De hecho, la polifacética artista catalana anda siempre viajando. Puedes coger un mapa y en el sitio que marques al azar, quizá ahí esté ella. A veces lo hace por placer, pero casi siempre por trabajo. Toca allí donde la llamen y, ya de paso, aprovecha para aprender y tomar lecciones de vida y, a ser posible, sacar una melodía o una letra para una canción. Para Magalí Sare la poesía es una obsesión, algo que enlaza con los idiomas. De cada país que pisa tiene libros, tanto de gramática coreana como diccionarios del este de Europa. Así pues, a ella no la asusta cantar en cuantos más idiomas mejor. “Si no es por placer es por trabajo. O bien todo mezclado, que también pasa. Viajar y hacer conciertos es una experiencia estimulante. Mi trabajo es mi pasión y esa inquietud es la que me lleva a tener tanto volumen de cosas. A veces es preferible no correr o no querer estirar la experiencia, consiguiendo un solo arreglo ya me abro caminos. La clave aquí no es el miedo, sino la confianza. Hago muchas tareas de búsqueda, algo que es perfectamente válido, ya que la parcela es pequeña”.
"Yo a Rosalía la admiro mucho. Por ejemplo, le debo que me despertara esa inquietud flamenca”
Aunque viaje mucho, Magalí tiene su refugio, la casa la tiene organizada para poder trabajar, tiene instrumentos por todos lados y conoce los trucos de cada rincón de la misma (sin ángulos rectos) para extraer el mejor sonido. Incluso, para hacer las voces, se mete en el armario de la ropa del que aprovecha la circunstancia de que es más seco. Así es el mundo de Magalí, armonioso y a veces contradictorio. Sin embargo, hubo un momento en que si aburrió un poco la música y sus métodos. “Durante la carrera de jazz me cansé de mi misma, no me entusiasmaba profundizar tanto en un solo estilo. Y es que, si haces otras cosas, no dispones de ese tiempo. Por eso, en ‘Descasada’ me lo he hecho yo todo”. En todo caso, ella ha tenido el control sobre este disco, pero ha contado con un equipo amplio y muy implicado, de Sebastià Gris (brillante en el trabajo de producción) a Manel Fortià (contrabajista prodigioso). Es más, para la gira contará con un coro numeroso. “A nivel de infraestructura voy creciendo y, sin darme cuenta, cada vez soy más empresaria. Y para mí la clave de esta gestión es pagar muy bien a todo el mundo. De ese modo, puedo pedir cosas. Prefiero estar en números rojos, pero es que si no lo otro me genera mucha inseguridad. Con lo cual, intento respetar a todo el mundo. Y luego he tenido dos buenas subvenciones que me han ayudado a poder hacer todo esto. A esto sumo el ejemplo y el valor de mi padre, que ha sido empresario de espectáculos y me ha transmitido el propósito de colectivizar. Saber delegar tiene un efecto colateral positivo: no te sientes tan solo”.
El origen de “Descasada” está en un viaje a Eslovaquia en el que descubre un canto tradicional de una novia que se despide de su tierra y su familia antes de casarse. A partir de ahí empieza a investigar sobre el papel de las mujeres en el matrimonio, ya sea en el Mediterráneo, en Europa o en Sudamérica. Esto adquiere aquí categoría de símbolo y, lógicamente, un sentido feminista. “Yo reivindico el privilegio de hacer lo que me de la gana. Ser feminista podría ser una cuestión accidental. Yo vivo así, en este caso me pongo estas gafas que son mías y con las que veo lo que pasa aquí o en zonas en conflicto y en guerra, donde se acentúa más ese sentimiento”. Plasmar en un disco tanta ambición no es fácil. Para “Descasada” planteó varios frentes mientras estrujaba los canales del jazz, la música clásica, el folklore y lo que se le presente. “Uno era El Cor Bruckner Barcelona que es de mi hermana. Ya en ‘Esponja’ quería grabar una con ellos. Otra era la familia de ‘corda fregada’ y, finalmente, las colaboraciones, desde Pau Figueres a Llorenç Barceló, el único músico que hizo al completo la gira de ‘Motomami’ y, mi casa, como otro de esos frentes”.
Hablando de “Motomami”, una de las canciones del disco se títula “Rosalía”, algo que añade más morbo. “Ha sido una casualidad total, con palabras atribuidas a las dos Rosalías más importantes que ha dado este país, Rosalía de Castro y nuestra Rosalía, la actual. Así que creíamos que esto despertaría curiosidad. De hecho, cuando se dio a conocer ‘Berghain’ (primer single de ‘Lux’) me escribió mucha gente que ya sabía de qué iba “Descasada”: había música clásica e vestida de blanco, como yo, y además cantaba en diversos idiomas. Son casualidades normales y, a ver, qué demonios, nadie lo había hecho antes. Es la búsqueda de esa parte nuestra más curiosa. Yo a Rosalía la admiro mucho. Por ejemplo, le debo que me despertara esa inquietud flamenca”.
Magalí pertenece a esa generación de artistas catalanas que actúan sin prejuicios y con total libertad, no necesitan pedir un permiso para crear. “Cuando pides permiso tienes esa duda, ¿lo puedo hacer o no lo puedo hacer? Entonces, como yo tengo claro que lo quiero hacer igualmente, pues entonces no lo pido. Yo me siento muy identificada con eso. A veces me han dicho, ‘qué valiente eres haciendo esto’. ¿Y por qué? Mucha gente lo justifica diciendo que está fuera de tendencia y yo lo hago simplemente porque lo quiero hacer. A veces no sé si es ausencia de miedo o ignorancia”.

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