MÁS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL
Entrevistas / The Cult

MÁS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL

Redacción — 01-06-2001
Fotógrafo — Archivo

ARRESTOS EN LOS ESTADOS UNIDOS, ACCIDENTES DE COCHE, ENCUENTROS CON MONJES EN EL TIBET, PLEITOS CON DIRIGENTES INDIOS A CUENTA DE PORTADAS. EL BAÚL DE VIVENCIAS DE THE CULT ES TAN PROFUNDO QUE CONVIENE BUCEAR A FONDO EN “BEYOND GOOD AND EVIL” (DRO, 01), SU NUEVO ARTEFACTO, PARA RASTREAR EL PECULIAR UNIVERSO DE IAN ASTBURY, PERSONAJE CARISMÁTICO DONDE LOS HAYA.

Siete años sin dar a luz un disco no son nada cuando se es un ente creador tan prolífico como Ian Astbury, el frontman de The Cult. Quien piense que el barbecho de una de las formaciones señeras en el mundo del rock ha caído en dique seco se equivocará. “Llegué a un punto en el que estaba espiritual y físicamente exhausto y me apetecía hacer algo sin tener que estar supeditado a los dictados de la máquina The Cult. Así que empecé con una banda de garage -Ian debe referirse a su proyecto paralelo The Holy Barbarians-. Estuve seis semanas grabando en Los Angeles y Liverpool y luego fuimos de gira a España en 1996. En Barcelona dimos el último concierto en noviembre. Después volví a Estados Unidos y pasé tiempo con la familia y los amigos. Más tarde me fui al desierto de California, a Palm Springs. Hice mi álbum en solitario con Chris Goss -líder de Masters Of Reality y productor de Kyuss- y lo terminé en febrero 1998. También tuve algunos problemas con el estudio y la compañía de discos, problemas de dinero”. Poderoso caballero para un personaje que ha crecido espiritualmente, algo que viene avalado por su estrecha relación con Crass, los popes del punk británico contestatario, y su fijación por los indios, reflejada en algunas letras de sus canciones. “La mayoría de los punks sólo están enfadados y no tienen una solución para los problemas. Sin embargo Crass vivían en comunidad y tenían unas ideas hardcore que se reflejaban en compartirlo todo: comida, ropas… Su filosofía fue crucial porque sirvió para definir mi vida. Antes de que estuviera envuelto en el punk no tenía ideales, no había convivido con los sin techo ni con la gente de la calle. Algo parecido me ocurrió con mi banda Southern Death Cult.

“Veo interesante hacer bellos paisajes como los de DJ Shadow. Esa es la idea de mi disco en solitario, algo diferente a The Cult”

Teníamos una mentalidad y un concepto de la libertad muy interesantes pero creí que era conveniente dejarlo cuando nos llegó el éxito comercial. Respecto a mi relación con los indios, se debe a que crecí en Canadá, donde hay una importante comunidad india. Cuando tenía once o doce años mis amigos eran de la India, Jamaica y a los otros niños, los indios, los veía como chicos malos. Empecé a interesarme por ellos cuando comprendí que eran una nación alienada y entendí la estrecha relación que tienen con la tierra y la naturaleza, una visión alejada totalmente del materialismo occidental”. Astbury se muestra frío en apariencia, mastica una mandarina y se sirve una taza de té. Su mirada algo estrábica decide no cruzarse en mi campo visual. Hablemos de lo que más nos atañe, el nuevo engendro de The Cult, “Beyond Good And Evil”. “Llevábamos cuatro años preparando el disco y teníamos unas ideas bastante claras al respecto. Es un trabajo muy duro, sexy, furioso, muy ingenuo y enérgico. Nos absorbió mucho ya que tuvimos que elegir entre cincuenta canciones en las que trabajamos durante cinco meses. Sólo las mezclas nos llevaron dos meses”. En esta tarea se vio envuelto Bob Rock (Bon Jovi, Veruca Salt), productor con quién lidiaron en el álbum “The Cult” (94). “Trabaja muy bien las voces y consigue que mi voz empaste perfectamente con la música”. El concepto del disco tiene mucho que ver con esa búsqueda interior que le ha llevado hasta el Tibet. “Es un álbum mucho más positivo que los precedentes: refleja la idea de que nuestras mentes pasan demasiado tiempo ocupadas en cosas banales. Hay muchas posibilidades de hacer algo más interesante que ver la televisión, leer un libro o masticar un chicle. La mente no deja de trabajar incluso cuando estamos dormidos. Es un mundo con el que chocamos, ya que no vivimos sólo en una dimensión física sino también en un plano espiritual. Es una especie de rebelión contra lo material”. Al margen de sus colaboraciones con Zen Mafia o Tomy Iommi –“la música de Black Sabbath es como ciencia ficción, letras sobre grandes sacerdotes que esperan la llegada de naves espaciales en un planeta moribundo” -, y su peculiar versión del “Wild Child” de The Doors, aparecida en el tributo “Stoned Inmaculated”, uno se pregunta sobre su filiación a las corrientes electrónicas. “Un artista electrónico más que un escritor de canciones es un programador. Veo interesante hacer bellos paisajes como los de DJ Shadow, donde no existe la figura del cantante. Esa es la idea de mi disco en solitario, algo diferente a The Cult”.

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