El trío bilbaíno Los Brazos pareciera ser el auténtico guardián del rock tabernario, aquél que encuentra su esencia en los garitos y bares, donde vuelve a mirar a los ojos al origen del honkytonk en el que nació. Ahora presentando su tercer disco, “GAS” (Rock Estatal, 15), vuelve más crudo si cabe su boogie, su blues, su country, su southern, su roll primigenio y todo ello unido a la palabra rock como bandera. Ellos lo tienen claro y demuestran que sus ansias aún no están saciadas. Charlamos con William Gutiérrez (guitarra), Txemi Gándara (bajo) y Koki Chamorro (batería), en su terreno, al abrigo de unas cervezas en un bar, y aceptamos su unidad como grupo dando a sus palabras un origen conjunto. Hablan todos porque hablan Los Brazos.

Así, de entrada, ¿cuántos conciertos disteis el año pasado? ¿Cuántos lleváis este año? ¿Sois conscientes de ser una de las bandas locales más activas en directo?
El año pasado fueron 70 o 80 seguro. Este año no tenemos ni idea, serán más de 40. Hemos estado más paradetes, pero luego hemos pillado carrerilla. De tocar en directo se trata la jugada. Tenemos una banda de directo, lo que mola es tocar en directo, y lo intentamos. Es la forma de darse a conocer, tocar mucho y que te vean, no hay otro truco. Sin gran presupuesto, o te pones a tocar en todas partes o poca cosa puedes hacer.

La continua presencia en directo, lejos de interpretarse como algo que pueda quemar a una banda, en otros países supone un método de afianzamiento y una manera de vivir. En Estados Unidos, sin ir más lejos. Y vosotros lo vivisteis de primera mano actuando allí. ¿Cómo fue aquella aventura, cómo surgió, qué supuso para vosotros?
Fue una maravilla, la verdad, que surgió porque se puso cabezón un amigo nuestro, Jon Franco, que solía venir a ver a Willie cuando tocaba los jueves en el Zear Bide de Las Arenas, y ya con Los Brazos le pareció un proyecto guapo. Empezó con el tenéis que ir, y al final lo consiguió. Bueno, lo conseguimos, con un poco de trabajo por las dos partes. Y ahí nos fuimos, a tocar en salas más grandes y preparadas de lo que ves aquí, donde no tienen problema con el ruido, las salas están muy bien sonorizadas e insonorizadas. La gente tiene costumbre de ver conciertos en locales así, siempre te encuentras con tres o cuatro bandas. Aquí, tal vez por un tema educacional, la gente cree que una banda que toca en un garito es mala, te tienen que escuchar en la radio o verte por la tele para pensar que eres grande, ir a un sitio grande a verte, pero no les entra en la cabeza que un profesional pueda estar tocando en un bar. Y es lo que nos gustaría a todos, poder ganarnos la vida pero no escaparnos de la cercanía del bar. Y hay otra cosa, la música en directo aquí es gratis, y en Estados Unidos se paga, aunque sean tres dólares. Si la gente pagase aunque sean tres euros, cambiaría un poco ese chip. Allí entienden que es un trabajo, hasta las bandas más grandes tienen una agenda apretadísima, no paran de tocar, podrían permitirse tocar la mitad de conciertos, pero no lo hacen, tocan todo el rato. Cuando estuvimos con Charlie Musselwhite, había cruzado esa semana tres veces el charco para cada lado, había estado en Italia, en la Costa Oeste, en el Este, en España y Francia, y ya está mayorcito. No necesita ese nivel de currele, pero le gusta lo que hace y considera que es su trabajo.

 

Uno de los puntos que trae el tocar mucho en vivo es la necesidad de hacer versiones. Vosotros os enfrentáis a muchas, desde John Fogerty a Ariel Rot, pasando por ese “Free Bird” que ya habéis hecho vuestro y todo el mundo espera hacia el final del concierto. Pero no sois un grupo de versiones. ¿Cómo compagináis ambas facetas, la propia y la ajena?
Al principio teníamos ganas de tocar en directo, y la forma más rápida es coger un bloque de versiones, prepararlas en un pispás, y tocarlas, pero luego enseguida empezaron a salir las nuestras. Ahí siempre hemos tenido un poco de pulso entre los tres, aunque tenemos el mismo objetivo. En nuestro caso, Txemi ha apostado más fuerte que Willie por nuestra propia música, a éste le ha costado un poco más, quizás porque llevaba muchos años tocando versiones. Pero tampoco renegamos de ellas. En Estados Unidos todos los bluesmen hacen versiones como cabrones y no pasa nada, y parece que si lo haces aquí… Procuramos que todo el peso caiga sobre nuestras canciones, pero somos muy conscientes de lo que piensa la gente. Y luego, que hacer las versiones tuyas, hacerlas a tu manera, es una forma de hacer ver a la gente lo que te gusta a ti, cómo lo ves, y de entretener, que al final es de lo que se trata. Una versión muchas veces rompe el hielo.

Tercer disco ya, y continúa claramente definida vuestra personalidad. ¿Cómo valoráis, diferenciáis o comparáis cada uno de los tres discos?
Hemos notado la diferencia en cómo hacerlo, pero la línea es muy parecida, nos gusta que sea variado, una cosa que el público nos reconoce mucho. Aunque somos de raíces, de repente soltamos un country, un blues, un rock’n’roll más Black Sabbath

Exacto, escuchando “GAS” uno encuentra vuestras claras señas de identidad, desde el comienzo con ese boogie trotón de “Fearless Woman”, los aires country-rock de “Not my kind” y el rock sureño de pesados quilates, tipo “Black Sheep”. Pero a la vez, entregáis un puro rock and roll de corte clásico que es una bomba rítmica, como “Say my name”. ¿Cómo conjugáis todas vuestras almas musicales?
No es que lo hagamos adrede, es lo que nos sale, lo que nos apetece, nuestro proceso es muy natural, no buscado. Surge de un riff, de un ritmo de batería, y se le da un aire muy natural, es más sencillo de lo que la gente cree. Se nota mucho la producción de este disco, está más crudete, hay algunas cosillas más buscadas que el otro, que fue más como bloque. Técnicamente, a nivel instrumental, es más potente, está más currado, hay más recados en este disco que en el anterior, hemos llegado más preparados a la grabación. Hicimos una pregrabación del disco, en el Estudio Rojo 2.0 de Gijón, con un amigo nuestro, Crazy, y fue una experiencia espectacular. Un fin de semana con toda la calma, para ver cómo sonaban las canciones. Y eso nos ha ayudado un montón luego a la hora de posproducirlo, cuando fuimos a grabarlo ya en nuestro local de ensayo. Es una especie de directo, una mezcla entre “Delay”, el primero, y “Welcome to Los Brazos”, el segundo, con el extra punch, la crudeza que se dejaba ver en los últimos coletazos de éste. Cuando fuimos a posproducirlo, vimos que no hacía falta, si en el otro había una pandereta y poco más, en este no hay nada, están los tres instrumentos a cañón. Fue la leche. Personalmente, para la guitarra, fue un disco muy exigente, se deja notar, hay errores, que también pasa en los otros un poco.

Se dice que a una canción de rock, si no le pillas ningún error, está mal grabada, algo falla.
Creemos que tiene más importancia la esencia de la canción que la técnica: aunque ésta sea exigente, si la canción corre… Sí puedes descartar una toma en la que la guitarra es una chapuza, obviamente, pero no tienes que olvidar el hecho de que es una toma grabada íntegramente en directo, y tienes que elegir una.

Las imperfecciones son parte de la canción.
Eso es, y luego este disco tiene otra peculiaridad que para nosotros ha sido otro paso adelante, y es que por increíble que parezca, dado nuestro currelo y conciertos, teníamos más material que la otra vez. La anterior teníamos 10 canciones y pusimos 9, y esta vez no queríamos meter más de 9 y ya íbamos por 15. No queríamos más porque tenemos la idea de que no sea muy largo, y por otra parte porque todavía en “Welcome to Los Brazos” hay gente que descubre canciones. Lo hemos escuchado y ha sido como, vaya, ya está, otra vez la primera…, algo muy rápido, y eso que al final son casi 40 minutos.

¿Cómo es vuestro proceso compositivo? ¿Existe en esa faceta la entidad de grupo como tal o Willie lleva el peso creativo?
No, no, no, para nada. El grupo es totalmente democrático. Las ideas salen de cualquier parte. Sí puede haber influencia en cosas que ha escuchado Willie a la hora de un ritmillo de guitarra o así, pero claro, en el bajo está lo que ha escuchado Txemi, en la batería lo que ha escuchado Koki… Al final, la mezcla de las tres cosas, y los acuerdos a los que llegamos entre nosotros, que ya nos vamos conociendo, es lo que va construyendo la canción. Estas canciones están mucho más hechas entre los tres de lo que nunca hubiéramos esperado.

¿Las registráis firmadas por los tres?
Las registramos firmadas por todos. Hay una cosa que muy pocas bandas hacen, que es hablar esto. Está muy claro el porcentaje que tiene cada uno, y lo hablamos, se habla todo, es totalmente democrático, para que no haya ningún tipo de marrón. Tenemos muy claro que esto es un grupo, y que hay canciones que han funcionado por un ritmo de batería, otras por un puente de bajo y otras por el ritmo de guitarra, pero nadie llega desde casa con todo hecho. Si pasa, pasa, pero tiene que ser algo muy espontáneo, natural. Al final, de tanto tocar y estar juntos, el hablar nos ha ayudado a hacer mejor las cosas, porque todos nos equivocamos, y a veces tomas un camino, una decisión musical, y si tienes a alguien que te diga, para, esto vamos a hablarlo, es que cambia la cosa. Componer así, entre los tres, es otra historia. Llevamos muchos años y el ego musical está muy abajo, si nos pilla con 20 años igual es distinto, pero cuando has recorrido mucho, ya sabes de qué va la cosa. Hemos crecido como amigos y como músicos juntos cuatro años, que parece poco, pero cuando llevas 400 conciertos, obviamente, ha sido eterno, jajaja!

Habéis grabado con Saúl Santolaria…
Saúl puso los micros, los montamos en nuestro local, y dijo: este quiero que lo grabéis como el “Delay”, y entonces Willie se puso al volante de los botones de grabación… Está bien dicho que lo grabó Willie, pero está mal dicho que esta grabación es responsabilidad suya, gran parte es responsabilidad de Saúl, 99 %, y el resto de Willie y sus botones. Está grabado en nuestro local de ensayo, como el “Delay”, queríamos el sonido de batería de nuestro local, que sonara con hueco, con amplitud, menos prediseñado, menos a estudio, y luego lo llevamos a Sweet Saul Music y allí hicimos la mezcla y el mastering.

¿Cómo surgió editar con Rock Estatal? Cantáis en ingles, tenéis más tentáculos fuera de las coordenadas habituales del sello…
Sí, es el primer disco que publican en inglés. Han tirado los primeros para que esto pase, somos el primer grupo con música en inglés que tienen, y ha habido una entente, unas ganas mutuas de querer hacer algo en común. Ya nos conocíamos, había ganas de trabajar juntos, Juan Palacios, además de ser amigo, cree en la banda e insistió mucho. A lo mejor le daba un poco de pena que saliera otra vez autoeditado y pudiera caer en saco roto. Nosotros también queríamos probar, porque al fin y al cabo, somos principiantes, y queríamos probar qué es lo que podemos conseguir de más si juntamos fuerzas. Hemos mantenido razonablemente nuestra independencia, tenemos el control sobre casi todas las cosas, pero hemos sumado fuerzas de cara a darle publicidad, llegar a más medios de comunicación y llegar a un público que viene de las mismas raíces que nosotros. Notamos que hay mucha variedad de público que nos viene a ver, viene mucha gente más cercana al rock urbano, porque les flipa el directo, les llega esa potencia. Pero aquí también nos pasa, sin ser un grupo rockabilly, por ejemplo, el sector rockabilly de Bilbao nos sigue y apoya, hay sectores moteros que les encanta… Con Rock Estatal ha habido una negociación y queremos trabajar en equipo, no trabajar para nadie sino trabajar con alguien. Ya sabemos cómo están las cosas en cuanto a ventas se refiere, pero no nos va mal, damos conciertos, vamos creciendo, y pensábamos que sumando fuerzas podría ser un poquito más aún. Al final lo que pasa en el país en general es que no hay industria media, no hay gente creyéndoselo, no hay mucha gente que al final se ponga a poner ladrillo sobre ladrillo. Hay gente que graba un disco y espera a que les llamen los sellos, y a veces pasa, y a veces no. Nosotros hemos ido a buscarla con todas las de la ley. Desde el principio nos hemos metido en este marrón, estamos todo el día en la carretera, nos lo pasamos de puta madre, hemos conocido un montón de gente y está siendo una experiencia acojonante. Y ahora esto va a ser más gente, más amigos, más experiencia, más y más.

Koki y Txemi andan últimamente colaborando también como sesión rítmica de Luber Jack. Willie toca en solitario… ¿Son cosas que surgen o es algo mentalmente necesario para tener un punto de vista diferente al propio?
Es un poco todo, vale para cambiar un poco el chip, pero sobre todo surge de la amistad, del coleguismo en el rock’n’roll… A ver, nosotros andamos muy pillados, pero por la gente que te cae bien y por la necesidad de que les eches una mano, por qué no. Y mentalmente, trabajar con otra gente te aporta una visión. Valoramos mucho el coleguismo entre bandas.

¿Hay escena bilbaína?
Hay una escena del copón, una pila de grupos con mucho nivel.

¿Pero alguna línea que los una?
Una sola línea es mucho decir, pero hay varias, y hay diferentes grupos en cada línea. Ayer fuimos a ver a Highlights, nos encontramos con gente de Last Fair Deal… Vamos mucho a garitos a ver bolos, pocas salas y festivales, pero muchos garitos, y haces amigos, entablas amistades. La escena tal cual es muy difícil definirla, porque hay un poco de todo. Pero lo que hay son nichos en común, como Río Rojo, como Bizkaia en Vivo, como Bilbao en Vivo, como Noiz o determinadas agendas y demás, que están poniendo todos los nombres juntos todo el rato, y eso para mí es un telón como un campano de fondo a una cosa que está pasando, que es que hay un montón de gente, que por lo que sea (aunque teniendo en cuenta que mucha gente ha aparecido a partir de 2011, en los alrededores de Bilbao, como pasó hace tiempo, con la crisis y tal ha saltado la chispa en algunas cabezas), por una cosa o por otra, tienen más tiempo libre o están más encendidos, más creativos.

Puede ser por el fácil acceso a internet, se escucha mucha más música que antes, aunque se venda menos.
Bueno, Youtube ha hecho mucho para que mucha gente se cuelgue un instrumento. Internet es un mar enorme, pero las cosas grandes y los sellos y los grupos que han sido grandes están ahí presentes con la misma grandeza que estaban en las tiendas de discos. Supongo que eso, por supuesto, ha ayudado mucho.

¿Qué espera del rock una banda tabernaria como Los Brazos?
Si podemos seguir pasándolo así de bien durante un rato más, ya podemos dar palmas con las orejas. Si nos ganamos la vida con ello, y no necesitaríamos un sueldo muy grande, creemos, para seguir haciendo esto…

¿Creéis que es posible ganaros la vida con esto o en este país es imposible?
Está complicado, pero lo vemos perfectamente viable. No tiene nada que ver con el país en el que vivas, tiene que ver con lo interesante que sea lo que tú hagas, y ya está. Si das con algo interesante que a la gente le gusta, venderás, y si no, no. El hecho de seguir con todo esto es porque vemos que nos escuchan allá por donde vamos, y nos da igual que sean 10 personas o 1000. Lo que nos gusta es que quien nos ve por primera vez se enganche, y eso es lo que te anima a seguir, ese es el motor, realmente. El motor es muy sencillo, se hace para la gente. Llegar a conseguir que alguien tenga con cariño tu disco en su balda, que la gente esté contenta con un trabajo que has hecho tú, nos parece mucho más de lo que hubiéramos podido esperar.

¿Existe en el rock de puro sabor americano, el que bebe del blues y del más viejo rock’n’roll, capacidad de evolución? ¿La buscáis vosotros? ¿O todos somos un poco tocapelotas y aquí lo que vale es rock y cerveza, guitarras y sudor, y todo lo demás nos la debería pelar?
Aunque no nos demos cuenta, hay una evolución, porque la hay, pero más a nivel de tocar y tocar, no es nada pensado, es muy natural. Igual es que pasamos un poco de todo, pero no nos plateamos hay que dar un giro a este tema, por ejemplo… Si el tema lo requiere, lo haremos. De hecho hay algunos temas que han quedado descartados, y dependiendo del concepto del próximo disco, que no lo sabemos, pero, oye, porqué no hacer un disco más preparado y grabarlo por pistas, no estamos nada en contra de ese rollo, si nos lo pide nuestra grabación… Pero no va a ser una cosa premeditada, sino de cómo surja, sin pensarlo demasiado, porque sin pensarlo demasiado, bastante bien nos está yendo. Al final es el rollo romántico, somos unos románticos de tocar, sin más pretensión que la de tocar.

Presentáis el disco de nuevo a lo grande, esta vez en el Kafe Antzokia el 12 de septiembre. ¿Qué podemos esperar de la puesta de largo?
Vamos a tratar de hacer un concierto breve, muy potente, enseñaros un poco lo que estamos haciendo, las ideas que tenemos ahora, comentaros en petit comité cosas que tenemos en mente o que estamos haciendo de cara al futuro… Al final, es enseñaros lo que hemos hecho hasta ahora y lo que está por venir. Esa es la idea, nada más y nada menos. Va a ser un concierto muy divertido porque el disco es divertidísimo, y porque os empezáis a saber las canciones y eso es muy grande, la sala va a sonar bien, pondremos algún vídeo, algunas cosas interesantes. Y estará DJ Nash pinchando después…
Nuestra ilusión por la música ha ido creciendo, la ilusión por llevar el grupo arriba ha ido creciendo, y este disco es una de las cosas que más ilusión nos ha hecho en nuestra vida. Nos parece acojonante el resultado. Más allá de las comparaciones que empiezan ahora, tiene el mismo diámetro de bíceps que el anterior.