“Ser artista es ser capaz de hacer un silencio dentro de ti”
EntrevistasLorena Álvarez

“Ser artista es ser capaz de hacer un silencio dentro de ti”

Carlos Pérez de Ziriza — 03-01-2026
Fotografía — Mar Ordóñez

Los silencios. La naturaleza. El recogimiento. La intuición. La belleza de las cosas que se gestan a fuego lento. La atemporalidad. La espiritualidad serena, sin sobreactuaciones. Todo eso y unas cuentas cosas más podréis encontrar en "El poder sobre una misma" (Montgrí, 2025), el extraordinario nuevo álbum de Lorena Álvarez (San Antolín de Ibias, Asturias, 1983), quien me atiende a través de la pantalla del PC desde Madrid.

“Nos entregamos por entero, nos quedamos vacías y comenzamos el proceso de recuperación de ese poder, de la vuelta a nuestro centro”, explicas en la hoja promo del disco. ¿Solo les ocurre a las mujeres? Quizá sí que hay un punto de anulación personal por parte vuestra, o un egoísmo por parte de los hombres que nos impide vaciarnos de la misma forma.
Podría ser. También son muchos años de habernos educado a las mujeres en la entrega. Supongo que le puede pasar a todo el mundo, pero yo lo cuento desde mi punto de vista de mujer que soy.

Pero te fustigas mucho, te das mucha caña: hay canciones, como “Guíame”, en la que dices “todo lo que hago, lo hago mal”. O en “Se me daba cuidao”, en la que cantas: “mi amor lo destruí, también destruí el tuyo”.
El disco está muy influido por la meditación, que la he practicado durante los últimos años. Y ese tipo de discurso obedece a pensamientos que no son reales. Son algo atormentados. En “Guíame”, precisamente, hago un viaje desde unos pensamientos muy atormentados y mundanos, que no son reales, a otro lugar que es más elevado o espiritual. Es como un resumen del disco: una mujer que puede estar en medio de un proceso tormentoso, pero aprende a salir de ese lugar apoyándose en cosas como la espiritualidad, la música, la meditación, el silencio o la naturaleza. En “Se me daba cuidao” también pasa: por eso aparece una voz flamenca al final, que es la de Soleá Morente, que también es más real, en contraposición a esos pensamientos negativos del principio, que no son del todo reales.

Hay austeridad en las formas, pero variedad en registros estilísticos: copla, bolero, folk o hasta rumba: “Increíble” parece una rumba de María Jiménez pero sin su desgarro, con mucha más serenidad.
Es una rumba a mi estilo (risas). El disco tiene muy pocos elementos. Los justos para que se mantengan en pie. Solo tiene guitarras, teclado, bajo, apenas percusión… es la línea que siempre voy siguiendo: eliminar todos los adornos, ir al meollo de la cuestión y dejar solo los que hacen que la canción sea una canción. También buscaba un sonido clásico, en el sentido de atemporal. Que esté todo muy limpio. Era importante también que la voz principal, mi voz, esté muy en primer plano, que no esté tratada con ningún tipo de efecto, ni compresión ni reverb ni delay, porque así son las tomas tal cual las grabé. Al hablar de cosas que para mí son muy profundas, buscaba una conexión muy directa con el oyente. Cualquier elemento que nos distraiga de eso, me parece un obstáculo. Es como hablar al oído a quien escucha.

"No pienso en otros músicos cuando compongo. Más bien al contrario"

“No se debe forzar la creatividad”, te he leído decir en una entrevista reciente.
Yo siempre me tomo el tiempo que creo que necesitan las canciones para llegar a ser lo que quieran ser. Y me gusta esperar a tener ese impulso de querer contar algo. Necesito tiempo también para entender las cosas que voy viviendo. Para reposarlas y traspasarlas a un sentimiento musical. Me parece contraproducente forzarlo. Nunca me doy prisa. Lucho mucho por hacer mi música de la manera en la que creo que la tengo que hacer. Intento tener esto como un lugar muy sagrado, donde las cosas no funcionen de otra manera. No podría hacerlo de otro modo. No querría, mejor dicho (risas).

Cuando dices “lo que las canciones quieran ser”, das por hecho que tienen algo así como su propia vida, que crecen y evolucionan de una forma que no es posible predecir.
No lo sé hacer de otra manera, y me parece importante… lo que he descubierto con el paso de los años es que ser artista es ser capaz de hacer un silencio dentro de ti. Dejar que las cosas vayan pasando y ponerse en contacto con algo más grande. Lograr que se haga ese silencio dentro de ti ya es mucho, en realidad. Es muy difícil. Pero poner tu cuerpo, y tu mente y tu espíritu en un estado para que eso pueda suceder, ya es un gran trabajo. Intento hacer que todo sea lo más pequeño posible, para que después pueda crecer en la gente que lo escucha. Que la gente lo pueda completar. Intento crear con mucha libertad. Algunos amigos me han dicho a veces que mis canciones dan pie a que te imagines todo tipo de arreglos sobre ellas: con una orquesta, de forma clásica, con guitarras de rock… pero yo siempre intento quedarme con lo esencial.

También a nivel de textos, porque empleas un lenguaje sencillo para hablar de asuntos que son muy grandes.
Como me guio mucho por la intuición, casi siempre intento quedarme con las primeras cosas que me llegan, como un impulso. Intento mantenerlo, aunque luego lo puedas pulir un poco. Me digo a mí misma: “ha salido así y se queda así, te jodes” (risas). Me gusta darle valor a eso. La letra es muy importante para mí. Y confío muchísimo en la poesía. Intento que la música acompañe esas cosas que estoy diciendo. Extraer de las palabras la melodía interna que tengan, el ritmo.

Siempre se habla de Vainica Doble cuando se aborda un nuevo disco tuyo: no sé qué tienen las mujeres del norte para filtrar tan bien su influencia, desde la misma Asturias, contigo o con Nosoträsh o Pauline en la Playa, hasta las bandas del sonido Donosti de los 90.
A mí me gustan mucho, pero nunca las he usado como referencia. No pienso en otros músicos cuando compongo. Más bien al contrario: intento olvidarme de todo y guiarme por la intuición. A Vainica Doble las admiro y me encantan, pero nunca me he puesto a escribir en su estilo (risas).

Los punteos de guitarra de “Los pensamientos” me recuerdan mucho a Víctor Herrero, por su forma de remitir al blues tuareg.
Son de Víctor Herrero. A veces cuento con él, y tanto él como Alonso Díaz (Napoleón Solo) han estado presentes en todo este disco. Víctor ha viajado muchísimo, ha aprendido mucha música de muchos países distintos, tiene un toque muy especial, muy conectado con la tierra de muchos enclaves, y de ahí salió eso.

“Cuando el amor crece” y “Rezo en secreto” me parecen como muy copleras.
Podría ser. “Cuando el amor crece” la veo más como una balada romántica (risas). Son los ritmos que me piden esas palabras. No es que escriba la letra y luego haga la música, es que las palabras tienen un ritmo y una melodía dentro, y todo lo que hago es intentar sacarla.

“El poder sobre una misma”, que es la más totalmente autobiográfica, se va un poco al tecno, como si quisieras quitarle hierro a la gravedad de su texto.
Me salió así. Es una canción que está como muy descacharrada: todo el disco es bastante poético, pero esta canción es súper literal. Es como la conclusión de todo el proceso que cuenta el disco. Está totalmente basada en hechos reales, y es como un fin de fiesta.

¿Cómo te has quedado tras componer y publicar un disco en el que te vacías tanto por dentro?
Sensación de alivio, totalmente. Siempre me suele pasar, con todos mis discos. Mi parte favorita es cuando estoy componiendo las canciones. Cuando estoy sola en mi casa y toda mi vida gira en torno a eso. Todo lo que viene más adelante, que es convertir esas ideas en un disco, que es la grabación, la producción, el mastering, organizar a la gente… eso se me hace más cuesta arriba. Lo presentaré en directo con Víctor Herrero, Carlos Aquilué (Kiev Cuando Nieva) y Fernando Romero (From). Ojalá podamos transmitir al público que venga a vernos ese sentimiento tan íntimo del disco.

 

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