“Tenía una especie de peso enorme sobre los hombros que necesitaba sacudirme”
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“Tenía una especie de peso enorme sobre los hombros que necesitaba sacudirme”

Luis Benavides — 02-04-2026
Fotografía — Luke Ivanovich

Seis años después de su último largo, Nothing regresan con “A Short History of Decay” (Run For Cover, 26), un trabajo diverso, introspectivo y con elementos autobiográficos articulado alrededor del paso del tiempo, la memoria y la enfermedad. Nos visitarán en abril formando parte del cartel del Barcelona Psych Festival (16-18 abril)

El líder y fundador de la banda, Domenic Palermo, sufre temblores esenciales desde hace años —algo que ha ido a más— y ha escrito este nuevo trabajo desde una honestidad radical, sin esconder nada.

Antes que nada, “A Short History of Decay” es tu quinto disco y el primero con Run For Cover Records. ¿Qué pasó con Relapse Records?
Debo empezar diciendo que no sabía necesariamente que este disco iba a existir. Fue una decisión bastante tardía, algo que la vida me fue imponiendo de forma natural. Una parte muy importante de lo que quería hacer era no repetir el mismo disco. Y, respondiendo a tu pregunta, sentí que la relación con Relapse, después de diez años, había llegado un poco a su fin. Dicho esto, máximo respeto para Relapse, porque fueron uno de los primeros sellos a los que realmente les importó lo que hacíamos cuando nadie más lo hacía.

¿Necesitaste más tiempo para hacer este álbum?

Pasé mucho tiempo en casa intentando recomponer mi vida personal; recuperar el tiempo perdido después de tantos años en esa dinámica de sacar un disco cada dos años: escribir, grabar, girar… y vuelta a empezar. Perdí el contacto con mucha gente y también con una parte de mí mismo. En cuanto al proceso de composición, no quería escribir un disco porque “tocaba”. Quería escribirlo cuando mi cuerpo me dijera que era el momento.

"Miro alrededor y veo a muchas bandas que nos ha clonado, así que supongo que hemos sido una influencia"

¿Cuándo recuperas las ganas de escribir?
Empecé a escribir bastante en 2023. Sentí un pequeño impulso de poner cosas sobre el papel. Palabras, pensamientos. Ahí me di cuenta de que el enfoque que quería para este disco era el mismo que tuve con “Guilty of Everything”: tenía una especie de peso enorme sobre los hombros que necesitaba sacudirme. Cuando entendí eso, entonces sí cogí la guitarra, el piano, y empecé a convertir esas palabras en canciones.

Hablemos del estudio Sonic Ranch. He visto ese nombre en los créditos de discos que me encantan como “Vaya” de At The Drive-In y “Science Fiction” de Brand New. ¿Por qué lo elegisteis? ¿Era vuestra primera vez allí?

Sí, la primera vez. Cuando vi Sonic Ranch, me convenció al instante. Está en la frontera, en El Paso, en medio de una enorme plantación de nogales. Totalmente aislado. Para mí era perfecto.

¿Ese aislamiento afectó de alguna manera a vuestra música?

Totalmente. Llevo años fascinado por la música mexicana, los corridos, ese tipo de cosas. Me puso en otro estado mental. El entorno era perfecto. Una noche, después de grabar, había una banda de corridos tocando en otra de las salas. Acabamos bebiendo juntos hasta las cinco de la mañana. Les pregunté si querían grabar unos vientos al día siguiente. Pensaron que lo decía por los efectos del alcohol, pero al día siguiente aparecieron y grabaron los metales de “Never Come, Never Coming”.

Suena muy festivo todo esto, pero el disco es más bien todo lo contrario.
Sí, somos unos fiesteros tristes. El disco tiene que ver más con la resaca del día siguiente. ¿Qué hay más triste que eso? [risas]. Esa colaboración surgió de manera natural y fue precioso. Eso es parte de la magia del lugar.

En las letras de este disco hablas de crecer y envejecer, de enfermar, de memoria… Ahí está “Essential Tremors”, uno de los cortes más emocionantes, en el que expones tus temblores. ¿Fue difícil hablar de eso?
Sí. Lo más duro fue darme cuenta de que otras personas notaban mis temblores. La ansiedad lo empeora, la resaca también, la cafeína… Es embarazoso. En el estudio, escuché mi voz y noté el temblor en la grabación. Fue aterrador. Pero no había vuelta atrás. Me dije: “Querías hacer un disco vulnerable, no escondas esto. Esta es tu voz ahora”. Quería un disco honesto y por eso esa canción cierra el disco.

En la inicial “Never Come, Never Coming” también muestras tu lado más vulnerable. “When I was young, life was easy”, qué gran estrofa.
Sí. Habla de crecer en una casa con un padre violento y de la idea ingenua de que el amor te va a salvar. Es la mirada de un niño de nueve o diez años. Fue importante ponerlo sobre la mesa, porque sé que todo eso influyó en quién soy hoy.

Alguna vez has explicado que la música fue un refugio para ti. ¿Crees que este disco puede ayudar a otras personas?
Me cuesta asumir eso, pero sé que ocurre. Lo único que puedo hacer para no decepcionar a nadie es seguir siendo lo más honesto posible mientras recorro este camino.

Nothing liderásteis una especie de renacimiento del shoegaze a partir de 2010. ¿Qué opinas sobre esto?
Cuando Nothing empezamos, en 2011, en realidad no teníamos una identidad. Yo tenía muchos referentes y mezclaba muchas cosas, no teníamos una identidad clara. Hacíamos conciertos en directo muy agresivos que hacían que la gente del indie no quisiera contratarnos, y al mismo tiempo hacíamos discos con un sonido muy bonito que provocaban que las bandas de punk y hardcore tampoco quisieran tener nada que ver con nosotros. Ahora miro alrededor y veo a muchas bandas que nos ha clonado, así que supongo que hemos sido una influencia. Me cuesta digerirlo porque soy bastante inseguro y tengo un síndrome del impostor bastante fuerte.

¿Y por eso ahora también querías hacer algo diferente? En este disco escucho otras cosas, más acústicas…
No lo sé. Puede ser más introspectivo que los otros discos. Hacemos muchas cosas distintas, aunque obviamente hay mucho shoegaze. Es una gran inspiración para mí a la hora de hacer música y siempre lo será.

 

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