No hay duda, esto se ha hecho grande. A media cuesta, Love of Lesbian ha decidido aparcar automatismos y reflexionar sobre la inspiración, un milagro cíclico…. Y esquivo. Warner se ha lanzado a editarles “El Poeta Halley”, un disco aplacado y riesgoso (alto de minutaje). Un harakiri ‘lesbiano’.

Santi Balmes llega tarde —se ha dormido—, y mi entrevista se ha aplazado un par de horas. Son días movidos, y ésta es sólo una primerísima sesión de prensa. Sólo llevan un par de entrevistas. Pero en un mes, comeremos y cenaremos Love of Lesbian. “Antes de empezar, lamento lo de antes, tío. Tenía apuntada la entrevista para mañana. Empiezo bien la promo”, se sonríe Balmes, mientras tensiona los músculos de la parte derecha de la cara y rebusca un pitillo dentro de su chaqueta de corte ‘british’. Este es sólo el principio. De hecho, esta semana se encierran a ensayar el que será el nuevo espectáculo de Love of Lesbian.

¿Para cuándo odiarás a la prensa?
De aquí a un mes. De momento me gusta, en estos momentos todavía estoy descubriendo el discurso del disco. Me gusta descubrirlo con la prensa…

¿Hay otra manera?
Hay gente que se hace una previa, un guión. Sé de bandas que se lo reparten entre los miembros, incluso.

¿Política de partido?
Sí, sí, sí. [Insistente]

¿Vosotros nunca lo habéis hecho?
No, pero de aquí a un tiempo, de estar a mi lado escuchando en un sitio y otro, todos se saben el rollo. Pero, por ahora, tengo todo por descubrir.

Vayamos al principio, cómo te gusta el espacio: estrellas, asteroides… Cometas.
Creo que cualquier creador tiene un pie en el suelo y el otro bien arriba. Es cierto que en mi caso los personajes que ‘vuelan’ siempre están bien presentes. Se repiten a medida que hago discos. ¿Por qué? Tengo la necesidad de encontrar personajes que vean las cosas metafóricamente, desde una perspectiva. Juego con esa ambivalencia: la ‘temática de asfalto’, la que baja al suelo, y la ‘elevada’, la que toma distancia de las cosas.

¿Salió rápida la idea del título?
A veces escribo de forma muy automática. Me salió rápido lo del ‘Poeta Halley’, y le hago caso a mi inconsciente a menudo (es más inteligente que yo). Hay cosas de mi inconsciente… Me dice: ‘Atento, aquí adentro hay un mensaje’. Y no me quedé sólo con el chascarrillo, con el juego de palabras, sobre Halley. Cuando le vi el sentido profundo, eso me dio el argumento para desarrollar las columnas del disco.

“El proceso de creación es cíclico, como el cometa. No todo el día estás inspirado. Ya molaría, ya. Pero hay momentos de oscuridad y vulgaridad”.

¿A qué se debe que en este disco pese más la parte aplacada?
Este disco tiene una perspectiva más calmada de todo. Si “La noche eterna. Los días no vividos” fue el ‘post festum pestum’ [los romanos usaban la expresión ‘post festum, pestum et post coitum, tedium’ para referirse a la visión pesimista, realista, de la vida] este es mucho más asentado.

Has hecho un disco que gira alrededor del proceso de creación.
Bien, trata sobre ir a buscar la esencia. No olvidar por qué estás metido en este rollo. Tocar en un festival delante de miles de personas es muy agradecido, pero todo se basa al final en un motivo algo primigenio: encontrar tu esencia como autor.

La importancia del proceso de creación.
La sensación de: ‘Hoy tengo estas tres frases, ha valido la pena’. Eso es lo que me hace tirar adelante: eso es “El poeta Halley”. El proceso de creación es cíclico, como el cometa. No todo el día estás inspirado. Ya molaría, ya. Pero hay momentos de oscuridad y vulgaridad. Es como estar todo el rato mirando al cielo, esperando ese momento que te haga seguir. Y ésa búsqueda, al fin y al cabo, debería ser el ‘late motiv’ de cualquier banda que lleve un cierto tiempo en esto.

Kiko Amat divide entre dos tipos de autores: los que tienen un porqué y los que no. En una banda de vuestras dimensiones, ¿hace falta plantearlo a menudo?
Te diré que tal vez sea nuestro disco que gira más hacia el arte; por primera vez el arte se convierte en el hilo argumental. Con eso te contesto. La apuesta tiene un punto egoísta —a partir de lo que te pase con las personas, tu puedes crear una obra artística— pero nosotros siempre estamos buscando ‘la magia’.

¿Y eso?
La vida, tal y como es… Tengo una cierta fricción con ella. Y no me reconcilio sino es a través de la música. Sea hecha por mí o escuchada de otro.

No todo el disco habla de ese ‘proceso de creación’, claro. Cómo encontrar el equilibrio entre un disco para ti y un disco para tu público.
No, no es conceptual, ‘la creación’ es una idea que atraviesa simplemente. Que hablen directamente sobre ‘la creación’ son cuatro temas de trece. En los otros son canciones que no hablan de “El Poeta Halley”, ni de la búsqueda; reflejan la vida normal, ‘sin inspiración’. Y en esa dualidad nos encontramos siempre los que llevamos años escribiendo.

¿Escribirías si no existiese Love of Lesbian?
Yo escribo por placer, es importante para mi. Y me doy cuenta que las mejores cosas que me han pasado es porque encontraba placer en ellas.

“Hay las dosis homeopáticas justas de pop. “El Yin y el Yen”, por ejemplo. Pero el resto es un desparrame”.

¿Uno se olvida de lo que le gusta cuando entra en una rueda industrial?
De alguna manera, cuando adquieres una cierta popularidad o éxito, viniendo de una escuela ‘indie’, a veces tienes problemas contigo mismo, cierta culpabilidad: ¿Habremos hecho las cosas ‘a propósito’ para que esto vaya así?

¿Qué crees?
Se generan unas inercias que a veces ni tan sólo tú controlas, la verdad. La parte del negocio, por ejemplo.

¿La idea a perseguir sería que se puede mantener un crecimiento sostenido, que permita ese placer del que hablabas?
En un momento dado, sobre todo ahora que hemos firmado por Warner [hasta ahora sólo les llevaba distribución, ahora también es su discográfica] podríamos haber hecho un disco diferente. Si hubiésemos tenido una presión de la discográfica (no ha sido así). O una auto-presión, en plan: ‘¡Vamos a reventarlo!’ Pero para nosotros ha sido lo contrario, lo vemos como una oportunidad: tenemos tres discos para elaborar un discurso propio. Durante este tiempo, corríamos el peligro de desviarnos hacia un lugar fácil.

Cómo quieres que se reciba el disco.
Ni puta idea.

A primera escucha, costará: la media de las canciones es de cinco minutos.
Hay las dosis homeopáticas justas de pop. “El Yin y el Yen”, por ejemplo. Pero el resto es un desparrame. De alguna manera, el título era la premisa: no tengas miedo a desparramarte líricamente. No te diré que queremos que este disco fracase, pero nos hemos apartado de ello, hemos hecho lo que hemos querido. Y no olvidamos que, todo lo que nos ha pasado, al final ha sido muy casual. En ningún momento pensamos: ‘Vamos a hacer un disco que se llame “1999″ y que lo pete’.

“Bajo el volcán” dura seis minutos, ¿es un ‘hit’?
No se sabe qué es un ‘hit’. Hay muchos músicos intentando hacer canciones de dos minutos con estribillos y al final eso no representa nada para la gente. Y mira, “Bajo el volcán” está funcionando bien. Te cuento una anécdota: justo coincidió que estábamos en el estudio y Bowie sacó “Blackstar”… ¡de 10 minutos! Eso nos animó a tirar adelante las canciones: somos conscientes que este no es un disco de primera escucha. Y por ello lo sacaremos por dosis, canción a canción.

Es innegable, hay mucha chicha.
De hecho por un minuto no es doble. Nos la hemos jugado.

Pues no será porque no sepáis hacer temas de tres minutos.
Podemos hacer como ese artesano que, haciendo un tipo determinado de alforja, la venderá a tal precio en el mercado. Tenemos las herramientas. Sabemos hacer temas de tres minutos y que la gente bote. Pero hay motivos inconscientes que todavía no sé porqué nos han llevado a hacer un disco así de denso y líricamente rico. Supongo que era una oportunidad de hacer un disco que, dentro de diez años, nos guste escuchar. No pensar en lo instantáneo sino tocar en diez años “Los males pasajeros” y pensar: ‘Qué bien’. Estamos haciendo cosas que de aquí a diez años todavía nos vendrá muy de gusto tocar.

“Lo único claro es que no queríamos sonar a festival de una forma premeditada. Queríamos huir formalmente”.

Esa idea es jodida, pues la ‘comodidad’ siempre es contexto.
Es el propio ciclo de lo que te interesa a ti en aquel momento, es verdad. Pero este disco, nos interesará.

¿A un grupo que vive del directo como vosotros, le condiciona pensar en una hipotética gira a la hora de componer?
Nosotros somos una generación que de pequeños conocíamos los discos de rock sinfónico del hermano mayor. Y veías que de alguna forma esos discos no estaban circunscritos a una gira, que Robert Fripp y Brian Eno podían hacer un disco de colaboración y que se vendería poco. Pero se vendía. Ahora por desgracia, tienes que ir con cuidado para que el disco no sea un pretexto para ir de gira. No meterte en la rueda y ser una marioneta y acabar haciendo un disco que se convierta en un producto para que la maquinaria funcione y los que viven de tu curro tengan trabajo. El mercado está como está: ahora mismo no podría plantearme un disco en solitario para crecer como compositor, sería una cosa a fondo perdido. Todo esto, quieras o no quieras, genera unas formas de trabajar, peligrosas. Que pueden hacer que te estanques. Y que te quedes atrás, pensando en la gente, sin evolución artística, porque el disco debe-ser-gol.

¿Sacarías algo sólo?
A veces pienso para mis adentros hacer otra cosa, totalmente anónima. Una prueba, para que el proceso siga flotando. Gracias a dios con los lesbianos, nunca hemos tenido esa sensación de asfixia creativa. Estoy contento con el disco y todas mis inquietudes están ahí… Pero con un disco empiezo a no tener bastante, cada dos o tres años es mucho tiempo.

Ahora tenéis bolos confirmados, pero hasta cuándo durará.
Eso siempre, nosotros nunca sabremos pasado-mañana-qué. Vivimos en la inestabilidad perpetua. Sé que la gente está pasando por situaciones muy duras, pero la música también lleva mucho tiempo jodido. Nos han forzado a vivir al estilo ‘yankee’. ¿Conclusión? De perdidos al río y haremos lo que nos dé la gana. Nos movemos bien por instinto.

¿Cuándo está escrito el material del disco? Hablando de giras, me imagino que mucho de él durante las horas de furgo.
Hay temas hechos en el ‘sleeper’ de “La noche eterna. Los días no vividos”. Con el Garage Band del Ipad, tirados en la litera. Te pongo en contexto: cuando sales muy espitado de un bolo, de repente estás en un momento tan estimulante y eufórico, te fumas unos ‘mays’ escuchando música, viajando, y te vienen muchas cosas. Hay mucho otro material que está hecho desde la reflexión del año siguiente, un año más tranquilo. Al final de todo aquello que salió del ‘sleeper’, quedó “Planeador”. Lo único claro es que no queríamos sonar a festival de una forma premeditada. Queríamos huir formalmente.

¿El EP “Nouvelle cuisine caníbal”, que separa “La noche eterna. Los días no vividos” del nuevo disco fue una etapa de pruebas?
Total.

“Tenemos que ser honestos, somos bastante ácratas. De izquierdas, de la nueva izquierda… Pero eso no vertebra nuestro discurso artístico”.

La gente tuvo miedo. Y más con el panfleto “Mal español”.
Era muy coyuntural, la verdad. Un cajón de sastre. Pero es una idea que sigue viva, igual sacamos el volumen dos. Esas tres canciones eran simplemente los ‘refusés’, que llaman los franceses: temas rechazados del canon LOL. Canciones bastardas que no están en el ‘discurso oficial’ de Love of Lesbian. [Ríe]

La gente pensó que ese era el camino.
Muchos lo identificaron como el lugar hacia el que nos dirigimos. Y no, no. Hacia allí no vamos, claro. Simplemente teníamos unos temas que se nos repetían aquí [se toca la cabeza] y los sacamos.

Faltó explicarse mejor.
Explicarse hoy en día es difícil en Twitter. Fuimos algo ingenuos, tal vez.

También entenderás que no es lo mismo hablar de política como lo haces en el panfleto “Mal español” que decir “Barcelona, poblado de modernidad” en un contexto poético como el de “Contraespionaje”. Todo es política, pero hay algo más de destilado en el segundo caso, ¿no?
“Mal español” está hecho como quien piensa en el bufón de la corte que canta ante el rey (para que el rey no le corte la cabeza). Una forma de hacer algo como lo que hizo ‘La nova cançó’, o incluso la Trinca: ‘Te la suelto entre risas, pero te la suelto’. Era un ejercicio ‘quevediano’.

Tampoco acabáis de hacer encajar el compromiso social con vuestra cosmovisión, algo individual.
Precisamente, se dice: ‘Los grupos ‘indies’ nunca dicen la suya políticamente’, y dijimos la nuestra. Pero la política no es nuestro discurso en las canciones, la verdad. Nuestro discurso es la soledad urbana, la pérdida; tenemos que ser honestos, somos bastante ácratas. De izquierdas, de la nueva izquierda… Pero eso no vertebra nuestro discurso artístico.

Firmasteis un diario de grabación para la revista. Qué destacas de La CasaMurada.
A nivel musical la premisa era eliminar capas de sonido, y lo hemos conseguido. Las guitarras y los teclados están cuando toca. Y luego a nivel de producción eso se nota en las dinámicas. Hubo mucha eliminación. Si esa guitarrita mola pero no suma, fuera. Hay decisiones que en momentos puntuales, en banda, duelen.

Y eso que lleváis 20 años juntos.
Sí pero aquí está la particularidad de cada uno. Y todo el mundo piensa que el tema lo aguanta su instrumento. Hemos llegado a la conclusión que lo importante es la canción. Eso sí, el que está dentro del sacrificio, siempre piensa: ‘Aquí estaba mi guitarra’. [Ríe]

Hace una luz rabiosa. Un sol de mediodía molesto. Mientras Santi me contesta entre risas cuánto hace que viven de la música —“yo fui el primero, un año después se sumaron el resto y eso me permitió preparar bien el “1999”; el resto de discos estaban todos ensayados, eso sí, de 23 a 1 de la mañana”— de golpe, un chaval vestido con tejanos y capucha, que se mueve deprisa pero camina vacilando, cabizbajo y empecinado en repasar los adoquines con la vista, levanta la cabeza y suelta: “¡Buena música, Santi!”. “¿Lo conoces?”, le pregunto. “No, no”, me dice Santi.

El chaval te reconoce, y eso que no sales en El Hormiguero…
Sí. [Ríe]

Bromas a parte, hay una cierta política —me comentaba Carme Tasias. Music Bus— de renunciar a según qué cosas: El Hormiguero, ya citado, o 40 Principales.
Sí, sólo hacemos lo que vemos claro. Siempre he creído algo: cada uno debe ser consciente de sus limitaciones. Yo no soy un animal televisivo. No soy carne de altos ‘shares’. No me veo haciendo experimentos con cosas que explotan y poner buena cara mientras no sé qué mierda estoy haciendo allí. No sabemos desenvolvernos en esos espacios: nosotros iremos siempre entre la popularidad y las sombras. Hay que ser fiel a la persona que empezó con 19 años en esto. Yo me pienso así: ¿el chaval de 19 se veía ahí o no?

¿Dónde te veías con 19 años?
Pues debo decirte que el ideal está cerca.

Joder, para morirnos aquí mismo.
¿Sí, no? [Ríe] Y en el epitafio: ‘Fue consecuente’. Mucha gente escucha nuestras canciones y no tienen muy claro qué cara tenemos. Son las canciones las que deben ir de viaje. Y tu a vivir una vida normal. ¿Ser un personaje público? Debes nacer. No nos creemos tan interesantes como para estar ahí. La obligación de cada uno es dejar algo, pero tu, el chasis… ‘Tú eres sólo un vehículo’, me digo. ¿Qué más queremos? Vivimos de la música.

¿Qué más queréis?
Hay que saber cuándo frenar… Hay que saber cuando frenar, y para nosotros este disco es una frenada.

“Al final supongo que algo de identidad hemos logrado, a base de ensayo-error. Nuestra etapa en inglés fue eso. Un MIR de la música”. Santi coincide que en el disco hay tres momentos puro Love of Lesbian: “Bajo el volcán”, “Los males pasajeros” y “Océanos de sed”. No le importan que sean ‘sólo’ tres. Lo compara con la discografía de los Pixies, que le encantan, pero salva dos canciones por disco. Es pura “selección-natural-musical”, según él.

El hecho de saber que antes de que salga el disco ya estáis confirmados en festivales por todo el territorio, cómo os hace encarar el directo.
“El Poeta Halley” se incorporará e intentaremos emparentar las canciones con temas de la discografía pasada. Igual hay temas histriónicos que caen, pero todo es circunstancial.

Habrá clásicos, como siempre.
No sabemos, pero no somos tan pedantes como para decir que la gente sólo escuchará lo que hemos hecho en este disco. Para eso está la gira de salas. No se nos caen los anillos por tocar temas pasados que hace tiempo que no escuchan, no seremos rácanos ni sobrados.