La cita está fijada en un hotel de la madrileña calle Pez, aunque finalmente se opta por cambiar la ubicación debido a una impertinente puerta empañada en abrirse y dar pasó a ese frío que preside lo que sería un jueves cualquiera de enero... si no fuera porque es el día previo a que vea la luz “Vidas semipreciosas”, el nuevo y contestatario álbum del asturiano. La misma presencia de Nacho Vegas desprende ese tipo de magnetismo artístico, algo misterioso y casi romántico, con el que resultan agraciados los grandes escritores, y que, de algún modo, contrasta con la generosa envergadura física del de Xixón.
El músico acostumbra a presentar derroches de sensibilidad capaces de atravesar cualquier coraza para llegar directamente al alma, también en esta ocasión en la que temáticas explícitamente políticas y sociales comparten espacio con trazados más orgánicos. Ubicados en nuestro nuevo refugio –una cafetería sita a pocos metros del hotel que casi parecía tener un espacio específico algo alejado del bullicio esperándonos–, comienza una entrevista que se extenderá a lo largo de casi una hora y cuyo contenido estrictamente promocional irá dando paso a una charla más humana y distendida.
Es evidente que la implicación política y la reivindicación social han estado presentes durante la práctica totalidad de tu trayectoria, pero también parece obvio que “Vidas semipreciosas” es una zambullida total y absoluta en esos parámetros. Sin perder de vista esa narrativa poética marca de la casa, este es el disco más explícitamente político de Nacho Vegas hasta la fecha ¿Por qué este era el momento de lanzar un álbum así?
Hace ya tiempo que no tengo problema en asociar un poco el compromiso político a mi trabajo, pero para mí las canciones son fundamentalmente actos emocionales y no tengo ninguna intención de soltar sermones ni mítines. En cualquier caso, mis referentes de la canción política son gente que lo hace con mucho sentido de humor y el primer grupo del que fui súper fan a los trece años fueron The Housemartins, que también fueron mis primeras lecciones de marxismo y tenían letras con muchísimo sentido de humor; también estaría Violeta Parra, con canciones con una dimensión social más marcada y que son muy, muy emocionantes. Todo eso me influyó mucho. Pero, el hecho de que en este disco resulte tan especialmente marcado tiene que ver con mi ciudad y el tema de ‘Las 6 de la Suiza’, que aparece al final del disco. Es algo que marcó mucho la vida de la ciudad y que nos golpeó muchísimo: ver a seis compañeras que por hacer sindicalismo se enfrentaban a unas penas de cárcel que ahora están cumpliendo. Estuve implicado en las movilizaciones y en actos, y yo creo que las canciones han de ser permeables a lo que ocurre en tu propia vida, pero también, cuando abres las ventanas, a lo que sucede fuera. Así que sentía la necesidad de que estuviera presente en el disco. Y es mejor dejar que las canciones sean, como digo en otra canción, como pequeñas bestias salvajes que te van diciendo por dónde tienen que escribirse. En el momento en el que estábamos grabando el disco, se entendía poner el foco en el antifascismo por la situación, pero es que ahora mismo, y tal y como están sucediendo las cosas, parece que tiene aún más sentido. Debido a la locura a la que estamos asistiendo ahora, creo que aún tiene más sentido que las canciones populares sean un grito contra el fascismo, porque la música popular tiene que alzar la voz y acompañar también a luchas colectivas. Sin dejar de lado la parte emocional, que creo que es la que de verdad tiene que brillar en las canciones.
“A pesar del compromiso político, las canciones son actos emocionales y no tengo intención de soltar mítines”
¿Sientes entonces, cuando escribes canciones, una obligación moral o social que te resulta imposible de ignorar? Me refiero a cuál deber ser, en tu opinión, la finalidad principal de la música. O, al menos, de tú música, alejada del hedonismo.
Respeto y me gustan mucho esos artistas que utilizan la música de una manera más evasiva. Pero yo, para escribir una canción, necesito sentir la urgencia de contar algo, y siempre suelen ser cuestiones que me resultan difíciles de comprender: emociones muy complejas que no puedes expresar de otra manera que no sea a través de una canción. Y, sobre todo, se trata de contar aquellas cosas que resultan un poco más incómodas. Yo ya he citado en varias ocasiones algo que me gusta mucho y que decía Santiago Alba Rico: nos prohíben la infelicidad privada del mismo modo que nos prohíben la disidencia pública y por las mismas razones, ya que ambas revelan verdades que son incómodas. Se me ha tildado de cantautor atormentado y triste (aunque creo que hay bastante sentido de rumor en mis canciones), pero es verdad que a veces también hay que cantar a la infelicidad para confortarla, y no intentar ocultar esos sentimientos que resultan un poco incómodos y feos, pretendiendo hacer como que no existen. Para mí es importante que la música popular revele verdades emocionales que puedan resultar incómodas. A mí son las que me golpean y me revuelven las entrañas.
Sin embargo, creo que rechazas ser un escritor autobiográfico ¿Huyes de esa auto exposición?
Con mis primeros discos me preguntaban mucho que si mis canciones eran autobiográficas. Y yo siempre respondía que, cuando escribes una canción, aunque partas de sentimientos o de experiencias que conoces de primera mano, la intención es que trascienda lo autobiográfico. Una autobiografía remite más al relato de una vida y un género que tiene más que ver con el ensayo y con el periodismo. Me resultó curioso cuando se puso de moda hablar, en la literatura, de la auto ficción. Era un buen término para aquellos primeros discos: tenía que haber dicho que mis canciones no eran autobiográficas, pero sí auto ficción. Porque, al final, cuando cuentas cosas que tienen que ver con tu propia vida, a veces para llegar a buscar una verdad emocional que es la que generalmente debe (como te decía antes) brillar en las canciones, tienes que ficcionar la realidad. La realidad, por sí misma, tampoco tiene por qué resultar emocionante. Tienes que trazar una línea que separe la canción de la realidad pura y dura. Lo que pasa es que esa línea a veces puede ser muy estrecha o puede ser más amplia, según la perspectiva y desde dónde lo cuentes. Hay que reivindicar ese tipo de canciones, porque es una intimidad que tú expones para compartirla y para que llegue a gente que pueda resignificar esa canción y apropiarse de esa intimidad tuya. Y que puede resultar impúdica para algunas personas, pero que al final es lo que nos hace humanos a todos.
El disco se titula “Vidas semipreciosas” ¿Es justamente eso lo que disfrutamos la mayor parte de la ciudadanía del primer mundo en la actualidad?
Hay una analogía entre los minerales y nuestras vidas y con cómo se articula la sociedad. En joyería hay muy pocas piedras que se consideren preciosas, con un grado específico de pureza y dureza. Hay una escala, con piedras con ese grado de dureza y colores muy específicos, que son escasas y carísimas. Son como una especie de élite o de pijerío dentro de las piedras. Serían como la élite que nos gobierna. Y, sin embargo, las vidas semipreciosas serían como esas piedras mestizas que se encuentran mezcladas, más impuras e imperfectas, pero que se necesitan para existir y que, además, son las que se pueden permitir comprar la mayoría de los mortales. Y son mestizas, como somos todos los seres humanos: una mezcla de componentes. Vivimos en un mundo en el que el discurso racista está calando mucho y creo que deberíamos redefinir un poco cuando hablamos de racismo, porque las razas en el ser humano son un constructo social y cultural. Realmente no existen razas desde el punto de vista biológico. Todos los seres humanos somos una mezcla de razas. Incluso en la izquierda se ha puesto muy de moda hablar de gente racializada, pero siempre lo hacemos desde el punto de vista de una persona blanca o caucásica, y parece que la gente racializada es la otra, pero nosotros estamos tan racializados (o, en su caso, no lo estamos) como esa gente a la que llamamos racial. Debemos reivindicar ese mestizaje que hace que todos tengamos más cosas en común de las que creemos, y el hecho de que se puedan establecer tejidos solidarios con otros pueblos y otras culturas. Que podamos aceptar que nos necesitamos mutuamente y somos seres interdependientes.
Tengo la sensación de que el tema “Tiempos de lobos” podría funcionar como manifiesto representativo de lo que significa el disco como obra conjunta...
Yo tenía mis dudas con esa canción, pero me convencieron algunos compañeros de la banda y la verdad es que sí: parece que es una canción que tiene bastante sentido dentro del disco. No quería que fuera como algo que remitiera tan directamente a lo que parece que remite: que esos lobos de la canción sean ese auge del fascismo que estamos viviendo, pero en realidad sí que hay algo de eso. Habla un poco de las cosas que nos pueden horrorizar y generar miedo, y de cómo ese miedo nos puede atenazar, pero que tiene que transformarse en una especie de fuerza para combatir aquello que nos horroriza. En este caso sí que puede ser el fascismo, y como hay una vena antifascista que atraviesa todo el disco, es una canción que quería colocar en la parte media del disco.
Ahora que estamos absolutamente expuestos a campo abierto gracias a las redes sociales (y más aún los artistas o figuras públicas) ¿Te preocupa la polémica o los comentarios que puedan generar las canciones de “Vidas semipreciosas”?
Ya me ha pasado en ocasiones y lo que pasa en redes sociales tienes que tomarlo con mucha distancia. Me acuerdo cuando estaba activo en Twitter y aquello que se convirtió un poco en un lodazal, pero una vez que hice un comentario antitaurino y estuve como dos meses recibiendo amenazas de mucha gente que decía que iba a ir a reventar los conciertos. Y no lo hacían, pero tuve a la banda asustada. Las redes sociales son un campo muy bien elaborado para los haters y gente que lo utiliza para lanzar ese tipo de mensajes. Precisamente por eso creo que hay que tomarlo con cierta distancia, pero tampoco a la ligera y, si por ejemplo hay amenazas de muerte como estamos viendo que está pasando con algunos periodistas, creo que a lo mejor sí que hay que tomar alguna medida. Pero bueno, tanto como que me preocupe, no creo. Tampoco sé lo que generará, ya lo veremos.
“Vidas semipreciosas” es un disco diverso estilísticamente, en el que también tiene cabida el folklore (por ejemplo, en “Fíu” o “Seis pardales”). Lo cierto es que esta reinterpretación de la música tradicional ahora es relativamente habitual dentro de la escena, seguramente después de que Rodrigo Cuevas echará abajo esa puerta y desplazara el tabú. Tú esto ya lo hiciste, sobre todo, a través de en Lucas 15 (en 2008 y junto a Xel Pereda) con la música tradicional asturiana ¿Qué te parece esta reivindicación de la música tradicional y el folklore?
Creo que es algo que ha llegado para quedarse. Más bien veníamos de una moda, por lo menos en la escena indie, que consistía en hacer música con excesiva influencia anglófila. Hablo de referencias anglófilas que están muy bien, y son grupos que nos gustan mucho, y crecimos con ellos y yo los adoro. Lo que ha hecho Rodrigo ha sido una cosa monumental, pero ya ocurría antes, no solo en mi música y también en la que hice con Lucas 15, sino que también estaba ocurriendo en muchas partes del Estado. Creo que todos los grupos que empezaron en el indie, como Los Planetas, por ejemplo, también empezaron a buscar en sus raíces y en su caso a cantar canciones de flamenco hechas a su estilo planetario. Y también pasa en Cataluña o en Euskal Herria: hay muchos grupos y artistas interesantes que incorporan elementos de su tradición para hacer música vanguardista. Creo que mirar hacia el lugar de donde venimos debería ser algo muy natural. Ya lo hizo Violeta Parra, que quería ser folclorista, pero quería rescatar la música que realmente representaba el sentir del pueblo chileno. Creo que es muy importante saber de dónde vienes para intentar llegar lo más lejos posible.
“A veces hay que cantar a la infelicidad con la intención de confortarla”
Lo que ha sido palpable a lo largo de estos veinticinco años de carrera es que cuentas una especial sensibilidad que no sé si se traduce, al menos en algunos momentos, en fragilidad existencial ¿Es difícil sobrevivir con esa cualidad en un mundo cada vez más deshumanizado? Siempre me acuerdo de Elliott Smith...
Yo también le he dado muchas vueltas a este concepto y creo que lo que hay que hacer es tomar conciencia de nuestra fragilidad y no avergonzarnos de ella. Intentar crear un tejido hecho a base de afectos y cuidados en el que poder apoyarnos. En estos casos suele faltar eso. Y cuando murió Elliott Smith, además, era una época en la que no se hablaba tanto como se habla ahora de la salud mental. Ese tema parecía que era un problema individual que teníamos cada uno y que nos avergonzaba, cuando en realidad esas cosas se vencen muchas veces apoyándote en gente. Vivimos en un mundo tan híper individualista que incluso afecta a cosas tan importantes como el duelo, y a veces nos encerremos en casa y pasamos solos el trago. El año pasado fue un año especialmente horrible en Asturias, porque vimos morir a muchos compañeros y a mucha gente de la cultura. Y fui consciente la fragilidad de esta vida y me di cuenta de lo importante que es que nos cuidemos nosotros, pero, sobre todo, que nos cuidemos entre nosotros.
Lo cierto es que, a día de hoy, eres un artista clave y clásico dentro de la escena de nuestro país ¿Qué permanece dentro de ti del Nacho Vegas que debutaba en solitario hace un cuarto de siglo con “Actos inexplicables” (Limbo Starr, 01)?
Hombre, espero que quede algo. La verdad es que mi vida ha cambiado mucho con los años y también el mundo en el que vivo. Pero siempre que me enfrento a un nuevo disco y a un nuevo repertorio, intento volver a aquel momento en el que escribía las canciones de mi primer disco, cuando ni siquiera sabía si iba a interesar a alguien o si alguien me las iba a publicar; o si iba a tener un público... porque venía de Manta Ray, pero estaba haciendo algo diferente y además canciones que no tenían muchos estribillos ni unas melodías muy claras. Tuve la suerte de que me fue bien y lo que intento es recuperar o recordar esa especie de inocencia con la que escribía esas canciones y que es necesario para el resultado de una canción. Las escribía porque sentía la urgencia de escribir sobre algo. Y cuando me enfrentaba al repertorio de este disco, intenté alejarme de todo aquello que pasa alrededor cuando publicas un disco, para a cambio pensar que las canciones son lo importante, al margen de todo lo que suceda con ellas. Y tienes que ser totalmente sincero y seguir teniendo esa capacidad de asombrarte, que es un poco lo que creo que hace que las canciones se sientan canciones. Eso es lo que espero que prevalezca a pesar del paso de los años. Pero es algo que hay que cuidar casi diariamente, para no apoltronarte y no convertirte en un cadáver andante.
Precisamente, y el caso de un artista tan longevo como es tu caso ¿Se pierde un poco la pasión? Me refiero a si el impulso emocional pasa a un segundo plano en beneficio de una interpretación laboral acerca de lo que significa dedicarse a la música como modo de vida.
Intento compartimentar esas dos cosas. Por un lado, tomar conciencia de que lo que hago es un oficio y es mi sustento vital, pero que además es un trabajo que no solo depende de mí, sino que depende de compañeras en la oficina o de mis compañeros de banda. Y, por tanto, tengo una responsabilidad para con ellos y ellas que también necesito cuidar. Pero eso lo compartimiento bastante con respecto a lo que tiene que ver con la pasión. Es importante seguir teniendo la capacidad de apasionarte con las cosas. El otro día leía en Instagram que a partir de los 33 años dejamos de emocionarnos con la música nueva que descubres. Yo no creo que sea así y me he emocionado muchas veces después de los 33 años. Aunque es cierto que los estímulos culturales que te llegan cuando eres adolescente, hasta los 25 años, te marcan de una manera muy especial. Y luego tienes que ir incorporando cosas y quitándote prejuicios. Y creo que hay muchísima música, cultura o libros, y muy poco tiempo en la vida, como para permitirse el lujo de dejar de emocionarse. Y, cuando tienes la suerte de dedicarte a un oficio vocacional como este, creo que la pasión es importante. A veces tengo momentos en los que me encuentro agotado, después, por ejemplo, de problemas técnicos... y este disco fue complicado de mezclar. Pero también veo que se va creando algo, que tienes a gente que está trabajando muy duro para hacer que el disco tenga un recorrido (y, con tantísima música que sale hoy en día, tampoco es tan fácil), y que están montando una gira maravillosa. Así que no puedo permitirme dejar de apasionarme con la música.
¿Sigue siendo la timidez (sobre todo sobre un escenario) un problema para ti?
Yo era sobre todo muy tímido (y lo vivía como de una manera problemática) cuando era adolescente. Y creo que la música me ayudó a vencer esa timidez. Incluso cuando salía al escenario tapándome la cara, creaba como un cierto personaje. No un personaje rollo rock & roll, si no un personaje más del tipo Stanislavski. Para mí, subirte a un escenario y actuar es como ponerte una máscara, pero no para esconderte detrás de ella, sino para poder contar más verdades a través de ella. Contar historias en primera persona, pero también en tercera persona o en primeras personas que no eres tú. Entonces te conviertes en otra persona o en una especie de actor que trata de contar verdades emocionales. Eso me ayudó mucho a vencer una timidez que era casi patológica. Lo llevó bastante mejor.
Vi hace muy poco en Filmin el documental “Luz de agosto en Xixón” (17) de Alejandro Nafría. Las opiniones del documental sobre Xixón son un poco críticas con la ciudad ¿En qué momento se encuentra ahora mismo Gijón y cómo crees que consigue influir ese escenario a priori circunstancial que es la ciudad en un artista? ¿Cómo ha influido la ciudad de Xixón sobre la obra de Nacho Vegas?
La ciudad en la que vives influye mucho y se cuela en las canciones. Creo que incluso se refleja un poco en los primeros discos y en las primeras canciones que escribía, a finales de los noventa, cuando creo que había un Xixón muy triste. Veníamos de las últimas luchas obreras y las últimas derrotas del sector naval que nos infligió el neoliberalismo. Y a partir de ahí, todo fue de mal en peor. La década de los dosmiles fue realmente una ciudad difícil, que además iba envejeciendo poco a poco porque se creó un éxodo. Yo me quedé a vivir en Xixón porque pude permitírmelo, pero mucha gente de mi generación se tuvo que marchar porque no había trabajo y, lo que llamaron reconversión industrial, fue realmente destrucción industrial. Eso marcó mucho la ciudad. Sin embargo, hubo un nuevo impulso en los que nos quedamos, sobre todo em los albores de la siguiente década y con el cambio de clima que hubo con el 15M. Ese clima social creó nuevas ganas de hacer cosas y se creó un tejido asociativo que no existía en la ciudad. Es un momento en el que es una ciudad un poco más bonita, más amable, pero por otro lado ocurre como en todas las ciudades del Estado: hay un problema de vivienda tan brutal, entre pisos turísticos y alquileres estacionales, que está expulsando a gente. Mucha gente de la escena musical vive en zonas rurales. Es un poco la solución que se está encontrando, pero no deberíamos dejar que nos echen de nuestras ciudades.
“Las canciones son como pequeñas bestias que tienen el de poder reinterpretarse e incluso resignificarse”
Comentas, en el mismo documental, que durante la gira que siguió a “Verano fatal” (Limbo Starr, 07), Christina Rosenvinge consiguió cambiarte la perspectiva (en este caso matizada desde una óptica femenina) acerca de muchos temas, revelando en ti algunos micromachismos ¿A qué te referías?
Cuando después Christina sacó “Tu labio superior” (Warner, 08), recuerdo que una persona que trabajaba en la industria le preguntó ‘¿Ah, y las canciones son tuyas?’. Si yo saco un disco, la gente da por hecho que las canciones las escribo yo. Y, sin embargo, a Christina que llevaba ya muchísimos años de carrera, todavía le preguntaban si escribía ella las canciones. Hubo gente que me dijo que le había escrito yo las canciones de ese disco a Christina, cuando yo empecé a colaborar con Christina porque era fan de ella. Y me di cuenta de que muchas veces, en entrevistas que nos hicieron en esa época, parecía yo era el músico y ella la cantante. Ya no me gusta hablar de ‘micromachismos’, porque en realidad son actitudes machistas que, si le ponemos el ‘micro’ delante, ya parece que no lo son. Y son actitudes machistas que hemos normalizado tanto, que nos parece que no son para tanto. Cuando Christina me las fue señalando una por una, me di cuenta de que es mucho más jodido ser mujer y dedicarte a la música. Por suerte, ahora se están acabando muchos espacios de impunidad, también en la música, y están saliendo a la luz abusos cometidos. Yo mismo, echando la vista atrás y uniendo los puntos, me doy cuenta de que asistía a cosas que ahora ponen los pelos de punta. Gracias al avance del feminismo, ahora somos un poco más conscientes de ello, pero entonces mirabas para otro lado o simplemente no creías que fuera tan terrible.
¿Crees que has caído alguna vez en contradicciones importantes?
Bueno, caigo en contradicciones constantemente. No sé si importantes o contradicciones que sean irreconciliables con el discurso. Pero ahora, por ejemplo, cuando me enfrento a una nueva gira, escucho mis discos antiguos para aplicar a canciones que me apetece rescatar y, bueno, hay algunas cosas en las que no me reconozco. Hay veces que me siento demasiado intenso o canciones que incluso tienen alguna connotación sexual que yo reescribiría. Una de las cosas buenas que tienen las canciones es que son como pequeñas bestias, como seres vivos, y tienen el de poder reinterpretarse e incluso resignificarse. No tengo miedo de coger una canción mía y reinterpretarla en otra clave. Y eso hace que cada vez que sales al escenario y tocas una canción, sientas que la estás tocando casi por primera vez o que haya cierta sensación de que es una canción nueva. Cuando ya sientes que las tocas mecánicamente, es cuando hay que quitarlas del repertorio. Esas contradicciones con las que no me siento cómodo ahora me gustan, porque voy aprendiendo de ellas. Al final, la vida se nutre de estas contradicciones y son las que generan muchas veces canciones, porque son las que hacen que explosionen como algunos sentimientos encontrados que no vas a comprender muy bien. Y eso tienes que volcarlo en una canción.
¿Cómo van a ser los conciertos presentación de “Vidas semipreciosas”?
Va a haber mucho repertorio nuevo, pero también vamos a poner, que es lo que me gusta de las giras, a dialogar canciones recientes con canciones que en algunos casos tienen quince, veinte o hasta veinticinco años... si tocamos alguna del primer disco, que puede caer alguna. Es lo bonito de las giras, y más si las interpretas con esta banda con la que ya llevo años. Tengo muchas ganas y la verdad es que tenemos aún los ensayos intensivos ahora cuando vuelva de la promo, o sea que todavía no sé cómo va a ir la gira, pero espero que sea algo emocionante.
Ya para terminar una pregunta más frugal... ¿Leonard Cohen, Nick Drake, Bob Dylan o Townes Van Zandt?
La pregunta no es tan frugal... (Risas). Recuerdo cuando hice el disco con Bunbury –“El tiempo de las cerezas” (EMI, 06–, que una de las preguntas que nos hacíamos era: ‘Si tuvieras que irte a una isla desierta, ¿elegirías para llevarte la discografía de Leonard Cohen o la de Bob Dylan?’. Y yo siempre respondía que la de Bob Dylan porque era más extensa y tendría más material, no por otra cosa. Aunque igual me parecería más redonda la de Leonard Cohen, que se tomó su tiempo para hacer las canciones. Es una pregunta tramposa como la de ‘¿A quién quieres más? ¿a mamá o a papá?’. Todos ellos forman parte de mi educación emocional.

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