“La guitarra es mi confidente”
EntrevistasLa Perra Blanco

“La guitarra es mi confidente”

Kepa Arbizu — 21-08-2026
Fotografía — Archivo

La Perra Blanco sigue presentando en directo “Lovers And Fears” (Maldito Records, 26). Disco en el que decide acercarse a ritmos menos fieros para abrazar sonoridades ligadas a la música afroamericana, consiguiendo un excelente álbum de intensa emoción.

La compositora gaditana se reconoce la pretensión de una artista por trascender cuando renuncia a regocijarse en los méritos adquiridos y apuesta por abordar un camino en constante construcción. En el caso de La Perra Blanco, uno de los máximos exponentes del rock and roll clásico en nuestras fronteras, ha decido aparcar –o convertirlo en menos evidente– el legado de Chuck Berry o Jerry Lee Lewis para salir en busca de quienes instruyeron a esos feroces intérpretes. El resultado de esta sobresaliente travesía, con paradas en el blues, el soul o el rhythm and blues, refleja a una compositora que ya no utiliza la guitarra como única arma, ni tampoco el idioma inglés; su arsenal se ha vuelto más completo, y por lo tanto efectivo, y su destino encontrar el alma concreta de cada una de sus canciones.

A finales del año pasado, en redes sociales, reconociste que durante la extensa gira que realizaste tuviste momentos personales muy duros. ¿Este disco es consecuencia de esa época?
Totalmente, de ahí viene un poco el título del álbum, “Lovers And Fears”, porque del 2023 al 25 fueron años bastante fuertes y duros a nivel emocional. Hubo de todo, por supuesto, pero la verdad es que tuve una crisis existencial duradera, que yo pensaba que se trataba de una depresión, pero resultó que no, que me supuso una pérdida de identidad, y hasta de las ganas de vivir. Sensaciones que me han inspirado bastante para escribir este disco.

¿Eres especialmente autobiográfica en tus canciones o este disco es más intimista de lo habitual?
En todos mis discos hay vivencias propias. Existe gente que se inspira en una película o algo que le transmite una persona, pero en mi caso es el reflejo de lo que yo siento. En esta ocasión, la época que te comentaba supuso bastantes cambios a nivel personal y en la percepción de todo lo que me rodea. Una canción como “Sin amor”, por ejemplo, no habla de un amor romántico, aunque lo parezca y la gente lo crea así, habla del propio, de quererte a ti misma y tratarte bien. Lo mismo que “Hold me”, donde ese abrazo se lo pido a Dios, porque, aunque no sea creyente, sí ahondo en el tema de la espiritualidad. Con en este disco entro en terrenos en los que no me había sumergido antes. Por eso el título, amor y miedo, que son conceptos universales, emociones primarias de las que parte todo; y que, por suerte o por desgracia, he vivido ambas con mucha intensidad.

"Tenía esa percepción de cómo no voy a cantar en inglés si quiero tocar como Chuck Berry"

¿Es difícil a veces sobreponerse a una situación personal de crisis para subir a un escenario o por el contrario sirve para sanar esa angustia?
En un primer momento me costaba mucho, no era nada fácil, ya que incluso tenía ataques de pánico. Había conciertos a los que subía con ansiedad, me faltaba el aire, pero haciendo el tipo de música que yo hago la gente no se daba cuenta, ni mis propios compañeros de la banda, a veces [risas], me decían que estaba igual que siempre cuando yo no podía ni respirar casi. Al principio, en los inicios de la gira de “Get It Out”, fue difícil, pero luego los conciertos se convirtieron en un motor, sobre todo por el cariño que me expresaba la gente que venía y se acercaba para darme un abrazo, todo eso me ayudaba y arropaba.

También en alguna entrevista te he oído decir que, cuando te viene la inspiración, compones del tirón tanto música como letra, ¿sientes que los momentos en que una se siente más vulnerable o abatida son especialmente propicios para que surja esa mecha?
En mi caso, dese luego. Yo no sé componer cuando estoy contenta, parece que no tienes la necesidad de documentarlo, lo disfrutas y ya está. Cuando me comunico a través de las canciones es porque lo necesito, porque no encuentro esa empatía en el resto del mundo que seguro que la obtendría de parte de familiares o amigos, pero en esos momentos siento que mi guitarra, que en realidad soy yo misma, es mi confidente, que la necesito cuando estoy mal.

Musicalmente, este disco consolida esa evolución que has ido mostrando desde sonidos más rockandrolleros y rockabilly a una propuesta más amplia, lo que te ha llevado a un disco quizás menos fiero y directo pero el más emocionante, ¿crees que lo que querías cantar y contar en las canciones ha condicionado la forma sonora del disco?
Es probable, sí. Todo parte de nuevo de esos años malos de los que hablaba, no te apetece tocar rock and roll, parece una contrariedad, En ese aspecto me ha condicionada seguro, pero no es solo eso, hay otros factores que han influido, por ejemplo, que en los últimos tiempos escucho en su totalidad música negra: Motown, blues... Incluso he desechado otros sonidos que me encantan, como el country. Junto a todo eso, lo que quería expresar con este disco necesitaba otro contexto melódico, pedía otras texturas, lo que no significa, salvo momentos concretos más íntimos y atmosféricos, que la actitud del directo no vaya a ser la misma de siempre.

Aunque temas como “I Feel Fine” o “Supersonic Lover” responden a un blues más canónico, da la sensación de que cada vez te interesa menos, o te alejas al menos de ello, de realizar ejercicios de estilo...
Esto viene como consecuencia también por todo eso que he estado escuchando estos últimos años, en los que me he aficionado muchísimo a Johnny “Guitar” Watson, Magic Sam o Jimmie Vaughan, músicos a los que hasta ahora no había prestado demasiada atención. Pero lo más importante es que no he hecho ningún ejercicio por intentar sonar a la manera de nadie, me he quitado todos los complejos y he decido hacer aquello que quiero y que creo sé hacer bien. Evidentemente la mano de Jimmy Sutton, el productor del disco, ha sido muy importante en la elección de canciones y la manera de interpretarlas. Creo que como conseguí mi objetivo de, digamos, coronarme un poco en el rock and roll, y soy alguien que se cansa rápido de las cosas, decidí que había que hacer algo diferente.

Aunque ha habido colaboraciones en el disco de las que más adelante si te parece hablaremos, creo que por primera vez en los créditos aparece el nombre de los cuatro integrantes que estáis en el escenario, ¿sientes que este disco es el que mejor ha recogido el concepto de banda?
Totalmente. Una cosa muy curiosa respecto a eso es que, en mitad de la grabación, que fue estresante, durante dos semanas –que es mucho tiempo– con jornadas de casi diez horas, tocamos en Castellón, y el productor, Jimmy Sutton, vino a vernos. Fue allí, al terminar, cuando nos dijo cómo debíamos hacer las cosas para transmitir esa energía del escenario al estudio de grabación, cosa que en anteriores trabajos nos explicaba, no se había logrado. Ese era su propósito, que a mí me parecía muy difícil, poder recoger toda esa fuerza que tenemos en un directo y llevarla a un vinilo, pero con la formación rodada que ya tenemos y todos los otros elementos combinados, creo que hemos logrado sonar muy fieles a como lo hacemos en vivo.

Queda clara la importancia de la figura de Jimmy Sutton, pero ¿cómo fue posible contar con él?
Fue bastante curioso todo… Al principio del año pasado, que ya teníamos preparado el disco, o al menos uno de los muchos que habría durante la grabación, empecé a preguntar a colegas y a gente de la música sobre qué productor nos podían recomendar. Entre varios nombres sobre la mesa uno de los más repetidos era Jimmy Sutton, al que también quería mi mánager; yo no le conocía de mucho, la verdad, salvo por cosas de JD McPherson, pero todos me harbaban de él. A los pocos días de haber tenido esas conversaciones, casualidad me escribió por Instagram y me mandó un mensaje preguntándome si queríamos trabajar con él, parece que hubiera estado escuchándonos (risas). Básicamente fue así. En ese momento le puse en contacto con mi oficina y pronto empezamos a trabajar.

Además, su presencia también te ha permitido contar con músicos de Chicago, lo que amplía la presencia instrumental en un disco donde tu guitarra quizás no tenga tanto protagonismo, ¿era una decisión que habías tomado desde el principio o han cambiado mucho las canciones desde tu idea inicial al resultado obtenido tras su paso por el estudio?
Eso es algo que lo tenía muy claro desde el principio. En todos mis discos anteriores he abusado de mi guitarra, primero porque era mi proyecto pero también porque no había más músicos ni teníamos dinero para pagar a otros. A raíz de todo eso acabé un poco saturada de su sonido y de tener ese protagonismo, quería que cada canción tuviera solo aquello que necesitara, y si no debía de haber tanta guitarra, pues así sería. Justamente, por sorpresa, hablando con Jimmy Sutton, él tenia la misma idea, lo pensaba y no se atrevía a decírmelo por si pudiera ofenderme, pero en realidad estábamos en la misma onda. Estas canciones requerían otras atmósferas, y había que darlas lo que pedían, nada más.

Por primera vez has escrito varias canciones en castellano, ¿ayudaba que el álbum tuviera esa naturaleza más intimista para decidirte a tomar esa decisión?
Realmente no es una decisión que provenga directamente de mí. Durante estos años he tenido un montón de sugerencias por parte de músicos, mi mánager y mucha gente más respecto a intentar cantar en castellano porque entendían que eso le iba a encantar a la gente, pero en principio era algo que yo pensaba que no podía hacer, el propio Jimmy Sutton me lo sugería, ¡hasta un tío llegado de Chicago me lo pedía! (Risas). Era una tarea difícil porque en realidad no escucho nada en castellano, Camarón, en las fiestas de Cádiz, es lo mas cercano, (risas), por lo tanto no contaba con referentes. Pero un día de buenas a primeras me vino como un rayo el tema “Devil in My Bed”. Fue sentarme y la canción vino a mí como caída del cielo, parece que estaba esperando a que la rescatara.

¿Te has sentido cómoda escribiendo e interpretando en dicho idioma o te resultó difícil adaptarte?
Fue algo muy bonito, porque tenía esa percepción de cómo no voy a cantar en inglés si quiero tocar como Chuck Berry, así que ha significado quitarme esos complejos e imposiciones que se convierten en limitaciones. Al principio me sonaba raro, escucharme en castellano me provocaba un ataque de risa, pero cuando se lo enseñé a los chicos de la banda en el estudio me dijeron que sonaba genial y que no había diferencias entre ambos idiomas, que no siempre pasa. Pedí referencias a muchas personas sobre su opinión y todos me dijeron que molaban esas canciones, y ahora me siento muy cómoda. Aunque no me arrepiento de no haber tomado antes la decisión, quizás sí debiera haberlo hecho, porque, aunque poseo un buen nivel de inglés, lógicamente, tengo más soltura en mi idioma. Tengo ya muchas ganas de cantarlas en directo y ver las caras del público, me genera mucha curiosidad.

¿Escribir en castellano te permite ser más tú misma?
Cuando cantas en inglés es verdad que te puedes esconder un poco más, porque no todos entienden lo que dices, y después de tantos años he conseguido fluidez para escribir, pero gustarme la literatura y la poesía creo que me aporta más recursos para el castellano, y no es para nada comparable en cuanto a la libertad de expresarme. Ahora disfruto más, me lo tomo como un juego, antes era más complicado, casi a modo de Sudoku (risas), y en mi idioma se abren unas posibilidades infinitas.

En “Sin amor” colabora JD McPherson, que incluso llega a cantar también en castellano, ¿cómo fue esa experiencia?
Él quería colaborar con nosotros, le gustó mucho el proyecto, y cuando acabamos el disco se lo mandamos entero para que escogiera la canción en la que quería participar. Para mi sorpresa eligió “Sin amor”, yo pensaba que iba a cantar su parte en inglés, pero me dijeron que lo iba a hacer en castellano, lo que me dejó loca. Cuando la escuché, flipé, no se le notaba en absoluto el acento, esperaba que me iba a mandar una mamarrachada (risas), e ilusa de mi pensé que iba a destrozar el tema, y fue todo lo contrario. Al final se demuestra que el idioma no es una barrera, tenemos esa falsa idea, y el disco me gusta también precisamente porque rompe esas fronteras, con su caso y con el mío, empecinada en cantar solo en inglés. La música es universal y se puede adaptar a la conveniencia de cada uno.

Eres una apasionado de los directos, ¿pero esa fascinación responde exclusivamente al momento de estar en el escenario, o el hecho de estar de gira constantemente de un lugar a otro también lo disfrutas?
Disfruto mucho todo el proceso, evidentemente hay días que no tienes ganas de estar en una furgoneta ocho horas, después de varios conciertos seguidos ya te duele todo… Pero al final disfruto mucho el tiempo con mis compañeros, con todo el equipo, lo pasamos bien, nos reímos… Me gusta viajar, ver cosas, no siempre tienes el mismo humor para hacerlo, claro. Por supuesto el concierto es la guinda a toda esa experiencia, da igual cómo hayan ido las cosas durante el día que cuando pongo un pie en el escenario ya nada cuenta: hay retrasos en el aeropuerto, el bolo se retrasa y llegas sin ducharte, sin comer… pero en ese momento subes y piensas ¡qué divertido es esto!

Creo que para esta gira vais a ser un quinteto sobre el escenario, ¿era una manera de buscar la mejor forma de trasladar el sonido de estas nuevas canciones al formato directo?
Estas canciones requieren más músicos. Es verdad que tenemos a Gerard Vercher, que es un dos por uno, con el saxo y teclado, pero estaba ya un poco explotado haciendo ambas cosa (risas) y ahora hemos incorporado a Nelo , que ya grabó pianos en “Get It Out” y de he hecho fue nuestra primera opción originalmente para la banda. Siempre estaba en la recámara, además nos hizo un parche un día y lo hizo de puta madre, así que decidimos que entrara. Yo ahora flipo, porque al inicio salí sola con mi guitarra y ahora somos cinco...

El rock and roll, aunque algo menos, sigue mayoritariamente protagonizado por hombres, arriba y debajo del escenario, ¿sigue siendo difícil este mundo para una mujer?
La verdad es que intento no fijarme en esas cosas, no se trata de mirar para otro lado, aunque quizás de manera inconsciente lo haga. Es una pregunta recurrente en las entrevistas, y yo por mi parte no he vivido tanto esos comportamientos. Siempre he dejado claro quién soy y cuál es mi forma de trabajar, intento ser agradable siempre, pero si me fastidian dejo de serlo, quizás eso se entrevea en mi carácter y no doy pie a ese tipo de situaciones. Siempre digo que sería maravilloso, aunque creo que es utópico, llegar a una sala y que la promotora, la técnica de luces, etc, fuesen mujeres, y no solo las camareras o quienes limpian los baños… Creo que todavía falta mucho, y no sé si alguna vez será posible, para que eso cambie.

Al igual que supongo que en tu aprendizaje musical habrás tenido referentes mujeres, ¿sientes que tu figura lo es para muchas chicas jóvenes?
Lo siento porque vienen a los conciertos y me lo dicen, me encanta porque son gente muy joven, también niños, que han pedido que les lleven sus padres a verme, es algo que me llama mucho la atención. Desde luego una de las cosas más bonitas, y que más me gusta, de esta profesión es poder inspirar a otras mujeres, es lo que más me emociona, poder ser parte de su evolución artística. Porque además creo que es necesario, hay demasiadas mujeres que todavía no se dan cuenta del poder que pueden alcanzar si no estuvieran constantemente sometidas al mandato de un hombre en una banda; pueden tener su propio proyecto, ser las jefas, las empresarias, nosotras sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer y podemos hacerlo.

 

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