Con 16 años la Mala Rodríguez (Jerez de la Frontera, 1979) daba su primer concierto, mientras que a esa misma edad Carlota Cosials (Madrid, 1991), cantante y guitarrista de Hinds, comenzó a escuchar la música de la jerezana: “Me tragué entero tu disco disco Alevosía. Creo que te vi en algún Cultura Urbana”, confiesa. Estas y otras anécdotas se intercambiaron ayer martes en la charla que tuvo lugar entre la jereza y el grupo madrileño que completan Ana Perrote, Amber Grimbergen y Ade Martín, antes del concierto que ofrecieron en el Teatro Kapital (Madrid) enmarcado en la gira Cómplices de Vibra Mahou.

La charla con las cinco tiene lugar en un hall de la primera planta de Kapital ante la mirada de los tour managers de ambas bandas, el personal de prensa  y un fotógrafo. Y entonces, de forma espontánea y con los allí presentes expectantes, comienza el diálogo entre mujeres de distinta generación y misma profesión. “¿Tú sabías quiénes éramos, María?”. “Pues claro”, responde con una sonrisa  la Mala. A priori, lo que podía parecer una mezcla de artistas y géneros un poco loco, de hecho este es el concierto más arriesgado de todo el ciclo, terminó siendo una charla llena de sabiduría y frescura. Mientras que la Mala tiene esa serenidad que solo se adquiere con los años de oficio las Hinds son burbujeantes. A ambas les une ser espontáneas, tener carácter y no achantarse.


(Mala Rodríguez) Yo he leído algunas cosas [sobre Hinds] y pensé, “Wow, todavía siguen haciendo ese tipo de comentarios”. Ya no digo de vosotras, si no también de mí, en general. ¿En serio? ¿Aún? Que lo hicieran hace quince años, todavía lo puedo entender porque hay señores a los que no les puedes pedir mucho. Han tenido una educación… Y tampoco es que hayan querido leer un libro. Pero, hoy en día, con todo lo que se habla y con todo lo que se comparte…
(Carlota Cosials) Si tú hablas con una persona que dice esto te dirá que le da igual que seamos tías. Hay veces que de verdad habrá gente que no le guste la música que hacemos.
(Mala Rodríguez) A mí me encanta.
(Carlota Cosials) Gracias. Pero es verdad que hay comentarios críticos que dicen que cómo hemos podido salir nosotras con la de grupos que hay en Madrid. Que si somos unas enchufadas…
(Ade Martín) Duele un montón cuando ves que hay muchos grupos en Madrid que tocan exactamente igual que nosotras y no se les dice nada parecido.
(Ana Perrote) Hacen punk. Y están gritando porque es el género. Nosotras por ser chicas tenemos que cantar bien, cantar dulce…
(Mala Rodríguez) Eso es lo que os pasa por ser pioneras. Cuando tú eres pionera nadie puede compararte con algo. Entonces te llega todo de golpe y la gente tiene que asimilar. Eso es guay.

¿Sentís que tenéis en común lo de ser pioneras?
(Mala Rodríguez) Pues sí porque yo no conozco otro grupo que haga esto que hacen Hinds. Es que ya no puedo ni meterlo en una caja. Sé que son unas melodías súper cachondas, se sienten libres cuando están tocando y es bastante sencillo. ¿Tiene que ser algo súper virtuoso para que sea súper respetado? ¿No puedes, simplemente, recibirlo y disfrutarlo?
(Carlota Cosials) Bueno, yo creo, que… Mejor me callo.
(Mala Rodríguez) ¡Dilo!¡Mátalo!
(Carlota Cosials) La música no es todo el rato tener que demostrar lo inteligente que eres y lo que has estudiado.

Después de estas reflexiones, Hinds miran a la andaluza con ese respeto y admiración que se le otorga a alguien de quien se sabe a ciencia cierta que es una maestra en lo suyo porque, entre otras cosas, no ha renunciado a ser ella misma.

Han pasado once años desde Mala Rodríguez publicó Lujo Ibérico (Universal, 2000) y la evolución de su música es significativa, parece tener más luz. Y ella parece estar más esplendorosa y menos enfadada pero con la misma determinación del principio. “No sé, yo siempre he sido así, ¿eh? Una se relaja y, a lo mejor, cuando estás aprendiendo sientes que tienes que estar como más enfocado. Pero también una tiene que disfrutar de las cosas que va consiguiendo. Yo me siento muy bien ahora mismo en mi vida. Tengo ganas de gritar y de saltar aunque siga sintiendo esa rabia. Porque la rabia no me la va a quitar nadie. Lo lindo es que cada uno disfrute su camino. Y cuando vas creciendo vas aprendiendo y vas, no sé, sintiendo cada vez más paz y comprendes porqué tú estás aquí. Y dejas de hacerte tantas preguntas”.

(Carlota Cosials) Yo creo que al principio tienes mucha hambre de contarle a la gente cómo eres.
(Mala Rodríguez) O más inseguridad porque no sabes muy bien muchas cosas.
(Carlota Cosials) Sí, o vas cambiando de opinión. La experiencia te va a haciendo cambiar tu manera de contar las cosas, de escribir canciones, de enfrentarse a unas fotos o de hacer una entrevista.
(Ade Martín) ¿Qué edad tenías tú cuándo empezaste, María?
(Mala Rodríguez) 16. Durante un tiempo en España yo sentía que las cosas solo se podían hacer de una manera, como si hubiera corsé. Pero es como si el público hubiera crecido, escuchan sin tener tantos prejuicios.

¿Con 16 años, vosotras dónde estábais?
(Carlota Cosials) Yo, escuchándola a ella (risas).
(Mala Rodríguez) Ahora es muy normal ver mujeres por todas partes haciendo lo que les da la gana.

Sobre el papel de la mujer en la música y su evolución, la Mala tiene claro el camino que lleva trazando desde que comenzó su carrera. Así lo relata: “Nunca me he sentido como que por ser mujer tenga que hacerlo diferente. Igual es que no me miraba mucho al espejo. Me gustaba eso de que hablaran como si nadie me hubiera visto y decían: ‘Ella tiene bigote, es gorda, parece un camionero’. Hablaban mierda. Y por eso yo no quería mostrar mi cara. Solo hacer música, solo hacer música y ya. Olvidarme de todas esas cosas que luego vienen. Es guay no ponerte el límite de soy mujer. Pero está claro que, gracias a que soy una mujer he contado cosas diferentes y he aportado algo distinto”.

Tras esta charla, pasaron unas horas y llegó el concierto. Un show en el que Hinds salieron a defender sus canciones, ante una sala abarrotada, con menos efusividad de la que mostraron en esta conversación. Por su parte, Mala Rodríguez se mostró ante Madrid, ciudad a la que tal y como dijo considera su casa, vestida de absoluto y riguroso, negro. Ofreció el concierto acompañada del maestro Jorge Pardo (que se convirtió en la gran sorpresa de la noche) sentada y convirtió en flamenco esa suerte de hip hop “malamarista”, que a veces es pop, otras veces es jazz y otras reguetón, al que nos tiene acostumbrados. Y es que, pase lo que pase, siempre hay que salir a divertirse y a ganar.