Un cuarto de siglo después The Breeders, el grupo de las hermanas Deal, regresa a lo grande con su quinto disco, All Nerv(4AD/Popstock, 18). Es también el segundo que las reúne con la bajista Josephine Wiggs y el batería Jim Macpherson, formación cuasi mítica que dio forma al inolvidable clásico del indie noventero Last Splash.

“Hola, soy Kim”. La voz, inconfundiblemente dulce, me pilla con la guardia baja por dos motivos: primero, por lo surrealista que me sigue pareciendo hablar con alguien cuya música te ha cambiado la vida (lo siento si a alguien esto le suena cursi o exagerado) y segundo, porque la llamada me ha entrado quince minutos antes de lo previsto. Así es Kim (Deal), vive en su mundo propio y gracias a ello tenemos discos tan especiales como este “All Nerve” con el que The Breeders recuperan su mejor versión -poniendo en evidencia, de paso, otras ilustres reuniones-.

El caso es que, después de la confusión original, consigo recomponerme. Kim intercala ocurrencias maliciosas e insiste en su insobornable idea de autenticidad y sonido orgánico, clave para que The Breeders funcionen a estas alturas de la película. Lejos quedan las brumas alcohólicas, las drogas duras y los malos rollos dentro de un grupo que, desde lejos y por lo que dice Kim, parece una de esas excéntricas familias reconciliadas a las que sólo se le puede tener cariño.


Han tenido que pasar veinticinco años para que tengáis otro disco con esta formación. Y ahora que ya está aquí, ¿qué sensaciones tienes?
Mmmmm. Creo que las sensaciones son muy buenas. Hemos hecho un disco que suena realmente bien y la banda en directo suena muy bien también. Eso es lo que buscábamos por encima de todo. Pero… (duda), sí, creo que somos una banda de rock tradicional: dos guitarras, bajo y batería. Me parece que el disco suena a eso. Cuando tocamos o ensayamos no hay ningún portátil en el local (risas). Está bien si alguien lo quiere usar, pero no lo hacemos. Y el disco suena a lo que somos, y creo que eso es algo bueno. 

Supongo que All Nerve empezó a gestarse cuando os reunisteis en 2013 para celebrar en los escenarios el veinte aniversario de Last Splash, con la reedición y demás.
Exacto. Estaba sentada en el sillón en 2012 y mi hermana me dijo: “¿Sabes? El próximo año será el veinte aniversario de Last Splash. ¿No crees que sería divertido llamar a Josephine y Jim y hacer algunos conciertos juntos? ¡Vamos a intentarlo!” Y yo le respondí: “Bien, pero llamas tú a Jim, porque creo que está muy cabreado conmigo” (risas). Resultó que los dos estuvieron encantados de hacerlo. Él no estaba enfadado, y nos lo pasamos genial. La gente fue feliz en los conciertos porque les encanta ese disco, hicimos una gira, y al final del tour nos preguntaban qué íbamos a hacer, nos llegaban ofertas para tocar en 2014. Nos preguntamos: “Espera un minuto… ¿Tenemos que tocar? ¿Estamos todavía en la gira del aniversario?”. Y los promotores y las salas nos respondían: “Nos da igual que hagáis el disco de arriba abajo, lo que queremos es que vengáis”. Las reacciones fueron increíbles e insistían en que teníamos que hacer otro disco porque el grupo sonaba fantástico. Yo tenía un par de canciones nuevas y entraron en el repertorio de una manera muy orgánica, así que decidimos buscar huecos para ir grabando. Primero grabamos con Albini, en Chicago, All Nerve y Skinhead #2.

Pero entonces, ¿qué dirías que se necesita para que un regreso discográfico funcione?
Bueno, en nuestro caso la cuestión es que yo tenía una canción nueva y sonaba muy bien junto al resto del repertorio. Así de fácil, te enganchas a ello. Josephine trajo Skinhead #2, y pasó lo mismo. No es que te reúnas con el grupo pensando: “Ahora vamos a hacer un disco”. No tienes ni idea de lo que va a pasar. Como mucho, puedes albergar la esperanza de que suceda, de que acabes grabando nuevas canciones, así que te pones a tocar una y al final acaba entrando en el set. Eso, en sí mismo, no es poca cosa. Y fue el gancho: como las canciones nuevas sonaban bien en el sótano las tocamos en directo. Es entonces cuando piensas en grabarlas y en lo que necesitas para hacer un disco. Pero sólo en ese momento.

“Es un mundo muy diferente. Para bien y para mal, hoy los músicos tienen que buscarse un trabajo”

Ya has hablado del sonido varias veces, sin que yo te pregunte. Es evidente que pones mucha pasión en conseguir que tus discos suenen lo mejor posible. Y es increíble cómo vuelven a sonar las baterías, las guitarras…todo. Has grabado otra vez, parcialmente, con Albini.
A mí y a Jim nos gusta mucho el sonido analógico (Albini sólo graba en analógico, ya sabes). ¡Pero a Kelly y Josephine no! ¡Les da igual! Decían: “Mira, no nos podemos permitir grabar en analógico, es demasiado caro, vamos a probar algo distinto”. Y de hecho, hicimos Dawn: Making an Effort, en un lugar totalmente digital. Entonces, les dije a las chicas que grabar en digital no iba a ser bueno para mí, que no era cuestión de dinero. Es que no hay manera de grabar la calidez del rock en digital, no está hecho para mí. Hay muchas razones, pero en general montar todo y colocar los micrófonos en digital a mí no me funciona. Pero bueno, así es cómo somos. Al final resulta que un amigo (su técnico de directo Mike Montgomery) había abierto un estudio analógico, Candyland, a una hora y un minuto en coche desde Dayton, Ohio, ¡a Dayton, Kentucky! Allí es donde grabamos el resto, en cinta. En Dayton, Kentucky, ¿te lo puedes creer? Una locura. A una hora y un minuto, cruzando el río Ohio, de Dayton, Ohio. Pero, en realidad, usamos Protools. Es el primer disco que hago con Protools (Greg Norman, de Electrical Audio, también trabajó en el disco).

Pero, ¿lo grabasteis fundamentalmente en directo? Porque suena totalmente natural.
Bueno, para mí lo principal cuando empiezas a grabar una canción es que la batería suene muy bien. Mientras tanto, me quedo en la sala de ensayo probando efectos extraños para la voz y cosas así. Luego, el bajo a veces se tiene que bajar, dependiendo de cómo suene, y se tiene que volver a grabar si no queda bien. A veces incluso también hay que regrabar la guitarra. Intentamos que de la toma que hacemos se queden la batería, el bajo y quizá una guitarra rítmica, pero yo siempre rehago mis voces, y la guitarra eléctrica muchas veces también, porque tienes que mejorar el sonido cambiando la posición del micrófono y esas cosas. No puedes hacerlo todo a la vez, sería un desastre. Steve (Albini) lo puede hacer, pero yo no.

¿Crees que hoy en día se tiende a sobreproducir la música?
Hay muchas cosas que me gustan que pueden funcionar grabadas en digital. Sabemos lo que funciona cuando se graba en un ordenador. La música computerizada suena bien grabada en un ordenador, creo. Pero muchos ni se preocupan ya de sacar el sonido de una batería. No le ponen ni micros. Muchas veces ni usan el bombo real, meten un sample con frecuencia muy baja que hace “bum”, ya sabes. Y con el bajo igual, meten una línea en un teclado o un pedal directamente, osciladores de frecuencia. Lo cual es estupendo, me encanta cuando las líneas de bajo se oyen muy fuerte, porque te da la sensación de que se acerca una tormenta, los pedales son fantásticos hoy. Todo esto puede ser muy emocionante, lo que pasa es que… yo no lo uso.

Porque tienes un grupo de rock.
Exactamente. No me veo usando un sampler en nuestro material. Aunque usamos un pedal en Spacewoman. Me encantan los pedales de bajo.

En cualquier caso, el álbum es muy dinámico. Más que Title TK (4AD/02) y Mountain Battles (4AD/08), que eran más contenidos y tenían un punto experimental (en 2009 vendría el EP Fate to Fatal). La idea era, de algún modo, retomar el espíritu de Pod y Last Splash?
Es verdad que es bastante dinámico y espero que capture esa sensación, pero nunca lo hice de manera intencionada. Josephine dice que sí, pero es un poco mentirosilla, nunca sabes si te dice la verdad (entre risas, Kim suelta el refrán intraducible y graciosísimo “Liar, liar, pants on fire”). Ella asegura que sí lo pensó, pero no recuerdo que estuviéramos dándole vueltas a recapturar algo. Sólo pensamos que deberíamos probar que teníamos canciones, ése fue mi principal objetivo.

¿Cómo de arduo te resulta seguir componiendo canciones que tengan algo especial o interesante?
Siempre me resulta muy difícil. Pero probablemente sabes de lo que te hablo: es fácil escribir un artículo, te sientas y lo haces. Lo complicado es que te guste de verdad. Ése es, digamos, el reto. Siempre me ha resultado complicado, porque lo que escribo me tiene que gustar. No me puedo ni imaginar hacer cosas que no me gusten y ¡eso es duro!

Entiendo que no se trata de perfeccionismo, sino que tiene que haber algo en la secuencia de acordes o una melodía.
Pueden ser muchas cosas. A veces es simplemente una nota sostenida de un solo que hago, no tiene por qué haber ningún cambio de acorde. Tiene que haber algo que me suene guay y me propulse hacia adelante. Otras veces puede ser la letra… son cosas muy diversas

¿El tiempo que os ha llevado hacer el disco tiene que ver con esta necesidad? ¿Habéis desechado muchas ideas o canciones?
Sí, un par de ellas. Pero en 2014 estábamos de gira, y luego tuvimos que componer en 2015. El disco en realidad estaba hecho hace tiempo, se masterizó el año pasado. Así que ha sido lo normal, unos tres años, sólo que las cosas se alargaron un poco.

Tú viviste en primera línea aquella época de los noventa en la que lo alternativo se puso de moda y desafió al mainstream. Last Splash vendió en su momento más de un millón de copias, una cifra que hoy resulta inconcebible. Vivimos una época en que se vende mucho menos, y la única manera de que un grupo gane dinero es girando. ¿Cómo lo ves?
Es un mundo muy diferente. De hecho, Jim, nuestro batería, tiene un trabajo a tiempo completo. Ahora mismo está currando. Tiene que hacerlo hasta el mismo final de nuestros ensayos, cuando empaquetemos nuestro equipo y tengamos que estar dedicados todo el día a esto. Hasta entonces, está trabajando todo el día, sí. Por eso cuando nos vamos de gira se pone tan contento, porque deja el curro (risas). Así que las cosas han cambiado bastante, sí. No es que los músicos sólo puedan ganar dinero con giras, es que se tienen que buscar un trabajo para ganar dinero.

Lo cual marca la diferencia.
Sí, porque acuérdate de que en aquel entonces, cuando se hacía suficiente dinero con las ventas de discos, los músicos grababan, tocaban algunos conciertos y luego la mayoría se iba a casa a fumar hierba y trapichear, hasta que llegaba el cheque de la discográfica, y entonces volvían a salir de gira. A veces, en el mejor de los casos, podían ahorrar para una hipoteca. Hoy en día, para bien y para mal, la mayoría de los músicos tienen que trabajar toda la semana (en lugar de estar con la hierba).

“Juro por Dios que me acuerdo de la primera vez que vi a la gente ponerse a bailar con ‘Cannonball’”

La cuestión es que, aunque las cosas han cambiado tanto, vosotras os mantenéis en el mismo sello 4AD, lo cual es asombroso. ¿Os sentís privilegiadas?
Bueno (pausa muy larga, emociones contenidas), todavía me siento en deuda con Ivo Watts-Russell, la persona que fundó 4AD (cofundador del sello, vendió su parte en 1999) y tengo muy buenos recuerdos de aquellos tiempos. Creo que siempre han estado muy cerca de los artistas. Especialmente, en aquel momento. Hasta el punto de que lloraban, era gente vulnerable, frágil. Las cosas tenían un significado para ellos. Se volcaban totalmente en su música y creían en ella. Yo vi a Ivo tirar una televisión por la ventana, hasta ese punto salvaje se llegaba (risas emocionadas). Era un momento tan emocionante… Porque no tenías la sensación de estar en una corporación o un conglomerado tipo Universal. Eran artistas.

¿Y qué piensas del hecho de que tantos fans de entonces -muchos de ellos, en realidad- sigan ahí? ¿Qué te dice esto?
Eso significa muchísimo. Es genial. Cuando hicimos la gira de Last Splash la reacción fue increíble. Creo que es porque coincide que es un disco que la gente adora, pero que además se lo hizo pasar muy bien. Yo he hecho cosas oscuras y también hay momentos oscuros en ese disco, pero Last Splash se asocia con un momento fantástico de la vida de mucha gente, y eso es muy bonito.
Incluso con Cannonball. Te juro por Dios que me acuerdo de cuando vi a la gente yendo a la pista de baile con Cannonball, era la primera vez en mi vida que me pasaba algo así, porque te recuerdo que estaba en los Pixies y que por aquel entonces ¡nadie bailaba con los Pixies! Y recuerdo estar pensando: “La gente está bailando con algo que he hecho, esto mola” (risas).

¿Crees que los chavales están hoy igualmente de flipados con el rock, o la música de guitarras?
No lo sé, puede que sí. Tienen tantísimas cosas a su alcance que nosotros no teníamos… Las redes sociales, los cacharros electrónicos, todo eso. Supongo que tiene que ser algo bueno, ¿no?

Supongo, pero tampoco lo sé. Para terminar, la gira que os espera este año es tremenda (unas cincuenta fechas en Norteamérica y Europa, algunas de ellas ya con todo el papel vendido). ¿Cómo la encaras?
¿Hay muchas fechas, verdad? ¡No he sido la única que se ha dado cuenta! (risas). Bueno, como te decía antes, si no hacemos estos conciertos Jim tiene que volver al curro (risas). ¡Es una buena razón para darlos!

Desde luego, os vi en el Primavera Oporto en 2014 y aquel concierto fue memorable. ¿Crees que sonáis mejor hoy que hace 25 años?
Lo creo, sí. De verdad. Para empezar, estamos sobrias (risas maliciosas).