A pocas horas de que Wayne Kramer aterrice en nuestros escenarios conversamos con el mítico guitarrista y fundador de MC5. Hoy viernes 16 en Apolo de Barcelona, mañana sábado en Garaje Beat Club de Murcia y el el domingo 18 en la sala Mon de Madrid.

Hace ya tiempo que la inmensa influencia de los de Detroit en el rock y el punk se ha reconocido. Para celebrar el medio siglo de su abrasivo debut Kick Out The Jams, publicado en 1969 y todo un manifiesto de una era irrepetible en lo musical y lo político, Kramer vuelve con una súper banda a la que ha bautizado como MC50. Kim Thayil (Soundgarden), Brendan Canty (Fugazi, Bob Mould), Marcus Durant (Zen Guerrilla) y Billy Gould (Faith No More) le acompañan en su bien ganada fiesta rockera. Kramer llega, además, con su autobiografía The Hard Stuff (ni traducida ni editada aquí todavía), en la que cuenta las glorias y miserias de aquellos tiempos salvajes que desembocaron en un caótico infierno de adicciones y varios años de cárcel. Se le nota (lógicamente) cansado, pero se muestra encantador.


Estáis inmersos en esta gran gira desde hace meses y si no me equivoco, ahora mismo estáis en Francia. ¿Cómo está yendo?
Está siendo fantástica. Una experiencia extraordinaria. Realmente maravillosa.

Se acaban de cumplir cincuenta años de la grabación de aquel disco. ¿Sientes nostalgia cuando miras a aquellos días salvajes?
La verdad es que no, porque sufro de retrofobia cuando miro atrás. No, aprecio lo que pasó y no le cierro la puerta a aquello, pero dedico todos mis esfuerzos al momento en el que estoy. Al día en que estoy. Hoy.

¿Es surrealista tocar cada noche con músicos para los que este disco tiene un estatus casi mítico?
No utilizaría la palabra “surrealista” exactamente, pero es interesante. Lo más importante para mí, es que todo el mundo ponga el cien por cien cada noche. Que cada uno toque e interprete bien para que suene como debe sonar. Eso hace que todo mejore.

¿Qué dirías que es lo más importante para hacerle justicia a esas canciones cada noche que salís al escenario?
Bueno, habría que decir mucho al respecto. Conocer el material y tocarlo de manera óptima; y también ser fieles a su mensaje. Nuestro trabajo es entretener a las personas, pero también provocarles e inspirarles para que actúen en sus propias vidas. El mensaje de MC5 siempre fue la auto-determinación y autoeficacia. Y el principio básico de que puedes cambiar el mundo si trabajas lo necesario. Creo que todos mis músicos asumen ese mensaje y lo ponen en sus guitarras para que llegue hasta los oídos de la gente.

“Hubo un tiempo en que lo primordial era la originalidad. Hoy en la música domina el consumismo”

Hablando de ese mensaje al que aludes, vi una entrevista reciente en la que veías paralelismos perturbadores en la situación política de Estados Unidos entre los sesenta y ahora.
El nivel de corrupción del gobierno norteamericano al nivel más alto, es preocupante. Refleja muy bien la dirección y las intenciones del líder electo. Este tipo, Trump, es un hombre peligroso. Tiene el dedo en el botón.

Empezasteis a tocar en tiempos muy turbulentos con una de las bandas de rock más salvajes que ha habido. ¿Cómo de diferente es tocar hoy en relación a finales de los sesenta y primeros setenta?
Radicalmente distinto. Hoy todos los músicos comparten mucha camaradería y respeto mutuo. No hay drogas o alcohol. La gente se puede tomar una cerveza, pero nada que ver con lo que hacíamos entonces. Han mejorado desde los alojamientos hasta las salas. Ahora viajamos en un autobús de lujo y pasamos la noche en un hotel agradable. En general, todo el mundo te trata mucho mejor ahora (risas).

Es interesante porque tendemos a idealizar el pasado.
No, era mucho más duro por aquel entonces.

¿Crees que los chavales de hoy, están igual de metidos en el rock, o tienen la misma pasión que entonces?
No. Todo ha derivado hacia algo diferente. La industria del entretenimiento ha evolucionado durante años y se ha refinado la parte industrial hasta alcanzar un nivel…industrial. Los productores tienen las herramientas increíbles en el estudio para que alguien con un talento mínimo suene como todo el mundo suena en la radio. Hay una especie de consumismo que domina la música, en lugar de que la música se autodomine. Hubo un tiempo en que lo primordial era la originalidad. Hoy domina el conformismo.

¿Qué opinas de cómo ha evolucionado el negocio en cuanto al streaming y estas cosas?
Sin duda, ha cambiado el modo en el que un músico se gana la vida. Lo que funcionaba en el pasado ya no es seguro que lo haga. No sé si tengo una respuesta. Internet sigue siendo algo nuevo y todavía no sabemos cómo manejarlo. Por supuesto, la idea de vender discos ya se ha terminado. Ahora, no sé, igual tienes que vender una camiseta y regalar la música (risas). Pero siempre ha sido duro construirte una carrera y hacerte un espacio como artista. Siempre lo ha sido y siempre lo será. El reto es que tienes que amar lo que haces…si consigues sobrevivir.

Se te considera uno de los guitarristas más respetados e influyentes del rock. ¿Qué piensas de ello y cómo ha evolucionado tu manera de entender tu instrumento?
Bueno, por el tiempo que llevo tocando, debería tocar mucho mejor (risas). Siempre es bonito que se te reconozca tu trabajo, pero sigo siendo un estudiante y será así toda mi vida.

¿Qué es lo mejor y lo peor de embarcarse en una gira como ésta?
Lo mejor es llegar a tocar cada noche con grandes músicos para públicos que lo aprecian. La camaradería y respeto de toda la gente con la que trabajas: eso es lo mejor. Lo que peor llevo son los viajes y estar alejado de mi familia.

¿Recuerdas el concierto más desastroso que has dado y el mejor de todos estos años?
No, porque ha habido muchísimos de los dos, ya sabes…en los sesenta, cuando teníamos que vérnoslas con la policía, había muchas noches que acababan fatal. Pero cuando las cosas salían bien, tenías una sensación de orgullo maravillosa. Está un poco en la naturaleza de esta bestia, de este tipo de arte que tiene el potencial de explotarte en la cara, o, por el contrario, ser muy gratificante.

¿Y la cosa más extraña que te ha pasado sobre un escenario?
Oh, no sabría por dónde empezar…¡te tendrás que leer el libro! (risas)

¿Tienes alguna sala, ciudad o país predilectos para tocar?
En este momento, aquel sitio en el que vaya a tocar por la noche (risas). Me siento igual en todo el mundo. Lo que importa es lo bien que lo hagamos nosotros y cómo metamos a la gente en nuestro concierto.

“No recuerdo el concierto más desastroso o el mejor, porque hubo muchos de ambos. En los sesenta había muchas noches que acababan fatal”

Por cierto, ¿cómo ha cambiado Detroit en estos años desde que empezaste a tocar?
Los cambios han sido dramáticos y no para bien. En la era de MC5, vivían dos millones de personas en la ciudad. Era uno de los centros manufactureros del mundo. Hoy hay menos de setecientas mil. Mucha gente está peleando para salir adelante. Creo que podría llegar a ser una ciudad pequeña y agradable tipo Portland, muy de artistas y emprendedores, pero nunca volverá a ser lo que fue. Hoy es una ciudad muy dura. La pobreza es enorme. La población negra joven tiene una tasa de desempleo del cuarenta por ciento.

Pero en su momento fue la ciudad del automóvil…
Lo fue, pero incluso entonces, la gente negra no participaba de esa prosperidad, sino los blancos.

Creo que actuaste en junio en el ARF, y ahora vuelves con estos tres conciertos. Se suele decir que el público español es de los más agradecidos del mundo. ¿Es un tópico?
No, es uno de los mejores del mundo. Mi experiencia me dice que a los españoles les encanta el rock. Aprecio mucho eso, me recuerda al público de Detroit. Siempre he disfrutado tocando en España.

Una pregunta tonta: ¿Tienes alguna comida española favorita?
Sí, porque ¡me gustan todas! (risas). Tíos habéis perfeccionado el arte de vivir bien, de cómo comer, cómo trabajar y descansar.

Termino: ¿me puedes adelantar algo de tus memorias?
Bueno, no es un libro de rock. O sea, hablo de ser un músico y meterme en un grupo y crecer con él, y todo lo que pasó con MC5. Quería escribir un libro sobre lo que es ser una persona y hacer algunas buenas elecciones y otras terribles. Y que es posible cambiar y madurar y conseguir tener una vida con cierto sentido.