanto tiempo desde que lo acabaste, te parece que incluso ha envejecido y que ya no gustará. La cabeza no para nunca. Además, creo que, aunque no haya inventado la rueda, de mí se espera que sorprenda todo el rato. No soy un artista del cual la gente quiera más de lo mismo. Y eso genera cierta presión. Fui a una conferencia de Marina Abramovich y decía que un artista debe sorprender a los demás, pero también debe sorprenderse a sí mismo. A mí, la presión, me estimula para sorprenderme a mí mismo”.
La primera sorpresa que nos llevamos con “Manual de belleza” fue su colaboración con Massiel “Un mundo feliz”. Cuatro meses después, Rodrigo tiene un sentimiento agridulce con la recepción que tuvo la canción. “Creo que no tuvo la repercusión que debería haber tenido”. Lo defiende argumentando que hace más de veinte años que Massiel no graba nada y es “una de las artistas más históricas de España. Y aunque hace veinte años que está retirada, parece que se haya recibido como una colaboración más que acaba de hacer. Pensé que iba a tener mucho más revuelo, que la gente iba a flipar más con que Massiel cantara una canción conmigo”. Cuevas dice que no es frustración lo que siente, pero que una figura como ella merece más atención. “Siendo ella, creo que no se le hizo el caso que merece. Y también por mí, porque creo que es un tema muy bonito y que la gente lo debería escuchar”.
Todo es mucho más sencillo
Tras coleccionar elogios con “Manual de romería” y protagonizar giras que lo llevaron a grandes recintos europeos y a Latinoamérica, Cuevas afronta esta nueva etapa sin esconder la ambición, pero rehuyendo la grandilocuencia vacía. “Me meto en proyectos grandes, sí, pero luego todo es más sencillo de lo que parece. Con la anterior gira, a veces llegábamos a sitios enormes con una sola furgoneta, como cuando actuamos en WiZink Center de Madrid. Eso sí, esta vez, voy a ir a lo grande”.
“Manual de belleza” es un disco luminoso, irónico, popular a la vez que profundamente personal. Un disco que celebra la imperfección, porque, como él mismo dice, “en la imperfección está la belleza, cuya traslación al directo empezará el 24 de abril en Avilés y finalizará el 1 de septiembre en Uviéu (entre medio recalando el 30 de abril en A Coruña, 9 de mayo en Barcelona, el 17 de mayo en Donosti, el 24 de junio en Madrid, el 23 de julio en Cartagena y el 12 de agosto en Santander) se convertirá en ese lugar en el que los sueños y lo bello se fundan con lo terrenal y lo carnal”.
Un mundo de colaboraciones
“¿Conoces a Celimonde?”, me pregunta. Y supongo que la debería conocer, porque la acabo de buscar en Instagram y tiene más de doscientos mil seguidores. Pero no, no sé quién es, le confieso. “Es una chica muy divertida que se dedica a criticar cómo va la gente vestida en las alfombras rojas”. Ella es una de las colaboraciones de un disco que destaca por la nómina de invitados. Están en la lista las ya citadas Massiel y Ana Belén. Zahara y Martí Perarnau IV. Tarta Relena y el cantante malagueño de verdiales Carlos Fernández. Rozalén y Grande Amore. Archivo de contactos variado e intergeneracional. Todo el mundo tiene cabida en el universo de Rodrigo Cuevas. “Si no colaboras con otros artistas, te quedas un poco ensimismado en ti mismo. Los artistas deberíamos estar todo el rato viendo qué hacen los artistas nuevos, viendo por dónde van las nuevas tendencias. Si no, te quedas fuera. Las grandes artistas saben que eso tiene que ser así. Mira a Madonna, toda su carrera colaborando con la gente que estaba creando tendencia para mantenerse siempre actual”.
Cuando le pregunto por cuál ha sido la colaboración que más le ha sorprendido, la respuesta, incluso más que la de la creadora de contenidos, me pilla desprevenido. “La Mala Rodríguez. Fue genial currar con ella. Yo empecé a escuchar rap por La Mala. Hasta entonces no me llegaba, ni español ni de fuera. Eso cambió con ‘Lujo Ibérico’. Con ese disco lo flipé muchísimo. Y aún hoy en día creo que nadie rapea como ella. La ves rapear en el estudio y te quedas a cuadros. Hicimos la letra del tema juntos, y se vino al estudio con un mogollón de ideas. En una mañana lo ventilamos. Lo flipé. Fue maravilloso currar con ella”.

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