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Entrevistas / Massive Attack

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David Sabaté — hace 10 años
Fotógrafo — Warren Du Preez

Los padres del trip hop están de vuelta. Siete años después del templado “100th Window”, los de Bristol entregan “Heligoland” (el próximo 8 de febrero vía EMI), esperado quinto disco con el que prometen reanimar su llama interior. Otra misteriosa aleación de electrónica y soul a cámara lenta con las colaboraciones, entre otros, de TV On The Radio, Elbow, Damon Albarn y Hope Sandoval. ¿Preparados para el viaje?

Ni “Weather Underground”, ni “Weather Report”, ni “False Flags”. Finalmente, el quinto álbum de Massive Attack se titulará “Heligoland”, en referencia al archipiélago alemán vinculado para siempre a la Primera Guerra Mundial. Dicha concatenación de títulos provisionales da muchas pistas sobre el constante work in progress que se esconde tras cualquiera de los proyectos de los de Bristol. Grabar. Editar. Cortar. Mezclar. Resetear. Rediseñar. Reinventar. No es de extrañar que para una banda con fama de controlarlo todo hasta el más nimio detalle resulte complicado dar explicaciones acerca de su preciada y custodiada nueva obra. Más aún cuando faltan no pocos aspectos por pulir. El pasado mes de octubre nos dieron ya algunas pistas en formato de EP digital, “Splitting The Atom”, un avance de cuatro canciones, dos de ellas remezcladas, que muestra a unos Massive Attack más inspirados, orgánicos e interesados por cultivar de nuevo su onírico e intransferible groove; aspectos, todos ellos, que en su anterior “100th Window” quedaron diluidos en ambientes más etéreos, gélidos y de naturaleza casi extrasensorial. “Cada álbum es fruto de un momento”, responde vía telefónica Robert ‘3D’ Del Naja, cantante y principal compositor. “‘100th Window’ no existiría sin ‘Mezzanine’, que a su vez fue una reacción a ‘Protection’. Cada disco es, de alguna forma, consecuencia del anterior y esta vez no ha sido menos. Las canciones tienen más consistencia y creo que funcionan mejor como piezas autónomas, aunque no por ello dejan de formar parte de un todo”. Hablando de momentos y reacciones, siete años entre disco y disco sigue siendo mucho tiempo. “Bueno, los años 2004 y 2005 los pasamos de gira por todo el mundo. En 2007 nos involucramos de pleno en Hoping Foundation, una organización benéfica para los niños de Palestina. Después estuvimos ocupados trabajando en distintos proyectos, bandas sonoras y cuidando de nuestras familias. Lo cierto es que teníamos el álbum entero terminado hace bastante tiempo, pero cuando volvimos de la gira nuestro sentimiento hacia las canciones había cambiado, así que decidimos rehacerlo. En realidad todo se ha concentrado en los últimos seis u ocho meses (risas). A tenor de los temas que hemos tenido ocasión de escuchar hasta hoy, el esbozo de “Heligoland” deja intuir otro polimórfico y multidimensional carrusel para los sentidos. Un ejemplo: “Splitting The Atom”, la canción, un downtempo cargado de sensualidad y con una esquemática base funk a ralentí que bien podría figurar entre lo mejor de “Protection”. Conduce el tema la profunda voz de Daddy G. “Tiene una voz imponente, como de hombre mayor ¡y mucho mejor que la mía! La verdad es que tengo un registro bastante limitado (risas). Participa en el mismo tema su inseparable Horace Andy, quien repite en “Girl I Love You”. Entrando en el inevitable capítulo de las colaboraciones, un aliciente extra en cualquier disco de Massive Attack, destacan, en esta ocasión, las de Damon Albarn (Blur, Gorillaz) en “Saturday Come Slow”, donde también toca la guitarra Adrian Utley de Portishead; la de Hope Sandoval en “Paradise Circus”; la de Martina Topley-Bird, musa de Tricky y antigua colaboradora del grupo, en la hipnótica y emocionante “Psyche”; la de Guy Garvey de Elbow, cantando como si de un androide sin batería se tratara en la envolvente y minimal “Flat Of The Blade” –inicialmente conocida como “Bulletproof Love”-; o la de Tunde Adebimpe, de TV On The Radio, en “Pray For Rain”, canción encargada de abrir el disco. “Nos conocimos en un concierto en Brixton Academy a través de Dave Sitek. Intercambiamos algunas demos y después pasamos un tiempo juntos en Brooklyn, New York, donde desarrollamos tres o cuatro temas hasta dar con el resultado final. Solemos trabajar en distintas canciones con el mismo cantante. Suelen enamorarse de las dos primeras, pero habitualmente es la última de todas, cuando están más a gusto y familiarizados con el sonido y el ambiente general del disco, en la que encajan mejor”.

Además de las bandas involucradas en el disco, 3D confiesa adorar a Fever Ray, de quien ha elegido a su equipo de productores, Flash y Van Rivers And The Subliminal Kid, para las remezclas de “Splitting The Atom”. “Me gusta mucho cómo trabajan las canciones y el sonido que consiguen. También me parecen muy interesantes las propuestas de Animal Collective o lo último de Yeah Yeah Yeahs”. ¿Y qué le pareció “Third”, de Portishead? “Debo reconocer que me sorprendió muy positivamente. Creo que es un gran disco”. Como ocurre con las composiciones de los autores de “Dummy”, la música de Massive Attack posee un halo oscuro y enigmático, con armonías tan bellas como inquietantes. “Siempre he sentido cierta fascinación por la parte oscura de las cosas. Me atrae el sentimiento de melancolía y las creaciones que lo recrean, aprecio la belleza que reside en la tristeza. De algún modo, creo que representa el estado de ánimo más acorde a todas las cosas horribles que suceden en el mundo”. Por otra parte, afirma, “ya hay demasiada música alegre y evasiva que no deja ningún poso. Prefiero llegar al oyente, emocionarle y, por qué no, hacerle llorar”. Subrayando esa amalgama de emociones encontradas, destaca la carátula diseñada por el propio 3D junto a Tom H. y que recrea una cara y un arco iris con las técnicas del graffiti y el collage. Una ilustración que, de alguna forma, parece mostrar la dualidad entre naturaleza y artificiosidad, entre lo humano y lo maquinal, que siempre ha estado unida a la obra del grupo. “Me paso días enteros en el estudio escuchando las mismas bases y piezas aisladas de música. Es algo extremadamente abstracto, pero cuando llego a casa experimento un gran contraste, ya que mi chica pone música más convencional, más comercial. Si escuchara lo mismo en el estudio y en casa acabaría deprimido, supongo. Creo que intentar casar ambas facetas es lo más importante de todo. Si puedes manejar eso, tienes mucho ganado”. La banda lleva ya dos décadas en activo, siendo un referente musical para muchas otras formaciones, con el reconocimiento consensuado de haber creado un estilo propio, y con un nivel de prestigio y popularidad elevado. Sin embargo, Del Naja habla de la evolución y el estatus de la banda con la mayor de las humildades. “Cuando estábamos trabajando en ‘Blue Lines’ no teníamos ningún tipo de ambición comercial, sólo queríamos experimentar y ni tan siquiera sabíamos si grabaríamos un segundo disco. Esa actitud siempre se ha mantenido prácticamente igual. Somos un grupo muy poco convencional en ese sentido. Se me hace muy difícil pensar en la banda como tal, honestamente”. ¿Cuál es, pues, el mayor reto que le queda a día de hoy, tras dos décadas de carrera, a la hora de enfrentarse a una nueva creación? “Mi principal reto, disco tras disco, ha sido y sigue siendo el de crear espacios y ambientes con el sonido. Por otra parte, cada disco es como una etapa de mi vida. Además de la música está el artwork, la gira y los visuales del directo. Cuando el ciclo termina, sientes un vacío absoluto, y hay que volver a empezar de cero. Es un proceso extraño, pero ese es el verdadero reto, volver a empezar”.

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Entrevistas / Lagartija Nick

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Redacción — hace 16 años
Fotógrafo — Archivo

No nos esperábamos, de los últimos Lagartija Nick (los raros, los extraños, los difíciles) un disco como éste, acertadamente titulado “Lo imprevisto” (Zero Records, 04). El ahora quinteto granadino regresa, de alguna manera, al rock más formal, al pop oscuro y al punk con un disco que devuelve a las canciones a la banda más veterana y al vez más inquieta del país.

Me encuentro con Antonio Arias en el corazón de Granada, en una terraza amplia, llena de gente mientras dentro, en el bar, la tele emite algún partido de le Eurocopa. Es verano y alguien que pasea por la calle tararea una canción que podría ser “Nuevo Harlem”, “La curva de las cosas” o “Mar de la tranquilidad”. Antonio sonríe, lleva más de diecisiete años (se dice pronto) en la industria musical del país. Ha estado en independientes y en multinacionales, ha editado varios discos míticos (“Inercia”, Omega” -junto a Enrique Morente-, “Val Del Omar”) y ha estado al borde del caos. Ahora regresa, estrenando disco y compañía. Un disco vibrante, joven, lleno de grandes canciones, que me sirve de excusa para repasar, en una animada charla plagada de metáforas marítimas (“de nuestro puerto hemos visto salir los transatlánticos más lujosos hacia rumbos desconocidos. Sabemos hacer barcos”, me dice), una de las más importantes trayectorias de la música rock del país. Editados en un periplo de cinco años, los tres primeros discos de Lagartija Nick, el seminal “Hipnosis” (Romilar D, 90), el imprescindible “Inercia” (Sony, 92) y el inquietante “Su” (Sony, 95) forman una especie de trilogía apócrifa sobre la era de las tecnologías y la sobreinformación, anticipándose a Internet, a la moderna vida nómada, al bombardeo de imágenes de la publicidad y al ajetreo emocional, imparable de la vida posmoderna. Ellos hablaban con nostalgia del futuro. “Los tres primeros discos se podrían definir con el título del segundo, son discos de inercia. Son una explosión, la cosmogénesis de la que saldrán tres discos que nos acabarán llevando más lejos, a ´Omega´. A buscarnos en otras músicas y en otros rostros”.

“Con Erik lo que conseguimos fue una regresión psicológica a nuestra adolescencia, a recuperar las canciones que nos gustaban cuando él y yo empezamos con la banda “

Primero de los dos discos sobre genios granadinos editados por la banda, “Omega” fue, y aún es, algo más que un acontecimiento. Encuentro entre la banda de Antonio Arias (que aún se mantenía en su formación original) y el genial cantaor Enrique Morente, sobre “Omega” se ha vertido tanta tinta que es inútil insistir en su grandeza, en su importancia, en su enorme trascendencia. El único (en palabras de un redactor de esta casa) ejemplo realmente válido de comunión entre raíz y ruido, entre tradición y vanguardia, entre flamenco y rock creado en nuestro país. “Creo que ´Omega´ fue la forma de buscamos fuera de nosotros mismos. Es un viaje místico y lisérgico de la mano de Enrique Morente, que se convirtió en una especie de líder de la banda en aquellos tiempos. Si después de todo alguien se acuerda de la banda y es por ´Omega´ seremos recordados por algo grande, artístico y no por ningún escándalo. También fue, como tú me dijiste una vez, una victoria pírrica. Nos despertamos desnudos y buscamos a los gurús. Lorca y Morente lo fueron y también lo fue Val del Omar”. Así es. De Lorca a Val del Omar, de la raíz a la noosfera. Con su siguiente disco, “Val del Omar”, la banda veía su primera reconstrucción importante (Erik se iba camino de Los Planetas y entraba José Ángel Arias) y su segundo tour de force en apenas tres años. Parecía imposibles que, tras grabar “Omega”, alguien pudiera hacer un disco como “Val del Omar”. De nuevo arriesgado, emocionante, intenso, místico, inspirado, único. “Nos entregamos por completo a la obra de Val del Omar. Fue una inmersión en su trabajo, un poeta a la altura de Lorca o San Juan de la Cruz. Con ese disco queríamos ver si éramos útiles al hombre, ya que difícilmente te puedes ayudar a ti mismo. El cambio musical no fue tan grande ni tan grave. En ese sentido sólo hemos cambiado cuando lo ha exigido el guión”. Tras otra importante reconstrucción, Lagartija Nick abandonan Sony y se dan un margen de un par de años en los que editan el que es, quizá, el trabajo más complejo de la banda. El homónimo “Lagartijanick” es un disco de texturas abiertamente electrónicas y metálicas, sobre el espacio y cuyo sonido, duro, arisco, frío e inhumano les separaba, definitivamente, de cualquier propuesta coetánea. Estaban solos en el universo. “Después de ´Val del Omar´ nos encontramos con más complejos que reafirmaciones. Veíamos mucho más las carencias que las virtudes, y nos costó mucho seguir. Tuvimos que volver a buscarnos y en aquella época… (Antonio duda y sonríe. Luego carraspea). Bueno, queríamos saber si éramos una mierda (risas)”. Y cierran una etapa con “Ulterior”, el último largo antes del recién estrenado “Lo Imprevisto” y, sin duda, el momento más conflictivo de su carrera. “Ulterior” sonaba por entonces, aún lo hace hoy, a banda que se está disolviendo, al borde de la desaparición total; suena crispado, intranquilo, peligroso, demasiado oscuro e inestable. “El disco reflejaba la confusión, es como la inercia del principio pero al revés, en el sentido involutivo, ni avanzábamos ni retrocedíamos, también era un reflejo de nuestro tránsito por mares sin viento”. Aparece el mar y Antonio sonríe. Hace tiempo que le debo un libro sobre piratas (el célebre “Los piratas fantasmas” de William Hope Hogdson) y duda en reclamármelo. Parece muy contento con “Lo imprevisto”. Su nuevo disco (la excusa para esta conversación) es una intensa pieza de música rock, plagada de diferentes e inesperadas texturas, que deja atrás de un plumazo fantasmas, disoluciones, formaciones, caos y ordenes. El nuevo es un disco vibrante, estupendo en el que, rodeados de amigos (ha vuelto Erik Jiménez, batería de Los Planetas, ha producido el disco el ex Enemigos y ahora Clovis Fino Oyonarte, productor de “Hipnosis” y se dejan caer por el disco Jota y Florent de Los Planetas) Lagartija Nick alcanzan el merecido estatus de clásicos modernos. “Al venir de los mares sin viento lo mejor era buscar mares con tempestades, vientos favorables y en las longitudes más altas nos encontramos con Erik. Y con Erik lo que conseguimos fue una regresión psicológica a nuestra adolescencia, a recuperar las canciones que nos gustaban cuando él y yo empezamos con la banda, no con la intención de volver a recrear el primer molde después de romperlos todos sino con la intención de juntarnos, sin ningún compromiso y ninguna concesión. Se diferencia, al menos de los dos discos anteriores, sobre todo por la afinación, que antes era en Re, más oscuro, cuando ahora es en Mi. También está el hecho de grabar en analógico, la tímbrica de las guitarras, el hecho de haber tocado las canciones todo el año pasado, rodarlas en directo y que salgan más sencillas, con más ganas de agradar. Y, bueno, supongo que también influye el estado de animo”.

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